iPhone 5S, porque no es sólo un iPhone 5

Desde la presentación el pasado día 10 de los dos nuevos terminales de Apple -que sustituyen por primera vez a la versión tope en el mercado y que, por primera vez hará que haya dos terminales de una misma generación en el mercado- ha habido un gran debate sobre si se trata de una mera evolución (involución en el caso del 5C) del iPhone 5 o si realmente es algo más que un cambio en la carcasa del smartphone.

 

Al igual que muchos fabricantes de lujo de cualquier mercado Apple siempre ha intentado que los propietarios de cualquiera de sus productos no tengan la necesidad de cambiarlo cada pocos meses. Los medios son varios: permitiendo que cualquier dispositivo disfrute de actualizaciones de sistema operativo durante varios años (el propio iPhone 4 podrá descargarse iOS7 casi por completo… y se lanzó en el lejano 21 de junio de 2010… hace más de tres años) y, sobre todo, con ligeras actualizaciones de diseño cada dos generaciones.

 

El concepto es el siguiente: cada 24 meses varía el diseño, las dimensiones y, sobre todo, las capacidades del terminal. Y un año después, las versiones S completan al máximo las posibilidades del equipo con cambios de calado en el hardware de cada iPhone sin variar su imagen exterior. Los propietarios de un iPhone 5 no tendrán en sus manos un dispositivo anticuado a simple vista. Los propietarios de un iPhone 5S tendrán en sus manos el teléfono más potente de la historia hasta la fecha. Todos contentos. (Nos preguntamos por qué si Sony ha hecho lo mismo con su Xperia Z1 no se ha llevado ningún palo… o por qué se aplaudió el Galaxy S4 de Samsung donde sólo se implementaron sensores que nadie usa y un procesador de 8 núcleos para unos pocos mercados).

 

El objetivo de los nuevos terminales es diferente en cada caso. Por un lado, el iPhone 5C es ese móvil «más barato» (no barato) que Tim Cook prometió. Y el que se encargará de que Apple supere la barrera de los 700 millones de dispositivos iOS activados (no está mal para un catálogo tan reducido). El iPhone 5S, por su parte, tiene una única función: ser el smartphone más potente del mercado. Demostrar a la competencia que su dupla hardware-iOS es imbatible (alguien debería recordarle a Google y Samsung aquel acertado slogan de Pirelli, «la potencia sin controlo no sirve de nada») y sobre todo, colocar a los de Apple en la cima hasta que el año que viene -si se cumple la tradición- presenten el iPhone 6 antes del verano.

 

En cuanto al software, iOS7 nos regalará desde el próximo 18 de septiembre el pack iWork, iMovie, iPhoto; estrenará iTunes Radio -con el que darán un buen golpe a Spotify y Pandora- y Siri, que ha multiplicado sus capacidades hará una suerte de downgrade hasta el iPhone 4, el iPad 2 y los iPod Touch 5G.

 

Dentro, el iPhone 5S cuenta con un nuevo procesador, un coprocesador de movimientos, un lector biométrico inédito, más RAM, etc. ¿Por qué Tim Cook no lo ha llamado iPhone 6 cuando había motivos más que de sobra para hacerlo? Porque el CEO de los de Cupertino reserva esta generación para un terminal que crezca en tamaño y potencia respecto a esta generación.

 

El nuevo 5S es algo más que una nueva combinación de colores exteriores (al negro y al blanco se suma el tono oro, que causará furor fuera de Europa y Estados Unidos) y un buen puñado de fundas de silicona que aumentarán su facturación y las posibilidades de personalización sin tener que recurrir a productores externos.

 

En su interior late el procesador A7 con arquitectura de 64 bits que en las primeras pruebas de laboratorio lo colocan como el más capaz y ahorrador del mercado por encima, incluso, del musculado 8 núcleos del Galaxy S4 y de otros modelos con la estructura 4+1 (este último latente y que sólo trabaja cuando se demanda mucha capacidad como en juegos o un multitud de aplicaciones abiertas). Hasta mil millones de transistores se encuentran clavados en la placa para un modelo 5 veces más capaz y rápido que el iPhone 5 (menos mal que no había evolución). El representante de Epic, el estudio que presentó la versión de Infinity Blade 3, «nada que envidiar a las consolas».

 

Por si esto fuera poco, Apple ha sumado el «coprocesador» M7 que se encargará de los acelerómetros, giroscopios, GPS, podómetros, etc. y que permitirá ahorrar una gran cantidad de energía. Todo ello servirá para la nueva aplicación Nike Plus: Move, que abandona el atletismo para convertirse en un entrenador personal completo. Además, en breve llegará una actualización de Apple Maps que será capaz de adecuar gracias a este chip nuestras rutas según vayamos a pie, coche o transporte público, calcular los tiempos hasta las estaciones de metro, tren o autobús -en Estados Unidos permitirá comprar los billetes- e, incluso, si cambiamos de coche a pie, marcar la ubicación de nuestro vehículo para que luego lo encontremos fácilmente.

 

En cuanto a la autonomía, Apple promete 10 horas en navegación 3G, 10 de reproducción de vídeo, 40 escuchando música -también han mejorado el sonido de los altavoces y de la reproducción para adecuarlo a iTunes Radio que «emitirá» con el doble de resolución que cualquier CD del mercado- y hasta 250 en espera. En resumen, un 10% más que el iPhone 5 y un 40% más que un iPhone 4S. Y todo ello con una batería del mismo tamaño y peso.

 

La fotografía -Apple es una de las marcas multimedia por excelencia- se ve mejorada en dos frentes: se han implementado dos flashes LED que varían la temperatura de color entre más de mil combinaciones posibles para buscar siempre la combinación más acertada. Además, aunque la resolución se mantiene, han ampliado el tamaño del sensor un 15% (más luz es igual a más información y esto a más calidad de imagen). El software incorpora nuevas posibilidades como filtros y fotos cuadradas. Captura vídeo en Full HD e incorpora la posibilidad de grabar en modo superlento (hasta 120 frames por segundo). Casi cuatro veces lo que capta nuestro ojo. Las cinco lentes, por cierto, han sido rediseñadas por Apple para seguir siendo una referencia de calidad en el mercado.

 

Por último, «una lente de zafiro esculpida con láser detectará las capas subepidérmicas de nuestra contraseña biológica«. Más sencillo, una lente protegida contra golpes o rayones leerá nuestras huellas dactilares para que sólo nosotros podamos desbloquear el terminal sin necesidad de garabatos en un tres en ralla o contraseñas de cuatro números. Más eficaz que el reconocimiento facial (que falla con los cambios de peso o peinado) se incorporará también a las compras en iTunes para evitar disgustos.

 

Lo único que no tiene es Android. Para lo bueno (seguridad, estabilidad, velocidad) y para lo malo (¿?). En definitiva el iPhone 5S sí es un terminal nuevo pero parece que si no se le cambia el exterior nadie lo quiere. Toda una lección de tecnología «más allá de lo que tus ojos ven».

Apple, siempre premium

 

 

Llegó el gran día. Apple presentó su nueva estrategia en el mercado de telefonía móvil. Por primera vez en seis años, desde que lanzó el iPhone original, habrá dos dispositivos de la misma familia haciéndose la competencia en el mercado: el 5C -ligeramente más barato pero no low cost– y el 5S, el tope de gama con el que los de Cupertino quieren demostrar que siguen siendo los que mejores smartphone construyen. Os mostramos cada uno de ellos:

 

iPhone 5C, ¿caro o barato?

 

No se trata de un iPhone «barato» como se apuntaba desde hace meses. Para eso está el 4S que libre costará desde 399€ y que, aunque no tiene la última tecnología, rinde mejor que cualquier Android de gama media. Se trata de un modelo de acceso a la categoría 5 que mejora ciertos aspectos del iPhone 5 original y que reduce ligeramente su precio sobre todo cuando se adquiere mediante un contrato con una operadora (donde su precio partirá de los 99$, 99€ cuando hagan la equivalencia de moneda).

 

Lo primero que llama la atención es el plástico de su cubierta. Inédito desde que desapareció el iPhone 3GS, el empleo de este material permite a los de Tim Cook ahorrar en el proceso de producción. Aún así, quienes lo pudieron ver en vivo garantizan que mantiene el estándar de calidad que siempre se le exige a los californianos y que, aunque es ligeramente más grueso que el iPhone 5, podemos decir que mantiene todas las medidas de su antecesor. El color -está disponible en verde, amarillo, azul, rojo y blanco- es su seña de identidad aunque el negro, uno de los más identificativos del terminal se reserva para el 5S.

 

En su interior trabajará el conocido chip A6 de dos núcleos a 1,3 GHz y contará con 1 GB de RAM. Su capacidad de almacenamiento seguirá en 16 y 32 GB y su pantalla será la misma Retina con 326 ppp del iPhone 5. En cuanto a la cámara, seguirá teniendo 8 Mpx y sólo el empleo de iOS7 de forma nativa lo diferencia claramente del iPhone 5 en el momento de su lanzamiento.

 

En resumen, quienes esperaban un iPhone 5C de unos 300$ libre para hacer frente a los Android de gama media tendrá que seguir esperando. No sabemos si por dañar los estándares de la compañía o porque en Cupertino saben que seguirán vendiendo sea cual sea el precio, los de Tim Cook han decidido mantener la filosofía de exclusividad que hasta ahora tan buenos resultados les ha dado.

 

Si Samsung guarda silencio ante la mala acogida de su reloj inteligente, ahora estará gratamente sorprendida de que su gran rival no quiera disputarle en serio un nicho de mercado con más de 1.000 millones de clientes potenciales.

 

 

iPhone 5S, todo lo necesario

 

Con el iPhone 5S Apple ha seguido la filosofía que tan buen resultado le está dando a Volkswagen con su Golf. Cambia pocas cosas -casi ninguna en el exterior más allá de los tonos plateados y dorados- para seguir siendo el más vendido del mercado. Con esto no frustran a sus actuales propietarios que ven cómo su iPhone 5 sigue estando prácticamente al día… y ellos evitan una revolución que les haga perder clientes a los que les importa el rendimiento más allá del diseño.

 

Lo primero que llama la atención es que el tan cacareado aumento de la diagonal de la pantalla… se quedará como pronto para el iPhone 6 del año que viene. Se mantiene tanto el tamaño del iPhone 5 como su resolución: 1.136×640 píxeles. La evolución, a diferencia del 5C, viene en su interior: sobremanera destaca el chip A7 con arquitectura de 64 bits, el primero del mercado en usar uno de este tipo que permite que el 5S sea 40 veces más potente que el iPhone original y unas 56 en la gestión de gráficos.

 

Por si fuera poco, también se añade un coprocesador encargado de medir nuestra actividad y movimiento de forma continua. Lo llaman M7 y ya tiene aplicaciones desarrolladas para el como la Nike+Move. Además, según la empresa ayudará a mejorar el funcionamiento de los mapas y la geolocalización en las aplicaciones así como ser una estupenda fuente de datos para todos los programas de salud y deporte.

 

La batería también se ha mejorado: resiste hasta 250 horas en stand by, 8 de navegación web (10 en LTE) y otras 10 visionando vídeo. Mucho mejor que hasta ahora. Sus dimensiones se mantienen (las nuevas fundas made in Apple son extremadamente finas) y su peso se queda en 112 gramos. Este último dato sigue siendo excelente.

 

Respecto a la cámara, Apple parece haber detenido por el momento la guerra de los píxeles. Se quedan con los 8 Mp del modelo anterior pero aumenta el tamaño del sensor un 15% incorporando nuevos fotodiodos de 1,5 micrones. Entra más luz, entra más información y se mejora por lo tanto la resolución y calidad de imagen de las fotografías sin necesidad de añadir píxeles. No habrá estabilizador óptico pues la extrema delgadez del producto y la obsesión por mantener un peso bajo lo «prohíben».

 

Mejoran todas las funciones: cámara de vídeo con zoom incorporado, función ultra lenta, doble flash LED, captación de hasta 10 fotos en un segundo… La apuesta audiovisual sigue a buen nivel. Sobre todo con la mejora de las fotos panorámicas (ahora de 28 Mp) y de las fotos cuadradas, una necesidad en la era de las fotos de perfil de las redes sociales.

 

La última novedad relevante -analizaremos todo más a fondo en pocos días- será su sensor biométrico que permitirá bloquear y desbloquear el iPhone mediante el reconocimiento de nuestra huella dactilar. El sensor biométrico de 170 micrones de grosor está ubicado en el botón home y, para minimizar los problemas de lectura, se ha recubierto de cristal de zafiro -al igual que la lente de la cámara-. Para que todo el mundo se quede tranquilo, la información no se almacenará en ningún servidor de la empresa, estará encriptada y ninguna aplicación podrá acceder a ella. Es sólo seguridad para el bloqueo del teléfono y, si funciona, podría sustituir a las claves y a los «tres en raya» que tan en boga están en Android.

 

En general, una evolución que coloca al smartphone de la manzana a la altura de los mejores Android por hardware y por delante en software gracias a la estabilidad de iOS. Ahora sólo falta que las ventas sean las esperadas -cada generación de iPhone ha batido los récord de ventas de la anterior- y, sobre todo, que estas mejoras lleguen pronto a los nuevos iPad.

Moto X, ¿el Android definitivo?

Se ha hecho de rogar. Ha pasado bastante más de un año desde que Google comprara Motorola Mobility y que el acuerdo se haya plasmado en un dispositivo que muestre todo el potencial de los de Mountain View. Un potencial que supone un problema para Apple ya que por primera vez Google contará con un dispositivo hecho a medida de su sistema operativo y, sobre todo, fabricado por la propia empresa -los Nexus se encargaban a Samsung o LG- y, sobre todo, un problema para Samsung ya que los Galaxy S tendrán que compartir protagonismo con los nuevos X de Motorola.

 

Después de 10.000 millones de dólares invertidos en la compra, miles de millones en el desarrollo y en amortizar las pérdidas trimestrales de la empresa y una expectación sin límites para un dispositivo fabricado por los de Larry Page (incluidos unos cuantos millones de dólares en anuncios el pasado 4 de julio en los que se hablaba de equipos ensamblados en Texas) llega el terminal con más capacidad de personalización que recordamos -hasta 504 combinaciones posibles entre botones y carcasas- y que le otorga el aura de individualización que la era tecnológica nos ha robado. En sólo cuatro días el equipo está en el domicilio del feliz comprador asegurándose de que será muy difícil cruzarse con otro idéntico. La batalla de Apple en su propio terreno.

 

También en la línea de los iPhone Google, perdón, Motorola ha lanzado un equipo que tiene un hardware bastante respetable: destacan las 4,7 pulgadas de la pantalla y la resolución de 1.287 x 780 así como una batería de 2200 mAh que promete 24 horas a pleno uso lejos del cargador. El procesador de bajo consumo es una de las cartas en la manga para que la autonomía sea tan buena, al menos en teoría. En cuanto a la cámara, los 10 mp de resolución no son los mejores del mercado pero parecen haber dejado lejos el estándar de los 8 que marco el 4S hace casi dos años.

 

En su interior trabaja el procesador Motorola X8 Mobile Computing System -no tiene 8 núcleos- que es todo un Qualcomm Snapdragon Krait 300 de doble núcleo a 1,7 GHz que se apoya en una GPU Adreno 320. La denominación «X8» viene de sumar procesadores y núcleos (hay un tercero encargado de la gestión de las órdenes de voz). En total, 8. En cuanto a capacidad, se comercializará con 16 o 32 GB de almacenamiento, 2 GB de RAM y un chip NFC.

 

Como hemos dicho, no es ni mucho menos el mejor hardware del ejército Android. Tanto el Galaxy S4 como el Xperia Z lo superan en todo. Sin embargo, por primera vez el terminal y el software se han desarrollado solidariamente. Así, el X cuenta con la última versión de la plataforma y con ella incorpora algunos «juguetes» como el estado de escucha constante que hace que en cuanto el usuario dé una orden de voz el equipo se ponga a trabajar en ella.

 

La conectividad es, cómo no, uno de los puntos más cuidados del X. Así, el Bluetooth por primera vez tiene «memoria» para que conectarse a un equipo conocido sea automático. Nada que no hagan los dispositivos de la manzana pero algo muy provechoso para agilizar el funcionamiento del terminal y compartir contenidos. En esa línea de inspiración (como dijimos hace semanas con iOS 7, la manzana no es la única que «toma prestada ideas») Google ha mejorado su aplicación Drive en la nube para que el trasvase de archivos sea más intuitivo y, si se desea, automático.

 

Muchas de estas mejoras ya se vieron por separado en la última generación de smartphones Droid de la casa pero, por primera vez, la empresa que creó el teléfono móvil se ha llevado el protagonismo -al menos en Estados Unidos- al presentar un terminal puntero con la versión más moderna del sistema operativo dominante, la 4.2.2 sin casi ninguna personalización. Además, que cuente con sistema operativo Google y se construya en Texas (a pesar de que casi todos los componentes son asiáticos) a buen seguro le servirá para hacerse con un buen porcentaje de ventas en un mercado en el que sólo Apple hace frente -con mucho éxito, eso sí- a los equipos coreanos.

 

La única batalla que tiene ganada es la del precio. En Estados Unidos lo comercializa Verizon por 199$. Aquí en el Estado Motorola se marchó y cerró su filial para que cuadraran las cuentas. Al reguero de clientes abandonados a su suerte se le suma la dificultad de entrar en un mercado en el que no hay un soporte técnico. Aún así, Google a buen seguro calibrará su posible impacto en un mercado en el que se venden smartphones a un ritmo sorprendente a pesar de la crisis (sobre todo en su rango de precio).

 

Desde aquí nos preguntamos, por otra parte, cómo digerirá a partir de ahora la alianza de fabricantes que usa Android que todas las novedades vayan a presentarse antes en un terminal «propio» que en un Galaxy o un Optimus que tantos beneficios les han dado a los californianos. Una buena oportunidad para otros sistemas operativos (veremos cómo juega esta mano Microsoft).

Smartphones, elige el tuyo

Desde hace mucho tiempo -más de un año- era imposible reunir cuatro smartphones de alta gama con diferentes sistemas operativos. Cuando parecía que el mercado se había quedado en manos del binomio Android-iPhone (permitidme que no lo llame iOS) la entente Nokia-Microsoft y la resucitada Blackberry -antes RIM- parecen dispuestas a dar guerra.

 

A la espera de que el continuista Galaxy S4 llegue a las tiendas (como diría Apple, las mejoras están en el interior, no por fuera), de que HTC nos muestre de que es capaz su nuevo One y de que Apple mueva ficha con el inminente iPhone 5S, reunimos en este post a los abanderados de cada plataforma. El Xperia Z de Sony, el mejor Android hasta la fecha y, sobre todo, el mejor terminal que nunca ha fabricado la casa nipona; el Lumia 920, mayor exponente de lo que Nokia sabe y puede hacer para recuperar parte de su enorme cuota de mercado perdida; la nueva y revolucionaria Z10 de Blackberry y el incombustible iPhone 5, un terminal criticado frente a los nuevos modelos de la competencia… pero que sigue siendo el más vendido en todo el mundo.

 

 

  • Sony Xperia Z: el máximo ejemplo de como progresar con y al margen de una plataforma. Mientras Android comienza a sacudirse lentamente su imagen de «copia de iOS» e intenta renovar una imagen demasiado vista -no por antigua, sino por extendida-, Sony ha lanzado un dispositivo que ha dejado con la boca abierta al mercado. El Xperia Z (que pudimos disfrutar unas horas) llega cargado de propuestas interesantes: un interfaz personalizado y diferente frente al estándar de Samsung, unos acabados impensables hasta ahora en un equipo que no fuera Apple o Nokia y unas especificaciones técnicas que asustan a la competencia. Su pantalla de 5 pulgadas lleva al máximo de sus prestaciones a Android 4. Su tecnología de brillo y contraste hace que las imágenes sean tan potentes como en dispositivos que, sobre el papel, tienen más píxeles por pulgada. Además, añade una cámara de 13 mpx con tecnología heredada directamente del departamento de fotografía de la casa lo que le da una ventaja competitiva inmensa sobre cualquier rival del mercado. Si a eso le unimos que es el primer smartphone que permite grabar vídeo en HDR (alto rango dinámico), el sistema de audio 3D Surround -que le proporciona una capacidad musical digna de equipos de sobremesa-, un sistema de gestión de la batería con función Stamina que desactiva los datos móviles cuando la pantalla está apagada, su resistencia al agua y al polvo y su certificado PlayStation tenemos la personificación del máximo problema para el nuevo iPhone… y los demás Android. ¡Incluso su precio de 669€ es más ajustado que el de sus rivales!
  • Nokia Lumia 920: fuimos los primeros en sospechar de este acuerdo. Que Nokia se juntara a Microsoft para el desarrollo de nuevos equipos teniendo en cuenta la nula cuota de mercado de Windows Phone era casi un suicidio asegurado. Sin embargo, cuando todo parecía perdido, estas viejas glorias se han sacado de la manga el Lumia 920. Después de dejar en la cuneta unos cuantos terminales que no se podrán actualizar al nuevo sistema operativo y ante la duda de si las nuevas tabletas Surface y los nuevos ordenadores con W8 cosecharán el éxito necesario para empujar las ventas del ecosistema, tanto en Redmond como en Espoo tienen claro que el 920 será el factor determinante que hará explotar el universo Windows Phone. De momento, que Samsung haya dejado ligeramente de lado su gama Ativ y que la lista de empresas pro WP8 haya disminuido no es buena señal. A pesar de que el Lumia 920 es ligeramente más grueso y pesado que los terminales de la competencia, su agradable pantalla curvada, sus imágenes coloristas y brillantes, así como una cámara notable con estabilizador óptico, un buen software para editar las imágenes, una estructura resistente -sin llegar a los estándares del Z- y su sistema de recarga inalámbrico hacen de este modelo un terminal exótico que encantará a los que buscan algo diferente. Sobre el sistema operativo, es más estable que su primo de sobremesa, bastante fluido y cada vez cuenta con más aplicaciones. ¿Vale el Lumia 920 los 669€ que Nokia nos pide por él? Probablemente no, pero a nadie sorprende que los equipos finlandeses sean caros, nunca tuvieron una buena relación-precio. Cosas de los acabados y de la fama.
  • Blackberry Z10: probablemente sea el equipo del año. El motivo es doble y sencillo: es la última oportunidad para los canadienses y ¡por fin alguien presenta algo diferente y arriesgado! Desde que adquirieron QNX y comenzaron a trabajar en su nuevo sistema operativo han pasado todo tipo de penurias. Incluida una pérdida de cuota de mercado preocupante y una bajada de ingresos alarmante. Sin embargo, el rediseño total al concepto Blackberry que supone el Z10 es todo un acierto. Su pantalla táctil multifunción, su procesador potente (Qualcomm Dualcore a 1,5 GHz) y su nueva batería de aplicaciones (que se ha quedado sólo con lo interesante del antiguo Blackberry AppWorld y suma unas cuantas emulaciones de Apps Android para el SO BB10) demuestra que la apuesta tiene unos cuantos ases. Empezando por el nuevo hub, un «concentrado de información» donde podemos controlar de un vistazo lo que ocurre en todas nuestras cuentas de correo configuradas, diversos sistemas de mensajería -incluido el mejor, el BBM- y todas las actualizaciones de estado de las redes sociales. Lo mejor es que para trabajar con esa información no es necesario abrir ninguna aplicación. Por otra parte, como las Blackberrys siempre han estado orientadas al mundo de la empresa, los de Waterloo ofrecen varias herramientas de seguridad sobresalientes: certificados de encriptación múltiple o la dinámica Balance que permite desarrollar dos perfiles diferenciados -uno de ocio y otro profesional- que hacen que la información de cada uno de ellos quede estanca de la otra cuando lo deseemos. No comparten apps, datos, mensajes o archivos. El primero lo gestiona sólo el usuario y el segundo puede hacerlo su empresa por él. Por cierto, su puerto microHDMI es una delicia, su batería extraíble e intercambiable, su sistema de audio es de los mejores y su pantalla e interfaz son eficientes y diferenciados. Esperemos que les salga bien la noticia.
  • iPhone 5: hablar del iPhone 5 ahora es llover sobre mojado. Todos sabemos sus virtudes (sistema operativo estable, diseño, aplicaciones, seguridad…) y sus defectos (interfaz demasiado manido, entorno cerrado, pantalla ligeramente pequeña). Sin embargo, a pesar de sus críticas -desde los primeros fallos ya subsanados de Maps y la poco acertada actualización 6.1 de su SO- mes tras mes sigue siendo el más vendido. El motivo es sencillo: Apple sigue siendo la referencia aunque pierde fuelle y los rivales (Samsung) se le acercan y iPhone sigue siendo sinónimo de que todo funciona como debe. Su pantalla sigue siendo de las mejores, su cámara también, sus aplicaciones son incontables, su sistema operativo es estable, es ligero y sus acabados son la referencia. También es cierto que todo esto se paga (holgadamente) en la factura. Después del nuevo Galaxy S4 y de que el Xperia Z les haya mostrado que cualquiera puede ser su competencia, todos esperamos con impaciencia el nuevo iPhone 5S -que no creemos que traiga muchas novedades más allá del interior- y, sobre todo, iOS 7, donde realmente Apple se la juega.
¿Ya sabes cuál es tu smartphone?

 

Samsung Galaxy S4, frente a sus rivales

48 horas después de que Samsung nos mostrara su nuevo Galaxy S4, el teléfono franquicia del universo Android -al menos hasta que Motorola y Google nos presenten su Phone X- hemos decidido hacer la primera comparativa del smartphone coreano frente a sus principales rivales. Es cierto que, aunque la batalla principal es con el iPhone 5, tanto asiáticos como californianos llevan años sacando sus modelos estrella con 6 meses de diferencia para que no se pueda entablar una comparación directa (medio año en este negocio es casi dos años en el mundo del motor). Sin embargo, otros aspirantes como Sony o HTC han echado el resto para que sus dispositivos sean algo más que meras comparsas en esta guerra que se disputa cliente a cliente en todo el mundo.

 

En un momento en el que cualquiera de los contendientes ofrecerá (a cambio de un buen puñado de euros) un resultado mucho más que sobresaliente, parece que la pantalla -no el tamaño sino la nitidez-, el diseño -cada vez más cuadrado y cromático-, el grosor -el único modo de rebajar el peso de teléfonos muy cercanos a minitabletas por sus dimensiones- y, sobre todo, la autonomía se presentan como factores críticos a la hora de escoger uno u otro. Es cierto que el iPhone añade un prurito extra: la exclusividad de un modelo que aglutina casi el 20% del mercado y que promete las bondades de un ecosistema cerrado y blindado. Sin embargo, los demás tendrán un pugna a cara de perro obligados por un sistema operativo casi idéntico.

 

Vayamos por partes. Los modelos más destacables de cada plataforma (incluidos Windows Phone 8 y Blackberry 10) son ejemplos de diagonales generosas y resoluciones impensables hace pocos meses. Así, la pantalla con tecnología Reality Display del Sony Xperia Z acumula 443 ppp en su superficie de 5 pulgadas. Son sólo dos más que el Galaxy S4, pero también es cierto que los materiales de mayor calidad con los que se ha construido el nipón hace que de sensación de mayor nitidez. Sólo el HTC One, con sus exagerados 468 ppp se escapa. La apuesta de los taiwaneses por el universo multimedia (también cuenta con tecnología Beats para mejorar el sonido) hace que los 326 ppp de la mínima pantalla del iPhone 5 (4 pulgadas) o la «revolucionaria» IPS del Nokia Lumia 920 (332 ppp) estén obsoletas. Más problemas tendrá el Z10 de Blackberry. En este aspecto, el mejor modelo de la historia de los de Waterloo se conforma con 356 píxel por pulgada. Muy por detrás de lo que se espera de un móvil que tiene pocas semanas de vida.

 

La partida del grosor y la ligereza se va, sin duda, para Cupertino. Su pantalla más pequeña (4 pulgadas) unido a sus acabados en aluminio hacen que su grosor se quede en 7,6 mm y su peso en sólo 112 gramos. Comparado con los gigantes Xperia Z o HTC One (que superan holgadamente los 145 gramos) es todo un peso pluma. Sus acabados en cristal o metálicos no ayudan en este caso a minimizar el peso. Tampoco su pantalla de mayor tamaño o sus procesadores de cuatro núcleos. Mejor resuelto están el nuevo S4 y la Blackberry Z10 que optan por acabados menos vistosos (policarbonato) pero que permiten minimizar el peso del conjunto a los 130 gramos. El Lumia vuelve a demostrar su «obsolescencia» al acercarse peligrosamente a los 200 gramos -185-.

 

Respecto al interior, todos ellos «corren» con la última tecnología de sus plataformas. Destaca sobre manera el nuevo S4. Su procesador Exynos de 8 núcleos a 1,6 Ghz debería dotarle potencia suficiente para gestionar muchas tareas con más solvencia que muchos portátiles. Si a eso le unimos los 2 GB de RAM que empiezan a ser el nuevo estándar y una batería de 2.600 mAh, tenemos el conjunto más completo. Además, según los ingenieros coreanos, el Exynos está especialmente pensado para ahorrar energía al minimizar el tiempo necesario en el que se tarda en realizar cada operación.  Un paso -y cuatro núcleos- por detrás aparecen los otros dos titanes Android: el HTC One cuenta con un Snapdragon quad core a 1,7 GHz y una batería de 2.300 mAh y el Xperia Z corre con un Qualcomm ligeramente inferior, también de cuatro núcleos, a 1,5 GHz. Como contrapartida, su batería -que cuenta con un sistema de gestión de energía relacionado con la pantalla y las cámaras- sube hasta los 2.330 mAh.

 

Por detrás encontramos, de nuevo, el Z10, Nokia Lumia 920 y iPhone 5. Todos ellos con procesadores dual core donde destaca la escasa velocidad del A6 de la manzana (1,3 GHz). Sí es cierto que, en el caso de estos tres modelos, el uso de sistemas operativos específicos -y según sus desarrolladores, más ligeros que Android- les permite trabajar rápidamente con procesadores que tienen menos prestaciones y que, a cambio, gastan menos energía (otro ejemplo más de mensajes contradictorios entre la relación de la batería y la potencia del procesador). En cualquier caso, el ejemplo más significativo es el de iPhone 5 que ha conseguido multiplicar el rendimiento de su batería ostensiblemente frente a su antecesor iPhone 4S que era incapaz de llegar al final del día lejos del cargador con un uso medio. Aún así, su autonomía deberá mejorar mucho para ponerse al nivel de los Xperia Z o la prometida por el S4.

 

Respecto a la cámara -los adictos a la fotografía los sabrán de sobra- el número de mpx no es ni mucho menos determinante. Es cierto que los Xperia Z y S4 destacan con sus 13 mpx, pero también lo es que las cámaras de Nokia son históricamente las mejores y que en este caso se conforma con 8,7 mpx. Los de Apple siguen usando su lente de zafiro (que salvo en condiciones específicas de sol es mucho más que sobresaliente) y que tiene 8 mpx, los mismos que la Blackberry. Por su parte, el HTC se borra con una cámara de 4 mpx, sacada directamente de las estanterías que el fabricante taiwanés tenía hace una década.

 

Hasta aquí llega el análisis cuantificable. El resto no está en nuestras manos. La Blackberry y el Nokia se muestran como terminales orientados al trabajo. Son, supuestamente más resistentes y sus sistemas operativos están pensados para usar suites como Office o, sencillamente, vivir pegados a la cuenta de correo electrónico.

 

Por su parte, la comparación más fácil y directa se da entre los tres androides. El HTC One, por imagen y por soporte de su empresa -y de Google- parece ligeramente rezagado. Ni su diseño ni sus prestaciones de software (más allá de Android) parecen en condiciones de luchar contra el arsenal multimedia de Sony. Un teléfono elegante, personalizado, con más opciones de divertimento -desde videojuegos hasta música o películas del conglomerado Columbia- y, sobre todo, resistente. El Galaxy S4, por el contrario, se muestra como el Rolls Royce de los Android. Es su primera espada. En él todo funciona rápido y cuenta con un software impensable casi en un ordenador hace un lustro. El último, por especial, es el iPhone. No es el más nuevo. No es el más potente. Sí es el mejor acabado y, probablemente, el que menos exige a su usuario para que funcione a pleno rendimiento -por la intuitividad de iOS-.

 

Aún así, Apple necesita un golpe de efecto. Y no debería esperar al iPhone 6. Debería darlo con el 5S. Un modelo con un procesador, al menos, quad core. Los rumores dicen que el 5S sólo será medio año más joven que el 6 y que en este las pulgadas escalarán hasta los niveles de los Galaxy. El procesador mejorará y el precio no se escapará. En cualquier caso, el iPhone cuenta con algo que no tienen sus rivales: una legión de seguidores dispuestos a perdonarle todo entre los que me incluyo. Lo malo es que no se puede vivir del pasado y de anuncios ingeniosos. Esperemos que se den prisa… o será, de nuevo, demasiado tarde.