Facebook, ¿cuáles serán sus siguientes pasos?

Facebook es, probablemente, una de las empresas que mejor ejemplifican el nuevo Silicon Valley. Una empresa centrada en los servicios -las redes sociales son esa «excusa» para vender publicidad- que tiene como sello de identidad de su enorme éxito su capacidad de evolución.  Si unimos eso a que todas las novedades se presentan solo cuando están completamente consolidadas y listas para funcionar correctamente (de ahí que tardaran tanto en llegar a los sistemas móviles) intentar discernir el futuro de la empresa es una tarea, cuando menos, complicada.

Sin embargo, las declaraciones de su CEO y fundador, Mark Zuckerberg, así como los movimientos de la empresa en el mercado nos permiten entrever sus próximos pasos a medio plazo (de cinco a diez años). Sin duda, como cualquier otra empresa el objetivo prioritario es ganar clientes -usuarios-.

Si la cantidad de personas que alguna vez han entrado en la red social es sencillamente espectacular (entre cuentas cerradas y activas se alcanzan los 2.000 millones), el mercado potencial no lo es menos: unos 4.000 millones de habitantes de economías en vías de desarrollo no tienen acceso a internet. La parte más «visible» de la brecha digital. Por eso Zuckerberg ha puesto en marcha el proyecto internet.org. Filantropía e inversión a partes iguales. En solo un lustro pretenden conectar a otros mil millones de personas.

No obstante, no solo hay que ganar nuevos adeptos, también hay que innovar para seguir siendo atractivo para los clientes que ya están en agenda. Y Oculus, la empresa de Realidad Virtual adquirida por los de Menlo Park en 2014, es su as en la manga. En el pasado MWC Zuckerberg afirmo que en una década los visores de RV estarán tan implantados como ahora los smartphones. ¿Y cómo aplicarlo a una red social? Recreando conversaciones en una sala virtual entre los participantes. Una forma muy práctica de minimizar la distancia entre dos personas.

Pero mientras todo esto llega Facebook sigue centrada en potenciar las nuevas tendencias que la hacen fuerte. El mejor ejemplo son los vídeos y los contenidos en streaming. La empresa está a punto de superar a YouTube como plataforma más utilizada para reproducir contenidos gracias a News Feed. Sin embargo, para garantizarse que gana esta batalla el lanzamiento del formato en 360º y las retransmisiones en directo es inminente.

Los rumores anuncian a la National Football League (incluida SuperBowl), pero también una nómina de celebrities, humoristas, periodistas, etc. que creen contenidos en exclusiva para Facebook. Si a todo ello le unimos Notify como una herramienta renovada que sirva para emitir noticias en directo, el golpe al portal de Google puede ser definitivo.

Toda esta evolución se ha dado gracias a la capacidad de Facebook de sintetizar un «lenguaje» en las redes sociales. Y cuando no lo ha construido ha «hecho suyo» el de sus principales rivales -como el hashtag-. Lo mismo ha ocurrido con la compra de Masquerade (MSQRD), una aplicación de filtros para fotografías al que darán buen uso en Instagram… y para combatir la moda pasajera de Snapchat. Y si alguien se pensaba que se olvidaba del mercado profesional (en manos de LinkedIn) estaban equivocados. Facebook at Work tiene como intención poder crear perfiles profesionales alejados de las peligrosas imágenes privadas que sirvan para ganar verdadera visibilidad. ¿Por qué tener una red social solo para trabajo pudiendo tener los currículos de miles de millones de personas?

Si a eso la añadimos la implementación de inteligencia artificial en forma de asistentes virtuales (M en el caso de Facebook), reconocimiento facial, ayudas a la accesibilidad, etc. parece que la red social seguirá siendo la referencia en su sector -y unos cuantos más- durante los próximos años.

Bug Bounty Programs, una nueva forma de relación empresa-cliente


Sin duda el punto fuerte de Android es su imagen de plataforma creada para y por los usuarios. Una suerte de comunidad colaborativa en la que los cientos de millones de usuarios ayudan a Google a desarrollar un sistema operativo más estable, fluido, seguro y adaptado a las necesidades de sus adeptos. Así, a principios de 2015 la empresa de Mountain View -ya la de mayor capitalización bursátil del planeta- anunció que ampliaba su programa de recompensas para quienes les ayudaran a desarrollar Android.

El 30 de enero la multinacional anunciaba que desde 2010 la suma del Security Program Reward ha ascendido a 5,5 millones de euros. Una cifra abultada pero que sin duda es muy rentable si tenemos en cuenta el enorme testeo que le prestan sus usuarios. 

Solo en 2015 la firma destino más de 2 millones de dólares a recompensar a quienes encontraron y ayudaron a solventar los más de 720 problemas que encontraron. Según crece la cifra de recompensas más se incentiva a los expertos a encontrar fallos y más estable, seguro y fluido se vuelve el ecosistema. Un ejemplo es el de Kamil Histamullin quien halló un problema de YouTube Creator Studio que permitía eliminar cualquier vídeo con tan solo cambiar un parámetro de la URL. Google le recompensó con 5.000 dólares más porque ayudó a resolverlo.

Pero el atractivo no es solo el dinero ya que Google también da la opción de donar el doble del dinero que se recibe a una ONG con lo que muchos de los colaboradores logran reconocimiento. Entre este perfil de colaboradores destacan a Tomasz Bojarski, uno de los más activos, que el año pasado encontró 70 bugs, entre ellos uno en la herramienta que sirve para informar de vulnerabilidades. Gran parte del dinero que iba a recibir lo donó a causas benéficas.

Google no es la única tecnológica que tiene esta iniciativa (si bien su patrocinio del evento Mobile Pwn20wn es de los más celebrados). Microsoft, Facebook, la Fundación Mozilla, Tesla, Apple e incluso varias start ups tienen estos mismos sistemas de recompensas.

En 2014 la red de Mark Zuckerberg, por ejemplo, igualó la cifra de los de Larry Page: 1,5 millones de dólares a sus colaboradores por 687 fallos encontrados. La diferencia es que Facebook puso a disposición de los más habituales unas tarjetas de débito que se recargan en función de los errores que hallan.

Históricamente, el primer programa de este tipo se remonta a 1995 cuando Netscape decidió buscar ayuda externa para volverse más seguro. En 2002 iDefense se sumó a la iniciativa ofreciendo 400 dólares por cada fallo de software verificable encontrado y poco más tarde Mozilla subió la apuesta a 500 dólares.

En el Estado una de las iniciativas más llamativas la llevó a cabo el año pasado ING Direct al convertirse en el primer banco que ofrecía recompensas por encontrar vulnerabilidades (Responsible Disclosure). Poco tiempo después AVG y F-Secure hicieron lo propio.

Ahora se espera que The Tor Project lance la suya propia. En definitiva, los Bug Bounty Programs son una buena forma de darse a conocer como un empresa colaboradora, colaborativa, segura y dispuesta a escuchar a sus clientes para protegerlos. Un gran atractivo para los desarrolladores y una forma diferente de lanzar productos.

WhatsApp, un paso más en su integración con Facebook

Hace tiempo que la versión beta de la nueva edición de WhatsApp está disponible en su web. El objetivo es, como siempre, encontrar puntos débiles y posibilidades de mejora antes de que ésta llegue al mercado. El mayor programa de mensajería instantánea de Occidente lleva unas semanas anunciando novedades -no volverá a ser de pago ni en la descarga ni en la renovación- ya que es consciente de que la competencia es cada vez mayor y ofrece opciones más tentadoras para sus clientes.

Normalmente, estas versiones de prueba -que suele pasar por las manos de curiosos pero que está dedicada a la comunidad más «avanzada»- suele dejarnos rumores y guiños de hacia dónde va la aplicación. Sin embargo, hace pocos días, Javier Santos, un estudiante español de ingeniería informática, descubrió algo más: el programa tendrá una total vinculación a Facebook y compartirá datos entre ambas plataformas.

Después de pagar unos 19.000 millones de dólares por WhatsApp hace dos años, muchos analistas se preguntaron qué buscaba exactamente Zuckerberg. A diferencia de lo que hizo con Instagram (vincularlo desde el primer momento, introducir poco después publicidad e inyectarle millones de dólares para convertirlo en la segunda red social por delante de Twitter) WhatsApp quedó ligeramente al margen. Funcionaba bien y había que ser cauto ante la competencia y ante millones de clientes que desconfiaban de lo que pudiera ocurrir con su privacidad.

Esto colocaba a la red social como una de las empresas más arriesgadas de Silicon Valley a la hora de adquirir otras start ups. Y también sembraba la duda de cuál sería el siguiente movimiento de los californianos. Desde el primer momento se garantizó que nunca habría publicidad, que nunca habría juegos y que serían dos aplicaciones independientes.

Ahora se ha anunciado que, si bien no habrá publicidad, las empresas podrán acceder a WhatsApp para crear sus propias líneas de comunicación con sus clientes. Sobre el papel la idea es que el usuario pueda comunicarse directamente con los negocios y empresas que él elija -no al revés-. La misma información que ahora se puede recibir por SMS (descuentos o retrasos de una aerolínea) solo que unificado en WhatsApp para que sea más sencillo.

Es una forma sutil de decir que siguen pensando que el cliente es el usuario y no la empresa. Que quien se descarga WhatsApp no pasa a ser un producto que empaquetar con otros y que se vende al mejor postor para hacer campañas publicitarias específicas en un nuevo formato.

Ahora -quien quiera por el momento- tendrá la opción de vincular totalmente las cuentas de WhatsApp y Facebook para mejorar la experiencia en ambos. Quien no lo desee podrá seguir teniéndolas estancas y la primera seguirá sin saber nada de nosotros que no queramos que sepa (dirección, edad, trabajo, email, etc.). Sin embargo, el objetivo es claro: la plataforma ha superado los 1.000 millones de usuarios y la red social los 1.500 millones. ¿Un golpe definitivo para ponerse a la altura de Google en el negocio de la publicidad digital?

Facebook, en busca de independizarse de Android

Hace unos años, allá por 2013, se publicó que cerca del 20% de los usuarios que tenía Facebook utilizaban un equipo Android para conectarse. 200 millones de personas accedían al universo de Mark Zuckerberg a través de la plataforma de Google. Es cierto que el porcentaje era casi el mismo si hablábamos de iOS, sin embargo, había una diferencia crucial: Google siempre ha querido ser rival en el mundo de las redes sociales y los de Mountain View, además, ven a Facebook como su gran enemigo a la hora de repartirse el pastel de la publicidad en internet.

Con el tiempo Android ha seguido creciendo -al mayor ritmo que Facebook- y la cifra ahora se estima en cerca del 40% (unos 550 millones de personas) que primero pasan por la tienda de aplicaciones Google Play y que entienden su conexión con el mundo digital a través de su smartphone androide.

Demasiada dependencia de un rival, para muchos analistas -e inversores-. Esto ha hecho que, según publica The Information y se hace eco Gizmodo, la empresa de Palo Alto se haya puesto manos a la obra para desarrollar un «plan de contingencia» frente a Google. Una forma de que Facebook siga funcionando en el sistema operativo móvil más extendido del mundo sin necesidad de depender de la tienda de aplicaciones y, en definitiva, de su gran rival.

Aunque el ecosistema de Google es teóricamente abierto, todas las aplicaciones y programas compatibles con la plataforma han de seguir las directrices de los de Larry Page. Amazon, otro de los rivales en el negocio online, tiene incluso una tienda de aplicaciones que es totalmente compatible con Android aunque, al incumplir los requisitos de los de Mountain View requiere primero descargar un archivo apk, abrirlo con un gestor de ficheros y utilizar el instalador de Android… Sin duda una traba que frena a muchos usuarios.

Facebook quiere algo parecido. Que no le haga depender de Google Play para la instalación ni para las notificaciones push. Que le permitan evitar las comisiones y trabas que la plataforma de Google pone sobre los pagos en aplicaciones de terceros (un enorme negocio) y que permita una relación red social-cliente al margen de los servidores del gigante del buscador.

Después del fallido launcher Facebook Home que pretendía convertir todo el equipo Android en la imagen de Facebook (y ser la semilla de un futuro sistema operativo de la red social para equipos móviles) la empresa de Mark Zuckerberg se ha centrado en crear una alternativa a la aplicación clásica que le dé independencia. La respuesta lógica a la pregunta que muchos nos hicimos cuando el CEO pidió a todos sus ingenieros que abandonaran sus iPhone para comprender mejor la experiencia de su red social en Android.

La duda que nos queda es cómo responderá Google a un movimiento que puede hacer que otras empresas queden tentadas de sortear Google Play y hacerse un hueco en uno de los miles de millones de equipos que corren con Android en todo el planeta.

Redes sociales, de Facebook y Twitter a Instagram y Snapchat

Siempre hemos dicho que por mucho que defiendan los analistas más sesudos la única diferencia entre el negocio tecnológico y los más tradicionales es la velocidad con la que ocurren las cosas: el ciclo de obsolescencia y renovación de los productos y servicios es mucho mayor que en otras industrias tradicionales porque la tasa de tolerancia de los usuarios a gastar más dinero es mucho mayor (a pesar de la crisis los precios siguen siendo soportables por la clase media).

Las redes sociales son, probablemente, una de las partes más «revolucionarias» de la explosión de las TIC que llevamos viviendo algo más de una década. Su impacto en los medios de comunicación, la forma en la que nos relacionamos y nos informamos y en el negocio publicitario es innegable. Y dentro de las redes sociales hay dos nombres propios que destacan sobre los demás -de forma más o menos justificada si atendemos a sus resultados empresariales-: Facebook y Twitter.

Su tráfico e influencia es tal que son censurados en los países con más censura, son el objetivo de las principales campañas publicitarias y la niña bonita de los medios de comunicación tradicionales. Pero según un estudio que ha publicado The Wall Street Journal (y que se resume en la gráfica con la que comenzamos la entrada), todo esto podría cambiar en poco tiempo.

La muestra del estudio es bastante amplia: 9.400 adolescentes (los adultos a medio plazo y los que más trabajan con las redes sociales) repartidos en 54% varones y 46% mujeres y que viven en hogares con una renta media de 68.000 dólares -clase media y media-alta, la más influyente para las empresas del país-. La pregunta que se les planteaba era sencilla: ¿cuál era para ellos la red social más importante? El resultado, sorprendente: Facebook y Twitter lo son cada vez para menos personas.

Este mismo estudio se ha realizado durante diferentes trimestres a lo largo de los últimos años y muestra una clara tendencia. Mientras que las redes sociales «tradicionales» pierden notoriedad otras como Instagram y Snapchat van ganando peso específico. La red social de imágenes comprada por Mark Zuckerberg está viviendo un crecimiento sostenido y ya lleva dos años superando a su matriz mientras que Snapchat partía de cero en 2014 y ya es la tercera más influyente en Estados Unidos.

Dos redes sociales con carácter eminentemente móvil -a pesar de que todas tienen mayor tráfico desde smartphones y tabletas que desde ordenadores portátiles y de sobremesa- su crecimiento en tan poco espacio de tiempo parece tener como sustento una mayor adaptación de los adolescente a los smart devices.

Es cierto que si hay dos empresas que tengan capacidad económica y que hayan demostrado conocimientos sobre cómo adaptarse a las nuevas demandas, esas son Facebook y Twitter. También que la incidencia de las redes sociales depende (y mucho) de diferentes áreas geográficas pero también es importante recordar que Estados Unidos suele ser un pulso de lo que acaba ocurriendo poco tiempo después en Occidente. ¿Estamos ante un cambio de ciclo o solo una moda pasajera que no afectará a los pesos pesados del negocio? El tiempo lo dirá.