Apple, llegaron los ¿nuevos? iPad

Era, sin duda, una de las citas marcadas en rojo por los analistas. La fecha en la que Apple diría oficialmente cómo le van las cosas al tan criticado iPhone 6 y la fecha -un día después- en la que respondería a los Nexus de Google. Los iPad, que aunque siguen siendo los más vendidos del mercado ya no son mayoría, se renovaban. Los iMac, de los pocos ordenadores que siguen creciendo en cuota casi ajenos a la debacle PC, también. Y quizá, sólo quizá, alguna novedad en el defenestrado Apple TV.

iPad Air 2, todavía más delgado

 

Si en los smartphones la batalla es por conseguir la mejor pantalla y la mejor relación pantalla-tamaño, en las tabletas la pelea es por el peso y grosor (definitivos en su manejo). Y parece esos dos ítems pocos los manejan mejor que los de Cupertino. Si el iPad Air era francamente delgado y ligero -ese apellido no es gratuito en Apple- su heredero, el Air 2, es un 18% más fino (6,1 mm) y deja su tara en 437 gramos. Dos datos sorprendentes para un dispositivo con unas medidas de 24×17.

Pero más allá de un diseño cada vez más apetecible (quizá los puntos más débiles de las Surface y Galaxy Note), también se han mejorado aspectos que no podían demorarse más en un equipo premium. Los reflejos de las pantallas Retina siempre han sido bastante criticados. La nueva laminación integral y la película antirreflectante se quedan con hasta el 56% de los reflejos lo que, aseguran, permitirá sacar más rendimiento de los 2.048×1.536 píxeles (la resolución sigue siendo la misma).

En su interior, como no podía ser de otra forma, trabaja la dupla A8X-M8. La segunda generación de coprocesadores con arquitectura de 64 bits que tan buen resultado dio en los iPhone 5S y iPad Air y que tan ágilmente mueve iOS 8 en los nuevos iPhone. La RAM sigue fijada en 1 GB (la confianza en la ligereza de iOS es ciega) y el reparto de capacidades cambia: desaparecen los 32 GB y la familia se queda en un acceso de 16 (a todas luces escaso), 64 GB y 128 GB -nos preguntamos cuánta gente escogerá el Air 2 con un teclado Bluetooth y cuanta el MacBook Air-.

La cámara ha sido otro de los puntos más cuidados por Apple. El sensor se mejora hasta una resolución de 8 Mp con f/2,4 y permitirá también graba a 1.080p. La lente de cinco elementos contará con casi todas las funcionalidades de la de su hermano telefónico y la coloca como una de las referencias entre las tabletas. La cámara frontal también se ha mejorado gracias al empujón que está viviendo FaceTime entre los usuarios de iOS.

Aunque el sensor sigue rezando 1,2 Mp y grabación a 720p, capta hasta un 81% más de luz y gracias a la unión de éste con los nuevos micrófonos duales parece que las videoconferencias serán mucho mejores que hasta ahora. Ya disponible en la tienda de Apple, el precio comenzará en los 489€ de la versión 16 GB WiFi y llegará a los 809 del modelo LTE de 128 GB.

Por cierto, la última sorpresa de los nuevos Air llegó de la mano de una vieja añoranza de la compañía: una SIM libre made in Apple que permitirá a sus clientes en EEUU y el Reino Unido pasar de una operadora a otra en función de la tarifa que más les convenga sin necesidad de introducir las tarjetas de cada empresa. Algo con lo que ganar comodidad e independencia. No sabemos que opinan de momento las operadoras -varias han colaborado- pero si la estrategia se extiende a otros fabricantes parece que habrá un gran cambio en el negocio.

iPad Mini 3, ¿qué hay de nuevo, viejo?

 

La presentación del iPad Mini 3 duro muy poco. En un evento en el que el nuevo iMac Retina y el iPad Air 2 se llevaron casi todos los aplausos el pequeño de la familia de tabletas -el éxito de ventas que hace que los iPad sigan siendo superventas- estuvo en un segundo plano porque casi no recibió mejoras.

Estéticamente es casi idéntico al Mini Retina. Sólo el Touch ID denota que estamos ante un equipo nuevo. Sus dimensiones son las mismas, su peso -340 gramos- también y hasta su resolución permanece inalterada. Ni rastro del antirreflectante o de los chips A8X y M8. Los A7 y M7 que se presentaron para la generación anterior siguen siendo los que darán la cara ante un sector que pierde fuelle por la presencia de los phablets y el éxito de los iPhone 6 Plus. ¿Tendría razón Jobs sobre el tamaño de las tabletas y fue sólo una moda pasajera? El tiempo lo dirá pero que la marca que indica hacia donde va el mercado de tabletas desde 2010 sólo añada una carcasa dorada y un sensor dactilar no habla bien ni de Apple ni de lo que se espera de las tabletas pequeñas.

De momento, durante unos meses convivirán en el mercado las tres pequeñas: iPad Mini, iPad Mini Retina (o Mini 2) y iPad Mini 3 con sus diferentes precios y capacidades de almacenamiento así como conectividad. Para nosotros un sinsentido que esperemos no se traduzca en una actualización en medio año como ocurrió con el iPad 3 y el 4.

8.1 y Apple Play

 

La presentación de los equipos móviles de la casa y las quejas que han recibido los de la manzana ha hecho que Apple presentara iOS 8.1 a bombo y platillo. Esta actualización -que debió salir hace varias semanas- viene a solventar todos los problemas que iOS 8 ha dado a muchos usuarios: desde autonomía hasta problemas de compatibilidad con dispositivos que nunca habían dado un problema.

Disponible desde este lunes 20, viene a ser lo que debió ser iOS 8 desde el principio. Traerá consigo iCloud Photos en versión Beta y también será el pistoletazo de salida de Apple Play la plataforma de pagos mejorada de la empresa.

iPhone 6, ¿qué pasa con Apple?

Lo que debía ser una fiesta se está convirtiendo en uno de los mayores «problemas» de Apple desde los fallos de cobertura de la antena del iPhone 4. La red está llena de noticias y vídeos que demuestran que los iPhone 6 y 6 Plus se doblan y que pueden acabar rompiéndose -la lámina de la pantalla- y, además, la empresa ha tenido que retirar en pocas horas el primer parche de iOS 8 por los problemas que provocaba en los dispositivos que lo descargaban. ¿Pasa algo con Apple?

El hardware

 

El lanzamiento y la acogida de un nuevo dispositivo con la manzana en su carcasa siempre es motivo de titulares. El iPhone 6, además, era la renovación obligatoria de todos los planteamientos anteriores de la casa sobre cómo debía ser un smartphone. La escasez de pulgadas frente al catálogo de androides estaba dañando la cuota de mercado de Apple en muchos países y era necesario mostrar algo radicalmente nuevo sin perder su esencia para aguantar el envite.

Como siempre, largas colas -incluida la caída al suelo del primer iPhone 6 vendido en el mundo- y unas cifras de ventas estratosféricas (10 millones de unidades el primer fin de semana) fueron los primeros titulares.

Sin embargo -y más allá de las pruebas que no acabamos de entender sobre cómo meter un teléfono en una licuadora, cómo cargarlo en el microondas o si resiste ser introducido en nitrógeno líquido- a las pocas horas de su comercialización comenzaron a invadir la red imágenes de los terminales doblados por el efecto del calor que desprende su hardware y la flexibilidad de las finas capas de aluminio de su exterior.

Hasta ahora, después de navegar bastante por las webs, medios y blogs que hablan de terminales que se doblan «solos»… sólo hemos encontrado contenidos en los que alguien sale aplicando presión sobre el teléfono por sus extremos y centro para demostrar su fragilidad. Un uso tan normal, como cargarlo en el microondas.

Hay varios usuarios que se quejan de que al sentarse sobre él, el iPhone 6 gana mucha temperatura y además se dobla… algo que también se achacó a varios Xperia Z y Galaxy Note y que tampoco tiene sentido (sobre todo por la parte de que te sientas sobre algo bastante caro que no está pensado como sofá, silla o cojín a pesar de su tamaño).

Sí es más grave el excesivo calor que dicen genera el terminal y que ya pasó con generaciones anteriores de terminales en su lanzamiento. Al final, un parche de software permitió una mejor gestión de los recursos y que bajara la temperatura. Además, la mayor superficie de disipación de estos terminales debería favorecer una temperatura más comedida que en un pequeño 4S.

Por cierto, según la empresa de Cupertino, sólo se han reportado 9 smartphones doblados de 10 millones vendidos. La cifra no parece mala.

El software

 

Esta parte si es más complicada. El lanzamiento de iOS 8 y sus nuevas funcionalidades ha tenido una acogida peor que otras actualizaciones del entorno operativo. Por un lado, «sólo el 46%» de los usuarios se ha descargado la última versión frente al 49% de iOS 7. Objetivamente, la edición anterior supuso un salto mucho mayor respecto a su predecesor. Además, en este caso el iPhone 4 se quedaba fuera del upgrade y el 4S se quedaba con muy pocas mejoras añadidas.

Asimismo, la enorme exigencia que la nueva edición de la plataforma exige a versiones anteriores al 5S redunda en un mayor consumo de batería (de la que aquí mismo nos hemos quejado) y que deberían solucionar con un parche lo antes posible.

El salto a la octava versión se ha traducido también en problemas muy puntuales de algunos usuarios en las conexiones WiFi. Muchos se quejan de dificultades para encontrar redes domésticas habituales y otros de desconexiones automáticas. Parecen incompatibilidades puntuales de hardware, pero es algo que deben solucionar.

La mala solución de iOS 8.0.1 sólo ha puesto más presión sobre una compañía que no tiene margen para los errores por su tradición, planteamiento y precios. Retirarla es lo mejor que han podido hacer aunque mejor solución hubiera sido no lanzarla. Aún así, parece que los fallos son menores de lo esperado (no mayores que en otras empresas de productos similares) y que una vez pase la tormenta de titulares… las ventas seguirán su curso.

iCloud Drive, sus secretos

Sin duda es una de las utilidades más esperadas de los nuevos sistemas operativos de Apple. La solución que permitirá la gestión de documentos y archivos en iOS y OS X como si se tratara de una sola plataforma. En principio basta con tener la última versión de iOS y contar con una cuenta de iCloud (no es necesario tener un Mac para disfrutar de una).

El proceso para darse de alta es muy sencillo. En el momento de actualizar el dispositivo móvil se nos preguntará si queremos pasar a iCloud Drive. Si decimos que sí todo se pondrá en funcionamiento de forma automática. Si en su momento dijimos que no, es tan sencillo como entrar en los ajustes de iCloud y activarlo (podremos habilitarlo sólo para unas aplicaciones a nuestro gusto).

Para ganar funcionalidad conviene que revisemos si está activado en todos nuestros dispositivos iOS. Por defecto tendremos 5 GB de almacenamiento gratuito. Después -desde el mismo lugar donde hemos revisado y activado Drive- podremos escoger planes de almacenamiento más capaces. Los planes se estructuran desde 0,99€ al mes por 20 GBs (un buen chute de capacidad para cualquier dispositivo móvil) hasta los 19,99€ por 1 TB. En medio se quedan los 3,99€ por 200 GB y 9,99€ por 500 GB (la capacidad media de un Mac).

Modo de empleo

 

Si algo caracteriza (para bien) los servicios de Apple es su fiabilidad y la sencillez con la que funcionan. Una vez activamos iCloud en una determinada aplicación los archivos con los que trabajemos se subirán automáticamente a la nube y aparecerán al instante en cualquier otro dispositivo del que dispongamos.

Todos los cambios que realicemos en un archivo o documento quedan cargados en todos los equipos al momento. Si a esto le sumamos el aumento de capacidades de iWork, iLife y los paquetes de Microsoft para Apple nos encontramos con que las posibilidades de comenzar a trabajar en un iOS y acabar en un sobremesa (o al revés) se multiplican.

Es cierto que de momento hay bastantes aplicaciones que no tienen soporte para iCloud Drive, pero también es cierto que cada vez más desarrolladores están trabajando para entrar en un utilidad totalmente compatible con Windows y OS X.

iOS 8, un día a prueba

Han pasado algo más de dos días desde que iOS 8 está disponible para su descarga. Una vez más, los servidores de Apple se colapsaron a las 19:00 cuando se permitió actualización a todos los usuarios con un equipo superior a un iPad original o a un iPhone 4. Millones de personas a la vez entraron en sus ajustes en busca de una de las actualizaciones más importantes en la corta historia del sistema operativo. Y millones de personas tuvimos problemas para conseguir bajarlo.

A diferencia de muchos fabricantes que utilizan Android y escalonan las descargas para evitar colapsos de los servidores, la política de Apple busca que cuantos más dispositivos tengan la nueva versión más fácil será dar uniformidad a las aplicaciones. Esta vez el equipo no nos avisa de que hay una actualización esperándonos y es necesario entrar en los ajustes para ver que iOS 8 está disponible.

El primer aviso es que esta vez iOS es muy «pesado». Aunque ocupa 1,1 GB -1,3 GB en los iPad- nos pide entre 4,6 y 5,7 de capacidad de almacenamiento. Todo un problema para aquellos usuarios con versiones de 16 GB o menos que se verán obligados a realizar una copia de seguridad y borrar unas cuantas aplicaciones y contenidos. Muy incómodo, nada Apple.

Una vez hecho esto, si estamos en una red WiFi y conectados al cargador (o tenemos más de un 50% de batería) entraremos en una fase de descarga de unos 20 minutos y de instalación de al menos 10. ¿Merecerá la pena?

La primera sensación es de familiaridad -el salto en el diseño se dio de iOS 6 a iOS 7 y ahora los retoques son mínimos- y de sencillez. El lento proceso de androidización de la plataforma de Apple vive un capítulo más (muy positivo, por cierto) en aspectos como la gestión de las notificaciones. Todo está a mano sin desbloquear la pantalla. Incluso contestar a un SMS o un mensaje es rápido e intuitivo.

Otro de los grandes cambios -para bien- es el menú de búsquedas. Ya no se ciñe sólo al dispositivo: Wikipedia, medios de comunicación, aplicaciones, correos e internet son el nuevo lugar donde encontrar lo que necesitamos.

Siri también se ha remozado. Apple se dio cuenta a tiempo de que se había quedado reducido a poco más que a un servicio para hacer bromas con los amigos y que muy pocos lo usaban como un verdadero asistente. ¿La solución? Inspirarse en Google Now. Es cierto que éste es mucho más impersonal, pero también mucho más eficaz. Se ha aderezado con nuevas funcionalidades como la búsqueda a través de Shazam de canciones (y la posibilidad de comprarlas después en iTunes sin tocar nada) y la promesa de nuevas capacidades relacionadas con la domótica.

El teclado es otro de los puntos más remozados. Sobre el papel no ha habido más cambios que un predictor que aprende de nosotros y que nos permite tocar palabras para no tener que acabarlas. El diseño, aunque similar, es más ágil y si ya se nota en las cuatro pulgadas de un 5S, suponemos que la mejora será obvia en el 6 y el 6 Plus.

Correos, fotos y salud

 

Uno de los principales cambios de Apple -o de las decisiones que toma su junta directiva- es que ya no tiene problema en adaptar a sus sistemas operativos ideas que funcionan en aplicaciones o programas de terceros. Sí, es exactamente lo que han denunciado (y demandado) durante años, pero parecen haberse dado cuenta de que en una batalla ellos contra el mundo… el mundo es más numeroso.

El mejor ejemplo es cómo se ha mejorado Mail. El éxito de Mailbox hizo que se preguntaran que estaban haciendo mal para que millones de fieles usuarios prefirieran este gestor de correo externo al propio de iOS. La solución era sencilla: El correo hasta ahora era demasiado básico y tenía pocas opciones para trabajar con los emails como entes diferenciados y únicos. Ahora las posibilidades se multiplican y la mejora de rendimiento es abismal.

Respecto a la fotografía, es cierto que los nuevos equipos estrenan nuevas lentes, pero también que el nuevo software hará que los propietarios de iPhone 5, 5C y 5S (que ya cuentan con un conjunto sobresaliente) vayan a salir muy beneficiados. Más posibilidades de retoques y de edición, mejores opciones para gestionar las imágenes… un salto adelante para un equipo que ya era sobresaliente.

La última gran novedad es «salud». Pensada para que el nuevo coprocesador M8 dé lo mejor de sí cuando las aplicaciones sean compatibles, quienes ya disfruten del M7 tendrán que ver cómo los desarrolladores pueden sacar partido a algo que promete mucho pero que de momento no tendrá una gran incidencia en nuestro día a día (al menos en el usuario medio).

¿Cómo afecta esto a la batería? Después de un primer día de uso más intensivo tocando todas las novedades y con multitud de actualizaciones podemos decir que la autonomía de un 5S -ya de por sí escasa- no se ve demasiado afectada… La fluidez de algunas aplicaciones ha subido y la de otras ha bajado pero, en general, el equipo sigue funcionando igual de estable que con iOS 7. Habrá que esperar a la próxima semana (y acercarse a un iPhone 6) para descubrir si realmente el cambio es para tanto. De momento, todo sigue en orden (y ligeramente mejor).

iPhone 6, cuando Apple regresó al futuro

No era para nada fácil la tarea de Apple. La empresa de la manzana ha sido especialista durante mucho tiempo en crear nuevos mercados o en redefinir los ya existentes. Ocurrió con iTunes y el iPod (transformaron nuestra forma de consumir música); volvió a pasar con el iPhone y el iPad (redefinieron los teléfonos y crearon las tabletas); también los MacBook Air y los iMac -los primeros ultrabooks y el manual de cómo construir un todo en uno-. Precisamente por eso, cada vez que se acerca una renovación de alguno de estos el listón es tan alto que salvo la perfección, todo cae en crítica.

Más allá de fanboys o haters (me temo que por mucho que le duela a estos segundos son la única tecnológica que no deja indiferente a nadie), sus lanzamientos abren telediarios, llenan portadas y saturan servidores. Y el pasado martes tocaba una de las importantes. Desde el lanzamiento del primer iPhone allá por 2007 la casa se marco la norma no escrita de redefinir el dispositivo cada dos años (los intermedios sacan las versiones S potenciadas).

Todo estaba pensado hasta el milímetro para subrayar la filosofía de la empresa. Desde el emplazamiento, el Flint Center de Cupertino fue el lugar donde Jobs presentó en 1984 «el» Mac y en 1999 el iMac, hasta la imagen con el que se saludó al público (el legendario ordenador con la palabra Hello en su pantalla).

Los rumores -muchos de ellos inducidos por la propia casa y los proveedores- indicaban que habría un iPhone 6 en dos tamaños pero los supuestos problemas con el abastecimiento de cristal de zafiro para las pantallas parecía que nos iba a dejar a medias. Nada más lejos de la realidad. Tim Cook, salió con todo. Quería demostrar que en Cupertino sólo saben hacer las cosas de un modo y, una vez se han quitado las ataduras del fallecido Jobs, han demostrado que ese modo es a lo grande.

Regreso al futuro

El iPhone 6 es un gran salto y un homenaje al primer iPhone en sí mismo. Su parte trasera de metal, el modo en el que se une al cristal posterior y los cantos redondeados nos recuerdan al primero de la saga. Sin embargo, que el «pequeño» crezca hasta 4,7 pulgadas y que nazca una versión Plus de 5,5 deja claro que Cook sabe lo que quiere el mercado y que ya ha pasado tiempo suficiente (4 años) para olvidar las palabras de Jobs sobre el tamaño de la pantalla (para él la única opción eran 3,5 o 4 pulgadas).

El iPhone es el teléfono más vendido en todo el mundo de largo y no sólo el 5S. En el top five también aparecen el 5C y el 4S. No obstante, la falta de un terminal con más tamaño no sólo ha permitido un crecimiento exagerado de Android sino que ha hecho que Apple se dejara muchos clientes por el camino. Además, a pesar de la moda phablet el mercado sólo tiene una referencia, un Galaxy Note 4 recién renovado que se teme lo peor.

Una vez decidido esto los ingenieros de la casa tenían que conseguir un smartphone ultrafino, ultraresistente, con una pantalla de referencia, más autonomía, más rápido y capaz, igual de bonito y ligero… y manteniendo los precios. Un bonito reto que se ha solucionado de forma sorprendente.

El iPhone 6 tiene un grosor de 0,69 cm y el 6 Plus de 0,71 cm. El aluminio anodizado (aquí ya no entienden de policarbonatos que se hacen pasar por otras cosas) se une al vidrio sin biseles ni aristas. Todo es fluido y redondeado para que sea más ergonómico y más fácil de gestionar con una sola mano -en el caso del Plus por mucho que nos lo aseguren, lo dudamos-. ¿Pero cómo hacer una diagonal más grande y conseguir que sea más fino? En primer lugar, construyendo una pantalla nueva que no sólo multiplica la resolución sino que es más delgada.

La Retina HD (en el Plus da una resolución de 1.920×1.080) ha cambiado desde el proceso de fabricación en el que la alineación de los cristales líquidos permiten que los píxeles de doble dominio den negros más profundos, más contraste y se mejore la polarización. Todo se ve mejor desde todos los ángulos y bajo cualquier condición de claridad. Además, más diagonal permite activar la opción zoom para ver mejor todo en la pantalla cuando lo necesitemos.

El software también se ha  remozado para que la vista horizontal sea realmente horizontal. No sólo gira el interfaz sino también las utilidades y hasta el dock se reubica para que sea más fácil trabajar con las apps.

En su interior también ha habido mejoras. La primera es el nuevo chip A8 y su coprocesador M8. Siguen con la arquitectura de 64 bits que ya hizo del 5S el primer terminal con chip de dos núcleos que corría tanto como cualquier Android con quad core. El rendimiento de la CPU y la GPU mejoran ostensiblemente respecto al 5S a pesar del aumento de la pantalla y su mayor resolución.

Su arquitectura de 20 nanómetros no ha sido óbice para la inclusión de 2.000 millones de transistores que no sólo mejoran la eficacia sino que hacen del A8 un 50% más eficaz que su predecesor y esto redunda en una mayor vida de la batería.

Por fin cifras que nos mantendrán alejados del enchufe y que, por lo tanto, multiplicarán la vida útil de la pila al tener que recargarla bastante menos. Además, esto también hará que los desarrolladores puedan jugar sin miedo a la hora de crear mejores gráficos y más capacidades para sus aplicaciones. Metal, por ejemplo es una herramienta específica para los que quieran hacer de sus juegos un problema para los de la PSVita.

Por su parte, la apuesta de Apple con el deporte y la salud -ya lo vimos con el Apple Watch-, redunda en un chip M8 que aumenta capacidades y prestaciones. Se encarga de la brújula, giroscopio, acelerómetro, barómetro y pasa todos los datos a las nuevas aplicaciones que iOS 8 dedica a nuestra actividad. Quedarse en el sofá ya no es una opción ya que nunca fue más fácil monitorizar nuestro ejercicio y ponernos metas.

iSight

 

 

Sin duda la piedra filosofal de todos los iPhone hasta la fecha. Las hay más potentes. Las hay con más aplicaciones de edición. Pero ninguna ha adquirido ese compendio de manejo, calidad y uso como la del iPhone. La cámara que enterró a las digitales se ha remozado en pequeños detalles para seguir siendo la más utilizada del mundo.

A sus 8 Mp de 1,5 micrones y su apertura f/2,2, le han añadido nuevos sensores (como el Focus Pixels que manda información extra sobre lo que encuadramos para que el autofocus se encargue de detalles que ni nosotros veíamos), una detección facial mejorada, un control de exposición más intuitivo que se puede aplicar desde la misma toma previa, un estabilizador óptico automático apoyado en el giroscopio y el chip M8, una app de fotos totalmente remozada y que gana en detalles y nuevas panorámicas de hasta 43 Mp.

Además, la nueva iSight permitirá realizar vídeos en 1080p HD a 60 frames por segundo; se mejora el ratio de la cámara lenta (ahora hasta 240 fps) y añade la captura en modo time lapse… y todo ello con estabilizador de imagen y enfoque automático continuo. El modo ráfaga también mejora y todo ello redunda en un Face Time que se vuelve HD gracias a un 81% más de luz captada.

Conectividad

 

Y todo esto se redondea con unas mejores posibilidades de conexión. El 6 estrena el 4G LTE con mayor capacidad del mercado. Sus 150 Mps de descarga son sólo la punta del iceberg de un smartphone que es compatible con hasta 20 bandas LTE, nueva compatibilidad WiFi 802.11 ac (hasta tres veces más rápida que la actual) y Bluetooth LE. Todo en él será fulgurante.

Por su parte, Apple Pay se convierte en el sustituto de un modelo que tiene «más de 50 años». Y es que Silicon Valley se ha propuesto acabar con las carteras y las tarjetas de crédito. Los datos bancarios estarán en el equipo y una vez validados con el banco bastará con pasarlo por la caja en el establecimiento donde compremos.

Parece que el escándalo de las famosas ha hecho que pongan la tilde en la seguridad. Al Touch ID (que también mejora su sensibilidad y su seguridad) se une un sistema de pagos que irá abandonando las contraseñas por la biometría. Un esfuerzo porque la nube, el centro de Apple, sea cada vez más infranqueable.

En resumen, el iPhone, el puntal de la compañía, ha hecho lo que tenía que hacer. Dar el salto técnico necesario para volver a colocarse por delante de sus rivales gracias a la dupla con iOS 8. Además, responde -a pesar de Jobs- a las demandas del mercado y tranquiliza a sus clientes habituales (muchos defendemos el tamaño contenido de los dispositivos) con un Apple Watch autónomo.

Le lloverán las críticas seguro pero también los aplausos en forma de ventas millonarias y, sobre todo, de un valor bursátil de la compañía histórico: ayer sobrepasaron los 600.000 millones de dólares. Y eso que todavía les queda renovar los iPad…