Bixby 2.0, ¿el pegamento que una a Samsung?

El mercado tecnológico es extremadamente complejo por la velocidad a la que ocurren los cambios. En solo diez años hemos visto como gigantes consolidados desde los años ’80 del siglo pasado han caído hasta desaparecer (Nokia, BlackBerry, Siemens, Alcatel) y empresas alejadas del negocio en sus orígenes se han convertido en líderes indiscutibles (Apple, Google y Samsung).

Sin embargo, el ritmo de la industria ha hecho que incluso el crecimiento de estos gigantes haya sido asimétrico y compartimentalizado. Mientras que Google domina en software (Android es el líder indiscutible del mercado), Apple cosecha los beneficios y Samsung domina el hardware.

Un caso especial es la relación entre el primero y el último. No se podría entender la implantación de Android sin las ventas multimillonarias de Samsung ni los millones que ha gastado en hacer que el hardware mejore exponencialmente. De hecho, los coreanos son líderes mundiales en venta de smartphones, así como en ventas de componentes para este mercado, empezando por las pantallas y acabando por los procesadores (que por sí solos ya le reportan más beneficios que su división móvil).

También es cierto, que las abrumadoras cifras de ventas de Samsung nunca hubieran llegado si hubieran optado por otro software, léase Windows (lo hicieron con una parte mínima de su catálogo y fracasaron) o Tizen (su plataforma propia que emplean en televisores o wearables pero que nunca ha despegado en telefonía).

La dependencia, sobre el papel, del uno frente al otro es incuestionable. Google tiene en Samsung Mobile su mejor escaparate para Android y Samsung tiene en el sistema operativo de su socio el cerebro con el que hacer frente a los iPhone. Lo que los anglosajones gustan en llamar un win-win. No obstante, los continuos flirteos de Google con el hardware -más allá del lanzamiento de su propia línea de productos, las adquisiciones de Motorola primero y HTC, ahora- así como el empeño de Samsung por personalizar Android hasta dejarlo casi irreconocible muestran claramente la ambición de los dos gigantes: la libertad de su gran socio.

Hasta ahora parecía que la batalla estaba ganada por Google: hasta la fecha cualquier intento de lanzar un dispositivo con un sistema operativo que no fuera Android (obviamos el caso de Apple) se ha demostrado un fracaso insostenible. El problema es que el desarrollo de la inteligencia artificial y los asistentes virtuales de su mano han hecho que la relación con los equipos vaya cambiando de una forma irremediable.

Cada vez somos más los que nos relacionamos con los dispositivos a través de nuestra voz. Son Siri, Cortana, Alexa o Google Assistant los que nos responden a nuestras preguntas, toman nota de nuestras citas, rellenan nuestras listas, envían mensajes o realizan llamadas sin necesidad de usar el interfaz. Sin necesidad de buscar la aplicación con nuestras manos. Y es por ello que todos los anteriores pueden usarse casi como sistemas operativos propios pues son ellos los que unen el funcionamiento de los diferentes programas dentro del mismo entorno (en el caso de Siri o Cortana, saltándose las diferencias entre equipos móviles, portátiles o de sobremesa).

Y aquí Samsung tiene un as entre sus cartas. Bixby, su asistente de voz, cuenta con 10 millones de usuarios activos en 200 países. Su segunda versión, además, cuenta con la tecnología de Viv, la empresa que desarrollo Siri y que después fue absorbida por los asiáticos para crear un factor diferencial para sus equipos. Desde el principio han tenido claro lo que querían: su asistente debía ser el mejor reconociendo el lenguaje natural pues esto lo haría el preferido de los usuarios de forma inconsciente y esto garantizaría el éxito de sus programas -su plataforma, al fin- frente al dominio de Google.

Y, de nuevo, aquí es donde Samsung tiene otro as. En pocas semanas, a principios de 2018, Bixby 2.0, llegará a todos sus televisores inteligentes y a cualquier otro dispositivo conectado que queramos -y recordemos que Samsung no necesita de Home Pods o Echos para entrar en nuestras casas ya que es uno de los líderes del mercado de electrodomésticos y del internet de las cosas- y que cuanto más lo usemos mejor nos entenderá y conocerá y más útil nos resultará frente a sus rivales.

Samsung, además, ha aprendido algo de Google (casi de la misma forma que aprendió de Apple ensamblando sus primeros iPhone): la segunda iteración del asistente será abierta para que cualquier desarrollador pueda acceder al programa, mejorarlo y añadirlo a sus propios productos. Bixby es el pegamento que Samsung necesita para recuperar su independencia y ponerse en cabeza en la carrera de llevar el entorno smart más allá de nuestros bolsillos o salones a nuestras vidas. ¿A alguien le sorprende ahora la compra de Harman para entrar en los coches?

En su última conferencia en San Francisco Samsung demostró el potencial de los frigoríficos que nos dicen posibles recetas viendo que tienen en su interior, sistemas de control de seguridad inteligentes, lavadoras que nos avisan de que la ropa ya está limpia y casi cualquier actividad impensable hace dos años gracias a la computación en la nube y, más allá, la voz de su asistente virtual.

¿Es entonces una pelea por hacer que Amazon salga de los hogares para que entre Samsung? Nada más lejos… Amazon ya está en los hogares y Samsung también. La «pelea» es convencer al cliente de que sus productos tienen un valor añadido más allá de tener que adquirir otro cacharro inteligente externo. Demostrarles que los productos Samsung son inteligentes per sé sin necesidad de otro desembolso. Que nuestra relación con ellos es natural más allá de productos de terceros. Que ellos hacen cosas por nosotros y los rivales solo buscan en la web.

Una nueva partida está sobre la mesa y esta vez, por fin, Samsung tiene el pegamento que necesita para marcar la diferencia.

Google Pixelbook, el mejor Chromebook hasta la fecha

El evento Made by Google dejó muchas más sorpresas que los esperados Pixel 2 y Pixel XL 2. Los nuevos Android de referencia estuvieron acompañados (entre otros dispositivos que analizaremos los próximos días) por el imprescindible Google Pixelbook. Un dispositivo que, aunque a simple vista pueda parecer otro convertible, es la apuesta definitiva de los de Mountain View por Chrome OS.

El planteamiento -de construcción, no físico-, recuerda poderosamente al de Apple con sus MacBook y macOS: un dispositivo con un hardware notable, no sobresaliente, que gracias a la buena optimización del software rinde mucho más de lo que debería. Por ejemplo, los de Larry Page tampoco han elegido la última versión de procesadores Intel y se han quedado en la séptima generación completamente testada durante meses y muy fiable.

En cuanto al almacenamiento, todos cuentan con unidades SSD. La de 512 GB, de hecho, cuenta con soporte NVMe que incrementa notablemente la velocidad del conjunto.

Si nos centramos en las especificaciones encontraremos un panel de 12,3 pulgadas LCD con resolución QHD, entre 8 y 16 GB de memoria (lo chips Intel son i5 o i7 a elegir), gráficos Intel HD Graphics 620, dos puertos USB-C 3.0 y una batería que nos mantendrá 10 horas lejos del enchufe en un paquete de solo 1,1 kilos de peso.

El Pixelbook es realmente delgado (10,3 mm) y cuenta con un lenguaje de diseño que nos recuerda a los smartphones de la casa con las dos bandas de color en la parte trasera. El teclado retroiluminado así como la opción de trabajar con un Pixelbook Pen o la total integración con los smartphones de la casa -que permite realizar tethering y compartir datos entre ambos dispositivos de una forma rápida, segura y transparente- son algunas de las virtudes de un equipo con una pantalla táctil movible 360 grados.

La pila, por cierto, cuenta con un sistema de carga rápida -heredado de otros equipos del catálogo de la casa- que en solo 15 minutos nos regala dos horas de trabajo. El stylus, la otra herencia del universo tablet hace aún más versátil a un dispositivo pensado para competir con los iPad Pro y Surface solo que con un precio más competitivo (la configuración base parte de los 999 dólares) y que cuenta con Google Assistant como su gran baza diferenciadora.

En definitiva, una propuesta de lo más interesante que busca potenciar al máximo el sistema operativo (para acabar creando una plataforma unificada con Android), una experiencia de usuario mucho más completa de las que ha ofertado Google hasta la fecha y, sobre todo, una alternativa real en cuanto a productividad al binomio Windows-macOS.

Google I/O, Alphabet quiere llevar su asistente a todas partes

La Conferencia de Desarrolladores de Google de este año tenía algo especial: era el primer evento en el que Sudar Pichai, CEO de la empresa y una de las personas más respetadas de Silicon Valley, salía a la palestra a presentar todas las novedades de la empresa para los próximos meses. Ataviado con el uniforme obligatorio en esa zona de California (zapatillas, vaqueros, camiseta y un smartwatch) se presentaba ante 7.000 personas que buscaban saber hacia donde va uno de los titanes tecnológicos de la primera parte de este siglo.

Como es habitual en esta clase de encuentros el directivo recapituló sobre la historia de las TIC: «hace 17 años cuando nació Google solo había unos pocos millones de usuarios, ahora en todo el mundo hay 3.000 millones de navegantes que viven en los móviles». Por eso proyectos como AMP, para permitir la carga rápida de contenidos web, es tan importante para la multinacional.

Pero el móvil no es solo la puerta a internet, también puede (y debe ser) una puerta a una nueva forma de entender todo aquello con lo que nos rodeamos. Por ejemplo, nuestro hogar. La gran apuesta son los asistentes virtuales que aprenden de nosotros cuanto más los usamos y que están pensados para hacernos la vida más fácil.

Del mismo modo que Apple tiene Siri y Microsoft tiene Cortana, los de Mountain View ahora tienen Assistant. El objetivo es claro: quieren que emplee (y empleemos con él) un lenguaje natural y que utilice otras herramientas para contextualizar la conversación. Y esto es algo en lo que Google lleva trabajando mucho tiempo. Más de diez años, según Pichai. Su punto fuerte, por supuesto es el peso del buscador sobre internet.

Ninguno de sus rivales conoce la red como ellos. Por eso saben que el 20% de las búsquedas a nivel global se hacen por voz. El asistente funcionará en nuestros coches, relojes, teléfonos, hogares, etc. y tendrá continuidad entre dispositivos porque nos reconocerá y sabrá qué buscamos. Eso confirma la necesidad de Google de cerrar su ecosistema. Alrededor de Assistant (como veremos los próximos días) se crea un cordón umbilical en nuestra experiencia con la empresa del buscador. Un secretario digital que responde diferente en función de quién le hable.

El servicio se ha edificado gracias a los avances de Google en reconocimiento del lenguaje y al aprendizaje automático. A la respuesta «¿que película dan esta noche?» el asistente nos dará opciones de cines o nuestra casa (en función de la ubicación y nuestra agenda) basándose en nuestros gustos y películas recientes vistas. Si además añades que «queremos ir con niños», el resultado se adapta automáticamente y puede incluso gestionarnos la compra de las entradas.

Esto encaja perfectamente con la segunda novedad del día. Igual que, Amazon hace tiempo presentó su Echo, Mario Queiroz, responsable de producto de la empresa, presentó Google Home. «Un centro de control que facilita las tareas cotidianas como poner alarmas o controlar termostatos que sabrá cuándo estamos en casa y qué hacemos en ella». Para mejorar la experiencia desde el principio Pandora, WhatsApp y MyTaxi suman sus servicios a un dispositivo que si consigue entrar en los hogares (Echo no ha podido) puede convertirse en adictivo. Eso sí, ni hay Api de terceros, ni por motivos de seguridad, se la espera en un plazo de tiempo corto.

Quienes han querido poner peros al producto de Google han argumentado que no es portátil. Requiere una fuente de alimentación continua lo que es un problema si el micrófono no es lo suficientemente potente. Además, de momento, solo es sincronizable con una única cuenta de Google.

El dispositivo saldrá a la venta a finales de año y solo se comercializará donde Assistant esté disponible con lengua materna. Parece que el Estado -también por su penetración de Android- estará entre los elegidos pero habrá que esperar para confirmar esta noticia.

 

Por último, como soporte a la estrategia de Google respecto al hogar, Xiaomi presentó su Mi Box. Un equipo que integra Android TV con resolución 4K y total compatibilidad de contenidos Chromecast y juegos de Google Play. Funcionará con su propio mando Bluetooth con micrófono (es una pena pero Xiami siempre nos recuerda poderosamente a Apple) y permitirá adquirir un gamepad. Además, gracias a un puerto USB permitirá cargar contenidos externos.

En su interior trabaja un procesador Quad Core Cortex A53 a 2GHz, una GPU a 750 MHz y 2 GB de RAM DDR3 junto a 8 GB de capacidad de almacenamiento (ampliables mediante tarjeta externa). En cuanto a software, llega con Android TV 6.0. Aunque también se anunció que otros fabricantes (por ejemplo Sharp) se sumarán a la construcción de set-top boxes, esta parece la apuesta más importante del sector por el momento.