Farolas, en busca de la ciudad del futuro

Hay empresas que están viviendo un reciclaje espectacular. Compañías que siempre han sido punteras en determinados mercados pero que ahora por medio de alianzas están dando un giro a sus estrategias y, lo más importante, pueden dar un giro enorme a nuestra sociedad. El último ejemplo viene de la mano de dos multinacionales europeas (una grandísimas noticia) que se han aliado para desarrollar farolas mucho más eficientes e inteligentes. Se trata de Philips y Ericsson, dos referencias en Smart Cities.

La propuesta de ambas firmas se llama Zero Site la resume perfectamente Federico Olavarri, director de «Industry & Society» de Ericsson Ibérica: «cada 25 días la población urbana mundial crece aproximadamente en 4,5 millones en el mundo. Este crecimiento equivaldría, en 2050, a 500 nuevas urbes como Madrid. En ese mismo plazo, el 70% de la población mundial vivirá en ciudades -unos 6.000 millones de personas-. Este crecimiento urbano coincide con la aparición de un nuevo entorno tecnológico, impulsado por la adopción masiva de banda ancha, la movilidad y los servicios basados en la nube. Según el informe Ericsson Mobility Report, en 2020 habrá 6.000 millones de smartphones activos y 8.400 millones de suscripciones a banda ancha móvil. Adicionalmente, estamos viendo un crecimiento exponencial en el Internet de las Cosas (IoT) o comunicación máquina a máquina (M2M). Literalmente, cualquier cosa que pueda ser conectada será conectada a lo que en Ericsson llamamos Sociedad en red«.

De esta forma, la empresa holandesa -líder en soluciones de ilumnación- propone un poste de iluminación LED (que puede suponer un ahorro de entre un 50% y un 70% en la factura de alumbrado urbano y hasta un 80% si se une a controles inteligentes) que se aprovecha de la experiencia de los suecos en redes para implementarle conexión de banda ancha móvil. De esta forma el proyecto no solo minimiza el impacto visual en las ciudades sino que permite amortizar más rápidamente la inversión al atraer el interés de las operadoras.

Ya hay ciudades como París, Nueva York o la vecina Santander que se han animado a implementar un servicio que tiene un enorme potencial: «en el mundo hay 100 veces más farolas de luz que emplazamientos de telecomunicaciones», explica José Antonio López, CEO de Ericsson en España. Si a eso le sumamos que hay un enorme porcentaje de infraestructuras que necesitan ser actualizadas y que es necesario implementar nuevas opciones para aumentar la demanda de banda ancha, la sinergia parece muy interesante. Es la mejor oportunidad para expandir unas redes inteligentes que serán críticas para el desarrollo de las Smart Cities.

Curiosamente, este elemento urbano también ha sido objeto de estudio y actualización por parte de Mini y su matriz BMW. La empresa ha desarrollado e instalado en Oxford -su ciudad natal– farolas que implementa un punto de carga para vehículos eléctricos lo que, de facto, convertiría las ciudades en enormes «electrolineras». En las próximas semanas el proyecto dará el salto a Múnich -sede de BMW- donde «BMW Light & Charge» se aprovechará de la actualización de buena parte de la red luminaria de la capital bávara para potenciar estos vehículos.

Tesla Model S, coche del año

Desde hace 63 años la revista francesa Automobile y la americana Motor Trend otorgan el galardón más prestigioso del mundo del motor: el Coche del año. En el palmarés aparecen nombres tan conocidos como Nissan GT-R, Volkswagen Golf y Passat, Honda Civic, Toyota Prius, Chevrolet Corvette, Ford Mustang, BMW Serie 3, Porsche 911, etc.

 

Lo han ganado berlinas, coupés, cabrios, deportivos radicales e híbridos. Sin embargo, el premio de este año traía consigo una gran sorpresa: un eléctrico, el Tesla Model S –del que ya hablamos hace unos meses– se ha convertido en el primer eléctrico «puro» en convertirse en Coche del año. Es cierto que antes lo logró el Chevrolet Volt, pero también es cierto que se trata de un eléctrico de autonomía extendida gracias a su motor térmico que funciona como un generador.

 

Otro de los récords de este premio conjunto es que es la primera vez en la historia que se otorga por unanimidad entre los miembros del jurado. Cuando los magazines hicieron público el ganador, Elon Musk, CEO de Tesla Motors explicó que llega «en un punto álgido de la historia» de la compañía.

 

Además, como bien explicaba el máximo responsable de los californianos, el Coche del año se da al mejor modelo del mercado sea cual sea su sistema propulsor: gasolina, diésel, gas, electricidad, hidrógeno o cualquier combinación de los anteriores. El modelo, que compite directamente por tamaño y acabados con las berlinas de representación de Mercedes, Audi, Cadillac, BMW, Jaguar y compañía tiene un precio que va desde los 58.000 hasta los 107.000 dólares. Puede parecer mucho, pero si tenemos en cuenta que tiene hueco real para siete pasajeros (dos de ellos niños), una autonomía de más de 400 kilómetros y que un Nissan Leaf supera los 40.000 dólares, el importe no es nada exagerado.

 

El Tesla S, segundo modelo de la empresa y con sólo un año de vida, se ha impuesto en la final al Subaru BRZ, los Ford C-Max y Fusion, y los nuevos Honda Accord y Porsche 911.Todos estos coches fueron probados exhaustivamente durante 10 días por diversos expertos de la industria y varios redactores de los grupos editoriales para, al final, quedarse con 11 de los 45 contendientes iniciales.

 

Al final, parece que la brutal aceleración de la berlina -de 0 a 100 en 4 segundos- gracias a que dispone de todo el par motor desde parado por su condición de eléctrico; su pantalla interior que hace las veces de consola central de 17 pulgadas y su diseño estilizado a medio camino entre un Maserati y un Jaguar han sido más que suficiente para que los más puristas dejen a un lado el olor a gasolina.

 

El premio no sólo supone un espaldarazo a aquellas firmas que están apostando por energías alternativas a los combustibles fósiles, sino un enorme altavoz para una pequeña empresa que está aprovechando su emplazamiento estratégico en pleno Silicon Valley para conseguir construir coches excelentes con un rendimiento y una autonomía a la altura o mejores que sus equivalentes de gasolina. Parece que hay esperanza y futuro para la industria de las cuatro ruedas.

Tesla, la mente incomprendida

Cuando pensamos en el siglo XX y en todas las mejoras que supuso para la humanidad, pensamos en Einstein, Ford, Edison, los Curie, etc. Grandes mentes que cambiaron nuestro concepto de la medicina, el universo, la energía y que hicieron descubrimientos asombrosos. Pocas veces nos acordamos, sin embargo, de Nikola Tesla, un hombre que vivió y murió a la sombra del enorme Edison y que, para muchos, es la mayor mente de la historia después de la del enigmático Leonardo Da Vinci.

 

Nacido en Smiljan, Croacia -por aquél entonces Austria-Hungría-, Tesla es reconocido como el padre de la «electricidad comercial». Sus trabajos de ingeniero mecánico y eléctrico en el campo del electromagnetismo se tradujeron en el desarrollo corriente alterna, de los sistemas polifásicos de la distribución de la electricidad o de los motores de corriente alterna que fueron fundamentales en la Segunda Revolución Industrial.

 

Emigrado y nacionalizado estadounidenses, su demostración de comunicación inalámbrica de las ondas de radio en 1894 le valieron el reconocimiento de la comunidad científica de su época. Sin embargo, su carácter excéntrico, la guerra de las corrientes contra Edison y sus afirmaciones casi inverosímiles sobre lo que se podría conseguir -luego se demostró en muchas ocasiones que estaba en lo cierto- hicieron que fuera tratado como un científico loco hasta su muerte, rodeado de pobreza, con 86 años.

 

Su mayor proyecto, la Wardenclyffe Tower, también conocida como Torre Tesla, fue una antena de telecomunicaciones inalámbricas diseñada para la telefonía comercial trasatlántica así como para retransmisiones de señales de radio y para demostrar que era posible transmitir energía sin cables entre dos puntos de un modo seguro.

 

El sueño de Tesla, sin embargo, no llegó a completarse por problemas financieros debido a la enorme inversión que requería y a una industria energética -encabezada por Edison- totalmente en contra de un modelo que supondría energía prácticamente gratis para todo el mundo. El nombre Wardenclyffe, por cierto, es un homenaje a James S. Warden, un banquero que compró los terrenos donde se asentaba a unas 60 millas de Manhattan, en Long Island.

 

El proyecto de ciudad-radio de Warden y Tesla, donde todos los hogares accederían a energía gratis y estarían perfectamente abastecidos y comunicados funcionó parcialmente puesto que Tesla hizo en varias ocasiones que funcionara con éxito. Sin embargo, en una de ellas se sobrepasó el límite de potencia de la estructura y ardió parcialmente.

 

Finalmente, la Primera Guerra Mundial sirvió de excusa para destruirla puesto que era un obstáculo para el vuelo de globos furtivos y los militares aseguraron que podría servir de referencia para posibles ataques de submarinos alemanes.

 

Otros inventos y descubrimientos de esta eminencia han sido la lámpara fluorescente sin filamento, los dispositivos de electroterapia, los sistemas de propulsión mediante electromagnetismo, la bobina Tesla, los principios del radar, el submarino eléctrico, el teslascopio, la bujía de los motores de explosión, los aviones STOL, la transmisión de electricidad con un sólo cable, multitud de estudios con rayos X y el radiogoniómetro.

 

Los esfuerzos de Edison por minimizar el genio de Tesla se tradujeron en que nunca obtuvo un premio Nobel a pesar de sus grandes descubrimientos. Curiosamente, sólo recibió la Medalla Edison, máxima distinción otorgada por el American Institute of Electrical adn Electronics Engineers.

Salón de Ginebra, salón verde

Los Salones del Automóvil de Tokio, Detroit y, sobre todo, Ginebra, son las tres grandes citas del motor donde los fabricantes muestran sus novedades y sus estrategias de futuro. La muestra suiza una de las pocas con carácter anual -Frankfurt y París son también muy importantes pero son bienales- suele mostrar un catálogo variopinto donde los superdeportivos y los concept cars conviven con vehículos más útiles y nuevas tecnologías. Esta 82ª edición ha traído, además, un pabellón exclusivo para el futuro más ineludible de todas las marcas: los vehículos sostenibles.

Ya hemos hablado más veces del peso específico que tienen las gamas «verdes» para todos los fabricantes pero nunca hasta ahora nos habíamos encontrado con una feria que presentara tantas novedades: hasta 60 nuevos modelos que confirman la apuesta por el medio ambiente.

Buen ejemplo de ello ha sido la elección del coche del año. Como era de esperar -y sólo por segunda vez, después del Toyota Prius- el galardón ha ido a parar a un vehículo híbrido de autonomía extendida. Se trata del Chevrolet Volt/Opel Ampera (depende del lado del Atlántico al que nos encontremos). Un modelo conocido por todos que, aunque no está teniendo el resultado comercial esperado -era demasiado optimista- está teniendo una muy buena aceptación y se presenta como única alternativa real a la gama verde de Toyota por ahora.

Después de las dudas que surgieron sobre su seguridad en caso de accidente y que quedaron favorablemente solventadas después de las pertinentes pruebas de la NHTSA (la agencia de seguridad estadounidense en este campo), el modelo se ha asentado en el mercado norteamericano gracias a un precio competitivo y, sobre todo, a unos consumos increíblemente bajos.

No obstante, otros fabricantes también demostraron que sus apuestas eléctricas e híbridas son muy serias. Fue el caso de Renault y sus vehículos de «cero emisiones«. En la exposición presentaron el Z.O.E. un vehículo compacto con un diseño muy atractivo y un precio aún más competitivo -al que hay que sumarle las ayudas públicas- y que está llamado a electrificar Europa y muchos de los países donde la alianza Renault-Nissan está presente.

Este modelo, diseñado por el arquitecto e interiorista Philippe Starck, está desarrollado sobre la base del nuevo Renault Clio y cuenta con un motor eléctrico de 90 caballos que le permite una velocidad máxima de unos 140 kilómetros hora gracias a un generoso par motor. El modelo, que además anuncia la imagen de los nuevos vehículos pequeños y compactos de la casa gala, se caracteriza por el empleo de baterías de última generación que permiten recargarlo al 80% en un tiempo récord.

Muy similar fue la apuesta del consorcio alemán Mercedes-Benz. Los ingenieros germanos presentaron en la muestra la nueva Vito E-Cell un modelo eléctrico derivado del famoso comercial que está pensada para el trabajo urbano gracias a un potente motor de 80 caballos (60 kW) y un generoso par motor de 280 newtons-metro. Su velocidad punta supera ligeramente los 80 kilómetros hora, más que suficiente para circular por ciudad y vías de circunvalación y promete una recarga completa en unas 5 horas si utilizamos una toma trifásica. Aunque parezca «poco» no está mal para un modelo de más de dos toneladas y pensada para el trabajo.

Los fabricantes americanos tampoco quisieron quedarse a un lado y Ford presentó su Focus sub-90 un modelo de bajas emisiones y un rendimiento bastante bueno teniendo en cuenta su tamaño. Toyota, por su parte, presentó el inminente Prius Plug-in que gracias a su recarga externa -además del sistema interno de regeneración de las baterías- permite una mayor movilidad y, sobre todo, un menor consumo real (ronda los 5 litros en la versión común, nada mal para tener 136 caballos de gasolina, y promete 4 o menos con este nuevo sistema).

Alternativas a la electricidad


La propia Opel, FIAT (en racha gracias a la adquisición del consorcio Chrysler) y el Grupo Volkswagen -que estrenaba el segundo puesto en el ranking de fabricantes globales y que sigue empeñado en ser la referencia en 2018- mostraron sus alternativas de biogás. Coches que emiten hasta un 24% de dioxido de carbono menos que sus equivalentes «clásicos» y que tienen un precio más competitivo que la mayoría de los híbridos y eléctricos -y eso que el ZOE empieza en unos 14.900 euros-.

El Volkswagen ecoUp! fue una de las apuestas más seguidas en la muestra. Su precio, diseño y calidad se muestran como una alternativa muy real a los Smart y compañía y la fiabilidad de los productos del consorcio alemán sirven para redondear más el modelo.

Pero el salón no sólo estuvo marcado por los fabricantes. La industria auxiliar no quiso perderse el evento y Nokia destacó con la presentación de un navegador ecológico que nos ayuda a encontrar las rutas más eficientes energéticamente. Por su parte, Johnson Controls, uno de los principales fabricantes de baterías del mercado, mostró su siguiente generación de pilas de ion-litio: más baratas, ligeras y fáciles de recargar y, sobre todo, reemplazar. Por cierto, Williams volvió a mostrar todas las bondades y aplicaciones de su exitoso KERS que están dispuestos a trasladar a todo fabricante que quiera aplicar su excelente volante de inercia -quizás en un futuro como sustituto de la propia batería química, más pesada, cara y contaminante-.

La industria ha empezado a mostrarnos que la ecología puede ser divertida, útil y, sobre todo para ellos, una gran fuente de ingresos en estos tiempos tan sombríos.

Informática, sigue la evolución

Aunque sigo creyendo que las grandes líneas maestras de la informática para los próximos diez o veinte años ya están marcadas -no creo, sinceramente, que haya ningún descubrimiento revolucionario en forma de dispositivo sino que la evolución vendrá marcada en el área de los materiales- si soy partidario de que la tecnología sufrirá un desarrollo sin precedentes estas décadas.

Chips de grafeno en vez de silicio, conexiones LTE, una mayor difusión de las nuevas tecnologías en la sociedad -de la mano de los nativos digitales– y muchos otros descubrimientos harán que los ordenadores y equipos más potentes de estos días no parezcan más que calculadoras científicas dentro de diez años. El papel de la inversión en Investigación, Desarrollo e Innovación parece determinante en todo esto y, a pesar de la crisis, son muchas empresas y Estados en el mundo los que tienen claro que este es el camino.

Memristor, un futuro no tan lejano


Si hay una contante en el desarrollo informático es el «todavía más». Los dispositivos ganan en capacidad y velocidad de un modo exponencial lo que hace pensar que en unos pocos años la velocidad de encendido de cualquier equipo será similar al de una bombilla y que no será tan difícil (ni caro) que cualquiera de nosotros almacene grandes cantidades de datos -fotos, música, películas, documentos, etc.- en cualquier dispositivo.

Del mismo modo que los discos duros en estado sólido y las memorias flash han supuesto un gran salto adelante en este segundo apartado -son más fiables, más pequeños además de más rápidos- no han cumplido con el requisito de hacerlo a un precio cada vez más bajo.

La memoria flash se ha mostrado determinante en la expansión de los dispositivos de un modo más «democrático». Cada vez queremos almacenar más cosas de un modo más eficiente en cualquier dispositivo. Además, la nube parece que no satisfará completamente esta demanda pues para tener una experiencia fluida con los dispositivos siempre será necesario tener un mínimo de memoria «local»,

¿Cuál es entonces el gran déficit de la memoria flash? Al parecer, según reflejan en un genial reportaje en el Ciberp@ís, los chips flash han llegado a su mínimo tamaño con los chips de 20 nanometros presentados por Intel y Samsung. Es cierto que su capacidad es de un terabyte, pero también que la demanda de capacidad se duplica casi cada dos años.

En el centro de investigación de IBM en Zurich los ingenieros han logrado reducir a 12 los átomos necesarios para almacenar un bit de información. Esto ha hecho posible que desarrollen memorias magnéticas a escala atómica que acumulan 160 veces más información que una memoria flash del mismo tamaño. En la práctica esto se traduciría en reproductores mp3, lápices de memoria o smartphones con varios terabytes de capacidad. Por cierto, su velocidad es 100 veces mayor que la de su rival actual y admiten más de 10 millones de reescrituras. La multinacional de los BlueChips asegura que en 2016 estará en condiciones de comercializarla.

HP, por su parte, trabaja en los memristor cuya teoría fue presentada en 1971 por el profesor Leon Chua pero que no llamo la atención de los californianos hasta 2008. Este tipo de chip no necesita de corriente continua para almacenar información con lo que se le puede aplicar a cualquier dispositivo. Además, sus credenciales son impresionantes: es 100 veces más rápido que la memoria flash con lo que se presenta como el sustituto ideal de las actuales memorias RAM. Con sólo pulsar el botón cualquier ordenador, sea cual sea su tamaño se encenderá al momento. HP promete que podrá ponerlo en las tiendas en 2013.

Sin embargo, todos coinciden que pasará al menos una década para que las alternativas a la memoria flash sean económicamente viables para los consumidores. De momento, Apple se ha adquirido uno de los principales fabricantes y desarrolladores de memoria flash del mundo. Sigue siendo el primer consumidor de este tipo de memoria en todo el planeta y, sobre todo, el que más beneficio obtiene de ella: la diferencia a la hora de comprar un iPad de 16 o 32 gigas es de 100 euros para el cliente final, para los de Cupertino, sólo 9.

Enchufes de pago, todo evoluciona


Como hemos dicho, la evolución no sólo tendrá que ver con los materiales, sino también con las costumbres y la entrada de la tecnología en la sociedad. En verano del año pasado todos los medios se hicieron eco de la decisión de los Starbucks estadounidenses de tapar los enchufes para evitar los vampiros de WiFi.

Sony anunció el pasado día 14 una nueva tecnología que permitirá regular la salida de corriente de los enchufes gracias un chip que, además, permitirá su introducción en edificios públicos, comercios, salas de espera de aeropuertos, etc. con lo que se podrá controlar mucho mejor el gasto eléctrico en estos lugares.

El enchufe detecta si el dispositivo conectado necesita recargar la batería o si, efectivamente, la está malgastando. Además, los ingenieros nipones le han añadido la tecnología NFC de pago desde el móvil que permitirá activar el enchufe para realizar la recarga.

Ahora que ha terminado la pelea por el acceso libre a la red en los espacios públicos -donde cada vez son más las ciudades que se animan a «ser WiFi», el nuevo caballo de batalla será el acceso libre a una fuente de energía que, por cierto, se antoja cada vez más costosa. Nuevas tecnologías, nuevas costumbres.