Amazon, ¿el principio del cambio de Silicon Valley?

Por fin llegó la hora. Durante meses han sido muchas las voces que se han quejado de cómo las empresas tecnológicas -probablemente las más pujantes en estos tiempos- aprovechaban todo tipo de triquiñuelas fiscales para no contribuir a las arcas de los países donde tenían negocios multimillonarios. Unas prácticas que les permitían ahorrarse miles de millones y que minimizaban el impacto de los impuestos en sus beneficios y en el beneficio de los ciudadanos.

Según explicaba hace días The Wall Street Journal desde el pasado 1 de mayo Amazon, una de las grandes de internet, ha decidido prepararse para diversificar su estructura de ventas minoristas durante los dos próximos años en Europa.

Amazon era uno de los paradigmas -junto con Apple-. Así, el retailer online por excelencia centralizaba todas sus operaciones continentales a través de Luxemburgo lo que le permitía beneficiarse de las excenciones impositivas de este pequeño Estado. Sin embargo, desde hace días la empresa de Jeff Bezos está informando de sus ingresos en el Reino Unido, Italia, Alemania y España.

Eso, sobre el papel, le hará tributar en estos Estados aunque el cambio de modelo siga teniendo algunas sombras y prácticas discutibles. La Comisión Europea hace tiempo que fijó sus ojos en las operaciones de Amazon y la empresa de la manzana en el Gran Ducado e Irlanda. De este modo, aunque desde Seattle no se han pronunciado sobre si el cambio de actitud tiene que ver con la presión de la CE, está claro que puede ser un primer paso para que Apple y Google -entre otras- la sigan.

El anuncio, que supone el primer gran éxito de la era de Margrethe Vestager al frente de la Comisaría Europea de la Competencia, permitirá, además, que cada Estado miembro decida la relación impositiva que tendrá con el gigante de la distribución siempre y cuando se cumplan unos requisitos mínimos marcados por Bruselas.

Adiós al Double Irish

A finales de 2014 países como Irlanda anunciaron que pondrían fin a prácticas que permitían juegos fiscales. El más célebre y más usado en Silicon Valley es el conocido como Double Irish, una práctica que permite un juego de compras y ventas entre una matriz radicada en la isla y otras empresas que conforman la multinacional. De este modo, Apple o Amazon de cualquier Estado de la UE compran los productos a la filial en Dublín a un precio altísimo para quedarse sin margen de beneficio en el país de venta.

Irlanda tan solo tiene una presión fiscal del 12,5% sobre el Impuesto de Sociedades frente al 32% del Estado, por ejemplo. Esto hace que si Apple España compra cada iPhone a Apple Irlanda por casi 600€ el margen de beneficio después de impuestos es casi nulo dando declaraciones incluso negativas.

¿El resultado? Mientras los consumidores pagan altas tasas de impuestos en concepto de IVA, las multinacionales tecnológicas casi no tenían impacto en sus beneficios. ¿Dónde está el truco para que Amazon haya decidido volverse tan legal? En que tributará sobre sus beneficios y no sobre sus ventas lo que, en buena parte, hará que se libre de una buena cantidad de impuestos a abonar.

Parece que la filtración de documentos en los que la Administración luxemburguesa se comprometía a ayudar a determinadas multinacionales -Starbucks fue otros de los nombres afectados- a minimizar el pago de impuestos a cambio operar desde ese Estado (conocida como LuxLeaks) ha dado sus frutos y podría suponer el cambio de unas actividades sin ningún tipo de ética y que ponen el riesgo el funcionamiento del Estado de Bienestar continental.

Si lo unimos al comunicado que Apple ha lanzado a sus inversores anunciándoles que podría enfrentarse a una «importante multa» como resultado de las investigaciones que se están realizando en Bruselas por el supuesto acuerdo entre la empresa de Cupertino y Dublín, y las ganas que la Washington le tiene a los miles de millones de dólares que Silicon Valley a expatriado, podría ser el inicio de una nueva era en el mercado tecnológico.

Reino Unido, coto al fraude fiscal

La alarma social se disparó con la publicación de la memoria oficial de Amazon en el Reino Unido esta misma semana. La filial británica de los de Jeff Bezos facturaron más de 5.000 millones de euros durante el último año fiscal pero tan sólo tributaron 2,8 millones. Si a eso le sumamos que recibieron en subvenciones más de 4 millones por parte del Gobierno británico, la polémica está servida.

 

Hasta ahora Estados de la Unión como Francia o Alemania se había sumado a las quejas de Washington sobre la ingeniería fiscal de las grandes tecnológicas de Silicon Valley que se las ingenian para desviar miles de millones de dólares en impuestos hasta paraísos fiscales para eludir sus obligaciones sociales. Ahora es Londres la que pide poner en el primer punto de la agenda continental esta sangría de millones para las arcas públicas.

 

Es cierto que estas son prácticas clásicas en las grandes multinacionales pero ninguna lo había hecho hasta ahora con tanto descaro como Apple, Google, Microsoft o Amazon, las cuatro grandes del sector tecnológico que, cada poco tiempo, se jactan de su potencial económico y de su papel como motores económicos. Las empresas dicen que cumplen la ley a rajatabla -y estrictamente así es puesto que la legislación deja siempre «salidas» a quienes saben aprovecharlas-, aún así, David Cameron ha pedido una acción conjunta internacional que bloquee estas posibilidades para que estos titanes tributen en consonancia a sus ingresos como cualquier otra persona jurídica.

 

La filial británica de Amazon contrata directamente a unas 4.200 personas e, indirectamente, a algunos miles más. Sin embargo, a efectos tributarios está configurada como una proveedora de servicios con sede en Luxemburgo. La mala noticia para la librería online es que la Agencia Reuters compiló información en la que buscaban «vendedores» para el Reino Unido lo que es soporte legal suficiente para que los legisladores puedan pedirles un buen puñado de millones.

 

Son varios los parlamentarios londinenses los que han explicado que urge un cambio de una legislación que va mucho más despacio que las grandes empresas que operan en internet y, por primera vez en mucho tiempo, tanto liberales como laboristas parecen dispuestos a arrimar el hombro para acabar con unas prácticas que, para algunos son «patéticas».

 

Otras plataformas, como las asociaciones de libreros, pretenden atacar al gigante demostrando que sus prácticas fiscales se convierten, directamente, en competencia desleal al contar con ventajas a las que otras empresas más pequeñas no pueden acceder.

 

 

Google y Apple, investigadas


Pero la empresa de Jeff Bezos no es la única a la que los legisladores quieren echarle el lazo. Esta misma semana los representantes de Google en las Islas Británicas han tenido que enfrentarse a los legisladores quienes espetaron a Matt Brittin (responsable en Europa del buscador) el motivo por el que Reuters había podido demostrar que contrataron a «vendedores» en el Reino Unido cuando su excusa fiscal es que «no venden a nadie en el Reino Unido» -la estrategia de Amazon se repite-.

 

Brittin explicó que su empresa cumple «plenamente» con la legislación vigente -sonó a reto sobre si se atreven a cambiarla- y, además, dijo que el motivo por el que en noviembre dijo que no vendían a nadie y en la actualidad sí es que la actividad de la multinacional estadounidense se ha diversificado.

 

Aún así, dijo que la plantilla de Google Irlanda y Google Reino Unido están vinculadas en su estrategia empresarial y que los británicos tan sólo comienzan operaciones de venta que «no están cerrando» lo que minimiza su impacto comercial -y obligación de pagar impuestos-.

 

Todo este revuelo fiscal llega la misma semana que Tim Cook, sucesor de Steve Jobs como CEO de Apple, anunció que este mismo martes solicitará al Congreso de Estados Unidos que hagan una excepción -o modifiquen la Ley- para que repatriar los cientos de miles de millones de dólares que los de la manzana han desviado a paraísos fiscales cueste menos que ese 35% que exige la normativa americana -se calcula que superan los 100.000 millones de dólares-.

 

Cook dijo que «no dicen que sea cero pero una tasa más razonable se traduciría en una mayor capacidad de inversión de las compañías» en suelo estadounidense «en puestos de trabajo e investigación». Todo un chantaje velado. De momento, los intentos de Microsoft y HP de rebajar la tasa no sólo han fracasado sino que podrían acabar con un cambio de legislación histórico a ambos lados del Atlántico.

Tecnológicas, ¿fraude fiscal?

Cada pocas semanas las empresas tecnológicas anuncian sus resultados trimestrales. Cifras enormes de clientes, crecimiento, facturación, beneficios, etc… Algunas de ellas, como Google o Apple tienen una enorme pugna por controlar mercados enteros tan fructíferos como el de la publicidad en la red o el de los dispositivos móviles. Otros, como Microsoft o Amazon amasan beneficios multimillonarios gracias a las licencias de sus programas o a que sus tentáculos llegan prácticamente a todos los mercados del mundo. Son muy pocas las que declaran pérdidas reales. No obstante, todavía son menos las que pagan impuestos acordes a esos números como hacen la mayoría de las pequeñas y medianas empresas en todo el mundo.

 

La primera queja se levantó durante el primer periodo de la Administración Obama. Muchos se quejaron de que con la rebaja de impuestos a las empresas -con el fin de potenciar el empleo y aliviar la presión sobre las compañías- solo beneficiaba a las grandes corporaciones. Especialmente a los gigantes de Silicon Valley, los que más crecen. Más tarde, con la entrada de Hollande al ejecutivo galo, se puso en marcha la redacción de una Ley Anti-Google que pretendía aminorar la fuga de impuestos a otros «paraísos» dentro de la propia Unión Europea. Ahora tanto los 27, como otros países como Australia o Estados Unidos preparan nuevas normas que consigan frenar las estrategias de ingeniería fiscal que estas multinacionales llevan años practicando.

 

Si nos centramos en el caso del Estado, veremos que las seven majors (como se conoce a las siete más importantes de Silicon Valley, en relación a su origen californiano como ocurre con los siete grande estudios de Hollywood): Apple, Google, Yahoo!, Facebook, Microsoft, eBay y Amazon, pagaron un total de 25 millones de euros en impuestos a la Administración durante los tres últimos años. Si tenemos en cuenta que sus filiales facturaron miles de millones de euros en el Estado -en su conjunto- en el mismo periodo, es obvio que algo falla. Todas ellas desviaron la mayor parte de sus ingresos a otros Estados de la Unión con menor carga fiscal (como ha hecho Apple España en Irlanda) como Luxemburgo o Suiza.

 

Fuente: El País



El tamaño del escándalo es tal (se ha sabido siempre, pero ahora con la crisis de la deuda, los Estados están más acuciados) que al esfuerzo de los diferentes países afectados -España quiere abrir una Oficina Nacional de Fiscalidad Internacional, bonito nombre- se suma el de la propia OCDE que quiere crear una legislación que sea apoyada de modo vinculante por todos sus estados miembros y que obligue a las grandes compañías a tributar en los países donde generan los ingresos.

 

 

Estrategias variadas


Sin embargo, la tarea se muestra titánica por el mero hecho de que cada una de estas firmas emplea una estrategia diferente para evadir el pago de impuestos en los países más exigentes y llevarlos a aquellos que emplean prácticas fiscales «más agresivas».

 

Como hemos dicho antes, la primera empresa mundial por capitalización bursátil y la tecnológica que más beneficios amasa trimestre tras trimestre es cliente preferencial de la Hacienda irlandesa. De hecho, la empresa de Cupertino ha creado toda una red de filiales diferenciadas en toda la UE que permite dividir sus operaciones en ventas a terceros y ventas en sus Apple Stores. La segunda, Apple Retail, compra los productos que comercializa en los demás países de la Unión a Apple Sales International -con sede en Éire-, de modo que cada una de las filiales en países con Impuestos de Sociedades más duros minimizan al máximo su margen de beneficios. De este modo, el tigre celta se queda con el 99% de los impuestos que abonan los de Tim Cook. El gravamen en la isla es del 12,5% frente al 32% del Estado.

 

Google es aún más obvia en su estrategia. A pesar de facturar -y ganar- cientos de millones de euros en publicidad en todos los países, los de Mountain View han creado una red de sucursales que acaban refacturando a Google Ireland. Esto hace que el margen de beneficio se reduzca a un máximo del 10% en cada país y el resto se derive a la isla. Durante los años 2009 y 2010, los de Larry Page tuvieron deferencia de declarar pérdidas en países como Francia o la propia España, con lo que la declaración les salió a devolver.

 

Microsoft Ibérica, por su parte, trabaja como comisionista de las ventas de Microsoft Ireland Operations Limited,  según la información que Jesús Sérvulo González ha conseguido para su excelente reportaje en El País. El año pasado, por ejemplo, los libros de contabilidad de la filial de los de Windows demuestran como el 80% de la facturación se desvió a la isla. Los 15 millones de euros de beneficios que declararon deberían haberse convertido en 6 millones de euros para la Hacienda Pública, sin embargo, al mostrar resultados consolidados con el grupo Microsoft International Holdings Spain, y éste declarar pérdidas, los de Steve Ballmer recibieron dinero de nuestros impuestos.

 

La red social Facebook, por su parte, dado que tiene como objeto social «la prestación de servicios de publicidad y marketing en internet» se permite trasladar casi todos sus beneficios obtenidos dentro del Estado a su matriz irlandesa de modo que sus 1,7 millones de euros en ingresos en España se tradujeron en menos de 40.000€ pagados en impuestos.

 

Lo mismo ocurre con Yahoo! Iberia -con la diferencia de que la empresa del buscador traslada sus ingresos a Suiza, que también tiene un impuesto de sociedades más blando; o a Amazon, que hasta que empezó a operar como Amazon España, operaba todas sus ventas en el extranjero -ahora su filial española se muestra como una subsidiaria de Amazon Sarl con sede en el paraíso fiscal de Luxemburgo-.

 

Aún así, todavía hay esperanza. Como reza el reportaje del diario madrileño, IBM, instalada en la capital desde 1941, pagó el año pasado un total de 41 millones de euros por sus beneficios. Más que las anteriores juntas en tres años. Esperamos que, por fin, la ley se pronto igual para todos -al menos en cuanto a impuestos-.