Volkswagen, la puntilla que le ha dado Netflix

Aunque parecía que el cielo sobre Wolfsburgo se aclaraba con el paso de los meses gracias a las cifras de ventas (máximo productor mundial) y a una estrategia de electrificación y limpieza de la imagen de marca -Porsche ha anunciado que abandona las mecánicas diésel- mediante el lanzamiento de nuevos modelos, los problemas para el Grupo Volkswagen no se acaban.

La polémica estalló a principios de este año de la mano de la serie documental Dirty Money disponible en Netflix. Aunque en sus capítulos se habla de varias empresas y sus «operaciones», el primer capítulo, el más polémico y el que ha saltado a los titulares es el relacionado con el fabricante alemán. Para muchos podría ser el enésimo análisis sobre el dieselgate y, teniendo en cuenta la capacidad de nuestra sociedad adormilada para digerir malas noticias y «expulsarlas» para pasar a la siguiente tragedia (la crisis social en Grecia, las pateras y concertinas, la guerra en Ucrania, Trump y el Brexit, el ébola, el cambio climático y lo poco consecuentes que somos con él con tal de no cambiar nuestros cómodos hábitos diarios o los abusos sexuales son ejemplos de grandes problemas que vinieron, coparon la prensa y se marcharon) sin embargo, en él se desvelaba que la empresa había realizado experimentos con animales.

Por si esto fuera poco, la revelación de que científicos de la Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente en el Transporte, (EUGT) un instituto financiado por Daimler, BMW y el Grupo VAG realizaron pruebas también con humanos para tratar de demostrar inútilmente que «las emisiones diésel no son tan dañinas como se decía» hizo que hasta la permisiva Comisión Europea haya pedido a Berlín que tome medidas drásticas sobre su industria.

A priori esto nos deja claros varios puntos: lo ciegos que estamos cuando algo comienza con un título tan rimbombante como «Asociación Europea» y la falta de escrúpulos que muestran algunas empresas (y los gobiernos relacionados con ellas) a la hora de justificarse.

Sin embargo, en vez de centrarnos en un debate ético, mucho más subjetivo, nos iremos a la parte científica del asunto. ¿Cuáles son los principales gases que hay en el humo de los motores diésel? Dióxido de carbono, oxígeno, vapor de agua, monóxido de carbono, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, hidrocarburos y sus derivados. No obstante, la principal característica de estas emisiones es que los motores de gasóleo producen partículas hasta veinte veces más grandes que las de los motores de gasolina.

Además, en 2012, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (esta sin patrocinar por ninguna empresa privada), catalogó estas partículas con un nivel 1 de peligrosidad, lo que significa que está científicamente comprobado que provocan la enfermedad.

Asimismo, la agencia subrayó que los problemas de salud no se quedan ahí: los primeros síntomas son los efectos negativos que éstas provocan en las mucosas y los ojos. De hecho, el Instituto de Salud Suizo está inmerso en un estudio para demostrar que también influyen en numerosas patologías cardiovasculares que van desde el infarto de miocardio hasta el ictus cerebral.

El problema de todo esto se incrementa si atendemos a las cifras que arroja la Organización Mundial de la Salud: cada año 80.000 europeos mueren prematuramente a causa de la contaminación derivada del transporte, calefacciones, etc.

Lo más curioso es que, aunque hay mercados reticentes a cambiar hacia los motores de gasolina (no ya los eléctricos o híbridos) como el español -donde solo el 21% de los compradores dice preocuparse por la huella de carbono de los productos que compra y donde no hay la más mínima intención por parte de las instituciones públicas por potenciar las energías limpias y los medios de transporte de bajo impacto- las estadísticas indican que solo se amortiza el ahorro de combustible de un modelo diésel en el 50% de las compras. De hecho, durante la crisis financiera que todavía arrastramos por estas latitudes, la cifra bajó.

Los factores claves en esta falsa percepción de ahorro son que, aunque el consumo es ligeramente más bajo y el gasoil es algo más barato, el sobreprecio del vehículo y los costes de mantenimiento (sin tener en cuenta el precio de las reparaciones) imposibilitan la amortización con los kilómetros recorridos de media por cada ciudadano durante la vida útil del automóvil. Un menor valor residual de estos coches (ahora tachados de enemigo público número uno) ponen la guinda a unas mecánicas que, yo el primero, elegimos erróneamente.

Volviendo al Grupo Volkswagen, aunque ha salido indemne en Europa de un delito que debería haber acabado con muchas y más graves consecuencias, se reabre ahora la posibilidad de nuevas multas y, sobre todo, de sanciones más graves sobre las licencias para la comercialización de modelos que, a día de hoy, parecen tener los días contados en el segundo mercado mundial por número de modelos y el primero por capacidad de compra.

Fake news, ¿y si solo eran un punto intermedio?

Corría 2016 cuando Aviv Ovadya advertía del impacto de las fake news en las redes sociales con motivo de la campaña presidencial estadounidense. Un fenómeno que no solo estaba teniendo una injerencia crítica en la política, sino también en la salud, la educación y las relaciones internacionales (seguridad, por ejemplo).

Ahora, dos años más tarde, el tecnólogo vuelve a avisarnos: las fake news fueron solo un primer paso en un camino que nos llevará a un «apocalipsis informativo» puesto que las tecnologías que distorsionan la realidad avanzan más rápido que nuestra capacidad para gestionarlas y para controlar este fenómeno.

Los primeros síntomas, explica, los encontró poco antes de la victoria de Donald Trump. Fue entonces cuando se volcó en intentar advertir de la crisis de desinformación que se estaba avecinando. Él lo denominó «Infocalypse» y, como desgranan en un sobresaliente reportaje en BuzzFeed News del que se hace eco Genbeta, la cuestión gira en torno a la forma en la que el sistema «premia» información que muchas veces resulta ser engañosa y polarizante.

Es llamativo que en la presentación de sus conclusiones había representantes de tecnológicas como Facebook que, directamente, no le tuvieron en cuenta. El problema es que el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial permitirá a quién lo desee manipular la realidad y hacer que un hecho que nunca ha ocurrido puede parecer cierto.

Como explican en Genbeta, algo que parece «distópico» ya está empezando a ocurrir. Tenemos el caso de vídeos porno falsos con famosas creados a partir de algoritmos de aprendizaje automático y software de código abierto -de nuevo, una herramienta indispensable mal utilizada- que ya ha tenido que ser baneado por los portales de referencia.

Más grave (aún) es el caso de manipulaciones de audio que puede sufrir una emisión en tiempo real haciendo que se sincronice un discurso con los labios de un ponente. Esto permite poner en boca de alguien algo que nunca ha dicho delante de las cámaras. El caso más flagrante que expone Ovadya es el de la «manipulación diplomática»: una inteligencia artificial puede aprender de horas de vídeos de dirigentes para luego, cuando desee una tercera persona, recrear una declaración de guerra casi imposible de distinguir de un discurso «normal».

Esta suerte de «simulación política» puede ocurrir mucho antes de lo que parece y, tal y como pinta, dejará a las fake news como una curiosidad de principios de siglo. Por eso es fundamental trabajar a fondo para intentar adaptarnos a unas tecnologías que, en nuestra opinión, su creadores no llegan a comprender del todo.

Tim Berners-Lee, preocupado por la evolución de internet

Este fin de semana tuvo varias efemérides. Ayer, por ejemplo, se cumplían 70 años del nacimiento del primer Ferrari. Y este mismo fin de semana hacía 28 de la propuesta de Tim Berners-Lee de una red global. Así, el británico aprovechó el aniversario para publicar una carta abierta en la que mostraba sus sensaciones sobre el estado de la web y sus retos.

En el artículo Berners-Lee se muestra muy preocupado por tres tendencias que cree que necesitan combatirse con urgencia: el más importante, la difusión indiscriminada de noticias falsas. Lo más importante, es que el británico apunta a quiénes deben realizar más esfuerzos por mitigar este problema. Google y Facebook han de liderar la lucha por mucha presión que tengan de los usuarios.

El problema reside en que, mediante los algoritmos, los grandes de internet priorizan el contenido sobre el que creen que vamos a hacer click. No importa que este sea cierto o falso. Esto hace que sea demasiado fácil hacer que los contenidos desinformativos se conviertan en virales en la red. Al fin y al cabo «a través de la ciencia de datos y de los ejércitos de bots, aquellos con malas intenciones pueden engañar al sistema para difundir información errónea y obtener beneficios financieros o políticos», sentencia.

Berners-Lee también apunta a los usuarios que somos los que debemos hacer presión para que las grandes tecnológicas no cesen en su empeño de controlar la veracidad de los contenidos así como de evitar que se creen «órganos centrales que decidan que es verdad y qué no». Por eso es importante que los algoritmos sean públicos y transparentes y que la sociedad sea consciente y pueda ejercer de forma natural su poder regulador.

En segundo lugar muestra su preocupación por la pérdida del control sobre nuestros datos personales mediante largos y confusos «términos y condiciones de uso» que se han de aceptarse a la hora de registrarse y acceder de forma gratuita a algunas webs y servicios. Si a esto le sumamos, como reveló hace pocos días WikiLeaks, que los Gobiernos están realizando recopilaciones masivas de datos sin permiso de los particulares, nos encontramos con la libertad de expresión seriamente dañada así como evita que la red sea un espacio libre independientemente de nuestro sexo, religión o procedencia.

Relacionado con los anteriores, el tercer problema es la falta de transparencia de las campañas políticas en internet. Al acceder a nuestros datos -como hemos visto en el segundo punto- los políticos pueden lanzar varios mensajes a cada usuarios -la desinformación del primer ítem- de una forma poco ética pero tremendamente eficaz a la hora de conseguir votos: a cada uno le dicen lo que quieren oír.

¿Hay alguna solución a estos problemas? Básicamente «devolverle a la gente el control de sus datos». Crear un sistema justo de micropagos que no bloquee a la gente el acceso a los servicios y que nos libere de la publicidad, crear legislación para las campañas políticas y la desinformación y tribunales supranacionales contra los abusos de las administraciones. Nada de esto será rápido pero es la única forma de proteger un mundo digital cada vez más hibridado con el real.

Perspective, IA para plantar cara a los trolls

Pocos países han aupado más internet que Estados Unidos. Su penetración en la sociedad, en las costumbres de los ciudadanos, es enorme. Por una parte, Silicon Valley y sus empresas retroalimentan la digitalización de una sociedad en parte menos temerosa que otras a las nuevas tecnologías. Por otra, la regulación permite la creación de nuevos modelos de negocio sin la supervisión de otras áreas económicas. Sin embargo, ser el conejillo de indias tiene un precio: un estudio del Instituto de Investigación Data Society sobre acoso y abuso en internet revela que casi la mitad de los usuarios estadounidenses ha sufrido acoso; que tres cuartas partes ha sido testigo de ese acoso y que tres de cada diez se autocensuran a la hora de opinar por miedo a las consecuencias.

Google, el ojo que todo lo ve en internet ha decidido tomar medidas en el asunto -igual que prometió combatir las noticias falsas que tantas consecuencias han tenido en 2016- y lanzó el pasado jueves Perspective. Se trata de una herramienta de inteligencia artificial diseñada para identificar los comentarios tóxicos de los «trolls» de la red para eliminarlos y excluir a esos usuarios de la conversación.

Jigsaw, la filial de Alphabet que ha desarrollado el software y que antes respondía al nombre de Google Ideas, busca que en internet «se puedan volver a entablar conversaciones y debates interesantes». Un código abierto -buscan potenciar a todas las plataformas en la red- que busca hacer de internet un entorno más seguro. Cualquier editor o desarrollador de contenido podrá usarlo para controlar qué se puede decir y qué no en su web.

Además, Perspective se ha creado con varios niveles de exigencia para que cada titular de una web pueda decidir qué hacer con la información que recibe: se pueden marcar los comentarios para que se moderen uno a uno y que se decida si entran o no en la conversación; que la propia persona que escribe los comentarios pueda ver en tiempo real el nivel de «toxicidad» de su reseña o que se clasifiquen de forma automática los comentarios en base a ese mismo criterio.

Su funcionamiento es sencillo en teoría. Un conjunto de personas han clasificado comentarios que consideran tóxicos porque incluyen faltas de respeto, insultos, amenazas o palabras malsonantes. Después, la IA se ha encargado de analizar de forma autónoma miles de comentarios en la red y, para saber si son tóxicos o no los ha comparado con los de su base de datos. Un entrenamiento con el que Perspective ha ganado capacidad ante palabras y frases. El último paso fue su lanzamiento a la web para que sea empleado por quien quiera. Además, cuanto más se implante más aprenderá.

Su mejor baza es el machine learning de Google que tiene la capacidad de analizar datos y crea patrones a partir de los mismos. Cuanto más se usa más aprende. Y en esta fase de aprendizaje serán tan importante los moderadores como los propios usuarios que podrán enseñarle al sistema qué es un comentario tóxico y qué no.

Aunque de momento solo esta disponible en inglés, la empresa ha explicado que pronto estará disponible en otros idiomas. Será fundamental la colaboración de editores y plataformas de otros países (no angloparlantes) para que se pueda crear un modelo efectivo como ocurrió en su momento con el inglés y el medio The New York Times, que ya tiene un equipo humano que se encarga de moderar los 11.000 comentarios diarios de su web. Eso ha provocado que solo se pueda comentar en el 10% de los artículos de su web. Perspective, gracias a su algoritmo permitirá que su trabajo sea más eficaz y sencillo.

Aunque hay empresas como Twitter y Mozilla que tienen en marcha iniciativas similares, la de Google -por potencial y herramientas- parece la más capaz de sobrevivir y de convertirse en estándar en internet.

Frío y tecnología textil, ¿hay alternativa a las plumas?

Con la llegada del invierno y de varias olas de frío polar al sur de Europa, son muchas las personas que se están acercando a las tiendas para hacerse con prendas de abrigo para protegerse de las temperaturas bajo cero. La respuesta que se encuentran ante la pregunta de ¿qué es lo mejor para abrigarse del frío? depende, mucho, del tipo de establecimiento al que acudan.

En las tiendas de las firmas de moda la respuesta es unánime: las prendas técnicas rellenas de pluma. No hay duda de su sobresaliente capacidad de aislamiento frente al frío. Sin embargo, este tipo de prenda tiene dos problemas, uno técnico y otro ético. El primero es simple: cuando la prenda se moja, si no es completamente impermeable -y pocas veces lo son por el diseño de las prendas (tienen costuras para no estar excesivamente «hinchadas») las plumas pierden el 100% de su capacidad calórica. La solución que tienen algunas de estas empresas es utilizar el efectivo recubrimiento de GoreTex pero esto hace que el precio de la prenda se dispare (fácilmente por encima de los 400€). En cualquier caso, el lavado de la prenda seguirá siendo un problema -con o sin recubrimiento- ya que al mojarse las plumas se apelmazan y con el paso del tiempo pierden capacidad aislante.

El segundo problema, el ético, se explica fácilmente si uno navega un poco por la web y averigua cómo se consigue la pluma de las aves (las de mayor calidad son las de pato y ganso nórdico. Salvo alguna empresa que emplea materiales de animales alimentarios -y raras veces consiguen cubrir toda la demanda- el proceso es sencillamente atroz y salvaje.

¿Qué ocurre entonces cuando buscamos una alternativa tecnológica (sintética) a la capacidad aislante de las plumas? Desde hace décadas son varias las empresas que han buscado alternativas que sirvan para aislar la temperatura corporal sea cual sea la temperatura ambiente.

Probablemente el más avanzado de todos sea el PrimaLoft desarrollado por Albany Internation y empleado preferentemente por The North Face. La empresa californiana ha creado un tejido de relleno que inicialmente era una mezcla de materiales naturales (pluma reciclada) y sintéticos que garantizaba un aislamiento térmico del 98% incluso en condiciones de humedad extrema.

Con diferentes rangos de capacidad calórica (Silver, Gold y Black Hi-Loft) hace poco presentaron un giro más de tuerca al concepto con el PrimaLoft Silver Eco: confeccionado en un 70% con materiales reciclados sintéticos sometidas a un tratamiento hidrófugo permite una sensación de calidez inmediata sin abultamiento. Además, permite guardarse plegado -las plumas se deben guardar extendidas-, un lavado convencional y un mantenimiento de larga duración.

Otro de los sistemas más reputados del mercado es el Thinsulate de 3M. Del mismo modo que ocurrió con el exitoso GoreTex, la empresa de Minnesota ha desarrollado diferentes variables para aplicarlo a todo tipo de prendas y calzados. La tecnología Thinsulate no solo permite aislar térmicamente la temperatura corporal del usuario sino que no permite pasar la humedad -incluso en forma de lluvia o nieve intensas- más allá de su capa exterior.

El sistema es tan eficiente que han desarrollado variantes que resisten el fuego, son sumergibles, se ajustan completamente al cuerpo para la práctica deportiva o se pueden aplicar en ventanales. Uno de sus recubrimientos más exitosos es el que han conseguido con un 50% de materiales reciclados gracias a los últimos desarrollos que permiten su reutilización.

El último sistema que traemos hoy es el Hollofil desarrollado por DuPont. Esta química, también estadounidense, emplea el relleno Dacron (una fibra con diferentes composiciones -la principal es el poliéster- desarrollada por otra empresa) que estructura con un núcleo hueco para hacerlo más liviano -y darle forma a pequeñas «celdas» de aire que retienen el calor corporal y se convierten en un conjunto comprimible y liviano.

A esto le suman el aislante Thermolift Extreme, que sirve de recubrimiento para el núcleo del tejido y lo mantiene a salvo de la humedad y el frío exterior. El resultado es uniforme, muy ligero, aislante y con un mantenimiento tremendamente sencillo. Además, como en los anteriores, las empresas han realizado evoluciones hacia materiales reciclados y reciclables.

En definitiva, alternativas igual de efectivas en picos de frío, con una mayor vida útil, mucho más respetuosos con el medio ambiente y con un precio más competitivo. Nosotros ya tenemos respuesta para quien nos pregunte si es mejor la pluma o el sintético.