Digitalización, la nueva herramienta para el desarrollo comercial de la Industria 4.0

Si la semana pasada hablábamos de la importancia de nuevas soluciones de digitalización y virtualización para la entrada de la industria en su cuarta revolución gracias a sus ventajas como herramientas de capacitación, el ahorro de costes derivado de su modularidad o el incremento de la motivación de las plantillas, esta semana queremos centrarnos en nuevas soluciones comerciales que llegan también de la mano de la revolución digital.

Unas de las más potentes son, sin duda, los configuradores 3D de ofertas. Estas herramientas permiten a las empresas acudir a sus clientes con propuestas consolidadas y, lo mejor, permiten a este último ver sobre el terreno el resultado final de lo que están planeando contratar.

Como ejemplo práctico, si el cliente es una planta industria, verá cómo queda su nueva fábrica de forma «real», con todos los elementos que necesite y con animaciones y simulaciones de los procesos productivos que le permitirán prever y solventar posibles problemáticas antes de que la instalación definitiva se lleve a cabo.

Binary Soul, una de las start ups más centradas en el desarrollo de soluciones 4.0 para la industria ya ha desarrollado configuradores de este tipo para IPF Ingeniería y actualmente está desarrollando uno para GH Cranes & Components, líder del mercado en elevación de cargas.

El sistema desarrollado para IPF es una solución multiplataforma con un editor de modelos 3D con animaciones de configuraciones y un visor para los clientes. Así, el configurador genera las áreas de fabricación para gestionar la distribución final con los clientes gracias a un archivo 3D que permite el visionado en la pantalla del dispositivo o mediante realidad aumentada.

Se puede explorar la planta, ver una simulación del funcionamiento y proporcionar información relativa a todos los elementos de la configuración para enriquecer la manera de realizar ofertas en un sector en el que la instalación requiere obras complejas e inversiones elevadas.

Los dispositivos móviles también se antojan una herramienta crucial en el desarrollo de aplicaciones que aprovechan tecnologías inmersivas de realidad virtual o aumentada que permiten digitalizar un catálogo, compartirlo con los clientes y establecer una nueva vía de comunicación más sólida y ágil que una página web. En definitiva, perfectas para fidelizar a los clientes y potenciar los departamentos de marketing.

Iraupen, con su app Vívelo, o Larrialdiak, con una programa móvil que permite digitalizar los partes de asistencia de las ambulancias son ejemplos prácticos del impacto de la revolución digital en el sector industrial.

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GTS, solución integral de formación para industria 4.0

A puertas de la BIEMH más digitalizada en sus 30 ediciones, es momento de recapacitar sobre el papel de las herramientas de virtualización y capacitación pensadas para la industria. Soluciones que más allá de realizar una propuesta adaptada a cada cliente, permiten una configuración exclusiva y a medida en función de la realidad y las necesidades de cada caso.

GTS de Binary Soul es la máxima expresión de este concepto. Una plataforma de formación de operarios que además de facilitar el aprendizaje de los procesos productivos mediante una formación gamificada, permite que las personas puedan trabajar en entornos industrializados. Esto, teniendo en cuenta el profundo proceso de reconversión que está viviendo el sector, supone una enorme ventaja competitiva gracias al ahorro de tiempo, de costes y a la capacidad de prever posibles problemas en los procesos productivos.

Las virtudes de una solución así, no obstante, van más allá de ese ahorro de costes (al tratarse de una propuesta servitizada el cliente paga solo por lo que usa) y los beneficios son tanto tangibles como intangibles.

Entre los primeros destacan una formación sin riesgos puesto que aprender en un entorno virtual es mucho más seguro que hacerlo con maquinaria real -tanto para los operarios como para la propia maquinaria-. Asimismo, permite evitar parones en la producción derivados de tener que emplear parte de nuestro equipamiento en formaciones. GTS, incluso, posibilita la formación antes de la puesta en marcha de un proceso.

Entre los intangibles -más difíciles de cuantificar pero igual de importantes a la hora de conseguir un resultado final satisfactorio-, se encuentra la motivación. El componente de gamificación genera un aprendizaje más orgánico con una mejor experiencia de usuario y, además, requiere de menos esfuerzo para el aprendiz que un sistema convencional.

 

GTS facilita el acceso a toda la información generada por los empleados y permite evaluar su progresión con tests gamificados a medida.

 

Por otro lado, al tratarse de un sistema basado en la nube, su despliegue puede realizarse de forma instantánea en múltiples lugares con una puesta en marcha rápida y sencilla. En definitiva, es un proceso sin barreras: multilenguaje, multidispositivo, seguro y sin límites de almacenamiento.

Y este último punto es importante puesto que una de las principales fortalezas de GTS como herramienta es que se constituye como un pilar sobre el que construir procesos formativos completos en los que plasmar el know how de cada compañía de forma independiente y segura.

Gracias al diseño modular se pueden añadir características y funcionalidades personalizadas para crear un sistema de formación individualizado para cada empresa. Además, Binary Soul puede digitalizar los procesos (ya existentes o a implementar) y desarrollar las herramientas de formación necesarias -cursos, por ejemplo-.

Son ya tres los grupos industriales de referencia en su sector que, a modo de early adopters, están pilotando la plataforma en algunas de sus plantas. Se trata de Maier, CIE Automotive y Fagor Ederlan. Empresas que han confiado en esta ventaja competitiva y que ya están disfrutando de sus virtudes de primera mano.

Hannover Messe 2018, de la evolución a la revolución

La semana pasada, del 23 al 27 de abril, Hannover ha sido la capital mundial de la industria gracias a la última edición de la Hannover Messe, una feria nacida después de la II Guerra Mundial que ha permitido colocar a la ciudad de Baja Sajonia como referencia ineludible en sectores tan críticos como la fabricación avanzada, robótica, impresión 3D, digitalización del conocimiento, energías limpias o inteligencia artificial.

El evento, que tuvo como país invitado a México, demostró el enorme avance del sector año tras año y, sobre todo, plasmó lo aprendido por las empresas durante los últimos meses, lo que permite mostrar una evolución responsable y adaptar las novedades a las necesidades del sector. De esta forma, hubo espacios dedicados a la robótica colaborativa, al mantenimiento predictivo, a los gemelos digitales (fundamentales para perpetuar el know how y garantizar una formación adecuada para los operarios) o la inteligencia artificial.

Todos estos avances, resultado de la evolución del internet de las cosas y herramientas como el Big Data y el Blockchain que permiten multiplicar el valor añadido de los fabricantes y conseguir productos y soluciones no solo más personalizadas sino también más eficaces.

La sostenibilidad, otra de los pilares de la industria 4.0, fue también uno de los temas recurrentes. Es necesario la consecución de energías limpias fácilmente integrables en los procesos productivos así como el reciclaje de los excedentes energéticos de los procesos industriales (algo que nos recuerda iniciativas tan interesantes como el Proyecto Calor de Innobasque) no solo para minimizar la huella de carbono de la industria sino también para conseguir una mayor independencia y competitividad respecto a otras regiones.

En todo ello también tiene un papel fundamental la consecución de materiales más ligeros, resistentes, maleables y adaptables que adquieren mayor relevancia gracias a procesos como la fabricación aditiva y la impresión 3D. Una nueva generación de materias que unida a una cadena de suministros inteligentes y una logística 4.0 adaptada a esta nueva era multipliquen la competitividad del sector y lo hagan crecer dentro de sus economías.

No obstante, al margen de toda esta demostración técnica, la feria fue también un lugar para la reflexión y el debate. Para el análisis de las nuevas estructuras de mercados y para aprender de otros sectores que se han adaptado o, directamente, han generado la revolución digital de la industria. Especialmente interesante fue el estudio de las «economías de plataforma» en las que se estudió al detalle los modelos de éxito de empresas como Microsoft, Amazon, Google, Apple y Facebook y se vio qué se podía importar de su comportamiento.

De esta forma, la industria ha de sopesar la posibilidad de relacionarse con su consumidor final a través de internet con los beneficios y riesgos que esto conlleva: desde acercarse de una forma menos costosa a cualquier cliente potencial en cualquier rincón del planeta a entrar en una carrera de precios y servicios al tener a la competencia a un solo «click». Empresas como Siemens ya han comenzado a generar sus propias plataformas digitales, no obstante, parece un proceso que llegará de una forma diferente a otros sectores.

En definitiva, el evento se centró más que nunca en la unión de diferentes sectores para un desarrollo del sector integral. Desde la forma en la que la digitalización ha transformado la obtención de materias, su transporte, transformación y comercialización hasta la forma en la que los avances tecnológicos cambiarán las fábricas a otras más inteligentes y los productos y soluciones finales de los actores del sector cambiarán otros negocios (automoción, domótica, transporte, componentes, medicina, etc.).

Una etapa (la cuarta revolución industrial) que más que nunca se muestra como la suma de varias revoluciones parciales de otros sectores sociales y económicos y que puede convertirse en la más profunda reconversión hasta la fecha.

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ACICAE, 25 años siendo motor de Euskadi

Por todos es sabido la importancia capital que tiene el sector industrial en la economía vasca. Esto además de una seña de identidad, es lo que nos ha permitido superar crisis económicas y financieras mejor que otras regiones y, sobre todo, permanecer a la vanguardia europea en cuanto a tecnología, innovación y empleo de calidad.

Sin embargo, el sector secundario es uno de los más competitivos lo que exige estar en continua adaptación y constante cambio. Es por ello que, si hace tres décadas el motor de Euskadi era la industria pesada, ahora lo es en igual medida la industria automotriz y de componentes.

Del reto de la penúltima conversión industrial nació en 1993 ACICAE, un clúster que nació con el objetivo de dinamizar el sector vasco de la automoción facilitando la cooperación entre empresas vascas para poder dar una respuesta conjunta y completa a los complejos retos que propone este sector.

Considerado pionero en Europa, ACICAE ha colaborado a multiplicar por seis la facturación del sector (18.390 millones el año pasado) y a elevar hasta 85.000 los empleos relacionadas con empresas vascas del motor. Seis son sus objetivos prioritarios: mejorar la visión estratégica del sector; fomentar la cooperación interempresarial; facilitar la entrada en nuevos mercados-clientes; impulsar la formación y la adopción de nuevos modelos avanzados de gestión; aumentar el nivel de I+D+i de las empresas y la industria en su conjunto; y captar proyectos locales, estatales y europeos para consolidar a los actores vascos en el mercado.

ACICAE está formado hoy día por 300 empresas, 48 de ellas multinacionales con capital extranjero, que trabajan en 284 plantas repartidas por todo el planeta. Esto es el resultado de un crecimiento sostenido a lo largo de los últimos 25 años (el último interanual 2016-2017 en facturación se ha disparado hasta el 11,7% y en empleo un 7,4% hasta superar los 40.000 empleos solo en Euskadi sin tener en cuenta a Mercedes Vitoria) y de una estrategia de diversificación bien planificada de clientes productos y mercados que, según José Esmorís, presidente de ACICAE, «está haciendo que pueda aprovechar este momento de crecimiento económico general».

Pero, más allá de la autocomplacencia, Esmorís es consciente de que «este crecimiento debe ser consolidado por un incremento de captación de proyectos de externalización de nuestros clientes y por una entrada en nuevos proyectos y en la digitalización de nuestros procesos». Por eso, las expectativas de crecimiento en este 2018 son de un 7%.

Las cifras son más llamativas aún si tenemos en cuenta que el sector supone el 25% del PIB vasco y el 50% del negocio de la industria de componentes del Estado. El 60% de las ventas va a constructores de vehículos, el 38% a proveedores de primer nivel y solo el 2% a recambios.

En cuanto a innovación, las empresas invierten, de media, un 2,8% de su facturación en I+D+i, cifra que se dispara al 7% en el caso de multinacionales y grupos empresariales. De la mano, el gasto en formación para sus plantillas llega al 1,8%.

Síntoma del éxito de la plataforma es el continuo interés de empresas de todo tipo y tamaño interesadas en formar parte de ACICAE. Así, en 2017 se incorporaron una decena de empresas entre las que destacan Arania, con más de 70 años de experiencia y especializada en fleje de acero laminado en frío; Astar, especializada en suministrar materiales composites; Binary Soul, centrada en ofrecer servicios de formación y virtualización; Branka Composites, dedicada a las soluciones avanzadas de ingeniería y Fiber Profil, un referente en pultrusión (trabajo con materiales plásticos termorrígidos). Con estas incorporaciones, el clúster cuenta ya con 180 socios industriales y de servicios.

Con motivo del 25 aniversario, ACICAE ha preparado una exposición de vehículos fabricados en Euskadi a lo largo del siglo XX además de un encuentro con ejecutivos de alto nivel de la industria de la automoción relacionados con el País Vasco, según anunció Alejandro Olagüe, vicepresidente de la organización.

Medio ambiente, cosas que no sabíamos

Aunque todas las generaciones son diferentes entre sí, mucho se ha hablado últimamente -en positivo y en negativo- sobre los millennials. Ese grupo humano nacido entre 1980 y 1999 (aquellos cumplirían su mayoría de edad o que nacieron con el cambio de milenio) y que, antes de la vorágine tecnológica éramos (nací en 1982) conocidos comúnmente como Generación Y.

La primera que se crió sin y con internet. Sin y con smartphones. Sin y con una galopante crisis financiera y de sistema que ha puesto en jaque conceptos sociales (y económicos) que parecían consolidados -la clase media y el estado de bienestar, por ejemplo-. Sin y con un acceso casi ilimitado a información en cualquier lugar y momento. Sin y con una grave amenaza -empírica- para el medio ambiente. Y, sobre todo, sin y con un futuro complejo en materias tan críticas como empleo, política y responsabilidad social.

Y decimos sin y con porque a la ilusionante década de los ’90 le siguió la burbuja de los 2000 y el estallido de la misma en 2008. Esto nos ha convertido en un grupo humano heterogéneo -como cualquier otra generación- que se ha visto abocado a cambiar el concepto de propiedad privada por el de usufructo (algo que existía hasta mediados del siglo XX). Un grupo que ha cambiado por completo la forma en la que nos relacionamos, consumimos, trabajamos y disfrutamos de nuestro ocio respecto a nuestros hermanos mayores. Pero que, cuánto más se acerca la fecha de nacimiento a 1980, más encerrada se encuentra entre dos mundos.

En cualquier caso, una generación que, aunque nos definimos, por ejemplo, por nuestra defensa a ultranza del medio ambiente, estamos dejando una huella de carbono sin precedentes sobre el planeta a causa de esas nuevas formas de consumir y relacionarnos. Por eso, a continuación, os dejo una lista de cosas que seguro no sabíamos sobre contaminación y que deberían cambiar nuestra forma de actuar.

  1. La industria de las telecomunicaciones supondrá el 14% de las emisiones en 2040 (o antes). La cifra que ahora tiene la industria agroalimentaria. Porque los smartphones, esos que cambiamos de media cada año y medio, no emiten gases de forma directa, pero su proceso de construcción es tremendamente contaminante. Hasta el 85% de todo lo que contaminan. La solución es sencilla: tardemos un año más en cambiar de terminal. Porque la mayoría de los cambios se hacen por la influencia que tiene el marketing en nosotros, no por la cacareada obsolescencia programada -qué también existe-.
  2. La guerra de las pantallas grandes en los smartphones ha disparado las emisiones. Un iPhone 6S consume un 60% más de energía que un iPhone 4S. A día de hoy la carga de teléfonos, tabletas, relojes inteligentes, pulseras de monitorización, portátiles, etc. ya supone entre un 5 y un 7% de la factura total anual. Esta cifra se disparará en los próximos años con la llegada de la domótica y el internet de las cosas. Además, en el mundo ya hay 7.600 millones de SIM activadas para «solo» 7.400 millones de habitantes.
  3. Hasta el 85% de nuestros equipos se alimentan con electricidad «no limpia». Aunque hay datos que amparan que es posible perder la dependencia de las energías fósiles y que sabemos qué camino debemos seguir para llevar a cabo la «descarbonización«, lo cierto es que las energías renovables, por el momento, son insuficientes para que el planeta limpio e inteligente que nos vende Silicon Valley está muy lejos de ser real. La vida 2.0 contamina. Mucho.
  4. La nube no es precisamente blanca. Las smart things lo son gracias a la computación en la nube: fotos, mapas, música, series, vídeos, claves, programas, documentos… nada necesita ya una copia física porque servicios como iCloud, Google Drive, Amazon Drive y compañía hacen copias intangibles disponibles cuando se quiera. El complemento perfecto para no tener reparos en actualizar dispositivos y también para agilizar trabajos. La idea de economizar espacio (y papel) es excelente. El problema es que los servidores sobre los que se sustentan estos servicios son enormes monstruos que devoran cantidades enormes de electricidad. Y volvemos al punto 3. Es cierto que los principales actores están trabajando a marchas forzadas para obtener la energía de fuentes exclusivamente limpias pero la huella de carbono sigue siendo enorme.
  5. La persecución del diésel es injusta. Que uno o varios grupos empresariales mintieran no significa que una tecnología sea mala. Los motores diésel se potenciaron, entre otros motivos -uno de ellos minimizar la dependencia del petróleo de Europa- porque sus emisiones de CO2 son menores. Es cierto que emiten los temidos y peligrosos NOx pero también que existen tecnologías para paliarlos. Las sanciones deben ir a los fabricantes que, por cierto, no era solo uno ni solo la industria alemana -aunque es la que se lleva la palma-.
  6. El aplauso a la gasolina es un mito y la moda SUV un grave error. Demonizar el diésel y que todos nos vayamos a la gasolina ya hemos visto que es un error. Pero la moda SUV (modelos caros, con un mantenimiento más costoso, menos espacio, peor conducción, etc.) agrava aún más todo ello. Porque estos pesados y poco aerodinámicos modelos consumen más y eso hace que las emisiones de CO2 se disparen. Por cierto, 2017 es el primer año en más de una década en Europa en la que las emisiones de este gas que provoca el efecto invernadero han subido.
  7. Pero los eléctricos tampoco solucionan gran cosa. Y es que esto no va de ser de A, B o C. Esto va, de una vez por todas, de cambiar nuestras costumbres a la hora de movernos. El coche no debe ser la solución para todo. Ni siquiera en flotas de car sharing (se renuevan muy a menudo y las cifras son claras: mantener bien un modelo de 10 años contamina menos en la siguiente década que cambiarlo por un modelo más limpio porque, de nuevo, la huella de la fabricación es gigante). Hemos de volver a caminar -en la ciudad-, a usar la bicicleta -en entornos seguros-, el transporte público (que requiere que administraciones actualicen y ciudadanos usen) para distancias accesibles, y ajustar las emisiones de los medios de largo alcance (aviones y barcos). El problema no es el coche que conducimos el problema es que conducimos un coche (o una moto).
  8. La moda «democrática» ni es democrática ni es sostenible. Hace pocas semanas la ONU catalogó el fast fashion como emergencia ambiental. El consumo de agua para tintar una sola prenda es gigantesco (mayor que el de conseguir un kilo de carne). ¿Significa esto que debemos todos consumir en marcas «de lujo»? No. Significa solo que debemos consumir con cabeza. No necesitamos 10 pantalones y 30 camisetas en nuestro armario. Es suficiente con ser responsables y asegurarnos de que el origen de las prendas es el adecuado. Empresas como Inditex o Puma ya están trabajando en proyectos de fibras recicladas con impacto cero. Los primeros, de hecho, han lanzado una colección llamada Join Life que espera ocupar el 20% de todos sus productos antes de acabar la década.
  9. ¿Realmente necesitas comer carne en esas cantidades? Si la pesca está acabando con el mar, la ganadería extensiva está destrozando la capa de ozono. Los últimos estudios indican que la industria ganadera contamina ya más que el transporte. Existen formas mucho más sanas y sostenibles que comer una hamburguesa a diario. Todos los sabemos (o intuimos) la duda es, por qué no hacemos nada al respecto.
  10. La única solución es vivir «peor» o conseguir de forma inmediata energía limpia y consumir de forma responsable. Vivir de una forma más sencilla. Más parecida (en lo bueno) a generaciones anteriores. Seguir investigando para crear un mundo más conectado e inteligente con un coste energético menor hasta que seamos capaces de abandonar los combustibles fósiles. Tenemos más potencial que ninguna otra generación anterior gracias a esos «con» de los que hablábamos al principio. Tenemos acceso a más información. Tenemos acceso a más conocimientos y sabemos mejor que las generaciones anteriores qué pasa cuando hacemos algo mal. Tan solo necesitamos ser responsables. ¿Seremos capaces de serlo y de enseñar a las generaciones venideras para que también lo sean? La pelota está en nuestro tejado.