California, volcada con la energía solar

A pesar de que Estados Unidos cuenta con, probablemente, el presidente más incompetente que se le recuerda, hay ciertos Estados de la Unión que quieren demostrar que siguen por la senda del sentido común y quieren aprovechar todo el camino recorrido durante la última década -no solo en su país- para seguir intentando minimizar el impacto de la sociedad en el planeta.

El caso más beligerante con la Administración Trump es, a buen seguro, el de California que no solo no está dispuesto a seguir la loca política económica y ambiental del Presidente sino que sigue apostando por energías limpias y medios de transporte algo más sostenibles que los convencionales. Así, según ha dictado la Comisión estatal de Energía con voto unánime, a partir del año 2020 todos los edificios (de viviendas o no) de pocas plantas deberán ser construidas con paneles solares. De esta forma se ahorrará energía generada por fuentes convencionales.

A falta de que la regulación sea aprobada -y lo será- por la Comisión de Estándares de Edificación, los legisladores afirman que ayudarán a los propietarios a ahorrar unos 19.000 dólares en energía de media en 30 años. La única duda que surge es el sobreprecio que esto tendrá sobre las viviendas y si quedará sufragado por este ahorro en la tarifa energética.

De media, se prevé un incremento en el precio de 9.500 dólares, unos 40 al mes en una hipoteca estándar. Si atendemos a las cifras que anuncian la construcción en 2020 de unas 100.000 viviendas unifamiliares y otras 50.000 multifamiliares con paneles solares, el sobre esfuerzo en la deuda privada será importante. Sobre todo si tenemos en cuesta el altísimo precio medio de la vivienda en algunas zonas del Estado: en Los Angeles debido a la escasez la tarifa supera los 650.000 dólares y en San Francisco los 1,3 millones.

A día de hoy el Estado ya genera el 16% de la energía que consume gracias al sol y prevén que el incremento exponencial del número de viviendas equipadas con esta herramienta debería disparar tanto este porcentaje como aminorar el precio de la vivienda. Además, cualquier sobreprecio debería quedar equilibrado por el ahorro energético. La duda que surge es si habrá más Estados (o países a este lado del Atlántico) que se sumen a una iniciativa más que necesaria.

Baterías biológicas, por fin una respuesta sostenible a nuestra demanda energética

La Humanidad se encuentra ante el reto innegociable de reducir su huella de carbono. Por mucho que las energías renovables sigan creciendo, la inmensa demanda energética de los dispositivos conectados y una población que aumenta sin cesar, hace que a día de hoy sea imposible conseguir un abastecimiento 100% verde para nuestra sociedad.

Si bien hace poco Escocia anunciaba que ya producía mediante energías renovables más de la mitad de la energía que consume y se sumaba a otro grupo de países como Uruguay, Islandia, Paraguay, Lesotho o Bután que han conseguido poner la balanza del lado «limpio».

Pero, de momento, el problema de las energías verdes es que no son constantes. Mientras que la hidráulica sí permite conseguir un flujo energético constante, la eólica y la solar aún tienen por delante el reto de poder nutrir nuestra hambre continua sin depender de la hora del día o de la cantidad de viento que haya en diferentes épocas del año. Esto, sin duda, provoca problemas a la hora de diseñar políticas de transición desde los combustibles fósiles a estas otras soluciones y ralentiza un proceso ineludible.

La solución, sin duda, pasa por nuestra capaz de mejorar nuestra eficiencia energética y, sobre todo, de nuestra capacidad de almacenar la energía en momentos de excedencia para poder emplearla en los momentos «valle» de producción.

Por eso los fabricantes de baterías -indispensables a corto plazo- siguen investigando formas de conseguir una mayor eficiencia de sus equipos (mientras los constructores de hardware se encargan de que sus dispositivos cada vez más capaces consuman menos). Hace pocos días un grupo de investigación holandés publicaba en Enviromental Science & Technology Letters el desarrollo de una nueva pila recargable basada en bacterias.

Hasta la fecha las soluciones «clásicas» de baterías domésticas -las Tesla Powerwall– no solo eran caras (es cierto que en el último año han surgido soluciones mucho más económicas) sino que no eran tan seguras como deberían.

Desde hace poco más de una década los esfuerzos se han centrado en el desarrollo de baterías que funcionasen mediante microorganismos. Al proceso se le llama electrosíntesis microbiana y nunca se había llegado tan lejos como ahora cuando se ha presentado un modelo útil de batería recargable basado en dos sistemas microbianos diferentes: uno al ser estimulado con electricidad produce acetato y otro al recibir el acetato produce electricidad.

Esto hace que durante el día las primeras produzcan la cantidad de acetato suficiente para que el segundo sistema sea capaz de producir energía durante la noche. Un paso de gigante para conseguir la independencia de los combustibles fósiles y otras fuentes peligrosas de una forma segura y barata para todos… siempre y cuando lobbies y gobiernos lo permitan.

Energías limpias, Bill Gates tiene un plan

A pesar de que, como en todas las reuniones de este tipo, el efecto del marketing es tan importante como las resoluciones que se toman, la cumbre de las Naciones Unidas por el Cambio Climático que ha tenido lugar en París se antoja como la más importante de los últimos tiempos tanto por sus participantes como por la necesidad de cambiar la peligrosa inercia en la que llevamos viviendo mucho tiempo.

Curiosamente, uno de los grandes protagonistas de esta reunión no ha sido un político sino un multimillonario que desde hace tiempo es más famoso por sus actos de filantropía que por su (inmensa) fortuna: Bill Gates. El hombre más rico del mundo y cofundador de Microsoft ha presentado dos iniciativas que, de conseguir suficiente apoyo institucional y empresarial -el otro agente social que ha sido llamado a formar parte activa de la solución- podría, realmente, llevarnos a buen puerto.

Mission Innovation, la salvación por la investigación

A pesar de que en la presentación de ambas iniciativas se dio por hecho que el problema del calentamiento global es un necesidad y un objetivo global de todas los estamentos sociales (políticos, empresas, ciudadanos), el magnate es consciente de que el problema ha de ser atacado de diferentes formas por cada uno de nosotros. De esta forma, unos esfuerzos deben correr a cargo de los gobiernos y otros han de ser llevados a cabo por parte de los inversores.

Mission Innovation -al que ya se han adherido 20 países- busca doblar las investigaciones e inversiones públicas en energías limpias durante los próximos cinco años. El objetivo es crear soluciones escalables a las diferentes condiciones económicas y de mercado de cada uno de los países miembros.

De este modo, cada uno de los países se centrará en diferentes tareas -que podemos ver si accedemos al mapa interactivo de la página del proyecto-. Una forma de potenciar las habilidades de cada miembro para minimizar los puntos fuertes de los demás. Una verdadera manera de poner en común nuestros conocimientos para mejorar una situación que ya no tiene vuelta atrás y que más que revertir, por ahora, solo podemos minimizar.

Breakthrough Energy Coalition, la democratización de las energías limpias

Esto, más allá de una buena idea y de un conjunto de buenas intenciones, también puede quedarse en agua de borrajas pues ya hemos visto la poca capacidad de solucionar la situación que tienen los gobiernos. Una mezcla de intereses económicos y de falta de libertad frente a las grandes fuerzas económicas ha hecho que durante años la solución al cambio climático se haya quedado en poco más que postureo.

Precisamente por eso Bill Gates ha querido dejar claro que los grandes empresarios del mundo tecnológico también están en la obligación de formar parte de la solución. Y para eso nace la Breakthrough Energy Coalition en la que sus integrantes se encargarán de investigar e invertir en nuevas tecnologías limpias que sean más eficientes que las actuales. Pero como esto por sí no vale para extender las soluciones, tendrán que usar su enorme músculo financiero para que -de nuevo- sean escalables y económicas. Emplear sus fortunas (probablemente acaben ganando más dinero) para acercar a todos las soluciones energéticas que necesitan masificarse para ser efectivas.

Como explica Bill Gates en este vídeo, mejorar el precio de las energías y usar energías limpias podría ayudar definitivamente a eliminar la brecha existente entre las comunidades pobres y los demás estamentos sociales.

Hamburg-Wilhemburg, de la oscuridad al sol

Decía el filósofo, ensayista y escritor George Santayana que «aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo». Y algo de razón debía tener cuando hay una placa que reza esas mismas palabras en el campo de concentración de Aushwitz. El pueblo alemán, celoso de su pasado, siempre ha estado orgulloso de enseñar al resto del mundo como todos los monumentos que en su momento honraron a la guerra y a su horror pueden ser reconvertidos en homenajes a la naturaleza, a la humanidad y a la vida.

El ejemplo más famosos probablemente sea el del parque Tempelhof de Berlín. El otrora aeropuerto de la capital -estratégico para la aviación militar nazi- es ahora el parque urbano más grande del mundo (mucho más que el célebre Central Park). Sin embargo, hay ejemplos mucho más fructíferos a lo largo y ancho de la geografía germana.

Hoy os presentaremos Hamburg-Wilhemburg, un búnker construido para la II Guerra Mundial que después de sesenta años de abandono y más de siete de desarrollo del proyecto se ha convertido en una de las fuentes de energía renovable del distrito de Reiherstieg en Hamburgo.

Edificado en 1943 se planteó como una fortaleza equipada con torretas antiaéreas que debería resistir tanto ataques de la aviación aliada como cualquier incursión por tierra. Sus paredes de tres metros de espesor fueron refugio de miles de personas durante la fase final de la Guerra. Su solidez era tal que cuando el ejército británico se propuso desmantelarlo solo pudo destruir seis de las ocho plantas (las otras dos eran inaccesibles).

Cuando se planteó su reconstrucción la tarea a la que se enfrentaba Uli Hellweg, director del International Building Exhibition (institución encargada de devolverlo a la vida), era titánica: había que reestabilizar la fachada, reconstruir el interior, adecuarlo para que fuera habitable e implementar tecnologías del siglo XXI a un edificio de 1940.

Pero por si esto fuera poco, no valía con edificar un edificio funcional: debía abandonar su pasado y convertirse en algo útil para la comunidad. Una mole que albergara tecnología que permitiera el suministro energético sostenible a la zona residencial lindante. Se añadió un sistema de estructuras de acero separado de la estructura en las paredes sur y el techo que soportan grandes tiras de paneles solares que producen más de 100 kW a la semana. Suficiente para surtir el 85% de la energía del distrito y convertirse en una referencia en la zona de las islas del río Elba.

En la planta energética que trabaja en su interior se aprovecha una combinación de energía solar, biogás, astillas de madera y el calor residual de una industria cercana. Cuando esté terminado el búnker generará un total de 3.000 MWh: la calefacción de 3.000 hogares y la demanda eléctrica de otros mil. En total se emitirán a la atmósfera 6.000 toneladas menos de carbono y se generarán puestos de trabajo locales.

Para refrigerarlo se ha creado en su interior una instalación con capacidad para albergar dos millones de agua -de lluvia- que funciona gracias a otra instalación que se alimenta de biometano, combustión de madera y una unidad de energía solar térmica.

Seguramente a estas alturas os estéis preguntado por el enorme costo de poner en funcionamiento una planta limpia que alimenta los hogares de una superficie de 1,2 kms cuadrados. La reconstrucción del edifico, la implementación de todas estas nuevas tecnologías limpias y la adecuación de la red eléctrica lindante ha costado 27 millones de euros (de hecho, el último apartado se lleva 11 millones). Una cifra que ayudará a enjugar el museo que explica el origen del edificio y su transformación -ya ha sido visitado por más de 100.000 personas) y la cafetería con un mirador de 360 grados sobre la segunda ciudad alemana por población.

SolaRoad, camino a la energía limpia

En la lucha contrarreloj contra el cambio climático, adecuar el transporte a las necesidades de nuestra sociedad es absolutamente crucial. Por eso, el empuje de medios alternativos limpios y la optimización de los tradicionales es fundamental. Sin embargo, la urgencia de mejorar la situación (y la tendencia) han hecho que sea necesario buscar nuevos puntos de mejora y las carreteras y caminos son uno de ellos.

Convertir las carreteras en una fuente de energía (no solo para el transporte sino para las ciudades, repletas de asfalto) no solo suena como una idea inteligente sino que puede ser una de las claves para minimizar nuestra huella de carbono.

SolaRoad una red de carriles bici que generan energía a partir del sol que se puso en marcha hace seis meses en Holanda (cómo no) comienza a dar ya cifras reales sobre su rendimiento y, por lo que han explicado sus responsables, funciona mejor de lo esperado.

 

Concebido como un camino paralelo a la vía -y absolutamente apto para la circulación- integra células fotovoltaicas que van dentro de unos módulos de hormigón de 2,5 a 3,5 metros protegidos por una doble capa de cristal templado de un centímetro de grosor. Si tenemos en cuenta que su implantación en Holanda -que es uno de los países con más días nublados de Europa- se reduce a escasos 70 metros, la cifra de 3000 kWh producida (podría alimentar un hogar un año) se antoja sobresaliente.

La unión de un medio de transporte sin impacto ambiental como la bicicleta con la idea de un camino capaz de generar energía limpia y sus buenos resultados han minimizado, por el momento, la polémica inversión que requirió a finales de 2014: unos tres millones de euros por cada 70 metros de Solaroad.

¿Cuál es el siguiente paso que se han propuesto? A corto plazo, aumentar la distancia a 100 metros antes de 2016. A medio, conseguir incrementar la resistencia del sistema para permitir el paso de vehículos más pesados (y abrir la puerta a una verdadera red de energía limpia por todo el territorio).

Aunque las pruebas hasta ahora han tenido algún punto negativo (el revestimiento de cristal ha cedido ligeramente al peso de las bicicletas y peatones y se ha separado ligeramente en algunos puntos de la estructura), parece que el proyecto es lo suficientemente sólido para que las autoridades neerlandesas decidan apoyar una mayor implantación.