NSA, mucho más que Prisma

 

 

El caso de ciberespionaje hecho público por Eric Snowden está cada día más cerca de un capítulo de SHIELD que de la realidad. Después de conocer cómo funciona el programa Immersion y en qué consistía Prisma -grandes empresas de Silicon Valley crearon puertas traseras en sus servidores para que la NSA accediera a ellos para captar toda la información que quisieran a cambio de sufragar los costes de la operación y que ésta quedara «blindada» por la justicia mediante juicios secretos que dictaban órdenes de acceso a los metadatos de estas empresas-, el mayor caso de espionaje civil de la Historia da un paso más con XKeyscore.

 

Según han publicado The New York Times y The Guardian, tanto la Agencia de Seguridad Nacional americana como el Cuartel General de Comunicaciones utilizaron todos estos datos para crear perfiles de particulares, instituciones y empresas que más tarde se cruzaban para mostrar gráficos con las interrelaciones de cada uno de esos perfiles.

 

Además, The Washington Post mostró que los agentes de las agencias estatales tenían capacidad de conseguir información directamente de líneas telefónicas y fibra óptica y, de hecho, en ciertas diapositivas que se publicaron de instituciones como la CIA o la NSA, se recomendaba alternar los tres sistemas para conseguir información más eficaz y fehaciente.

 

Cuando esto salió a la luz mucho analistas respiraron. Era imposible que ninguna agencia, ni siquiera estadounidense, cruzara semejante cantidad de datos como para que nuestra privacidad corriera peligro (desinformación por sobreinformación). Sin embargo, la publicación por The Guardian de información sobre el sistema XKeyscore ha vuelto a hacer que salten todas las alarmas.

 

XKeyscore absorve todos los metadatos (quién, cuándo y dónde accede a una línea de información y a quién envía el mensaje) para extraer la información básica, filtrarla y clasificarla. Así, la información «ruido», la más abundante, se desecha en 24 horas mientras que la importante: los historiales de navegación, las cuentas de correo y ciertas conversaciones digitales pueden ser almacenadas hasta cinco años. Todo ello permite el filtrado de miles de millones de contenidos por IP, número de teléfono, nombre de usuario o por el idioma de una conversación.

 

Y como esto es un sistema que requiere de muchos recursos, se ha sabido que ambas agencias destinan, de promedio, unos 250 millones de dólares anuales en tenernos vigilados. El uso de la «fuerza bruta» -potentes servidores que analizan todas las posibles combinaciones de una contraseña hasta dar con ella- parece ahora algo realmente antiguo y obsoleto teniendo en cuenta que las puertas traseras de los servidores hacen que todo sea aún más rápido.

 

La crisis ha aumentado cuando Francia ha llamado al embajador estadounidense para preguntarle por los más de 70 millones de conversaciones de ciudadanos galos que han sido espiadas en el plazo de 30 días. Alemania, España, Bélgica, Brasil, México y Venezuela también guardan cola en Naciones Unidas para pedir explicaciones en un caso que ni americanos ni británicos han desmentido. La Seguridad Nacional -la suya- está por encima de cualquier conflicto diplomático.

 

Sólo Canadá, Nueva Zelanda, Australia han quedado al margen de esta vigilancia de forma declarada. El motivo es sencillo. Ellos también forman parte de un entramado que se autodenomina Los Cinco Ojos y que han decidido ser protectores del mundo. Al menos del suyo.

Immersion, Obama al descubierto

La extraña imagen con la que abrimos el post de hoy es uno de los mapas que ha llevado a cabo Immersion, un proyecto de un grupo de investigadores del Massachussets Institute of Technology de Boston y que demuestra el potencial informativo del sistema Prism que utiliza la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense) y que Eric Snowden ha descubierto.

 

El software, desarrollado por tres alumnos del Media Lab de la universidad permite, a cualquiera que introduzca su cuenta de correo en GMail y su contraseña, crear un mapa a partir de quién envía y quién recibe mensajes. No es necesario que analice los contenidos de las comunicaciones. Tan sólo el canal es suficiente para trazar un mapa bastante fehaciente de con quién se comunica cada uno de nosotros.

 

El gracioso ejemplo que nos brinda el Media Lab (pobre Howard Wolowitz) deja claro todo lo que la NSA o las tecnológicas pueden saber de nosotros sin necesidad de vulnerar por completo nuestra intimidad. Los algoritmos permiten crear un mapa sorprendentemente exacto de nuestra red social real -no una «de cara a la galería» como Facebook, sino de nuestras interrelaciones digitales reales-.

 

El tamaño de los círculos aumenta la relevancia de la persona con la que nos comunicamos y el espesor de la línea que nos une a ese círculo indica el volumen de contactos que tenemos con esa persona. Así, es habitual encontrar gruesos trazos con familiares y compañeros de trabajo pero, para un ojo más entrenado, también le llamarán la atención las finas líneas directas con contactos más «especiales».

 

A partir de estas relaciones se pueden discernir hábitos y costumbres -desde horarios hasta de comunicación o trabajo- así como ideología política, religiosa o -añaden los expertos- tendencias sexuales. Si una persona está suscrita a una web que tenga una determinada ideología o fin es probable que muestre cierta simpatía hacia esa actividad.

 

El País reproduce parte de la entrevista que César Hidalgo, supervisor del proyecto, ha concedido a The Boston Globe y de ella se dilucidan algunas conclusiones interesantes: «observar el Facebook o Twitter de una persona nos permite realizar un retrato de una persona del mismo modo que si estamos dentro de un coche mirando por la ventanilla. Usar metadatos como los que maneja Immersion equivale a conducir guiado por un potente GPS».

 

Así, este sistema no analiza sólo a una persona. En el momento en el que se pone a trabajar todos los contactos, toda la red de personas, es susceptible de ser analizada por el programa lo que, al final, otorga un enorme poder para el analista. Lo más importante es que cuando Obama afirmaba que sólo estaban recabando datos de las llamadas de Verizon, «no de los contenidos», estaba admitiendo que contaba con mapas de relaciones perfectamente elaborados -y bastante concluyentes- de cada uno de los objetos de seguimiento.

 

Por mucho que desde que Snowden sacara a la luz el espionaje de Washington la NSA haya intentado demostrar que son datos superfluos sin interés, un gran grupo de expertos y profesores ha demostrado que la importancia de estos metadatos va mucho más allá que la de unos pocos gráficos o seguimientos «por seguridad». Es un enorme retrato robot de las personas bajo la implacable lupa del Gran Hermano.