Apple, ¿los resultados de la saturación?

Durante mucho tiempo parecía que el crecimiento de Apple no tenía límite. Que su legión de seguidores y su capacidad para fagocitar mercados y rivales no tenía límite y que bastaba con lanzar un producto con una manzana mordida grabada para que este fuera un éxito que pulverizara las ventas de sus antecesores. De esta forma, durante 13 años (sí, has leído bien), la empresa ahora dirigida por Tim Cook ha crecido en facturación y beneficios. Sin embargo, el segundo trimestre de 2016 pasará a la historia de la empresa por su frenazo de más de 7.000 millones de dólares.

Todos los indicadores denotan el desgaste del gigante californiano: el beneficio se ha quedado en 1,9 dólares por acción (frente a los 2,33 del anterior periodo). La facturación ha pasado de 58.000 millones a unos 50.500 millones de dólares. El iPhone, su producto estrella, su alfa y omega, el dispositivo sobre el que se sustentan otros servicios críticos de la empresa como Music, iTunes, etc. también ha cedido: de 61 millones comercializadas a poco más de 51 millones.

Por supuesto, las acciones también han caído. Los inversores han quitado un 5% del valor de la empresa en el parqué -unos 40.000 millones- nada más anunciarse las cifras y, para parar la sangría provocada por los «malos vientos macroeconómicos» en palabras de Tim Cook, preparan un plan de dividendos y de recompra de acciones titánico: unos 250.000 millones de dólares.

Pero, más allá de saber que el crecimiento de Apple se ha frenado (como debía ocurrir tarde o temprano) y que los de la manzana siguen ganando dinero a espuertas -9.250 millones en tres meses, Sony ha ganado 1.200 millones en todo el año-, ¿podemos sacar algo en claro de estas cifras? Probablemente sí.

China, el mercado en el que más está volcándose la tecnológica (y el sector en general) ha caído un 26%. El iPad se ha dejado un 19% en unidades vendidas. El iPhone ya no engancha tanto a un mercado muy saturado -más adelante veremos el calado de esta afirmación- y se ha dejado un 16%. Solo el Mac, que se ha dejado un 9% ha respondido relativamente bien -el mercado de ordenadores personales está de capa caída desde hace un lustro-.

La empresa solo puede sacar pecho con los servicios y productos destinados a mercados poco maduros. El Apple Watch ha conseguido superar los 12 millones de unidades vendidas y el conjunto crece entre un 20 y un 30% -Apple Music tiene 13 millones de suscriptores de pago-.

Saturación tecnológica

Por regiones, América cae un 10%, Europa un 5%, Asia un 25% y solo Japón crece. La empresa se excusa en un panorama macroeconómico complicado pero si tenemos en cuenta que su mayor crecimiento se ha dado durante la crisis financiera que comenzó en 2008, resulta difícil de creer.

El problema va más allá y no solo afecta a los californianos (aunque su tamaño haga evidente que es el que más sufrirá en números absolutos). Hace dos años Horace Dediu, un ex analista de Nokia,  pronosticó que el mercado móvil se saturaría a finales de 2015 o principios de 2016. El motivo es sencillo: ya todo el mundo tiene un smartphone.

Ya todo el mundo ha probado varios modelos, sabe para qué lo usa y qué necesita exactamente. Lo mismo ocurre con las tabletas. Y con los ordenadores. La carrera de rendimiento se queda para los early adopters y para la publicidad (como ocurre con los coches) pero el consumidor ya está maduro. Sabe si merece la pena gastarse 800€ en un teléfono muy potente que nunca usará al 100% es un sinsentido.

Y es ahí donde entran los teléfonos de gama media. Es ahí donde los fabricantes chinos -que en su momento ensamblaron para Apple, Samsung, Sony y compañía- ganan terreno. Y es ahí donde Android gana terreno porque lo importante, como siempre, no es el continente sino el contenido. Como siempre decimos, todo ocurre más rápido en el mercado tecnológico.

Haciendo la analogía con otra industria que cambió por completo nuestra sociedad, la automotriz, hemos pasado en poco tiempo de la era de los coches de lujo (primeros iPhone) a los personalizables más o menos caros (Android) y ahora le toca el turno al consumo racional.

En Occidente las redes sociales tradicionales tiene cada vez más problemas para sostener las cifras de consumo de los adultos. Una vez pasado el boom inicial, muchos las vemos como una cesión gratuita de nuestra privacidad y solo le pedimos al smartphone que llame, haga videollamadas, nos permita acceder al email y a la mensajería instantánea, tenga capacidad para aplicaciones musicales, de tiendas en línea y mapas. El resto es útil pero no de uso cotidiano y el sobrecoste no está justificado.

Hay regiones más entusiastas con las nuevas tecnologías pero son muy pocas las que se acaban quedando en la sociedad y la transforman. ¿Tienen sentido los wearables? Sí. Tienen sentido en nuestro día a día. Probablemente no. En sectores como el médico su utilidad es indiscutible. En el deportivo puede que también. El resto del tiempo, un reloj es más que suficiente si da la hora. ¿Cómo justificar que estar continuamente conectado valga 300€ y que encima se quede obsoleto en dos años?

El boom tecnológico de la última está lejos de desaparecer (es necesario) pero si echamos la vista atrás vemos que solo el smartphone se ha consolidado. La tableta tan solo han sustituido al ordenador en aquellos que realmente no necesitaban la potencia de un portátil o un sobremesa. El smart watch solo ha calado entre aquellos que quería un trozo de tecnología en su muñeca. Su rival nunca será un reloj automático porque por concepto no compiten. El primero está pensado para conectarnos y morir pronto. El segundo está pensado para que lo hereden nuestros hijos.

Todos son complementarios pero en la era del servicio, la acumulación de objetos tecnológicos parece tan poco probable como la de cualquier otro bien. Con la diferencia, de nuevo, de que todo ocurre más rápido en este sector. Será interesante seguir qué ocurre en un mercado que, o lanza algo rompedor a muy corto plazo, o está condenador a sobrevivir colonizando zonas hasta ahora vírgenes como África o parte de Asia.

Apple, nuevos retos para llegar al medio siglo

El pasado viernes 1 de abril Apple cumplía 40 años. Cuatro décadas desde que Steve Jobs y Steve Wozniak fundaran una de las empresas que, probablemente, mejor representen nuestra forma de entender hoy día la tecnología y la electrónica de consumo. Una compañía que, lejos de ser ese producto hippie e iconoclasta que quería romper la imagen de informática solo para expertos, afronta una nueva era batiendo toda clase de récords (ventas, beneficios y una imagen de innovación que pocas otras firmas tienen).

Si ahora los expertos rezan que los 40 son los nuevos 20 -milagros de la ciencia que nos permiten ser jóvenes más tiempo- Apple ha demostrado tener una capacidad camaleónica de transformarse. A 1 de abril de 2006 (esta bitácora ni siquiera existía) seis de cada diez dólares venían de la música. El iPod y su tienda de música, iTunes, habían cambiando completamente la forma en la que el mundo escuchaba a sus artistas.

Solo un año más tarde Steve Jobs rezaba el más famoso one last thing y enseñaba al mundo el iPhone. «Un iPod que permite llamadas de teléfono» -criticaron algunos-. «Un teléfono que nadie querrá porque no tiene teclas», exclamó Steve Ballmer de Microsoft. Un dispositivo que sigue batiendo récords de ventas y que supone el mismo porcentaje de ingresos que tenía antes el iPod.

Si miramos a la anterior década sí que vemos algo en común con la actual: la ausencia de Steve Jobs. Cuando falleció en 2011 la duda era siniestra: subsistiría la nueva Apple a la ausencia de su «mesías». La respuesta es tajante: sí. Es la empresa más cotizada del mundo -ahora se pelea con el cetro con Google- y lleva varios años batiendo sistemáticamente su propio récord de beneficios.

Sin embargo, igual que las personas pasamos por la «crisis de los 40«, los de Cupertino han previsto que las ventas de su iPhone caerán por primera vez (de ahí su iPhone 5SE para abrir nuevos mercados) y siguen inmersos en la búsqueda de un producto que cambie de nuevo nuestros hábitos de consumo -como lo hicieron antes los iPod, iPhone, iPad, etc.-. Es cierto que el Apple Watch apunta maneras y que Apple TV tiene aún mucho recorrido pero ninguno parece tener el músculo -aún- para revolucionar nuestras vidas.

Desde su nacimiento han tenido frente a sí retos titánicos: plantaron cara a IBM, resucitaron frente al dominio de Microsoft y su Windows, revolucionaron y crearon nuevos mercados y entraron como un tsunami en el mundo de la electrónica de consumo. Y, con más o menos suerte, han salido airosos hasta tocar el cielo.

Para hacernos una idea de su tamaño cabe decir que sus ventas trimestrales, unos 76.000 millones de dólares, son superiores al PIB anual de Costa Rica y las ventas de su producto estrella, el iPhone, al año, superan a la facturación de Disney, McDonald’s o Goldman Sachs. ¿Cómo es esto posible en una empresa con un catálogo tan reducido? La clave es su relación con sus clientes.

Tachados habitualmente de fanboys por su defensa a ultranza de los productos de la manzana mordida, la tasa de satisfacción de los usuarios no es comparable a cualquier otro bien de cualquier otra categoría y, según cifras de consultoras independientes, la tasa de fuga de clientes a la competencia es ínfima. Os recomendamos que leáis este sobresaliente reportaje de Amanda Mars en El País: [Enlace roto.].

Su diseño imbatible, su servicio post venta, el funcionamiento de sus productos y las campañas en las que muestran lo que las personas pueden hacer con sus productos y no lo que sus productos son capaces de hacer colocan todo su catálogo en el plano experiencial. Y conseguir eso con algo que tiene en su interior un chip es francamente complicado.

Su modelo se estudia en universidades y no son pocos los que reconocen que con todos sus defectos -muchos- Steve Jobs fue el mayor visionario del siglo XX junto con Henry Ford. No inventó nada -el cerebro de los primeros años era Wozniak y después solo dio el toque Apple a cosas que ya existían- pero hizo que todos necesitáramos sus «malditos cacharros», como los denominó recientemente Donald Trump.

Ahora que está bajo la lupa por su relación con el fisco en Europa y por su pelea con el FBI en Estados Unidos, el reto que se plantean es el de los contenidos. En todo el planeta ya hay 1.000 millones de equipos iOS (a los que hay que sumar otros cientos de millones de Macs) y el pastel -hasta que llegue otro producto milagroso con o sin ruedas- está en la música, en las películas y series y en las aplicaciones. Su músculo financiero, su reputación y su capacidad para comunicar son sus herramientas. Otro reto gigante ante el misterio de cómo será Apple cuando cumpla medio siglo.

Apple Keynote, muchas pequeñas mejoras en el software

Para los que esperaban que la Keynote del pasado día 21 fuera el momento en el que se lanzaran dispositivos «rompedores» como un iPad Air 3, un iPad Mini 5, un Apple Watch 2 o algún servicio relacionado con Apple TV, a buen seguro, la conferencia habrá sido un fracaso. La empresa de Cupertino suele dejar estos lanzamientos para junio o septiembre -previo campaña de Navidad-. La reunión de marzo suele traer alguna versión de modelos ya existentes -el 5SE y el iPad Pro de 9,7 pulgadas en este caso- y bastantes retoques en el software, la piedra angular de los californianos.

A día de hoy los de Tim Cook tienen cuatro grandes sistemas operativos. El más relevante por número de dispositivos activados es iOS (el cerebro de iPhone, iPad y iPod). El más capaz y solvente, OS X (que da vida a los Mac). Otro centrado en los wearables, Watch OS (que de momento solo se refiere al Apple Watch) y, finalmente, tvOS, que anima los Apple TV. Todos ellos han recibido mejoras. Os las presentamos todas.

  • iOS 9.3. La penúltima versión de iOS 9 -lo más probable es que en junio lancen iOS 9.4 para empezar en julio con las betas de iOS 10- se ha centrado, sobre todo, en proteger al usuario. Proteger su seguridad con un Touch ID que ahora también «bloquea» las notas; proteger nuestra salud gracias al modo Night Shift que adecua la temperatura del color de la pantalla y su brillo durante la noche para alterar -menos- nuestro sistema circadiano o un nuevo sistema de encriptado que proteja nuestros datos -siguen enfrascados en su pelea con el FBI-. Como funcionalidad, el 3D Touch, una de las apuestas de la empresa en los nuevos dispositivos móviles gana funcionalidades en las aplicaciones nativas y las más importantes de terceros. Por cierto, la unión con CarPlay mejora gracias a un mejor funcionamiento de los mapas y a una simbiosis más lograda con Apple Music.
  • OS X. La versión 10.11.4, en cambio, tiene como objetivo centrarse en la fiabilidad y estabilidad del sistema -algunos usuarios de equipos más antiguos se quejaban de una bajada de rendimiento que Apple pocas veces ve «tolerable». iBooks, iMessage -una de las apps nativas más usadas por los clientes de la empresa-, Fotos (suman soporte para recibir Live Photos)  y el soporte de seguridad para notas son las mejoras más llamativas. Safari también sufre mejoras -o, mejor dicho, soluciona el error que no le permitía abrir determinadas URL-. Por su parte, iTunes llega a la versión 12.3.3 para ganar compatibilidad con los nuevos equipos presentados y ser más estable y rápido.
  • watchOS 2.2. Si bien es pronto para lanzar una nueva versión del reloj inteligente de la casa -para no crear sensación de obsolescencia de los clientes y bloquear las ventas del equipo a la espera del nuevo Apple Watch 2- la empresa sabe que es absolutamente necesario lanzar actualizaciones en accesorios y software que refuerce la sensación de novedad en el usuario y atraiga a nuevos clientes. En el primer apartado destacan, una vez más, nuevas correas. En el segundo, el software que llega es 2.2 y viene con algunas novedades como los fondos de pantalla, la unión a Fotos mejorada, poder crear los «botones» casatrabajobuscar y cerca para obtener indicaciones para movernos así como unos Mapas más integrados y que adquieren  utilidades de la mano de Yelp. Salud y las mediciones de actividad diaria son ahora más fluidas y Apple Music gana relevancia en el conjunto.
  • tvOS 9.2. Por último, el sistema operativo inaugurado con el Apple TV 4 (que aunque no hay cifras oficiales, los proveedores garantizan que está siendo un éxito gracias a la implementación de aplicaciones, juegos y nuevos contenidos) también recibe novedades. La más destacable es que, como iOS, ahora permite archivar los programas en carpetas para tener una navegación más personalizada. El menú multitarea también recibe un repaso para parecerse más al de los dispositivos móviles. Como uno de los puntos fuertes del equipo fue la llegada de Siri al televisor, ahora han añadido los dictados de búsquedas -también por escrito la predicción de búsqueda- así como el soporte para teclados Bluetooth (ya era hora). Los podcasts también ven mejorada su aplicación por completo y ahora permiten la suscripción y archivo de unos pocos favoritos sin tener que perdernos en su enorme catálogo. En cuanto a iCloud y las Fotos en streaming, reciben un soporte completo para su gestión. Por último, la navegación ha mejorado exponencialmente. Ahora todo es más rápido y eso a buen seguro, será un gran reclamo para nuevos clientes.

iPhone SE, el 6S se vuelve «mini»

La relación de Apple con el tamaño de sus dispositivos siempre ha sido, cuando menos, peculiar. Sus usuarios defendieron (defendimos) durante mucho tiempo que no era necesario un tamaño XL para disfrutar de un smartphone. Sin embargo, cuando el 6 -mucho mayor- salió a la venta, el nuevo formato batió récords. Algo llamativo si tenemos en cuenta la sobresaliente acogida que tuvo por parte del público el enorme 6 Plus.

No obstante, a pesar de que el nuevo formato (nos) enseñó que iOS es mucho más iOS en frasco grande, y que millones de usuarios de Android se volvieron a Apple con el tamaño vitaminado, los de Cupertino detectaron que el 5S seguía teniendo buenas ventas por su rendimiento y porque todavía había un buen porcentaje de clientes que se resistían a incrementar su bolsillo -en todos los sentidos-.

Los rumores sobre el Keynote de hace justo una semana indicaban a un día de lanzamientos «mini». Un iPad Pro de pequeño formato y un iPhone 6S de unas cuatro pulgadas. En definitiva, un modelo que ayudara a la empresa a seguir creciendo en la gama «media», que hiciera frente a las versiones mini de los Galaxy S7 y que retuviera a los más fieles de la era Jobs.

Y los rumores no fallaron. Como analizaremos los próximos tres días, las gamas accesibles y el software han sido los protagonistas para abrir apetito de cara al encuentro de junio (donde sin duda llegarán nuevos dispositivos y sistemas operativos).

Un equipo redondo


El iPhone 5SE es el iPhone más asequible que nunca han comercializados los californianos. En nuestro mercado se venderá (libre) por 489€ en su versión de 16 GB (aquí nos «chirría» menos esta capacidad al ser un modelo de acceso, aunque seguimos recomendando configuraciones más capaces por el peso cada vez mayor de iOS y sus aplicaciones de referencia). Una cifra alta comparados con otros modelos de la competencia pero que quedará «justificada» cuando hablemos de sus especificaciones.

Por fuera retoma la forma del 5S. Un modelo -para nosotros- con el mejor diseño hasta la fecha. Aluminio y cristal. El bisel lateral se ha mejorado para facilitar el agarre, el conjunto pesa 113 gramos y tiene menos de 8 mm de grosor. Un Touch ID mejorado y un tamaño manejable con una mano -como rezaba en su momento la publicidad de la casa-. ¿Suficiente para ser un éxito? No. Pero esta vez lo importante sí que está en el interior.

El chip del 5 SE es el A9, un dual core a 2 GHz y arquitectura de 64 bits que ya demostró en el 6S -con mucha más pantalla que mover– que es capaz de sacarle los colores a procesadores de más del doble de núcleos. La baza software-hardware es, por el momento, imbatible y en un tamaño tan compacto promete ser fulgurante.

Además, también permite heredar funciones como la activación por voz de Siri o las Live Photos, además de una conjunción perfecta con el Apple Watch. En definitiva, un 6S comprimido que dará que pensar a los compradores potenciales de un iPhone 6. También implementa, como sus hermanos mayores, el chip NFC de rigor para ser compatible con Apple Pay así como el mismo sistema LTE, WiFi y Bluetooth del equipo tope de gama.

La diagonal de 4 pulgadas «esconde» un panel Retina con tecnología IPS y 326 ppp que parece quedarse corto comparado con otros gamas media pero que, visto el historial de Apple en este plano, parece que responderá con creces.

Donde no se la han jugado es en la cámara. Han dado el salto directamente del 5S al 6S e implementan el sobresaliente equipo de 12 Mp, flash con tecnología True Tone, apertura f 2/2, lente de cinco elementos y cubierta de cristal de zafiro que garantizan uno de los mejores rendimientos del mercado (grabación vídeo 4K) gracias a los Focus Pixels.

Tampoco han dudado con la batería. A pesar de las limitaciones de tamaño, grosor y peso, garantizan un rendimiento superior al 5S. Lo contrario sería imperdonable. Sobre todo después de acostumbrarnos con los «6» a estar lejos del enchufe todo un día.

El nuevo color oro, nuevos accesorios específicos con mucha mayor calidad que los de su predecesor y una tarjeta gráfica que triplica el rendimiento del 5S y duplica la del 6 son la carta de presentación de un equipo que solo nos falla por los escasos 1,2 Mp de la cámara frontal. Aún así, nos parece un equipo redondo para aquellos que quieran entrar en el universo Apple sin gastarse el dineral que la casa nos pide por los pesos pesados de su catálogo. Mucho más que recomendable.

Apple, entra en su momento decisivo

Tim Cook probablemente es una de las personas más influyentes de Silicon Valley. Por qué no de Estados Unidos -con lo que esto significa-. Cuando heredó el puesto de CEO de Apple (y sobre todo después de la muerte de Steve Jobs) fueron muchos los que clavaron los ojos en él viendo que haría con una empresa que a pesar de tener millones de fans y detractores lleva mucho tiempo marcando el ritmo de la electrónica de consumo. Siempre se espera más de ellos que de ninguna otra.

Tras un principio titubeante en el que tuvo que trabajar debajo de la alargada sombra del fallecido gurú comenzó a cambiar y modernizar la compañía. ¿Modernizar? Sí, decidió que aunque los de Cupertino son diferentes no podían seguir al margen del mercado. iPads más pequeños, iPhone más grandes, streaming, nuevos interfaces… La apuesta era arriesgada pero el resultado fue redondo: record de beneficios año tras año y una cotización de 700.000 millones de dólares. Un control absoluto del mercado de smartphones y un aura de intocables.

 

Sin embargo, una lección básica de economía -y de la vida- es que el crecimiento y la bonanza nunca duran para siempre. El pasado día 26 la empresa presentó sus resultados financieros referidos al primer trimestre de 2016 con lo que, por fin, podemos tener una imagen completa del año 2015. Y de nuevo tenemos cifras récord: una facturación de 75.900 millones de dólares y unos beneficios de 18.400 millones. ¿Dónde está el problema entonces? En que es una variación positiva de solo el 2%. Demasiado plana para los inversores que ya llevan castigando en el parqué a los californianos desde julio y que ya han restado un 20% al valor de la empresa (ahora es de 535.000 millones).

Lo que más preocupa es el comportamiento del iPhone. Durante el trimestre presentado se comercializaron 74,7 millones de terminales. Eso deja el total en algo más de 310 millones durante todo el año, una cifra muy superior a 2014. No obstante, si comparamos el trimestre de lanzamiento del iPhone 6 con el del iPhone 6S vemos que el terminal a duras penas ha crecido. Solo un 1%. Y eso es algo que nunca le había pasado al smartphone desde su lanzamiento en 2007.

La empresa -y por una vez también los analistas- coinciden en que la variación tiene solo una razón: el comportamiento del dólar de forma global. Con la misma evolución de un año antes los ingresos de la multinacional habrían crecido un 15% hasta los 80.800 millones de dólares.

Si vamos más allá y nos fijamos en los productos vemos que las unidades del iPhone están «planas»; que el lanzamiento del iPad Pro en noviembre no ha conseguido parar la caída del iPad (que ha visto caer sus ventas un 25% en el último trimestre y sus ingresos un 21%); y que aunque los Mac se comportan mejor que el resto del mercado de ordenadores, también han dejado de crecer (han caído un 3% en el interanual). La buena noticia es que en el apartado de «otros» donde entran los Apple TV, Apple Watch, Beats, iPod y accesorios han vivido un crecimiento del 62%.

El problema para muchos es la excesiva exposición que la empresa tiene al mercado de smartphones. El iPad está bajando drásticamente su presencia en el negocio -no así en el mercado- y ya representa lo mismo que los Mac (un 9%) y aunque el negocio de servicios -desde Apple Music a Apple Care pasando por Apple Pay y la tienda de aplicaciones- siguen en buena forma, no llegan al 6% del total.

La empresa saca pecho diciendo que han batido un nuevo récord de dinero en caja: más de 216.000 millones de dólares (podría comprar Microsoft, Facebook o Samsung con ese dinero). Además, dentro de su estrategia se prevén movimientos importantes como el proyecto Titán -a pesar de la marcha de Steve Zadesky se da por hecho que entrarán antes de 2020 en el negocio de la automoción- o la realidad virtual y aumentada donde está realizando importantes fichajes.