Binary Soul, sus apuestas para 2018

El año pasado ha sido, probablemente, uno de los más tecnológicos de la década. Es cierto que no ha habido grandes disrupciones en la electrónica de consumo en forma de producto que cambie nuestras «vidas», pero la tendencia de digitalización de todos los rincones de nuestra sociedad es imparable y cada vez más rápida.

De la mano de nuestros asesores tecnológicos de Binary Soul analizamos cuáles son las tendencias tecnológicas más relevantes para este 2018 que promete seguir cambiándolo todo bajo los parámetros de la eficiencia, la sostenibilidad y el desarrollo económico y tecnológico responsable.

El ejemplo más claro de todo esto es la irrupción de un nuevo modelo de consumo (servicio frente a propiedad) que comenzó en negocios como el musical, siguió con el transporte -plataformas de carsharing ahora desarrolladas por los propios fabricantes- e incluso soluciones industriales (como el GTS que permite diseñar soluciones personalizadas de procesos productivos).

De esta forma, la conversión e implantación de soluciones 4.0 en sectores industriales (estratégicos para mantener y desarrollar economías y sociedades pujantes) requerirán también de nuevas formas de capacitación -los dispositivos móviles, la realidad aumentada y la gamificación a través de software específicos son los tres pilares de esta necesidad- tan importantes como el desarrollo de maquinaria de última generación: los robots colaborativos.

Estos son un paso más en dentro de una revolución que ya comenzó hace unos años a través de la creación de nuevos procesos de fabricación (como la fabricación aditiva, por ejemplo) y nuevos materiales. Sin embargo, 2018 también será el año de la consolidación de la «revolución digital» en otros sectores como el terciario (sobre todo en lo que se refiere al comercio y la hosteleria) gracias al empleo de nuevas herramientas como el Big Data y nuevas experiencias como la realidad virtual para desarrollar nuevas experiencias entre los consumidores. Factores diferenciales que consolidarán a los más vanguardistas.

El empleo del Big Data y el desarrollo de la Inteligencia Artificial llegarán a las aplicaciones para hacerlas más útiles y capaces. Además, en línea con proyectos que la empresa bilbaína ya ha comenzado a consolidar -se pudo ver en su exposición en el AIC Next a finales del año pasado-, los gemelos digitales serán protagonistas durante los próximos 12 meses: clonar un servicio ha dado paso a clonar conocimiento. Ser capaces de transferir el know how de los trabajadores más especializados supondrá un factor diferencial a la hora de perpetuar la competitividad de las empresas y centros educativos.

Y es que estos últimos, una de las apuestas más importantes de la tecnológica desde su nacimiento, serán cruciales para la implantación de todas estas novedades: desde usar soluciones digitales como aplicaciones para facilitar la formación, hasta la implementación de campos de estudios como la robótica, el lenguaje de programación, el desarrollo de software o el análisis de datos.

En resumen, un año de aplicaciones más capaces, industria 4.0, inteligencia artificial y nuevas formas de relacionarnos con la realidad que nos rodea. Un año de consolidación de los proyectos de 2017 y, sobre todo, un periodo clave en el que tanto la sociedad como la economía

Trabajo 4.0, ¿qué profesiones vienen?

Hace pocos días cayó en mis manos un sobresaliente reportaje de Sergio parra para Muy Interesante (una de mis revistas de cabecera) en la que analizaba en profundidad el cambio inminente en el mercado laboral. Oficios que hoy día son indispensables desaparecerán (un 47% en las próximas dos décadas), los restantes cambiarán radicalmente. Todo un reto social -tanto como lo fue la revolución industrial en sus dos versiones.

Aún así, no ha de cundir el pánico porque, como ocurrió con anterioridad, también se consolidarán y aparecerán nuevos empleos. Profesiones adaptadas a las nuevas demandas sociales que tendrán un denominador común: la formación continua como soporte a la digitalización.

Para dar un ejemplo «palpable» de este cambio que ya ha empezado toma cifras del mercado estadounidense: la suma de los beneficios de todos los comercios, cadenas de restaurantes y supermercados de la lista Fortune 500, dice Parra, es menor a los beneficios de Apple. El truco está que mientras que los padres del iPhone solo tienen a 76.000 personas en plantilla, las demás empresas reúnen una fuerza de trabajo de 5,6 millones de empleados.

Parra realiza un sobresaliente análisis de cómo serán nuestros entornos sociales y laborales para afirmar que los diez trabajos más demandados serán estos:

  1. Creador de realidad virtual y aumentada. En menos de una década, en 2025, millones de personas pasarán horas todos los días trabajando, aprendiendo y jugando en entornos de realidad virtual cada vez más inmersivos. Serán necesarios miles de personas que creen esa realidad alternativa y gestionen sus contenidos.
  2. Prosumidor. El híbrido entre productor y consumidor gracias a que el desarrollo tecnológico permite un coste marginal cero (da igual crear una o un millón de unidades de un producto digital o un servicio). Esto, unido a las redes sociales ya  las plataformas digitales hará que aquellos más hábiles y que mejor detecten necesidades se impongan sin necesidad de una gran estructura empresarial tras de sí.
  3. Humanista digital. Aunque solo un 10% de los estudiantes se centran en las Artes y las Humanidades, si estos se forman en tecnología tendrán una nueva oportunidad de alcanzar el éxito profesional. La transversalidad de la educación cristalizará en profesionales que ayuden al desarrollo de una inteligencia artificial completa así como al desarrollo de proyectos de comunicación hombre-máquina.
  4. Periodista 3.0. Aunque la llegada de las TIC hizo que el periodismo pasara por una mala época (al menos los periodistas que ya sufríamos de superpoblación y de una ingerencia sin límites) y aunque se sepa que en 2030 el 90% de los contenidos se crearán de forma autónoma mediante algoritmos, también hay estudios que indican que serán necesarios coordinadores de contenidos. Sobre todo en niveles más cotidianos (locales y regionales) que permitan dar orden y sentido al enorme flujo de información creado por blogueros, corresponsales, etc.
  5. Tecnojurista. Un mundo digitalizado, robotizado y con máquinas autónomas necesita de nuevas leyes y abogados y jueces que las interpreten. Las relaciones sociales han cambiado pero también lo harán la forma en la que nos relacionamos con las máquinas. Además, los derechos digitales adquirirán aún más relevancia.
  6. Científico de datos. IBM afirma que cada día en la Tierra se generan 2,5 trillones de bytes. Eso significa que los datos son la materia prima más abundante en el planeta. Bucear en esa información y conseguir que nos diga algo coherente y valioso se antoja una tarea titánica que requerirá de altos conocimientos de interpretación y de gestión de los mismos. Una profesión indispensable.
  7. Asistente sanitario de la tercera edad. Relacionado o no con la tecnología, la industrialización o la riqueza, el envejecimiento de la población viene de la mano de ésta (probablemente las mejoras científicas y técnicas derivadas de las anteriores sí que tengan algo que ver). Eso deja claro que cuidar a la tercera edad es una salida profesional que será muy demandada.
  8. Impresor 3D. Si alguien pensaba que la revolución digital iba a dejar en el paro al papel y a los impresores estaba equivocado (sobre todo en lo que se refiere a los segundos). La diferencia es que el desarrollo exponencial de nuevos materiales y técnicas ha hecho que las rotativas se hayan cambiado por impresoras de órganos experimentales, de casas, de coches, de calzado o de casi cualquier cosa que se pueda producir. Y eso que estamos solo al comienzo de esta tecnología.
  9. Planificador de identidad digital. La globalización y la digitalización traen consigo, sin duda, una mayor exposición de las personas (físicas y jurídicas) a través de esa enorme ventana que es internet. Diseñar un perfil adecuado que transmita lo que queremos que vean los demás y, sobre todo, una imagen real de nosotros mismos es una tarea que requerirá de verdaderos profesionales y estrategas cualificados.
  10. Ingeniero en robótica. La premisa es tan rotunda como «sencilla»: si un robot va a quitarte el puesto de trabajo, adelántate y sé tú quien construya ese robot. Especializarse en el diseño de robots (y en menor medida en su software) se antoja una profesión que tiene garantizada su vida durante las próximas décadas. Luego veremos que ocurre con la inteligencia artificial.

Inteligencia artificial, llega su botón del pánico

Alphabet, matriz de Google, es con toda seguridad la multinacional con más ganas de cambiar el mundo por completo. De darle un impulso que lo lance hacia el futuro por medio de las nuevas tecnologías y todas sus posibilidades. No obstante, pocas empresas son tan conscientes del riesgo que trae consigo el avance tecnológico gracias a su larga experiencia con el formato prueba-error.

Es por ello que somos muchos los que hemos sentido alivio cuando Deep Mind, su filial/start up dedicada a la inteligencia artificial y el Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford anunciaron que habían desarrollado un gran «botón rojo» de emergencia para evitar que las máquinas realicen una «secuencia de acciones dañinas» para el entorno, el operador humano o ellas mismas y poder «ser guiadas a un entorno seguro».

Son muchas las voces (entre ellas algunas tan respetadas como la de Stephen Hawking) que han pedido en repetidas ocasiones un sistema de supervisión en el desarrollo de inteligencia artificial. El motivo es sencillo: es inevitable que en algún momento las máquinas superen en inteligencia a los humanos. En ese escenario es improbable que las máquinas se comporten de manera óptima de continuo para con su entorno. Es por ello que es necesario garantizar que el operador humano pueda interrumpir de forma segura e incluso repetida determinados tipos de inteligencia artificial.

De hecho, ante el incremento de capacidades de las máquinas, los investigadores dicen haberse asegurado de que las máquinas puedan aprender a prevenir, impedir o provocar estas interrupciones. Una forma que también se puede entender como un sistema de aprendizaje en el que se podría interrumpir la actividad de un robot cuando deba enfrentarse a una tarea para la que no estaba desarrollado inicialmente.

Sin embargo, son muchos los desarrolladores que dudan de si todos los algoritmos de la inteligencia artificial pueden ser interrumpidos. Es aquí donde juega un papel importante el aprendizaje reforzado, un tipo especial de IA que se basa en el autoajuste de la misma para tener un comportamiento ideal en todo escenario de forma autónoma: básicamente optimiza una función matemática para mejorar su rendimiento o comportamiento sin entender los conceptos sobre los que trabaja: solo entiende las fórmulas, no el objetivo de su trabajo.

Frente a esto existe una corriente que apuesta por un sistema de inteligencia artificial que implemente en los robots el significado de sus tareas para, de esta forma, evitar que por un concepto absolutamente mecanizado se pudiera infringir daño al entorno, los humanos u otras máquinas.

En cualquier caso, la creación de una superinteligencia que no solo superara a la de sus desarrolladores sino que fuera capaz de tomar conciencia de sí misma y fuera capaz de trazar estrategias de funcionamiento anticipándose a la de sus creadores es uno de los grandes peligros que ve parte de la comunidad científica en la apuesta por la inteligencia artificial. Aunque las cifras que se barajan pueden parecer lejanas, expertos como Nick Bostrom, del ya citado instituto de Oxford cree que entre 2075 y 2090 ya habrá inteligencias artificiales tan potentes como la humana.

Web Summit, ¿hacia dónde va el mundo de la tecnología?

Web Summit, es, sin duda, el evento tecnológico del año a este lado del Atlántico. Creado en Irlanda por Paddy Cosgrave, este año ha sido el primero en celebrarse fuera de sus fronteras y la experiencia en Lisboa ha sido todo un éxito. Durante las cuatro jornadas (del 7 al 10 de noviembre), 663 oradores -políticos, periodistas especializados, CEOs y 200 start ups- congregaron a 53.000 personas -más del doble de otras ediciones- para dejarnos pistas del futuro del sector a corto y medio plazo.

De todas ellas nosotros nos quedamos con estas cinco que parecen dispuestas a cambiar el mundo: cómo nos interrelacionamos, cómo trabajamos y hacia dónde va nuestra estructura social.

La más importante es la conectividad. El motivo es sencillo: sin ella no hay desarrollo. Según Mike Schroepfer, jefe de tecnología de Facebook, es nuestra «electricidad» y el pilar del desarrollo social junto con la inteligencia artificial y la realidad virtual. Las cifras parecen darle la razón. En 1996 solo el 1% de la sociedad estaba ligada -que no conectada- a internet. En 2006 la cifra creció (y la población absoluta también) hasta el 17,6% de la humanidad. Ahora, el 46% de los 7.400 millones de habitantes nos conectamos asiduamente a la red.

El objetivo de su empresa y de Google es alcanzar el 100% lo antes posible. La única solución posible es con sistemas sostenibles y baratos como son el dron Aquila (con la envergadura de un Boeing, 42 metros de ala a ala, pero solo 500 kilos de peso y el consumo de un microondas) o los globos que propone Google. Las pruebas este verano con un modelo a escala 1:5 de Aquila han sido satisfactorios para Facebook ya que sus sistemas láser para enviar señal funcionan correctamente.

La segunda clave es la inteligencia artificial. La idea es que una vez conectados los dispositivos estos han de ser más inteligentes. Gran parte de las start ups presentes en el evento buscaban capital para este propósito: detectar el cansancio de los trabajadores, incrementar la seguridad en el transporte y el hogar o gestionar más eficientemente los recursos. Conseguir que los robots hagan muchos de nuestros trabajos con un alto nivel de empatía y ser capaces de entender nuestro lenguaje no verbal y nuestro idioma.

Una vez más, tanto Facebook como Google están implicados en su desarrollo. Desde sistemas de traducción simultánea hasta entendimiento de órdenes de voz (que en el caso del segundo han pasado del 70 al 90% en solo seis años). No solo importan los datos, también la inteligencia emocional. Ese es el gran reto para que las máquinas sean mucho más útiles en todos los campos.

Y aquí será fundamental la comunicación no escrita. Los asistentes como Siri o Google Now ganan peso en las búsquedas día tras día. Además, cada vez se abren hueco más rápidamente las búsquedas por imagen. La empresa de Mountain View espera que en 2020 la mitad de las búsquedas en Android se hagan de estas dos formas. En el propio Summit se hablo del salto de la generación Millennial a la Z: de distribuir contenido a generarlo. De usar dos pantallas a usar cinco. Del texto al vídeo y la voz.

Ese salto también se traducirá en un cambio de la era de la acumulación a la era de los servicios. Los primeros afectados serán los bancos a los que las Fintech se les quedarán cortas. Propuestas como Square permite a los comercios tener formas de pago sin comisiones para ellos; TransferWise permite prestarse divisas en tiempo real; crecen las opciones de crowdfunding y crowdlending así como monedas virtuales que han demostrado ser más resistentes que la libra en el Brexit o el dólar con el efecto Trump.

Pero el bancario no será la única estructura decimonónica que se verá afectada: la automoción vive sus propios problemas. Si la generación Millennial ya no corre a sacarse el carnet (en una mezcla de movilidad reducida, imposibilidad de acceder a créditos, dificultad para mantener el coche y una mayor responsabilidad medioambiental), la Z ha aprendido a compartir servicios de terceros como Uber. Google, Tesla, Ford, General Motors y compañía se preparan para crear flotas de coches autónomos y eléctricos bajo demanda para que los ciudadanos vuelvan a tomar las calles (no esa franja lateral anexa a los edificios para no molestar a los coches).

A esto se suman los continuos problemas de la industria tradicional para ganarse la confianza de los consumidores con casos como el dieselgate o el nuevo escándalo de las emisiones de Audi y el enorme interés de las grandes tecnológicas -las nuevas empresas de referencia para esta generación- que están echando el resto para entrar dentro de los coches. El último ejemplo, la compra de Harman por parte de Samsung. Como anexo, la venta de bicicletas, asistidas o no, sigue disparada en todo Occidente.

Por si os quedáis con las ganas de asistir a la próxima edición, se espera que acudan unas 70.000 personas y, de momento, todas las entradas que han salido a la venta por 300 euros ya se han vendido. Sin embargo, prometen más cantidad (y más baratas) así como otra cobertura excepcional vía web.

Inteligencia Artificial, Google ya piensa en el botón rojo

Sin duda, la Inteligencia Artificial es una de las áreas con más posibilidades de desarrollo durante los próximos lustros. Y como todo avance científico y técnico trae aparejado un profundo debate ético (aunque alguna mente maestra de nuestro sistema educativo quiera eliminar la filosofía como asignatura troncal en todos los bachilleratos). Precisamente por eso, personalidades como Stephen Hawking, Elon Musk, Bill Gates o Mark Zuckerberg se han posicionado a favor y en contra de su libre desarrollo.

Son muchos los que a día de hoy buscan implementar sistemas de inteligencia artificial y machine learning pero pocos tienen unas bases tan sólidas y un proyecto tan avanzado como DeepMind, adquirido por Google en 2014 por 580 millones de dólares y en el que a día de hoy trabajan científicos de Harvard y Oxford.

Sin embargo, la presión social y de esas esferas científicas ha hecho que los expertos no solo trabajen en su desarrollo sino también en un sistema que nos permita desactivarla en caso de un riesgo potencial para nuestra supervivencia.

Puesto en marcha por el Instituto para el Futuro de la Humanidad de la prestigiosa universidad británica e investigadores de Google -se puede seguir todo el razonamiento del sistema en el documento Safely Interruptible Agents– buscan poner una serie de normas y funciones que eviten que DeepMind pueda tomar el control de sí misma de forma autónoma: dejar de ser controlable por sus creadores.

De esta forma, se puede activar un protocolo ajeno al propio DeepMind para que los humanos puedan volver a retomar el control. Aunque pueda sonar a película de ciencia ficción, el propio Instituto lo define como una suerte de «póliza de seguros» que «garantiza un óptimo funcionamiento de los sistemas» refiriéndose estos a todos aquellos equipos o líneas de fabricación totalmente automatizados en los que no existe posibilidad de intervención humana.

Uno de los retos a los que se están enfrentando los expertos es cómo crear un protocolo que la IA no sea capaz de comprender y, por tanto, desactivar. De ocurrir esto, DeepMind sería absolutamente independiente y sería prácticamente imposible desactivarlo. Aquí es donde aparece Q-learning y Sarsa, dos algoritmos completamente independientes e imposibles de modificar por la propia IA.

El problema reside en que multitud de sistemas de machine learning no está implementando este botón rojo. Y es aquí donde los Hawking y compañía piden que se implementen de forma urgente los módulos de seguridad que no dejen aspectos críticos en manos de una inteligencia imposible de controlar.

DeepMind nació con el objetivo de «tratar de resolver la inteligencia». El reto, enorme, tiene como daño colateral que en menos de cien años podría ser más astuta que la propia especie humana lo que la convierte en potencialmente peligrosa si es capaz de volverse autónoma, independiente y, sobre todo, gestiona recursos críticos del planeta.