GPS, ¿cómo funciona el mejor amigo del runner?

Sin duda, los dispositivos con GPS son algunos de los favoritos de los runners para sus entrenamientos. Ya sea en forma de pulsómetro con sensor incorporado o mediante una aplicación en el smartphone, el sistema de posicionamiento global (GPS en inglés) es la herramienta perfecta para calcular la distancia y la velocidad media -con ritmos parciales incluidos- de nuestros entrenamientos y carreras. En definitiva (y en especial para aquellos que se toman esto muy en serio) la vara de medir de nuestra evolución como atleta.

Lanzado por Estados Unidos hace más de cuatro décadas con fines militares y liberado para uso civil poco después, el GPS se sirve de una red de satélites (24 en constelación a 20.200 metros y otros cuatro de repuesto) que envían constantemente a las bases terrestres datos sobre un identificación y su reloj. Cada uno de ellos incorpora cuatro relojes atómicos de precisión que permiten conocer con exactitud el tiempo que tarda en llegar al señal que emiten (y que tu GPS rebota) y a partir de ahí conocer tu exactitud.

Gracias a la triangulación se cruzan los datos de tres satélites diferentes para conseguir la posición bidimensional con un pequeño margen de error sobre la superficie terrestre. El cuarto satélite, conocido como satélite corrector, se encarga de aportar la información sobre la altitud y, si añadimos más artefactos a la información los datos ganan exponencialmente exactitud.

Las señales que laza cada satélite es circular de modo que cuando se cruzan todos los conos de señales se puede trazar una ubicación que gana precisión también con las bases terrestres que sirven de correctores y de referencia.

En la actualidad, además del sistema GPS estadounidense, existen otras redes de posicionamiento como el GLONASS ruso, el Galileo de la Unión Europea o el Baidou Chino que ahora está en fase de desarrollo. Todos ellos se apoyan en redes secundarias de satélites geoestacionarios de apoyo (WAAS en EEUU, EGNOS en Europa y MSAS en Japón). El país del sol naciente, por cierto, cuenta con su propio sistema solo para su isla: el QZSS.

¿Siempre es infalible?

Seguro que ahora os estaréis preguntando por qué cuando dos personas corren juntas puede haber tanta diferencia en la medición de la distancia. De hecho, no es raro que cuando cubrimos una carrera haya hasta medio kilómetro de variación en disciplinas como la media maratón.

El fallo más habitual suelen ser los retrasos en la señal cuando ésta cruza la ionosfera y la troposfera. De hecho, está comprobado que la señal de los satélites por la noche tiene mucha más calidad ya que el ambiente está menos ionizado. En el caso de las carreras urbanas se puede producir un efecto llamado señal multirruta que se produce por el rebote de la señal en los edificios y montes cercanos y que altera el cálculo de la distancia al tardar más tiempo en llegar al espacio.

En ocasiones también pueden darse «errores orbitales» cuando los datos de la órbita del satélite no está bien ajustados y se requiere de su reparación desde tierra o la entrada de un satélite de apoyo. Lo mismo ocurre cuando no están visibles todos los satélites, estos tienen una geometría variable… o hay un desajuste en el propio reloj que llevamos en la pulsera.

La buena noticia es que para 2020 se espera que haya muchos más satélites de geolocalización colaborando entre plataformas para dar una mejor cobertura a la creciente demanda de datos.

KickStarter, ahora sobre ruedas

 

 

 

KickStarter es, sin duda, el mejor ejemplo del potencial de crowdfunding. Nacido como un servicio para obtener fondos que financiaran nuevas ideas, KickStarter es ahora una cantera casi inagotable de talento en todos los sectores -aunque el más mediático sea el tecnológico- que, de momento, nos ha regalado sorpresas como el software Macaw, la impresora 3D Peachy Printer, el reloj inteligente Pine de Neptune o el ordenador Kano.

 

Vanhawks Valour es el último ejemplo de aplicación de una mejora tecnológica ya existente (la geolocalización) de una forma absolutamente novedosa en otro sector ya existente: las bicicletas. A diferencia de otras propuestas más de nicho, esta cuenta con el diseño como uno de sus puntos fuertes. Su trabajado cuadro está construido íntegramente en fibra de carbono y en su interior trabaja un potente hardware que además de cumplir como GPS almacena y analiza todos los datos sobre nuestro ejercicio.

 

Por si esto fuera poco, en el manillar se incorpora un dispositivo que nos indica de antemano el camino a seguir en función de la ruta programada antes de salir gracias a una aplicación gratuita. Pero, para redondear la bicicleta los de Valour han incorporado varios sistemas de seguridad que, entre cosas, nos avisa cuando tenemos un coche demasiado cerca o hay algo que se pueda cruzar en nuestro camino abruptamente. Lo mejor es que todos estos sensores se recargan con cada pedalada.

 

El proyecto se pondrá en marcha si consigue una financiación de 100.000 dólares y, aunque de momento sólo se aceptan las donaciones desde Estados Unidos y Canadá a razón de 999 dólares cada bicicleta, el interés que ha despertado a este lado del Atlántico y Japón podría abrir las opciones a más países. En cualquier caso, cuando se trate de un producto comercial «convencional» no debería haber problema para hacerse con una -más allá de los gastos del envío-.

 

https://www.youtube.com/watch?v=SpRFINAycfk

Garmin Forerunner 620, ¿qué más necesitas?

 

 

Garmin es una de las empresas de aviónica y servicios de geolocalización más respetada del mercado. Además, sus productos para la práctica de deportes al aire libre son, probablemente, los mejores junto con los de los fineses de Polar. Su familia Forerunner, además de contar con una enorme carga tecnológica, tiene un diseño trabajado que la convierte en una de las referencias del mercado. Hoy os presentamos su última joya, el Forerunner 620.

 

Esta suerte de ordenador de muñeca destaca, más allá de todos los gadgets que analizaremos a continuación, por su ligereza, su diseño discreto pero elegante y por la nitidez de su pantalla (que no os engañe su tamaño). Su sistema operativo es muy intuitivo y sencillo y sólo se necesita un rato con las instrucciones para hacerse con el uso del reloj (y son muchas sus utilidades).

 

A pesar de su tamaño, el Forerunner 620 nos garantiza 10 horas de autonomía en modo entrenamiento o hasta 10 semanas en modo reloj. Sin duda, una de las referencias del mercado y un dato sorprendente para un dispositivo con WiFi «multizona» -permite programar varias contraseñas WiFi para estar continuamente conectado al sistema Garmin Connect-; tecnología LiveTrack, que permite vincular el 620 al smartphone para compartir en directo los resultados del entrenamiento y permitir que otros amigos se sumen a él; y pantalla táctil. A pesar de su reducido tamaño (1 pulgada), su trabajada sensibilidad permite utilizarla incluso con guantes puesto algo de lo que no presumen muchos smartphones y tabletas de última generación.

 

En cuanto a los programas de entrenamiento, cuenta con un programa que marca el índice de recuperación, esto es, en función del esfuerzo del usuario, decide cuánto tiempo tiene que esperar antes del siguiente entrenamiento intenso. Por otro lado, la función Virtual Partner monitoriza nuestro ritmo de entramiento y lo compara con el preestablecido como objetivo y, si se desea, permite ajustarlo sobre la marcha si éste dista mucho de los objetivos previos.

 

Resistente al sudor y a la lluvia (y a inmersiones hasta 50 metros), esta maravilla de 43 gramos, cuenta con el clásico vibrador de muñeca que nos indica cuándo hemos logrado un objetivo de tiempo, distancia o calorías quemadas. El sensor HRM controla el ritmo cardiaco. El sensor de GPS nuestra ruta y velocidad. El acelerómetro el tiempo de contacto con el suelo… y la suma de todo ello permite que el dispositivo calcule el consumo máximo de oxigeno (algo que no hace ningún otro equipo similar del mercado). Por cierto, esta maravilla cuesta 449€.

Garmin Monterra, en cualquier lugar

Cada vez son más los urbanitas que el fin de semana o en su tiempo libre deciden vivir en contacto con la naturaleza. Coger la bicicleta y hacer una buena ruta; salir a correr por senderos y hacer cross o, simplemente, disfrutar de un buen día en la montaña. Sin embargo, en la era del smartphone, no basta con llevar un buen GPS. Sabedores de ello, la firma Garmin ha creado su primer GPS con sistema operativo Android con lo que al buen hacer de los de Kansas se suma todo el potencial del universo Google.

 

El Monterra, nombre de su último GPS outdoor y una de sus estrellas más destacadas en los últimos años, incorpora bajo su pantalla de 4 pulgadas toda la tecnología que ya tiene la familia Oregon 6. Por cierto, se ha trabajado duro para que su panel sea perfectamente inteligible bajo cualquier condición climática. Su exterior ha sido diseñado específicamente para resistir impactos, caídas, inclemencias metereológicas -con un sorprendente rango de funcionamiento a temperaturas extremas- así como con una carcasa sumergible.

 

A todo ello le suma «accesorios» más típicos de otros dispositivos como una cámara trasera de 8 Mp con autofocus y flash LED que también permite grabar vídeo Full HD así como brújula de tres ejes, giroscopio, acelerómetro, barómetro, altímetro, GPS, Glonass de doble banda y alta sensibilidad que garantizan la geolocalización en casi cualquier situación. También dispone de tecnología NFC, Bluetooth 3.0, WiFi y ANT+.

 

Pero aquí no se acaban los «extras». También cuenta con una radio FM y una radio meteorológica NOAA con alertas que, por cierto, se pueden vincular a nuestra localización. Por último, en la parte inferior frontal cuenta con un sensor UV de última generación que mide la intensidad del sol y nos avisa si la exposición (prolongada) es peligrosa.

 

En cuanto a los mapas, como buen Android permite instalar una enorme gama de topográficos, BirdsEye, etc. Como siempre, el sistema MapMerge de la casa nos ayudará a combinar dos formatos de mapa o imágenes por satélite y presentárnoslo en 3D.

 

Su memoria interna de 6 GB es ampliable mediante tarjetas MicroSD por lo que toda esta tecnología -más lo que añadamos desde Google Play- no supondrá un problema para la gestión de los contenidos. Cualquier aficionado a la aventura se sorprenderá con la cantidad de programas desarrollados sobre esta materia que están disponibles en la tienda de los de Mountain View: mapas, localizadores, guías de naturaleza, identificadores de especies animales y vegetales, previsiones climatológicas especializadas…

 

Como únicos peros encontramos un precio algo elevado (669€ no están al alcance de todos los bolsillos) y un peso algo excesivo -aunque se contrarresta con una excelente ergonomía-. En resumen, toda una navaja suiza de la era digital.

Mapas digitales, el nuevo espacio por descubrir

Los mapas siempre han tenido una importancia capital en nuestro desarrollo como seres humanos. Marcan la delimitación de nuestros Estados (al fin y al cabo uno de los modos de sociedad más desarrollados), enmarcan las naciones, los idiomas, el desarrollo Histórico de un determinado lugar, nos enseñan su orografía, su geología, sus características y su riqueza. Sobre un mapa se han marcado todas y cada una de las guerras que han azotado el mundo y a partir de uno se han firmado todos los tratados de paz. Unos son más exactos que otros, unos más interesados que otros y, la mayoría tienen una finalidad o una intencionalidad. Pero, sobre todo ello, son herramientas que han ayudado al hombre a conocerse mejor y a conocer lo que le rodea.

En la era de los satélites, de la tecnología y de lo digital, los mapas están más que nunca en nuestras vidas. Nos ayudan a decir a nuestros compañeros de red social donde estamos, nos ayudan a movernos más rápida y eficientemente de un punto a otro -gracias a los navegadores-, empleados con otras aplicaciones nos ayudan a encontrar sitios de interés y nos cuentan la historia de cada lugar. En el plano económico, sobre todo, nos sirven como una herramienta para saber cuáles son los puntos fuertes y los débiles de cada lugar. Desde las grandes multinacionales que estudian donde abrir su próximo punto de venta, hasta las empresas destinadas a los recursos naturales que estudian sobre ellos donde está la mejor veta o la mejor materia prima.

En cualquier caso, como bien publicaban en [Enlace roto.] el día uno de este mismo mes, hay una herramienta empleada por los expertos que, sin embargo, pasa totalmente desapercibida para el gran público (normalmente asombrado con programas con más forma que contenido). Se trata de los sistemas de información geográfica (o GIS por sus siglas en inglés) y una de las empresas más importantes -y antiguas- del sector es Esri, una pequeña empresa nacida en 1969 en California y que a día de hoy cuenta con más de 6.000 empleados y 350.000 clientes en todo el mundo.

Jack Dangermond, fundador de la empresa, explica que su software -mucho más preciso que el de Google Maps, Bing o Yahoo!- ha sido utilizado por clientes tan variopintos como el Instituto Oceanográfico Español en la crisis volcánica de El Hierro o el Gobierno de Japón tras el terremoto y el tsunami que azotaron el país nipón el pasado 11 de marzo. La importancia de estos datos es tal que incluso empresas como FedEx o UPS los emplean para encontrar rutas más eficientes para sus portes.

La única mancha negra que podríamos encontrar en tan buen historial es que Esri no ha conseguido en 40 años acercar esa tecnología a los ciudadanos de a pie. Dangermond argumenta que no es ni su intención ni su tecnología. Ese papel se lo deja a servicios como Google Maps (muy extendidos los últimos cinco años gracias al boom de los dispositivos portátiles). El volumen de datos que gestiona su equipo es mucho más grande que una aplicación como la de Google. Un buen ejemplo son los miles de datos que gestionan sobre sus mapas clientes como McDonald’s o Starbucks cuando deciden dónde abrir su próximo establecimiento. «Fallar sólo en 100 metros dentro de una misma calle puede ser un error fatal», concluye.

No obstante, en la era en la que lo digital y lo social se están uniendo, Esri ha puesto su particular granito de arena. En una de sus webs más visitadas, arcgis.com, el internauta puede crear su propio mapa, añadir y cruzar los datos que desee y, eso sí, sacar sus propias conclusiones. El contenido de los mapas es tan diverso como quiera el usuario, desde mensajes de Twitter emitidos en un país, hasta número de cafeterías en una ciudad. El motivo de fondo, aún así, es satisfacer mejor la demanda de sus clientes: «antes una empresa necesitaba ver un mapa y almacenarlo en un disco duro, ahora, quieren poder acceder a él desde cualquier punto con su teléfono o su tableta».

Al respecto del miedo de muchos a perder su privacidad en cuanto a su localización, Dagermond es tajante: «es hora de perder el miedo», hemos llegado un punto en el que todo lo que se mueva va a ser localizable, «si no quieres serlo, apaga los servicios de localización de Facebook, Twitter, Foursquare, etc.» aunque entonces «quedarás marginado de la sociedad» que está naciendo.

De momento, frente al papel definitivo que tendrán los GIS en la integración entre movilidad y redes sociales, Apple ya ha dado un primer paso comprando la empresa sueca C3 Technologies para crear un servicio de mapas 3D en alta definición que integrará en futuros softwares y Google ha empezado a cobrar a sus desarrolladores por usar Google Maps. Parece que una nueva era ha llegado a los mapas… y a la sociedad.