Phablets, ¿híbrido perfecto?

Para algunos son sólo un ejercicio de tamaño. Algo así como lo que se decía antaño que ocurría con los coches: cuanto más grande mejor. Otros defienden que aúnan lo mejor de dos mundos, la capacidad de comunicación de un smartphone con cualidades como la pantalla y la autonomía de las tabletas. Sea como fuere, estos híbridos cubren las necesidades de un público cada vez mayor que exige pantallas de al menos cinco pulgadas y una capacidad de comunicación casi sin límites. Aquí tenéis los más destacados del mercado.

 

 

  • Samsung Galaxy Note II: fue el genuino. Su primera versión inauguró este nicho de mercado y la segunda, sencillamente, la supera en todo. Su punto fuerte son sus dos cámaras HD -las del Note I dejaban mucho que desear- y la función AllShare que permiten gestionar contenidos en tiempo real. Además, su célebre lápiz capacitivo S-Pen mejora las utilidades de Android. Sus 183 gramos no lo hacen un peso pesado, pero tampoco el más liviano de la categoría. En su interior late un preocesador Quad Core a 1,6 GHz y 2 GB de RAM. Su autonomía es de 20 horas en conversación… y ¡900! en espera. Libre cuesta 659€.
  • Sony Xperia Z: otro que supera en todo a sus predecesores. Empezando por su prodigiosa pantalla Reality Display que se aprovecha de toda la experiencia de la casa en televisiones (Mobile Bravia Engine 2). Sus contraluces y su capacidad táctil son una de las referencias del mercado. A su excelente interfaz (personalizado y personalizable) se le suma una batería con Stamina Mode que mejora su rendimiento. Es sumergible, resiste golpes y el polvo, corre con un procesador Quad Core a 1,5 GHz, tiene 2 GB de RAM una tasa de píxeles por pulgada que se supera los 400 y una autonomía de 11 horas hablando y 550 en espera. Todo ello en 146 gramos y por 699€. Sobresaliente.
  • Alcatel One Touche Scribe HD: el creador del famoso One Touch Easy, el terminal que «movilizó» media Europa llega en los característicos colores de la casa (rojo, amarillo, negro y blanco) y con una tapa magnética al más puro estilo Samsung. Estrena conectividad 3G+ y graba y reproduce vídeo Full HD. Su procesador no es el más rápido, se trata de un Dual Core a 1,2 GHz y sólo cuenta con 1 GB de RAM pero su genial cámara trasera (8 Mp) y su batería con una autonomía entre 7 y 400 horas se traducen en un peso de sólo 125 gramos y un precio imbatible de 389€. Mucho más que recomendable para los que quieren un equipo fiable, versátil (cuenta con editor de vídeo, por ejemplo) y sólo quieren gastarse 389€.
  • ZTE Grand Memo: el gigante chino propone uno de los modelos más grandes, un phablet con pantalla de 5,7 pulgadas HD y una cámara de 13 pulgadas en sólo 146 gramos de peso. Dotado con tecnología de respuesta por voz que permite responder llamadas mientras conducimos, por ejemplo, tiene avances como un AutoSistema de navegación. Corre con Android bajo un interfaz completamente diferenciado y ofrece a sus usuarios el servicio ZTE’s Cloud para que gestionen sus datos con más seguridad. En su interior trabaja un procesador de cuatro núcleos a 1,5 GHz y cuenta con 2 GB de RAM que le permiten gestionar sobradamente cualquier tipo de contenido. Su precio depende de las operadoras.
  • Huawei Ascend Mate: el ejemplo de que China está pasando de fábrica mundial a crear sus propios dispositivos es el crecimiento de Huawei. La Cisco asiática aúna como nadie el entretenimiento, la comunicación y la potencia como pocos. Soporta cinco bandas de frecuencia, tiene dos cámaras (una de ellas de 8 Mp), una autonomía hablando de 6 horas -en espera flojea y cae por debajo de las 240- en 200 gramos de peso. Su procesador es el mismo que el de ZTE y su memoria es también de 2 GB. Su punto fuerte son sus dos antenas de GPS que se alternan para asegurar siempre la máxima cobertura. Con su diagonal de 6,1 pulgadas es el más grande hasta que Samsung comercialice su Galaxy Mega. Su factura, unos sorprendentes 300€.
  • LG Optimus G Prolo presentamos hace poco. El buque insignia coreano tiene una pantalla de gran calidad gracias a la tecnología que divide cada píxel en otros tres subpíxeles para reforzar la nitidez. Ofrece carga inalámbrica y cuenta con un procesador de cuatro núcleos a 1,7 GHz así como 2 GB de RAM. Se comercializa en casi todo el mundo con unas ventas asombrosas (cercanas a los Galaxy y iPhone en muchos mercados). Sus cámaras son prodigiosas (2,4 y 13 Mp Full HD), su autonomía de uso supera las 9 horas y todo ello en 160 gramos. Sólo su precio -a la altura de los primeros de la comparativa- puede ser un pero para una marca que ha perdido algo de pedigrí.
Los hay más grandes (ASUS FonePad o el Galaxy Note 8.0), sin embargo, parece que la gama que va desde los 5 hasta los 6,3 Mp del inminente Galaxy Mega son el nicho de mercado que más demandan los usuarios. Lo suficiente para que hasta Apple se haya propuesto lanzar una versión maxi de su iPhone para detener la sangría de su cuota de mercado. ¿Con cuál os quedáis?

 

Firefox OS, la amenaza fantasma

Mozilla Firefox es un nombre legendario en el mundo de internet. El navegador de la fundación sin ánimo de lucro fue el primer rival que osó enfrentarse al antaño todopoderoso Internet Explorer de Microsoft y, aunque no lo venció, fue el primer paso para que Chrome -su heredero, si tenemos en cuenta la cantidad de fondos que Google deposita en Mozilla- desbancara el programa de Microsoft.

 

Ahora, en un panorama igual de complicado -Android e iOS son los líderes absolutos en el mercado de sistemas operativos móviles- Mozilla lanza su Firefox OS primero con la intención de disputarle el tercer puesto a Microsoft y Blackberry y, después, con la de inundar los smartphones y tabletas de todo el mundo con un entorno totalmente basado en internet.

 

Después de que Apple nos acabara de convencer en 2007 de que lo importante no es lo que podemos hacer con los dispositivos sino lo que hacemos con ellos, todas las grandes tecnológicas del mercado se han dado cuenta de que los usuarios (ergo clientes) buscamos equipos que más allá de la potencia y la construcción nos regalen una buena colección de aplicaciones que hagan de nuestros teléfonos máquinas multiusos. Apple y Google cuentan con cientos de miles en sus tiendas y sus nubes se encargan de que todo funcione como un reloj suizo.

 

Microsoft y Blackberry, que tienen una buena nube pero una colección más pobre, sufren para seguirles el ritmo y ni siquiera el lanzamiento de terminales y tabletas de primera -por su hardware- consigue resucitar sus ventas. La única baza para los contendientes es la incompatibilidad existente entre plataformas. Una App de iOS no funciona en Android o WP. Al revés tampoco. Si a esto le sumamos que algunos entornos están fragmentados -hay aplicaciones de Android que sólo funcionan con determinadas versiones del programa- saltar de una plataforma a otra o jugar con el «internet de las cosas» parece tarea imposible.

 

Firefox OS, por fin, tiene respuesta para este enigma. No depende de intermediarios. La protagonista absoluta en sus equipos será Internet. En la práctica, gran parte de los programas que utilizamos bajo la denominación de aplicaciones dependen directamente de internet. La nube y los servidores que la nutren también dependen de la red. Cientos de miles de veces, una aplicación no es más que un acceso directo desde nuestro hardware a una determinada aplicación web, una red social, un servicio de mensajería o una base de datos -incluidos mapas-.

 

Los lenguajes de programación web como HTML5 o Javascript son los que nos permiten acceder a los servidores donde se realizan los cálculos que nos indican el camino de un punto a otro en «los centros de almacenamiento» de Google Maps. Fríamente, prácticamente cualquier operación que realizamos en un ordenador -y un smartphone o una tableta lo son- se reducen únicamente a encenderlo y abrir el navegador. Si al encenderlo llegáramos directamente a estos portales de internet sin pasar por el sistema operativo -algo parecido a lo que ha propuesto Google con su Chrome OS- los resultados no sólo deberían ser los mismos, sino que los sistemas operativos serían más fiables al no tener que ejecutar complejas aplicaciones específicas para Windows, Android, iOS u OS X.

 

Así, a partir del potente navegador web Firefox de Mozilla (para mi el mejor con Chrome y Safari), los informáticos de la fundación se han encargado de desarrollar complementos a modo de aplicaciones que añaden nuevas funcionalidades a los dispositivos equipados con la plataforma del zorro. Después de que Mozilla planteara su proyecto Boot 2 Gecko (que se basaba en este arranque directamente en la web), Telefónica y otras empresas como Alcatel, Huawei, LG, Sony o ZTE se mostraron interesados en una iniciativa que si salía bien les liberaría del yugo de Google. La operadora estatal se encargó de potenciar el desarrollo técnico para completar el terminal: el hardware y elementos básicos como la marcación.

 

Pensado -en un primer momento- para ser equipado en modelos de gama baja (ZTE Open o Geeksphone) un sistema operativo como Firefox permite reducir enormemente los gastos de implantación a los fabricantes. Sin embargo, son muchos los analistas que consideran que la falta de un smartphone de gama alta es una importante traba inicial para su desarrollo.

 

Su carácter completamente abierto y libre (algo de lo que se jacta Google de su Android cuando no lo cumple del todo) hace que cualquiera pueda desarrollar y mejorar aplicaciones para el sistema operativo. Sin embargo, las carencias de las APIs puede suponer un problema para que los desarrolladores se decanten por el nuevo sistema operativo. Aún así, Firefox se muestra como una amenaza fantasma que cuenta con el apoyo de actores muy dinámicos y, sobre todo, con una capa enorme de clientes que buscan dos cosas: funcionalidad por encima de las modas -sí, Android en los Galaxy es tan moda como iOS en los iPhone- y ganas de diferenciarse mediante un entorno operativo absolutamente libre. El interfaz es sencillo, intuitivo y personalizable y en las pruebas llevadas a cabo por especialistas han demostrado que es capaz de funcionar perfectamente con CPUs «modestas».

 

Puede que no sea el sistema operativo que acabe con el binomio Google-Apple. Tampoco fue quien acabó con Explorer. Pero sí puede ser quien muestre el camino a terceros de cómo hacer algo diferente y original en el mercado tecnológico en unos cuantos años. La amenaza fantasma ha llegado.

Firefox OS, ¿alternativa real?

Ya ha comenzado el Mobile World Congress de Barcelona. La primera feria mundial de dispositivos móviles (una especie de Disneyworld para geeks) ha empezado fuerte con multitud de sorpresas y novedades que analizaremos durante los próximos días. Así, este año se muestra un cambio de tendencia en un mercado joven: casi todos los fabricantes y multitud de operadoras intentan sacudirse el duopolio Apple-Google que estrangula los ingresos y minimiza las ventas de sus contrincantes.

 

La Fundación Mozilla es experta en estas vicisitudes. Fue la primera que combatió realmente el liderazgo de Internet Explorer cuando el navegador de Windows era la única forma de acceder a internet con su Firefox. Hoy, más de una década después, Chrome -su primo de Google- ya se usa más que el programa de Microsoft y Firefox es la tercera fuerza cada vez más cerca de su objetivo.

 

Así, este respetado nombre será el encargado de combatir los sistemas operativos de Apple y Google en el negocio de los smartphones y las tabletas. Pero esta vez la tarea es tan magnífica que no hará solo el viaje. Competirá con otros 23 socios entre los que destaca la española Telefónica. La estrategia es directa: un sistema operativo creado por voluntarios, basado por completo en HTML5 y que vive por y para la web.

 

Gary Kovaks, máximo responsable de la Fundación Mozilla dijo que su producto gira en torno a dos máximas: la privacidad y el control total por parte del usuario. Esta vez es creíble puesto que la fundación no tiene ánimo de lucro con lo que no pretende conseguir beneficios con nuestros datos.

 

Los primeras espadas del proyecto serán Huawei (el fabricante chino que más rápido crece y que, junto a ZTE son las verdaderas amenazas de los fabricantes coreanos), la propia ZTE, LG -cansada de vivir a la sombra de Samsung- y Alcatel que está luchando por quitarse el prurito de fabricante de modelos anticuados de otra generación.

 

Sin embargo, aunque puedan parecer rivales de poco calado para Apple y Samsung, otros ya se han sumado al proyecto: Sony ha dicho que lanzará a principios de 2014 varios smartphones con Firefox OS y son varias las operadoras que se han planteado sumarse a Telefónica para fabricar terminales que les dejen beneficios (algo que los iPhone y los Galaxy S III, por ejemplo, no hacen). Las miradas están puestas ahora en Nokia y BlackBerry, dos empresas que buscan remontar posiciones y que, de momento, guardan silencio.

 

La presentación se hizo con el GeeksPhone un smartphone creado por una empresa estatal que se caracteriza tanto por su precio (80€) como por sus buenas prestaciones. Sin embargo, esta piedra de toque se quedó corta después de que Paul Jacobs, CEO de Qualcomm, explicará que su empresa se volcará en el desarrollo del programa puesto que considera que es el sistema que mejor puede aprovechar las características de los procesadores de última generación (no sabemos cómo habrá sentado esto en Google).

 

Cuando comenzó la demostración del programa quedó claro que será un sistema social (Facebook, por ejemplo, vendrá por defecto con una aplicación que muestra varias ventajas sobre su equivalente iOS o Android). Además, tanto las apps como el propio sistema operativo se están desarrollando contemporáneamente, lo que permite un crecimiento de ambas mucho mejor articulado que en otras plataformas donde el peso cae en desarrolladores ajenos a los creadores del ecosistema.

 

La principal diferencia radica en que no será necesario acudir a una tienda de aplicaciones para bajarnos programas. Se podrá hacer desde las propias webs de los interesados. Precisamente por eso son muchas las empresas que se han sumado al proyecto. Destacan ya MTV, Airbnb, TimeOut, Pulse, SoundCloud, Electronics Arts y Disney.

 

A la pregunta de qué ocurrirá cuando el terminal se quede sin conexión (su funcionamiento es similar a los ChromeBooks, todo depende de internet por lo que éste podría ser su punto más débil), Kovaks explicó que funcionará igual que cualquier otro terminal en «modo avión». El equipo trabajará con contenidos guardados y descargados anteriormente.

 

Franco Bernabé explicó en la presentación que las operadoras notarán que, por fin, controlarán el soporte y no estarán a merced de gigantes como Google o Apple, lo que les permitirá mejorar la fluidez de las conexiones de los terminales. César Alierta confirmó que los terminales llegarán primero a Latinoamérica y que en 2014 ya estarán disponibles en todos los mercados donde opera su empresa. Para él, servirá para derrocar el duopolio Android-iOS ya que, para él, «los duopolios no son buenos» -¿qué opinión tendrá sobre su duopolio con Vodafone durante muchos años en el mercado estatal?-

 

«El 90% de los teléfonos llevan los dos mismos sistemas operativos -no se refirió en ningún momento a Apple o Google-, lo que no es beneficioso para nadie». Entre bastidores se dijo que también Samsung podría estar interesada en sacar otra gama de productos con esta alternativa que le permita ganar cuota de mercado (ya cuenta con los ATIV con Windows Phone 8, Wave con Bada, Omnia con Windows Phone 7.5 y los célebres Galaxy con Android, que acumulan casi todas sus ventas) y sacudirse su excesiva dependencia de Google.

 

Todos coincidieron en que empezaba una nueva era de «plataformas abiertas». Sin duda, el camino por recorrer es largo pero parece que Mozilla y su Firefox OS son los más indicados para plantar cara los dos gigantes de Silicon Valley.

Huawei, el gigante que vino de oriente

Una vez más la visión sobre una gran empresa oriental suscita un gran debate a ambos lados del Atlántico. Se trata de Huawei, el gigante chino que controla las telecomunicaciones de una tercera parte de la población mundial. Millones de personas -y empresas- en todo el planeta usan sus soluciones: antenas, armarios de conexiones, cableados, etc. Lo mismo ocurre con ZTE, otra empresa de telecomunicaciones nacida en los años ’80 y que colecciona clientes en 135 mercados.  Precisamente por eso, los gobiernos europeos -sobre todo el británico- ven en ambas corporaciones un maná de ingresos y empleo… y el estadounidense (y desde hace unas horas el canadiense) los han catalogado como una amenaza para la ciberseguridad del país.

 

Hace pocas semanas David Cameron comparecía en los medios con el CEO de Huawei para anunciar una inversión que superaba los 1.500 millones de euros en territorio británico y la alianza con una empresa local para proporcionar empleo durante mucho tiempo.

 

Al otro lado del Atlántico, Cisco sigue con su eterna batalla contra el proveedor de servicios chino al que acusa -lleva décadas sin poder probarlo- de copiar su tecnología. Su principal acusación es que el software de los orientales reproduce sistemática los mismos errores que el suyo propio… y que las soluciones siempre llegan después de las que aplica Cisco.

 

En cualquier caso, 45 de las 50 principales operadoras de telecomunicaciones en todo el mundo emplea tecnología de los chinos. Sus imbatibles precios así como un incremento exponencial en la calidad de sus productos (aunque todavía tienen un servicio preventa y postventa que dejan mucho que desear) se han llevado por delante a otras empresas emblemáticas como Nokia Siemens Networks y Alcatel-Lucent. Además, Huawei fue la primera que se presentó como voluntaria a la hora de compartir riesgos con las operadoras cuando éstas necesitaban expandir una red de telecomunicaciones en una región «cara».

 

Esto no significa que la Comisión Europea no haya puesto la lupa sobre Huawei y ZTE. Consideran que las ayudas que reciben del Gobierno Chino para su expansión van en contra de la normativa internacional puesto que les permiten vender sus productos y servicios por debajo del coste en mercados saturados como el europeo.

 

La realidad es que Huawei emplea a 7.000 personas en el Viejo Continente donde logra (y tributa por ello) más de 2.800 millones de euros al año. Un gran cliente para el sistema impositivo europeo. Por su parte, los Comites de Inteligencia de Estados Unidos y Canadá consideran que son dos empresas que no se pueden considerar independientes del Gobierno Chino y que por lo tanto pueden ser utilizadas como herramientas de espionaje por parte de Pekín.

 

No es la primera vez que esto ocurre. El año pasado Australia no permitió a Huawei concursar para la implantación de banda ancha en una vasta región de su territorio. Todo ello, unido a una investigación que ha durado más de un año, tiene como conclusión que mientras que Huawei no colabore con los gobiernos de estos tres países y explique claramente su relación con el ejecutivo chino, estará vetada.

 

El problema es que Washington tiene gran experiencia en estas lides. Sólo hay que recordar cómo él y sus aliados (Israel) utilizaron las herramientas tecnológicas (Google) para convertir una empresa privada en un arma de espionaje. Sólo hay que recordar el programa Stuxnet que bloqueó el programa nuclear iraní, como explica el The Washington Post.

 

Parece que esta guerra (que esconde la protección de empresas nacionales que facturan miles de millones de dólares) está sólo en sus comienzos. Hace meses India prohibió la comercialización de ciertas BlackBerrys al considerar que su sistema de mensajería podría ser empleado por terroristas… o simplemente comprado por millones de indios que prefieran a los canadienses por encima de los teléfonos de los fabricantes locales.

Huawei, el gigante que vino de China

China tiene un papel relevante en el mundo tecnológico. La segunda economía y el primer mercado mundial es, también, la fábrica de Silicon Valley. Desde el gigante amarillo nos llegan los productos Shanzai, pero también nuestros productos de Apple (adornados con el famoso «diseñado en California, ensamblado en China»), muchos de los componentes de nuestros gadgets e, incluso, las fundas con los que los «protegemos».

 

Pero de China también llega Huawei, el segundo fabricante mundial de equipamientos de telefonía que se ha propuesto comenzar a comercializar sus propios teléfonos inteligentes y convertirse en la gran alternativa a Samsung… en el futuro inmediato.

 

Los orígenes de la empresa son de lo más curiosos. Fundada en 1987 en la pequeña localidad de pescadores de Shenzen, hoy su sede cuenta con un campus universitario para sus directivos, una salida propia en la autopista y una ciudad que trabaja en masa para ellos y Foxconn, otro de los titanes de la nueva China. El paisaje totalmente alienado -cualquiera que vea imágenes de la megalópolis en YouTube tendrá la sensación de estar viendo la versión Blade Runner de Marina D’Or- muestra que los esfuerzos del Gobierno Chino por plantar cara a Hong Kong -en aquella época británica- han dado resultado.

 

Hoy día Huawei es responsable de cerca de una tercera parte de las comunicaciones telefónicas mundiales. Como bien explican en El País, es el equivalente a Cisco -su gran rival, por cierto- en la década de los ’90. Su importancia aumenta tan exponencialmente como lo hacen las comunicaciones digitales. Es por ello que sus dirigentes consideran que es la hora de que se sepa quiénes son y lo que son capaces de hacer.

 

Pero su mercado no está sólo en los teléfonos. También en la conectividad a internet vía 3G y 4G. La forma de estar en la red que más rápido crece. Según explica Javier Martín, el 74% de sus 24.000 millones de ingresos vienen por esta vía. Ahora, el objetivo, es ofrecer sus servicios (más allá de sus componentes) a las grandes corporaciones y a los pequeños consumidores. Desde 2003 comercializan con algunas operadoras sus terminales. Parece que el prurito Made in China, de momento, es un lastre que no les permite codearse con los Galaxy, iPhone y compañía… pero están seguros de que esto cambiará pronto.

 

La estrategia se presentó hace unas dos semanas cuando invitaron a periodistas de todo el mundo a la presentación de sus cuentas. Es de las pocas empresas chinas que vende más en el extranjero que en su mercado doméstico. Europa, su principal mercado, representa el 36% de sus ingresos. Además, para dar más empaque a su apuesta, han fichado a varios directivos estadounidenses. Sus expectativas, por cierto, son impresionantes. En plena crisis esperan crecer un 20% en 2012… y no será su mejor año. Sus beneficios, aún así, se han visto lastrados por su enorme esfuerzo en crecer y se quedaron en 1.200 millones de dólares, la mitad que en 2010.

 

El reparto de los ingresos es del 74% para equipamientos, el 4,5% para servicios a corporaciones y el 21% para consumidores privados a los que vendieron unos 20 millones de terminales de «marca blanca». No es suficiente para llegar a su objetivo de ser el tercer fabricante mundial en 2015 (sólo superados por Samsung y Nokia, fuera de su alcance por el momento). Este año esperan vender los equipos con la rosa roja a unos 60 millones de clientes. El objetivo es mucho más que ambicioso porque, como explicábamos hace unas semanas la clase media-alta china, la que más rápido crece, se pirra por los iPhone y los Galaxy originales, todo un símbolo de estatus en un país que está viviendo sus «maravillosos años 20».

 

No obstante, para conseguir esas metas no está escatimando esfuerzos: ha aumentado su plantilla en 30.000 trabajadores para llegar a los 140.000. De ellos, 62.000 trabajan en investigación y desarrollo. Gracias a estas cifras, los chinos pueden jactarse de tener el 18% de las patentes de la nueva tecnología 4G, un futuro cercano que ya está empezando a desbancar al 3G. Además, han aprendido la lección de sus rivales -sobre todo de Apple- por lo que inciden continuamente en que sus teléfonos quieren «llegar al corazón de sus clientes». Saben que hace falta algo más que un buen hardware para fidelizar a los clientes en un mercado tan saturado y cambiante.

 

Por cierto, Huawei, enclavada en el centro del capitalismo más radical de China, es una cooperativa donde sus trabajadores se reparten las acciones y deciden sobre las estrategias de inversión y mercado.