Smart TVs, cinco pequeñas grandes ideas

Son muchos los usuarios que se plantean si tendrán que cambiar de televisor para poder disfrutar de la revolución que la pequeña pantalla está viviendo. Una adaptación que está pensada para convertir este equipo en el centro de ocio doméstico (de nuevo) y perder la fuga de espectadores hacia las plataformas en streaming adaptadas a tabletas, portátiles y smartphones.

Conocedores de esto son muchos los fabricantes que quieren aprovechar la coyuntura (muchos usuarios se preguntan si realmente aprovecharán la parte smart de sus televisores) y han lanzado pequeñas soluciones que, por poco dinero, permitirán dar el salto al siglo XXI a nuestro equipo doméstico.

Os traemos las propuestas de cinco grandes de Silicon Valley. ¿Con cuál os quedáis?

  • Microsoft Wireless Display Adapter. Compatible con Miracast, la propuesta de Microsoft para volcar las aplicaciones y contenidos de nuestro PC, smartphone o tablet a la pantalla cuesta solo 60 dólares y es perfecta para todo aquel que quiera utilizar la televisión como una segunda pantalla. Se alimenta mediante un USB que los de Redmond incluyen en el propio dispositivo. Eso sí, debe estar cerca del HDMI pues es un equipo francamente compacto.

 

  • Intel Compute Stick. Una de las firmas más volcadas con el Internet de las Cosas propone que cualquier pantalla -cualquiera- con un puerto HDMI se convierta en un PC con Windows 8.1. En vez de diseñar un televisor con un procesador, la empresa de chips por excelencia propone un sistema externo con un Atom de cuatro núcleos, 2 GB de RAM y 32 GB de almacenamiento con un microUSB, un USB y ranura de expansión. Costará unos 120 euros pero es una de las mejores opciones de este año.

  • Chromecast y Chromebit. Los de Mountain View hace dos propuestas similares pero con un público objetivo bien diferente. Por un lado, Chromecast se presenta como un stick para televisores que busca -mediante alimentación externa- permitir el acceso al usuario a plataformas como YouTube, Google Play o Waki. Por 35 euros podremos enviar cualquier contenido del dispositivo (Android o no) a la pantalla. Chromebit, por el contrario, es una propuesta similar a la de Intel, un periférico que llevará nuestro universo Chrome -y por ende Google- a cualquier pantalla. Llegará las próximas semanas y no superará los 100€.

  • Fire TV Stick. Aunque los productos de la familia Fire no han cosechado demasiado éxito en nuestro mercado, cualquier dispositivo barato (40 dólares) que nos permita acceder a todo el catálogo Amazon nos parece una posibilidad a tener en cuenta. Más potente que Chromecast en su hardware (soporta juegos) es perfecto para aquellos que primen sobre todo la seguridad. Lo malo, habrá que traerlo de importación desde el país del Tío Sam, solo se vende allí.

  • MeeGoPad T01. Si dudas de si la mejor opción para tu televisor es Windows o Android, MeeGo propone un gemelo del Compute Stick de Intel (comparte procesador y RAM y solo se diferencia de él en la capacidad de almacenamiento ya que lo podremos comprar también con 16 GB) con una licencia Windows 8 -que habrá que completar- y pleno acceso a la plataforma de Google. Se puede conseguir por 90€ y lo hay en blanco.

TAG Heuer-Google-Intel, objetivo Apple Watch

La necesidad hace curiosos compañeros de viaje. Así, es habitual ver alianzas empresariales de lo más llamativo cuando se trata de hacer frente a un rival supuestamente más fuerte. Como dijimos la semana pasada, la llegada del Apple Watch al mercado ha revolucionado por completo el negocio de los relojes inteligentes… y tradicionales.

Google ve en el dispositivo de Apple una amenaza para su Android Wear y una oportunidad para que el gran público se anime a llevar un ordenador en la muñeca. Las grandes empresas relojeras suizas temen la segunda edad de hielo que vaticinó el presidente de Swatch. Los fabricantes de smartwatches esperan poder seguir el rebufo de la enorme publicidad que ha generado el equipo de la manzana. Y las empresas como Polar, Garmin, Suunto y compañía renuevan a toda prisa sus catálogos para demostrar que los suyos sí que son mucho más que relojes.

Por todo ello, la edición de este año del Baselworld, la feria de relojería más importante del mundo, ha vivido un ambiente de gran expectación y tensión. Por un lado, los puristas han defendido que quien se compra un reloj suizo automático quiere un producto que se perpetúe en el tiempo y que tenga un sentido de alta joyería que un smartwatch nunca podrá tener (por muy caro que sea la versión Edition del Apple Watch, éste caerá en la obsolescencia como todos los demás productos tecnológicos).

Por otro lado, son muchos los analistas que han concluido que los grandes fabricantes tendrán que implementar nuevas prestaciones si quieren sobrevivir. Del mismo modo que quien se compra un automóvil premium espera que aporte más cosas que llevarnos del punto A al punto B, quien se gaste varios miles de euros en un reloj tendrá que disfrutar de más ventajas que materiales de calidad y un diseño atemporal.

Y en medio de todo este debate, el fabricante suizo propiedad del LVMH, TAG Heuer ha anunciado su alianza con Google e Intel para lanzar un nuevo reloj inteligente. Un producto que, según la firma de lujo, «será tan lujoso» como el resto del catálogo de la casa y que «se conectará sin interrupciones a la vida de su portador». La primera vez que un constructor tradicional se decide plantar cara a las grandes tecnológicas y toda una declaración de intenciones de Google de seguir los pasos y plantar batalla a Apple en el segmento de los wearables de lujo.

Intel, por su parte, espera dar un golpe de efecto a la competencia que le sirva para compensar la desventaja en la que está en el negocio de dispositivos móviles. Según Jean-Claude Biver, director de la división de relojes de LVMH, la unión entre TAG Heuer (155 años de antigüedad) y Google (17) es  un «matrimonio de la innovación tecnológica y la credibilidad de la alta relojería suiza».

Si tiramos de hemeroteca resulta curioso este discurso en Biver. Fue uno de los principales artífices de la supervivencia de la industria relojera suiza en los 70 y 80 del siglo pasado cuando los relojes de cuarzo asiáticos desembarcaron en el mercado. Sus argumentos en aquella ocasión fueron que la artesanía y la calidad de un movimiento automático hecho a mano nunca se verían superados por un movimiento digital.

Ahora, empero, subraya que «la calidad de los relojes suizos unida a la creatividad tecnológica y la presencia global de Intel y Google nos permite vislumbrar el comienzo de una revolución en nuestro sector». Estamos ansiosos por ver el resultado de sumar el sistema operativo Android, un SoC de Intel y todo el saber hacer de TAG Heuer. Seguro que el resultado es tan espectacular como prohibitivo. Solo nos queda esperar que el resultado tenga más éxito que el defenestrado smartphone Meridiist que la empresa lanzó hace poco más de un año.

HP ZBook G2, potencia bruta

Sin duda, durante los años en la que la venta de ordenadores cayó sostenidamente frente a la crisis (su tasa de renovación es mucho más lenta que la de un dispositivo móvil) y al empuje de la moda tablet -mucho más racional para el usuario medio-, el negocio con empresas fue el único reducto donde los grandes fabricantes de ordenadores podían encontrar beneficios.

La debilidad de Apple en este sector (su nicho son diseñadores, músicos, fotografía y algo de cine) y la poca implantación del software libre hasta hace poco tiempo hizo que Microsoft fuera el dominador absoluto de este universo y que muchas compañías se volcaran en la presentación de estaciones de trabajo móviles o no que dotaban al usuario de todo tipo de herramientas para el desempeño profesional.

Hewlett Packard, una de nuestras empresas de referencia, nos ha prestado durante unos días uno de sus ZBook 17 G2, una de las referencias del sector por su potencia, portabilidad -aunque tenga una diagonal de 17 pulgadas es mucho más ligero de lo que parece y excepcional relación calidad-precio.

Especificaciones

La carta de presentación de nuestro equipo es excelente: su procesador Intel i7-4940MX a 3,1 GHz y tecnología Intel Turbo Boost hasta 4 GHz de cuatro núcleos trabaja con una GPU HD Intel 4600 y 16 GB de memoria SDRAM DDR3 y 1600 MHz que hace que el equipo sea increíblemente rápido. Para los que les parezca poco, las ranuras de expansión permiten crear un misil con hasta 32 GB de RAM. Destaca también el subsistema gráfico Nvidia Quadro K5100M con 4 GB DDR5 dedicados.

Respecto al disco duro, de serie incorpora una unidad turbo HP Z de 256 GB SSD también ampliable (se puede configurar de fábrica hasta 1 TB) mientras que su pantalla LED tiene resolución Full HD con tecnología antirreflejos WVA.

Trabajar con contenidos multimedia en ella (una de las funciones básicas de estos equipos) es una delicia por su nitidez. Los colores se disciernen fácilmente, los negros son profundos y los blancos brillantes. El contraste, sin estar a la altura de los monitores independientes más profesionales, no defrauda y la dupla del panel con la tecnología DTS Studio Sound HD hace que todo fluya con una calidad sobresaliente. La dupla con el reproductor BluRay de su unidad óptica es, sin duda, sobresaliente.

Respecto a la conectividad, el sistema integrado WiFi Dual Band Wireless AC y el Bluetooth 4.0 aseguran rendimiento en el trabajo en red y con otros equipos (que son fácilmente conectables); 3 USB 3.0 (1 de carga), 1 USB 2.0, 1 Thunderbolt 2, 1 Display Port 1.2, 1 entrada de micrófono-salida de auriculares, 1 conector para batería auxiliar, 1 conector de acoplamiento, 1 puerto para VGA, 3 ranuras de expansión (tarjetas inteligentes, Express Card y SD) garantizan que esta workstation será el perfecto centro de gestión para cualquier tipo de equipos.

Software integrado

El equipo viene con Windows 7 Professional preinstalado y la licencia para dar el salto a Windows 8.1 Pro permitiendo sólo el uso de una versión a la vez. El cambio de versión requiere desinstalar 7 para reinstalar 8.1 (lo mismo en caso de que queramos realizar un downgrade).

Como es habitual en los equipos de HP vienen con una gran variedad de programas para trabajar: HP Performance Advisor, HP Remote Graphics HD, HP Client Security, Microsoft Security Essentials, Microsoft Defender, CyberLink Power DVD BD, HP ePrint Driver, HP PageLift, etc. en definitiva, un conjunto de herramientas optimizadas para el entramado multinúcleo y multisistemas del ZBook.

Rendimiento y público objetivo

Teniendo en cuenta sus especificaciones y su precio (ahora se puede comprar en la web de HP por 2.237,29€) está claro que este ZBook no es un equipo para todos los públicos. Los dos hermanos pequeños de la familia (el ZBook 14 y el 15) no sólo tienen un rendimiento más humilde sino también un precio mucho más competitivo. Son ultrabooks con una enorme carga tecnológica pensados para hacer frente (y superar) a los Dell Precision y demostrar que el mundo multimedia no es sólo cosa de la manzana.

Sin embargo, esta bestia tiene sólo sentido en manos de profesionales que tienen muy claro que necesitan una buena dosis de potencia para su día a día y quieren que su herramienta principal se pueda desplazar con ellos a cualquier lugar.

Es un equipo con unos acabados sorprendentes y sólidos. Todo en él, desde el teclado hasta las conexiones de expansión de autonomía y capacidad, están pensados para durar. Para ir mejorando las prestaciones según los programas y la demanda de trabajo y potencia aumenten. Una inversión pensada para durar a la que se le queda corto Windows 7 Pro y que, a buen seguro, dará todo su rendimiento con el nuevo Windows 10 (mucho más ligero y capaz).

Cualquiera que se dé una vuelta por las webs de análisis de equipos más prestigiosas de internet como TechradarPCPro o Notebook Check se encontrará notas mucho más que positivas. Es un dispositivo pensado para renderizar, para trabajar con sistemas multimedia y para sacar lo mejor de su rendimiento. En un entramado de varios monitores y con las herramientas de edición adecuadas haría palidecer a casi todos los equipos de sobremesa del mercado.

Sólo podremos bajar parte de su rendimiento si abandonamos Windows para instalar Linux pues buena parte del hardaware dejará de dar lo mejor de sí. Por cierto, el procesador de la familia Hasswell, uno de los más potentes que hemos probado hasta la fecha confirma -como nota al pie- todo lo que nos hemos perdido cuando Intel decidió que el negocio móvil era residual para ellos. Es rápido, demanda poca energía y parece no tener límites. Una delicia.

A10X, ¿el primer chip de Apple para sus Mac?

Si hay algo que ha caracterizado a Apple tanto en la era de Steve Jobs como en la de Tim Cook es su objetivo de no depender nunca de terceros en la construcción de sus equipos (y, por lo tanto, en el abastecimiento de componentes). Así, la buena experiencia que han tenido con la construcción de procesadores propios para equipos cada vez más diversificados (del iPod Nano al Apple Watch pasando por Apple TV, smartphones y tabletas) ha hecho que los rumores sobre un posible chip propio para los Mac cobre fuerza.

Controlar todos los procesos de preproducción, presentación, lanzamiento y mejoras es fundamental para una empresa de estas características (que desarrolla solidariamente su software y su hardware) por lo que el último informe de la consultora KGI que asegura que estos componentes verán la luz en un plazo máximo de dos años cobra cada vez más sentido.

El primero de estos modelos sería el chip A10X lanzado en 2016 en el MacBook Air de 12 pulgadas. Un modelo de acceso que tendría suficiente con un procesador a medio camino entre un Intel Atom y un i3 como el que ya entregan las últimas versiones de iPhone y de iPad y que gracias a una versión aún más ligera de OS X y a las mejoras que se implementarán en los A9 y A9X daría las prestaciones a las que nos tiene acostumbrada Apple.

El procesador, fabricado integramente por Samsung (su colaboración nos ha dejado dispositivos de referencia y los coreanos tienen capacidad más que de sobra para surtir una demanda millonaria) se construirían con tecnología de 10 Nm (los novedosos Broadwell de Intel cuentan con tecnología de 14 Nm) sería el banco de pruebas para, más adelante, comenzar a implementar componentes más potentes para los modelos medios y de gama alta del catálogo.

Si nos fijamos en la nomenclatura que emplea KGI, el A10X debería emplear arquitectura ARM, radicalmente opuesta a la x86-64 que emplea actualmente Intel en sus chips para ordenadores y que condicionar la diferente oferta de aplicaciones existente para iOS y OS X.

Para los MacBook más potentes, iMac y Mac Pro (palabras mayores por su rendimiento y capacidad), los de Cupertino contarían con hasta tres proveedores de sus chips. Por un lado, el ya mentado Samsung y, por otro, la propia Intel y Global Foundry lo que garantizaría, de nuevo, el suministro para las ventas (crecientes) de estos equipos y permitiría aprovecharse de la experiencia con ambos para crear equipos a medida de las nuevas versiones de los sistemas operativos.

Por último, si nos fijamos en la tabla de lanzamientos de los nuevos modelos, podemos ver que en 2016 llegará el procesador S2 o, lo que es lo mismo, la nueva versión del Apple Watch. Con la consecución de un desarrollo integral del hardware y el software Apple parece ganar una nueva batalla al conseguir ser un poco más independiente de los proveedores. Veremos en qué queda todo esto.

Intel, el reto del internet de las cosas

El reto que se ha puesto Intel es titánico. En 2020 se estima que habrá cerca de 50.000 millones de dispositivos conectados a internet. Una cantidad gigantesca de equipos que se comunicarán a través del «Internet de las cosas» (IoT). la mayor cifra potencial de dispositivos hasta la fecha que necesitarán todo tipo de componentes para hacernos la vida más fácil: desde domótica hasta wearables. Intel quiere llegar a todos ellos y desarrollar una plataforma inteligente que les dé una autonomía casi a voluntad de las necesidades de cada usuario.

Después de que Intel dominara durante lustros el mercado de chips informáticos -gracias a la alianza Wintel-, los californianos parecieron perder el ritmo cuando dejaron de hacer caso a la era móvil. Empresas como ARM y Qualcomm no sólo le llevaron la delantera en este mercado, sino que gracias al enorme crecimiento de este mercado (y al declive del mercado clásico) acabaron poniéndose al nivel o desplazando a una empresa de referencia.

Precisamente por eso, después de ser incapaz de proporcionar una respuesta alternativa a la oferta de sus principales rivales, han entendido que para hacerse con el negocio de los wearables y el Internet of Things necesitarán algo más que chips y sensores. Por eso han puesto los cimientos a la plataforma IoT, resultado de mucho trabajo y de un sinfín de alianzas con otras empresas tecnológicas de todos los ámbitos que pueden incorporar tecnología Intel en todos sus productos.

Un hardware más eficiente, sistemas para cuantificar la información (los valiosos Big Data) y de seguridad así como una nube más capaz son los pilares a partir de los que conseguir equipos más útiles en campos tan dispares como la sanidad o la industria 4.0.

Todo ello unido a socios estratégicos -capaces de ser tractores del lanzmiento y expansión de determinadas tecnologías, como Samsung, Sony o Apple-  harán que los productos de la empresa estén en nuestro día a día en los rincones más inesperados. Uno de los ejemplos más llamativos fue adelantar a la competencia para entrar en las famosas Google Glass.

De momento ya hay proyectos de envergadura como el de un aparcamiento inteligente con Siemens, mejoras en los puntos de venta con NCR, nuevos retos energéticos con consultoras como Accenture y nuevas formas de hacer que nuestro hogar sea smart con Dell o SAP.

Y para solventar su futuro están reorganizando su presente. Las divisiones de chips para dispositivos móviles así como la de ordenadores se han unificado para aprovechar sinergias -y la reputación de la segunda-. El reto es mayor que nunca pero, si aprovechan su potencial y sus alianzas, no nos cabe duda de que las siglas IoT Platform las oiremos mucho en los próximos años.