Samsung Galaxy S7, nuestras primeras impresiones

Aunque no pase por su mejor momento por las ventas de su máximo rival, los Galaxy S son siempre la referencia entre los dispositivos Android. Samsung, el mayor fabricante mundial de smartphones tiene en éste su talismán en el que vuelca por completo todo lo que sus ingenieros son capaces de ensamblar en un dispositivo.

Después de las decepciones que supusieron el S4 y el S5 -que supusieron cambios radicales de concepto respecto a sus predecesores-, los coreanos decidieron apostar por un modelo que fuera (y pareciera) premium con el S6 y su revolucionaria versión Edge. Ahora, el nuevo S7 respeta el sobresaliente diseño del anterior, corrige sus errores y vuelve a dar el do de pecho en cuanto a hardware. Lo hemos podido probar unas horas y éstas son nuestras impresiones.

En la mano sigue siendo un terminal robusto. Con acabados cuidados, de calidad y sensación de solidez (ahora rubricada por la vuelta a la resistencia al agua y al polvo). Lo mejor es que lo hace sin sacrificar nada del diseño y eso siempre es algo a tener en cuenta. El terminal sigue siendo muy delgado y ligero a pesar de sus 5,1 pulgadas. La versión plana (ellos lo llaman “flat”) da la sensación de flotar en el aire. Y los bordes de aluminio demuestran el mimo con el que se ha pensado todo a la hora de crearlo y ensamblarlo.

Todo parece redondo gracias a detalles como la ranura doble para insertar tanto la SIM como la anhelada tarjeta microSD de hasta 200GB que convierten al equipo en un dispositivo pensado para que nos dure mucho tiempo sin necesitar más potencia (lo veremos más adelante) o capacidad.

Maravilla en funcionamiento

Cuando lo encendemos la pantalla nos embelesa. La tecnología SuperAMOLED de los coreanos destaca por su brillo, su contraste, su nitidez y su intensidad de color. Su resolución (por encima de los 500 píxeles por pulgada) tiene un efecto hipnótico en todo aquel que lo tiene en la mano. Parece increíble que se pueda ver todo tan bien y tan fluido.

Si a esto le sumamos la tecnología Always ON que hace que esté siempre activo y preparado para notificarnos actualizaciones, mensajes, avisos, etc. y la Ambient Display que adapta la luminiscencia de continuo tenemos un panel que funciona de una forma sobresaliente y que, prometen, no afecta a la autonomía. La idea es sencilla: que no tengamos que estar cada poco encendiendo la pantalla para saber si tenemos algo pendiente (cuando lo tenemos en silencio, por ejemplo).

La famosa curva, por cierto, gana ahora funcionalidades. Los desarrolladores han descubierto su potencial y Samsung ha sabido también crear una buena paleta de utilidades que la convierten en toda una herramienta de trabajo y además permite crear paneles más amplios en las apps: todo es más grande, más fluido y más natural.

Si a esto le unimos una capacidad del procesador y la GPU impropias en un smartphone (Xataka le ha hecho el test de Antutu y consigue 111.000 puntos y en GeekBench le han dado más de 6.000 una cifra a la que llegaría solo un procesador i5) tenemos un terminal que destaca sobre todos los demás Android del mercado con mucha diferencia.

Para soportar todo esto Samsung ha implementado una pila de 3.000 mAh para el S7 “normal” y una de 3.600 mAh para el Edge (con la idea de compensar las 0,4 pulgadas extra que tiene de más). Para un usuario medio es bastante más de un día lejos de los enchufes. Para un uso intenso son 12 horas sin problema. Todo ello con un sistema de carga rápida que en pocos minutos nos devolverá hasta el 80 por ciento de la autonomía. De nuevo, sobresaliente.

El nuevo chip Exynos de ocho núcleos y la excepcional gestión energética de Android 6 permiten unos datos que sacan los colores a cualquier versión anterior de este equipo y de casi cualquier otro de su tamaño que se haya comercializado antes. Es más potente y rápido que ningún otro y consume, en proporción, mucha menos batería.

Y muy en la línea de hacer un dispositivo realmente útil Samsung ha explicado que ha renunciado al USB Type-C y ha elegido uno convencional porque no está suficientemente extendido (y porque requeriría deshacernos o desaprovechar todos esos cables que tenemos por casa y tan útiles nos resultan para cargar cualquier tipo de cacharro).

La cámara también destaca por la calidad de las imágenes que capta. Como siempre hemos dicho, lo importante no son los píxeles sino la óptica. Y los ingenieros han bajado de 16 a 12 Mp pero se han centrado en insertar la lente más luminosa en un smartphone hasta la fecha: f1,7. También en mejorar los cristales, estabilizadores, flashes, el sistema de detección, etc. para redondear un conjunto a la altura de la pantalla.

En definitiva, un terminal con mucho recorrido que no decepcionará a ningún usuario (venga de la plataforma que venga) con un uso potencial de años y un precio nada descabellado si lo comparamos con sus especificaciones -a años luz de los fabricantes chinos-.

Mobile World Congress 2016, sus claves

Un año más Barcelona se ha vuelto a convertir durante unos días en la capital tecnológica mundial. Lo que comenzó siendo un evento sobre telefonía móvil ha acabado convirtiéndose en un reflejo del sector y casi todas las empresas que trabajan con equipos susceptibles de entrar en el universo del Internet de las Cosas han querido estar presentes en la capital catalana.

Sin embargo, a pesar de las presentaciones de coches, electrodomésticos y nuevos tipos de redes, las estrellas siguen siendo los smartphones. En un mercado completamente saturado en el que los consumidores cada vez le piden más a sus dispositivos (aunque no siempre para utilizarlo) los fabricantes intentan añadir detalles para diferenciarlos de sus rivales y para aumentar su rendimiento. Os presentamos las claves para entender la Feria más importante del sector a este lado del Atlántico (con permiso del IFA de Berlín) y para averiguar que se avecina los próximos meses.

  • Teléfonos modulares. Si bien no es un concepto completamente nuevo -Google presentó hace meses su Proyecto Ara-, una de las estrellas del MWC fue el G5 de LG. Un smartphone modular que podremos diseñar a nuestro gusto (y modificar a posteriori) según nuestras necesidades reales y nuestra capacidad de gasto. La batería es extraíble por completo, podemos convertirlo en una cámara mucho más potente que la de un smartphone o en un equipo auxiliar de audio. En un momento en el que las grandes marcas se pelean por las cifras de rendimiento la apuesta de los coreanos supone un soplo de aire fresco y la confirmación de que las cosas podrían cambiar en el sector de la electrónica de consumo más potente.
  • Samsung apuesta por la evolución. Esta estrategia tampoco es nueva. La lleva aplicando Apple con su iPhone desde la cuarta generación. Actualiza radicalmente su modelo cada dos años. En los intermedios “solo” añade una S que indican que el hardware ha mejorado pero sin suponer un ataque comercial al diseño de la versión normal. Su principal rival, Samsung, solía lanzar una evolución rompedora cada año que buscaba dejar atrás tanto al producto de la manzana como a todos los demás Android (incluidos los suyos). Esto la obligaba a dar bandazos y el resultado eran ventas cada vez menores desde el S3. Con el S7 han mantenido el sobresaliente diseño del S6 pero han mejorado el rendimiento, el diseño se ha refinado ligeramente (la famosa protuberancia de la cámara se queda en 0,4 milímetros), se incrementa la capacidad de la batería, mejora el rendimiento de la cámara sin subir los píxeles (la óptica es mejor) y, estructuralmente, se ha implementado un sistema de refrigeración líquida que permite un mejor rendimiento del conjunto. Además, vuelve la tarjeta SD extraíble (compatible hasta 200GB).
  • Sony cambia de baza. Los Xperia Z siempre han sido uno de nuestros Android favoritos. El motivo es que estaban muy bien acabados. Con materiales de calidad, sin escatimar en potencia y con un diseño sofisticado. Sin embargo, la presión de los Galaxy por arriba y de los fabricantes chinos por debajo ha dejado sus ventas en cifras residuales y con la creatividad de los ingenieros agotada (en año y medio salieron tres versiones). Por eso Sony ha decidido dejarlos atrás y apostar por una nueva familia llamada Xperia X. Incluyen la tecnología de las cámaras profesionales de la firma nipona, es compatible con Xperia Ear, un auricular de última generación de Sony con el que podemos interactuar y mejora su diseño para volverse más moderno y menos trascendente.
  • La amenaza china. Probablemente las declaraciones más polémicas del MWC las hizo Rick Osterloh, uno de los directivos más relevantes de Motorola, cuando afirmó que según la marcha del mercado no creía que “HTC o Sony estén en el mercado móvil en cinco años”. Después del terremoto en las redes sociales llega el análisis en frío y podría no estar muy desencaminado (aunque por el camino se haya olvidado de dónde está Motorola). A pesar de que el OnePlus no estuviera en el evento y que Huawei se haya centrado en presentar equipos informáticos -el llamativo MateBook con Windows 10-, ZTE ha presentado nuevos modelos de gama media a precios espectaculares en relación a su rendimiento. Xiaomi presentó un Mi5 que sigue la estrategia de Samsung y evoluciona -mucho y bien- la generación anterior. Oppo presentó la nueva generación de baterías que implementarán sus nuevos equipos: 2.500 mAh y con carga completa en 15 minutos así como un nuevo estabilizador de imagen para las cámaras de un grosor similar a “dos hojas de papel” y que en solo 15 milisegundos es capaz de fijar la fotografía.