Firefox, Mozilla evoluciona hacia la privacidad total

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Hace algo menos de una semana que nos anunciaron la nueva versión del navegador Firefox. La número 42 del software estrella de la Fundación Mozilla gracias a los dos preceptos en los que se sustentas todas las mejoras que recibe el programa: que sea el usuario quien tenga el control de lo que hace en la web y mantener siempre unos estándares mínimos en la calidad de la navegación. En esta ocasión nos centraremos en el primero: una idea sensacional para los que no queremos que se sepa todo sobre nosotros y un ataque frontal al principal negocio de internet: la publicidad.

Sobre el papel nada de esto es nuevo. Chrome o el propio Firefox (en realidad todos los navegadores) tienen una opción para hacer una «navegación privada» sin dejar rastro. ¿Cuál es entonces la diferencia? Según explica Denelle Dixon-Thayer, responsable legal de la Fundación, «ahora se puede evitar la carga de contenidos a terceros mientras se navega», esto es, que si buscamos y compramos un regalo para alguien, cuando esa persona acceda al programa no verá publicidad relacionada con lo que hemos estado haciendo.

De este modo, cuando naveguemos de forma «privada» habrá agujeros en la web: un hueco donde antes había módulos que se encargaban de recopilar información sobre nuestra actividad para luego «refrescárnosla» en forma de publicidad. Esto, a buen seguro, afectará a multitud de webs muy populares como Facebook que verá desactivado el famoso «Me gusta» al ser un botón que hace tracking al interactuar con el usuario.

El objetivo, explica la responsable, no es entrar en la guerra de los bloqueadores de publicidad, sino dotar al usuario, de nuevo, de control sobre su actividad en la web. Un control real que el modo privado «clásico» no le da. Ella misma reconoce que el suyo no es el mayor ataque a esta actividad económica en la web: el propio bloqueador de publicidad nativo de iOS 9 tendrá mucho más peso a la hora de sentar las bases sobre una nueva forma de interactuar con el anunciante y la web. El motivo es sencillo: es más radical y, además, «tiene mucha más capacidad de influir sobre millones de usuarios a través de los iPhone y los iPad».

Hasta ahora los modos de navegación privado tan solo nos hacía anónimos pero seguían recabando información sobre nosotros. El mejor ejemplo, sin duda, el de Chrome. Google nunca lanzaría de motu propio un formato que atacara a su mayor negocio: la obtención de datos del usuario para su posterior gestión como información comercial. Ahora, software como AdBlock Plus, y los propios de Mozilla o Apple se centran en el usuario, no en el contenido.

Si bien saben que este método no se va a recibir con demasiado entusiasmo en Estados Unidos (los usuarios que demandan una total privacidad en la web no son mayoría y los anunciantes ya han mostrado su malestar) desde la Fundación Mozilla saben que en Europa, donde la privacidad es «entendida como un derecho» tendrá muchos adeptos. Es algo que se percibe, explica Dixon-Thayer, incluso en cómo construyen las webs en países como Alemania.

La duda que nos surge a nosotros es si esta nueva herramienta ayudará a Firefox a recuperar terreno frente a sus rivales clásicos. A junio de 2015 Chrome crecía hasta el 52% del mercado mundial, Explorer remontaba hasta un 22% y Firefox caía hasta el 18%. ¿Será éste el movimiento que necesita el navegador para volver a ser la referencia?

Spartan, la revolución de Microsoft

Noviembre de 2004, la Fundación Mozilla lanza su navegador Firefox con el fin de hacer mella en el dominio absoluto de Internet Explorer y de demostrar a los usuarios que hay formas mucho más rápidas y eficaces de acceder a internet. En aquel mes las cifras daban al programa de Windows un 91% de la cuota de mercado. IE 6 era la personificación de un mercado que se atisbaba importante pero no milmillonario.

Sin embargo, la guerra de guerrillas de Firefox tuvo un resultado inesperado: el lanzamiento de Google de Chrome, un navegador que en poco tiempo superó al de Mozilla y poco después hizo lo propio con Explorer para ser ahora la referencia. Aunque en los últimos tiempos los de Redmond han lanzado actualizaciones y versiones notables de su explorer parece que el daño es irreversible y no encuentran el modo de remontar las cifras por lo que llevan tiempo barajando un cambio drástico.

Y es entonces cuando lo que comenzó como un supuesto nombre en clave de la nueva actualización de Explorer para Windows 10 gana protagonismo hasta convertirse en el nuevo navegador por defecto del sistema operativo llamado a cambiar la imagen anquilosada que tenemos de Microsoft y sus programas.

Aunque según los expertos mantendrá tanto el motor JavaScript (Chakra) como el de renderizado (parece que será Trident y no WebKit como apuntaban algunos rumores) -lo que lo convertiría en una profunda actualización del actual IE- cambiará por completo su imagen y una gran cantidad de funcionalidades… para acercarse a las últimas versiones de Firefox y de Chrome.

No obstante, algunos analistas apuntan a que los posibles problemas que pudieran dar muchos desarrollos web pensados para Internet Explorer podría hacer que Microsoft lanzara por defecto Windows 10 con una versión muy poco remozada de IE y Spartan por defecto de modo que durante los meses de transición los usuarios no tuvieran problemas para el visionado o la interacción con ningún contenido.

Aún así, nosotros nos planteamos que si se mantienen los dos principales pilares de IE (los motores) el problema podría darse con un planteamiento integral a nivel interno de Windows 10 para trabajar con el nuevo navegador. De su ligereza dependerá en buena medida el funcionamiento de toda la plataforma -el navegador es con diferencia la herramienta más empleada por la mayoría de los usuarios- y tener a mano Internet Explorer 11 permitiría una transición más suave para la propia Microsoft.

Hoy mismo Microsft presentará la versión preliminar de Windows 10 y en ella se esperan funcionalidades como Continuum o Cortana (que también estarán en Spartan) y que no sólo debería permitir a Windows hacer frente a otros servicios sino que debería permitir la integración total de todos los programas en un ecosistema multidispositivo.

De momento, sólo se sabe seguro que este nuevo programa será también una aplicación multiplataforma y que llegará a iOS y Android con el fin de acercar a aquellos clientes que abandonaron el universo Microsoft todas las mejoras que los de Redmond han desarrollado en los últimos años. En los próximos días veremos hasta donde llega esta puesta a punto de los de Satya Nadella.

Chrome, se cierra el círculo

Parece que Google ha conseguido que la transición desde Microsoft se haya cerrado. Hace poco más de una década la empresa de Bill Gates tenía que defenderse de las acusaciones de monopolio por el dominio absoluto de Internet Explorer en el mercado de navegadores. Hoy, el navegador Chrome de los de Mountain View cuenta con más de un 50% de la cuota, Explorer se conforma con el 30% (de seguir así podría ser superado por Firefox) y eso que no se tienen en cuenta los datos móviles donde Explorer es el cuarto por detrás de Opera, Safari y Chrome.

 

Cuando en 2010 la Comisión Europea exigió a la empresa eliminar Internet Explorer como navegador por defecto -lo que hacía que se pudiera elegir entre una enorme oferta, toda gratuita- millones de personas descubrieron Mozilla Firefox. El primer gran rival de Explorer y, sin duda, el que más capacidad de personalización tiene (por mucho que esto pese en Mountain View).

 

Sin embargo, este pionero libre tenía un duro rival. En 2008 Google presentó Chrome. El colaborador de la Fundación Mozilla (sigue siendo uno de sus mayores sustentos económicos) se llevó a golpe de talonario a muchos de sus mejores ingenieros y, aunque nació rodeado de polémica por el posible uso que la empresa del buscador daría a los datos de navegación obtenidos, su uso sencillo -en una sola caja se podían teclear URLs y búsquedas directas en Google- y su velocidad hicieron que poco a poco ganara decenas de millones de adeptos.

 

Aún así, antes de la sentencia de la UE, Google Chrome -al que al principio sólo se accedía vía invitación para dar sensación de exclusividad y de «experto»- sólo tenía un 10% del mercado y Explorer más de un 55%. En pocos meses ambos navegadores comenzaron a pugnar por el liderato alrededor del 40% y no fue hasta 2012 cuando Statscounter, el mismo medidor que da ahora la mayoría absoluta a Chrome, anunció que el navegador de los de Larry Page era el primero.

 

Sin embargo, lo mismo que provocó la caída de Explorer se puede convertir en un problema para Google. La competencia -con Microsoft y Apple a la cabeza- exigen que Chrome no sea el navegador por defecto de los más de 900 millones de dispositivos Android activados en el mundo. Incluso solicitan que Chrome de la posibilidad de buscar en otros motores como Yahoo! o Bing. ¿Podrá la CE con el gigante californiano? Microsoft era más grande pero, ni mucho menos, más dominadora. Parece que la guerra está abierta y que Firefox podría tener su oportunidad. Mientras, ajeno a todo ello, Opera y Tor, que se caracterizan por el modo seguro en el que protegen los datos de los usuarios siguen creciendo. Lento pero seguro.

Firefox OS, la amenaza fantasma

Mozilla Firefox es un nombre legendario en el mundo de internet. El navegador de la fundación sin ánimo de lucro fue el primer rival que osó enfrentarse al antaño todopoderoso Internet Explorer de Microsoft y, aunque no lo venció, fue el primer paso para que Chrome -su heredero, si tenemos en cuenta la cantidad de fondos que Google deposita en Mozilla- desbancara el programa de Microsoft.

 

Ahora, en un panorama igual de complicado -Android e iOS son los líderes absolutos en el mercado de sistemas operativos móviles- Mozilla lanza su Firefox OS primero con la intención de disputarle el tercer puesto a Microsoft y Blackberry y, después, con la de inundar los smartphones y tabletas de todo el mundo con un entorno totalmente basado en internet.

 

Después de que Apple nos acabara de convencer en 2007 de que lo importante no es lo que podemos hacer con los dispositivos sino lo que hacemos con ellos, todas las grandes tecnológicas del mercado se han dado cuenta de que los usuarios (ergo clientes) buscamos equipos que más allá de la potencia y la construcción nos regalen una buena colección de aplicaciones que hagan de nuestros teléfonos máquinas multiusos. Apple y Google cuentan con cientos de miles en sus tiendas y sus nubes se encargan de que todo funcione como un reloj suizo.

 

Microsoft y Blackberry, que tienen una buena nube pero una colección más pobre, sufren para seguirles el ritmo y ni siquiera el lanzamiento de terminales y tabletas de primera -por su hardware- consigue resucitar sus ventas. La única baza para los contendientes es la incompatibilidad existente entre plataformas. Una App de iOS no funciona en Android o WP. Al revés tampoco. Si a esto le sumamos que algunos entornos están fragmentados -hay aplicaciones de Android que sólo funcionan con determinadas versiones del programa- saltar de una plataforma a otra o jugar con el «internet de las cosas» parece tarea imposible.

 

Firefox OS, por fin, tiene respuesta para este enigma. No depende de intermediarios. La protagonista absoluta en sus equipos será Internet. En la práctica, gran parte de los programas que utilizamos bajo la denominación de aplicaciones dependen directamente de internet. La nube y los servidores que la nutren también dependen de la red. Cientos de miles de veces, una aplicación no es más que un acceso directo desde nuestro hardware a una determinada aplicación web, una red social, un servicio de mensajería o una base de datos -incluidos mapas-.

 

Los lenguajes de programación web como HTML5 o Javascript son los que nos permiten acceder a los servidores donde se realizan los cálculos que nos indican el camino de un punto a otro en «los centros de almacenamiento» de Google Maps. Fríamente, prácticamente cualquier operación que realizamos en un ordenador -y un smartphone o una tableta lo son- se reducen únicamente a encenderlo y abrir el navegador. Si al encenderlo llegáramos directamente a estos portales de internet sin pasar por el sistema operativo -algo parecido a lo que ha propuesto Google con su Chrome OS- los resultados no sólo deberían ser los mismos, sino que los sistemas operativos serían más fiables al no tener que ejecutar complejas aplicaciones específicas para Windows, Android, iOS u OS X.

 

Así, a partir del potente navegador web Firefox de Mozilla (para mi el mejor con Chrome y Safari), los informáticos de la fundación se han encargado de desarrollar complementos a modo de aplicaciones que añaden nuevas funcionalidades a los dispositivos equipados con la plataforma del zorro. Después de que Mozilla planteara su proyecto Boot 2 Gecko (que se basaba en este arranque directamente en la web), Telefónica y otras empresas como Alcatel, Huawei, LG, Sony o ZTE se mostraron interesados en una iniciativa que si salía bien les liberaría del yugo de Google. La operadora estatal se encargó de potenciar el desarrollo técnico para completar el terminal: el hardware y elementos básicos como la marcación.

 

Pensado -en un primer momento- para ser equipado en modelos de gama baja (ZTE Open o Geeksphone) un sistema operativo como Firefox permite reducir enormemente los gastos de implantación a los fabricantes. Sin embargo, son muchos los analistas que consideran que la falta de un smartphone de gama alta es una importante traba inicial para su desarrollo.

 

Su carácter completamente abierto y libre (algo de lo que se jacta Google de su Android cuando no lo cumple del todo) hace que cualquiera pueda desarrollar y mejorar aplicaciones para el sistema operativo. Sin embargo, las carencias de las APIs puede suponer un problema para que los desarrolladores se decanten por el nuevo sistema operativo. Aún así, Firefox se muestra como una amenaza fantasma que cuenta con el apoyo de actores muy dinámicos y, sobre todo, con una capa enorme de clientes que buscan dos cosas: funcionalidad por encima de las modas -sí, Android en los Galaxy es tan moda como iOS en los iPhone- y ganas de diferenciarse mediante un entorno operativo absolutamente libre. El interfaz es sencillo, intuitivo y personalizable y en las pruebas llevadas a cabo por especialistas han demostrado que es capaz de funcionar perfectamente con CPUs «modestas».

 

Puede que no sea el sistema operativo que acabe con el binomio Google-Apple. Tampoco fue quien acabó con Explorer. Pero sí puede ser quien muestre el camino a terceros de cómo hacer algo diferente y original en el mercado tecnológico en unos cuantos años. La amenaza fantasma ha llegado.

Navegadores, guerra de cifras

Fuente: El País

 

 

 

Probablemente los navegadores sean unos de los programas a los que los usuarios les demos menos importancia. Quienes usamos un Mac solemos emplear, por defecto, Safari. ¿El motivo? Está preinstalado, nos permite vincular las búsquedas con otros dispositivos de Apple mediante iCloud y, sobre todo, porque su motor de búsqueda es Google. Entre los usuarios de Windows, ocurre más o menos lo mismo. Muchos utilizan Internet Explorer (la mayoría en versiones antiguas) o se decantan por Chrome, no sólo por su velocidad, sino por su vinculación al buscador por excelencia.

 

Sin embargo, para las empresas de Silicon Valley, estos programas de acceso a internet son fundamentales. A través de ellos gestionan el tráfico en internet de nuestros dispositivos, los motores de búsqueda dependen de sus accesos (el poco crecimiento de Bing está directamente ligado a la continua caída de Explorer)  y, sobre todo, les sirven para negociar con las grandes agencias publicitarias.

 

Precisamente por eso llama tanto la atención el baile de cifras acerca de la cuota de mercado de cada uno de los grandes navegadores (sobre todo entre Explorer y Chrome) que cada poco tiempo nos presentan los principales medidores de internet. Si nos ceñimos a las cifras que ha publicado recientemente NetMarketShare, Internet Explorer sigue siendo el líder destacado del mercado. Nada más y nada menos que un 54,7% de los internautas lo escogen por tan sólo el 18% de Chrome o el 19,8% de Firefox.

 

No obstante, si nos fiamos de Statcounter -la herramienta que mide, por ejemplo, el tráfico de lectores de este blog-, el programa de Google se consolida en el primer puesto con un  36,4% del pastel por un poco más del 30% de los de Microsoft. Para liar más las cosas, otras centrales de datos como Clicky o W3Counter muestran datos menos radicales pero también divergentes entre sí.

 

Justo a comienzos de 2012, la empresa de Larry Page proclamó que Chrome ya era la líder del mercado. No pasaron ni 24 horas antes de que los representantes de Microsoft mostraran un informe que mostraba todo lo contrario. De este modo, parece que el motivo de estas cifras tan poco objetivas se encuentra en la forma de medir de cada uno de los sitios especializados.

 

NetMarketShare publica cifras diferentes para los equipos de sobremesa (donde la victoria de Explorer es incontestable según sus muestras) y las de móviles, en los que el dominio absoluto de las tabletas de Apple y las incesantes ventas de iPhones hace que Safari cope un 60% del negocio.

 

W3Counter, recolecta datos entre los usuarios que se descargan su aplicación y las webs que son compatibles con los medidores de la misma. En total, la cifra se recoge de un modo muy similar a las audiencias clásicas de las televisiones: entre algo más de 62.000 páginas habilitadas.

 

StatCounter, la herramienta favorita de blogger, por ejemplo, controla más de tres millones de sitios web y rastrea hasta 15.000 millones de páginas vistas cada mes en ciclos de 4 horas. Como el primero, discrimina los resultados de equipos «fijos y móviles» donde el resultado da mayor calado a Android, Safari y Opera frente a un Explorer prácticamente inexistente.

 

De todo ello sólo podemos concluir que parece que las enormes cifras de crecimiento de Chrome se están ralentizando gracias, en parte, al lanzamiento de Explorer 9, a la caída de ventas de PCs de sobremesa y, sobre todo, a que la cuota de Google en el mercado fijo es prácticamente mínima frente a rivales como Microsoft o Apple. Por su parte, Firefox y Safari -con usuarios mucho más fieles- siguen mostrando unas cifras de crecimiento poco espectaculares pero, eso sí, constantes. ¿Cuánto más seguirá esta guerra?