Aplicaciones, refugio de emprendedores

Aplicaciones, la palabra que está en boca de todos. De quienes adquieren un smartphone, de quienes ya lo tenían, de las empresas de telefonía, de los fabricantes de coches, de Apple, de Google, de Microsoft… su mercado está en plena expansión y, a diferencia de Facebook, las cifras no mienten: Google Play (antes Android Market) tiene ya 500.000 en catálogo y se han descargado 15.000 millones. La celebérrima AppStore de Apple tiene 600.000 -los de Mountain View se acercan peligrosamente- y las descargas superaban en febrero los 25.000 millones.

 

Los desarrolladores salen por todas partes para estos dos ecosistemas. Según las estadísticas, desde 2007 en Estados Unidos se han generado un millón de empleo al amparo de estos pequeños programas. Impresionante en sólo 5 años. El impacto económico es inmenso y aunque eliminemos el factor «burbuja» -que no dudemos está también dentro de este negocio- parece que se ha ganado el derecho propio a ser considerada una actividad profesional de éxito en los próximos años. Si atendemos a The App Date, en el Estado se han duplicado el número de firmas dedicadas a su creación durante este lustro. Un oasis económico en mitad del desierto que supone la devastadora crisis que se ha instalado en nuestras vidas.

 

A la sazón de todos estos datos el pasado lunes 14 de mayo publicaron un reportaje en El País en el que nos mostraban los casos de algunas empresas de aplicaciones. Destacaban el caso de Spartanbits, nacida en 2009 de las ideas de tres estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid. Centrados en el desarrollo de programas para Android -la mayoría de los que empiezan se decantan por una sistema operativo menos exigente con los desarrolladores a la hora de «colocar» sus servicios- son los padres de Go!Chat for Facebook, una apli que ha cosechado ya los 10 millones de descargas. Ante este éxito, antes del verano saltarán a iOS.

 

Otro caso destacable es el de Ingens Network. Creada por José Pereira, un autodidacta que, como muchos, comenzó de desarrollador gracias a tutoriales y a pasar unas cuantas horas trasteando en el código de Android. Ahora dispone de tres blogs de programación: AndroJuegosAndroTalk y AndroCode… y de tres apps en Google Play.

 

SpyTools ya ha sido descargada 8.000 veces en tres meses y cosecha un 3,7/5 de nota. Los comentarios son excelentes y demuestran que van por el buen camino. José Pereira, el emprendedor, explica que Android ofrece varias ventajas: su coste cero les exime de buscar financiación en estos tiempos tan complicados; tiene el soporte del «imperio Google» y permite trabajar con código abierto, más sencillo que el cerrado de Apple. Aún así, también baraja dar el salto a la otra gran tienda de aplicaciones.

 

También lanzar aplicaciones más «serias» como podría ser una de vinos y añadas que permitirá al usuario elegir sus caldos en función del año y la denominación de origen. Un ejemplo, explica, de como «las aplicaciones cada vez tendrán más presencia en nuestra vida diaria».

 

El último de los ejemplos que aparece en El País es el de la red social para móviles Mitmi, que acumula ya 10.000 descargas es obra de tres informáticos que, a pesar de tener ofertas de grandes multinacionales estadounidenses prefirieron apostar por ellos mismos y que ahora han creado servicios que permiten reservar restaurantes y hoteles en toda la geografía estatal y las principales ciudades europeas. Ellos, eso sí, apostaron desde el principio por las dos tiendas de aplicaciones simultáneamente. Como explica Guillermo Zotes, uno de sus fundadores: «aquí hay mucho talento, el problema es que hay pocas oportunidades para desarrollarlo y demostrarlo».

 

El único pero que podríamos encontrar en este negocio en el Estado es que la mayoría de los desarrolladores crean aplicaciones por encargo. Muy pocos sobreviven con sus creaciones. Spartanbits parece ser uno de los pocos que sí lo hace. Durante el año pasado gracias a la venta directa y a la publicidad han conseguido facturar más de un millón de dólares. Sin duda, felicidades a todos.

Emprendedores, especie en extinción

Si el Mobile World Congress no nos dejó grandes sorpresas en forma de novedades ni tampoco nos deparó nada revelador al respecto de nuevos softwares, sí que fue una oportunidad única para que muchos emprendedores tuvieran la oportunidad para dar el salto a Silicon Valley, la Meca de la tecnología.

En el lobby del Hotel B, a pocos metros de la entrada de la feria, muchos empresarios en potencia hacían cola la semana pasada para presentar sus proyectos ante las empresas más poderosas del sector y, probablemente, de las más dinámicas del mercado. Desde las 2 y hasta las 6 de la tarde, en intervalos de 10 minutos todos ellos presentaban sus productos, sus ideas, sus servicios.

El objetivo de todos es captar la atención de inversores como Blumberg Capital, un fondo radicado en San Francisco -cómo no- y especializado en startups tecnológicas. De estas reuniones han salido grandes proyectos como el liderado por el alemán Carsten Frien, que hace tres años les habló de las virtudes de la publicidad en los móviles y que ahora tiene oficinas en Berlín, Londres, Madrid, Barcelona y París. Su proyecto -que ahora ayuda a organizar estas reuniones- era MAdvertise, una de las referencias del sector.

Alon Lifshitz, Ryan Bloomer y Jon Soberg son los tres evaluadores que esperan encontrar un buen destino para los miles de dólares de su fondo. Cuando fueron entrevistados por Rosa Jiménez Cano -de El País- explicaban que les sorprendió «el bajo nivel de inglés» y «que la mayoría de los pedigüeños se conformaban con 60.000 euros, cuando lo habitual es que en otras reuniones les pidan entre 300.000 y un millón».

Todas las ideas son válidas: «aunque la mayoría nos proponen aplicaciones o webs de comercio electrónico, nuestra última inversión en España fue The Fab Shoes», una suerte de Círculo de Lectores que por 39,95€ manda a casa de sus clientes un par de zapatos cada mes.

Explican que buscan buenos equipos: «un buen equipo puede hacer que funcione una mala solución, un mal equipo tumbará cualquier proyecto por bueno que sea». También les sorprendió la poca visión internacional de los candidatos. «la mayoría piensan sólo en España como futuro para su empresa, como mucho, México» se lamentan. «El futuro está mucho más lejos».

Después de una jornada de trabajo los tres concluyeron que había un ganador claro: BeaClient, una aplicación que sirve para que las personas hagan check in en las tiendas. Los comerciantes se benefician por la publicidad que les supone y porque la aplicación les da datos personalizados de cada cliente que entra en su establecimiento. Los clientes ganan porque reciben una oferta personalizada. La aplicación gana porque vende sus servicios a los empresarios y, además, se llevaron una buena cantidad de dinero. Blumberg Capital porque su dinero está en un buen negocio. Lo malo, es que muy pocos ganaron.

19 años, tres móviles


Sin embargo, la falta de ambición que les llamó la atención de los inversores no fue sino un síntoma de generalidad en el que aún quedan geniales excepciones. Os remito el caso de Javier Agüera, un madrileño  que en 2009 puso en marcha su empresa para idear teléfonos móviles al gusto de los consumidores. Lo más llamativo es que en aquella época todavía estaba en el instituto.

Bajo la marca GeeksPhone, este joven gestiona sus productos y los diseña. Todo ello mientras cursa la carrera de ingeniería de telecomunicaciones. En el MWC, en plenos exámenes de febrero, encontró tiempo para presentar su tercer modelo: el GP2, «como siempre, libre, y con la última generación de Android», explica.

Ante esta explosión de ideas, el MIT se ha apresurado a nombrarle uno de los 35 jóvenes menores de 35 años llamados a cambiar el futuro. Sus ideas son muy claras: «se pueden hacer terminales de alta gama sin dejarse una fortuna». De momento, sus equipos, completamente libres, cuestan unos 200 euros y este verano llegará a las tiendas su modelo de gama alta.

Las fechas, una vez más, dependerán de la fábrica china donde recrean los diseños que él hace en una pequeña tienda de teléfonos cercana a la estación de Atocha, único punto físico para comprar sus terminales. Aún así, las ventas vía página web, en Pixmanía y en Expansys van viento en popa: «las ventas en el extranjero ya suponen el 30% del total», concluye.

Agüero acudió a la feria para conseguir que los inversores se fijaran en él y le ayudaran a mantener el sueño «de la telefonía libre, sin operadores y a gustos del consumidor final». Lo dicho, son pocos y por estos lares están en extinción, pero todavía quedan emprendedores brillantes.