Empleo, la rebelión de las máquinas

El pasado viernes ETB2 nos regaló con un nuevo fascículo del que es, para mi, uno de los mejores programas de análisis de actualidad del momento: «Por fin viernes«. En él, además de analizar la situación económica actual en el Viejo Continente -por mucho que nos odiemos o amemos los europeos estamos abocados a entendernos en lo económico y en lo social- destacó la incidencia de la revolución tecnológica en el empleo.

Navegando e indagando hemos conseguido dar con el estudio llevado a cabo por Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne mentado por el economista Santiago Niño Becerra y que sentencia a gran parte de los trabajadores de hasta 702 profesiones a ser sustituidos por un equivalente tecnológico.

Lejos de entablar debate económico (de determinadas personas sea cual sea su ideología sólo podemos aprender) con cualquiera de los contertulios, nos centraremos en la vertiente tecnológica y los empleos que más nos han llamado la atención.

  • Ingeniero químico: tienen un 2% de riesgo de ser sustituidos por robots. Es cierto que su trabajo es de riesgo por los materiales con los que han de trabajar y también que en muchas fases del sistema productivo ya los han sustituido máquinas, sin embargo, los conocimientos de estos profesionales y la dificultad de dárselos -por ahora- a un robot, los ponen a salvo a medio plazo.
  • Editor y periodista: sorprendentemente, una de las profesiones con más paro en nuestro país es una de las menos afectadas. ¿El motivo? Aunque la tecnología se ha llevado ya por delante buena parte de los profesionales (cualquiera con un smartphone es capaz de sacar una imagen, redactar la noticia y colgarla) el primer paso que es la generación de información está todavía a salvo de la inteligencia artificial. Su riesgo es de un 6%.
  • Bomberos: una de las profesiones más respetadas en nuestra sociedad es también una de las que más ayuda necesita de la tecnología. Un robot permitirá el acceso a emplazamientos difíciles o de extremo riesgo sin que peligren vidas humanas. La injerencia tecnológica afectará al 17% de los empleos.
  • Técnicos de salud: uno de los puntos más polémicos del estudio afecta a este importante eslabón de la cadena sanitaria. Hasta ahora los soportes tecnológicos son imprescindibles en el diagnóstico y en la terapéutica. Los robots no podrán sustituir por completo sus conocimientos pero si permitirán que hagan falta menos. Por desgracia, el índice de impacto es del 40%.
  • Economistas: su trabajo consiste en analizar mediante datos coyunturas. La mayoría saben analizar por qué han pasado las cosas y sólo los mejores (y los más valientes) se atreven a aventurar hacia dónde van economía y sociedad (siempre están ligadas). ¿Alguien mejor que un potente ordenador para analizar números? Hasta un 43% de sus trabajos desaparecerá.
  • Pilotos comerciales: si ahora aplaudimos por los coches autónomos… no es nada nuevo en la aviación. Hasta ahora son imprescindibles porque ciertas maniobras son críticas pero la industria busca aviones completamente autónomos que aprovechen la inteligencia artificial para minimizar los fallos humanosHasta un 55% de los empleos podrían desaparecer.
  • Operarios: la tecnificación de las cadenas de montaje así como las mejoras en la producción por mecanizado han provocado la desaparición de millones de puestos de trabajo en todo el mundo. Sólo hay que ver cómo se fabrica un coche. Sólo los trabajadores más especializados mantendrán su empleo ya que el impacto llegará al 65% de los puestos.
  • Agentes y vendedores inmobiliarios: más allá de las burbujas inmobiliarias que han azotado medio planeta, cada vez hay más webs y servicios automáticos que ponen en contacto vendedores y compradores o arrendadores e inquilinos. En las zonas más urbanizadas podrían perderse hasta el 86% de los empleos.
  • Minoristas: las grandes cadenas buscan sistemas automáticos de control del stock, cajas automáticas y autoservicio y la omniprensente venta online. En las pequeñas las ayudas técnicas permitirán que el propietario pueda subsistir sólo. El impacto en las zonas más urbanas y tiendas menos especializadas afectará hasta el 92% de los empleos.
  • Contables y auditiores: la existencia de softwares cada vez más potentes y precisos y capaces de cruzar datos para diagnosticar empresas hace que estas dos profesiones estén prácticamente condenadas. Sólo quedarán supervisores, el otro 94% de los trabajos desaparecerá.
  • Teleoperadores: Siri, Sherpa y compañía han conseguido son el mejor ejemplo de lo que los robots pueden hacer. Hasta el 99% de los empleos desaparecerán.
Como siempre, es necesario contextualizar los datos. Las zonas urbanas y más tecnificadas serán las que más sufran el impacto. Algunos empleos de alta especialización -editores, minoristas, operarios, etc.- mantendrán sin riesgo su trabajo por el valor añadido que un humano puede dar sobre una máquina. Así mismo, los tempos de estos cambios serán diferentes en cada sector.
En cualquier caso, es el reto de nuestro tiempo del mismo modo que la máquina de vapor y la primera revolución industrial cambiaron por completo la sociedad, la economía y el trabajo (y no necesariamente en ese orden). ¿Cómo nos adaptaremos? Eso, seguro, no lo dirá ningún robot.

 

Apple, presente y futuro (y II)

Después de hablar ayer del presente y el futuro más inmediato de la empresa de Cupertino, ahora nos toca analizar su futuro a medio plazo. Sus cimientos son sólidos, pero ya hemos visto más veces «caer» a empresas con un porvenir prometedor que se quedaron «huérfanas» de sus creadores antes de lo previsto. El ejemplo más simbólico, sin duda, es Microsoft. Gran dominadora de la informática en los años ’90 y principios de los 2000, la empresa creada por Bill Gates todavía no ha superado su retiro y sustitución por Steve Ballmer. Una compañía que desde sus orígenes se caracterizó por su dinamismo cede ahora ante el paso firme de la competencia mientras lanza productos que, aunque buenos, nunca acaban de satisfacer completamente al público.

Sin embargo, Steve Jobs ha decidido dejar todo «atado y bien atado» -permitidme la «histórica» frase- cuando eligió la figura de Tim Cook. Por un lado, ha confiado ciegamente en un segundo de abordo que ha sido más bien el primero durante los últimos años y que ha llevado el timón de Apple en todos y cada uno de sus éxitos desde 2008. Por otro lado, es tal el margen de maniobra sobre sus rivales en algunos sectores -telefonía, tabletas, portátiles y ventas de contenidos en la red mediante iTunes- que su renta le servirá para garantizarse el éxito con sólo renovar adecuadamente los productos.

Por ello, el nuevo objetivo de Apple se centra en un segmento de mercado que, de momento, no domina: las empresas. Un territorio que suele obsequiar a sus «visitantes» con pingües beneficios y del que todavía viven (y muy bien) Microsoft, Oracle o RIM. La clave de todo esto es que Apple ha entrado en este potente nicho de mercado sin ni siquiera proponérselo.

En la última presentación de resultados de los de Cupertino las cifras eran claras -y así lo hicieron saber-. Cada vez son más las empresas que adquieren un «i» para realizar sus trabajos. Ordenadores iMac, portátiles MacBook, tabletas iPad o teléfonos de empresa iPhone. La razón es obvia, en un mundo empresarial que demanda -al igual que los paganos- compartir información de modo inmediato es necesario disponer de equipos rápidos y fiables y, por su arquitectura, los de Apple son imbatibles. Peter Oppenheimer, director financiero de los de la manzana, fue tajante: «el 86% de las empresas de la lista Fortune 500 USA ya están usando o haciendo pruebas con el iPad como herramienta de trabajo. La progresión es evidente -siguió- frente al 75% del año anterior». En el resto del mundo -explicó- la cuota de penetración en el Global 500 fue del 47%. Nada mal para los que acusan a la tableta de un dispositivo inútil que sólo sirve para conectarse a la red y depende de un ordenador.

En cuanto al talismán de los californianos, el iPhone, los resultados fueron similares: un 91% de las empresas estadounidenses y un 57% en el resto del mundo. Entre las multinacionales que se han sumado a la fiebre de la manzana Oppenheimer citó a AXA, Crédit Agricole, Nestlé, Dow Chemical, GlaxoSmithKline, Comcast, Boston Scientific o Xerox. La verdad no parecen malos clientes por su número de trabajadores.

Este territorio, que durante años fue coto privado de las BlackBerry de RIM no sólo está sirviendo para familiarizar a las empresas con los artilugios de los de Jobs -perdón, Cook-, sino que hace que aumente la distancia frente a los dispositivos Android e, indirectamente, que tanto familiares como amigos se habitúen a su uso, un factor clave para la adopción de un dispositivo muy por encima de las modas o el diseño.

Como hemos dicho, las cifras internas de la empresa hablan por sí solas. Cuatro de cada diez teléfonos vendidos por Apple, fueron a empresas. El 95% de las tabletas «activadas» por compañías el año pasado fueron iPad -y las tabletas representan más del 25% de los dispositivos móviles usados por las grandes empresas-. De nuevo, la clave reside en su velocidad de uso, su manejo intuitivo y el secreto mejor guardado de Apple: su AppStore. Las empresas ven en estos pequeños «ordenadores portátiles» la herramienta perfecta gracias a las miles de aplicaciones específicas para sus trabajadores. Además, si necesitan una, ellas mismas pueden crearla.

Por otro lado, la implantación de esta tecnología no sólo está reforzando a Apple, sino que está creando todo un ecosistema de empresas satélite dedicadas a la creación de aplicaciones de gestión para las compañías, de programas especializados para cada sector económico y para cada trabajo. Miles de puestos de trabajo y miles de millones de dólares de negocio en cualquier punto del Planeta: desde Silicon Valley hasta el Parque Tecnológico de Zamudio -Anboto o Ideateca, por ejemplo-. Hasta el momento ni RIM, ni Microsoft ni Oracle habían conseguido este efecto simbiótico.

Parece que ya nadie se sorprende de que Apple tenga en el mundo empresarial su nuevo objetivo. Ahora que ya ha sustentado su liderazgo en el consumo de masas, el reto de los de Cook es hacerse con las grandes corporaciones que, aunque reticentes a los grandes cambios, han sucumbido a dispositivos eficientes que facilitan el trabajo a sus empleados. Parece que el futuro de Apple también está garantizado… y este lo cimentó el propio Cook. Felicidades Tim.

PD: Apple busca experto en seguridad


Para los suspicaces que acusamos a Apple de una «operación de marketing encubierta» con el incidente del Tequila lounge de San Francisco -en el que por segunda vez en dos años se perdió el prototipo de un iPhone- la empresa de Cupertino ha hecho pública una llamativa oferta de empleo: «Director de Seguridad de nuevos productos».

Las condiciones también quedan claras en el anuncio: el 30% del tiempo el director estará de viaje y el resto supervisando que la propiedad intelectual de Apple no se infrinja, así como protegiendo productos que no han llegado al mercado. Se requieren cinco años de experiencia en un puesto similar y capacidad de trabajo en equipo. Si os gusta la empresa y el empleo, aquí tenéis una buena oferta.