iPhone 6, cuando Apple regresó al futuro

No era para nada fácil la tarea de Apple. La empresa de la manzana ha sido especialista durante mucho tiempo en crear nuevos mercados o en redefinir los ya existentes. Ocurrió con iTunes y el iPod (transformaron nuestra forma de consumir música); volvió a pasar con el iPhone y el iPad (redefinieron los teléfonos y crearon las tabletas); también los MacBook Air y los iMac -los primeros ultrabooks y el manual de cómo construir un todo en uno-. Precisamente por eso, cada vez que se acerca una renovación de alguno de estos el listón es tan alto que salvo la perfección, todo cae en crítica.

Más allá de fanboys o haters (me temo que por mucho que le duela a estos segundos son la única tecnológica que no deja indiferente a nadie), sus lanzamientos abren telediarios, llenan portadas y saturan servidores. Y el pasado martes tocaba una de las importantes. Desde el lanzamiento del primer iPhone allá por 2007 la casa se marco la norma no escrita de redefinir el dispositivo cada dos años (los intermedios sacan las versiones S potenciadas).

Todo estaba pensado hasta el milímetro para subrayar la filosofía de la empresa. Desde el emplazamiento, el Flint Center de Cupertino fue el lugar donde Jobs presentó en 1984 «el» Mac y en 1999 el iMac, hasta la imagen con el que se saludó al público (el legendario ordenador con la palabra Hello en su pantalla).

Los rumores -muchos de ellos inducidos por la propia casa y los proveedores- indicaban que habría un iPhone 6 en dos tamaños pero los supuestos problemas con el abastecimiento de cristal de zafiro para las pantallas parecía que nos iba a dejar a medias. Nada más lejos de la realidad. Tim Cook, salió con todo. Quería demostrar que en Cupertino sólo saben hacer las cosas de un modo y, una vez se han quitado las ataduras del fallecido Jobs, han demostrado que ese modo es a lo grande.

Regreso al futuro

El iPhone 6 es un gran salto y un homenaje al primer iPhone en sí mismo. Su parte trasera de metal, el modo en el que se une al cristal posterior y los cantos redondeados nos recuerdan al primero de la saga. Sin embargo, que el «pequeño» crezca hasta 4,7 pulgadas y que nazca una versión Plus de 5,5 deja claro que Cook sabe lo que quiere el mercado y que ya ha pasado tiempo suficiente (4 años) para olvidar las palabras de Jobs sobre el tamaño de la pantalla (para él la única opción eran 3,5 o 4 pulgadas).

El iPhone es el teléfono más vendido en todo el mundo de largo y no sólo el 5S. En el top five también aparecen el 5C y el 4S. No obstante, la falta de un terminal con más tamaño no sólo ha permitido un crecimiento exagerado de Android sino que ha hecho que Apple se dejara muchos clientes por el camino. Además, a pesar de la moda phablet el mercado sólo tiene una referencia, un Galaxy Note 4 recién renovado que se teme lo peor.

Una vez decidido esto los ingenieros de la casa tenían que conseguir un smartphone ultrafino, ultraresistente, con una pantalla de referencia, más autonomía, más rápido y capaz, igual de bonito y ligero… y manteniendo los precios. Un bonito reto que se ha solucionado de forma sorprendente.

El iPhone 6 tiene un grosor de 0,69 cm y el 6 Plus de 0,71 cm. El aluminio anodizado (aquí ya no entienden de policarbonatos que se hacen pasar por otras cosas) se une al vidrio sin biseles ni aristas. Todo es fluido y redondeado para que sea más ergonómico y más fácil de gestionar con una sola mano -en el caso del Plus por mucho que nos lo aseguren, lo dudamos-. ¿Pero cómo hacer una diagonal más grande y conseguir que sea más fino? En primer lugar, construyendo una pantalla nueva que no sólo multiplica la resolución sino que es más delgada.

La Retina HD (en el Plus da una resolución de 1.920×1.080) ha cambiado desde el proceso de fabricación en el que la alineación de los cristales líquidos permiten que los píxeles de doble dominio den negros más profundos, más contraste y se mejore la polarización. Todo se ve mejor desde todos los ángulos y bajo cualquier condición de claridad. Además, más diagonal permite activar la opción zoom para ver mejor todo en la pantalla cuando lo necesitemos.

El software también se ha  remozado para que la vista horizontal sea realmente horizontal. No sólo gira el interfaz sino también las utilidades y hasta el dock se reubica para que sea más fácil trabajar con las apps.

En su interior también ha habido mejoras. La primera es el nuevo chip A8 y su coprocesador M8. Siguen con la arquitectura de 64 bits que ya hizo del 5S el primer terminal con chip de dos núcleos que corría tanto como cualquier Android con quad core. El rendimiento de la CPU y la GPU mejoran ostensiblemente respecto al 5S a pesar del aumento de la pantalla y su mayor resolución.

Su arquitectura de 20 nanómetros no ha sido óbice para la inclusión de 2.000 millones de transistores que no sólo mejoran la eficacia sino que hacen del A8 un 50% más eficaz que su predecesor y esto redunda en una mayor vida de la batería.

Por fin cifras que nos mantendrán alejados del enchufe y que, por lo tanto, multiplicarán la vida útil de la pila al tener que recargarla bastante menos. Además, esto también hará que los desarrolladores puedan jugar sin miedo a la hora de crear mejores gráficos y más capacidades para sus aplicaciones. Metal, por ejemplo es una herramienta específica para los que quieran hacer de sus juegos un problema para los de la PSVita.

Por su parte, la apuesta de Apple con el deporte y la salud -ya lo vimos con el Apple Watch-, redunda en un chip M8 que aumenta capacidades y prestaciones. Se encarga de la brújula, giroscopio, acelerómetro, barómetro y pasa todos los datos a las nuevas aplicaciones que iOS 8 dedica a nuestra actividad. Quedarse en el sofá ya no es una opción ya que nunca fue más fácil monitorizar nuestro ejercicio y ponernos metas.

iSight

 

 

Sin duda la piedra filosofal de todos los iPhone hasta la fecha. Las hay más potentes. Las hay con más aplicaciones de edición. Pero ninguna ha adquirido ese compendio de manejo, calidad y uso como la del iPhone. La cámara que enterró a las digitales se ha remozado en pequeños detalles para seguir siendo la más utilizada del mundo.

A sus 8 Mp de 1,5 micrones y su apertura f/2,2, le han añadido nuevos sensores (como el Focus Pixels que manda información extra sobre lo que encuadramos para que el autofocus se encargue de detalles que ni nosotros veíamos), una detección facial mejorada, un control de exposición más intuitivo que se puede aplicar desde la misma toma previa, un estabilizador óptico automático apoyado en el giroscopio y el chip M8, una app de fotos totalmente remozada y que gana en detalles y nuevas panorámicas de hasta 43 Mp.

Además, la nueva iSight permitirá realizar vídeos en 1080p HD a 60 frames por segundo; se mejora el ratio de la cámara lenta (ahora hasta 240 fps) y añade la captura en modo time lapse… y todo ello con estabilizador de imagen y enfoque automático continuo. El modo ráfaga también mejora y todo ello redunda en un Face Time que se vuelve HD gracias a un 81% más de luz captada.

Conectividad

 

Y todo esto se redondea con unas mejores posibilidades de conexión. El 6 estrena el 4G LTE con mayor capacidad del mercado. Sus 150 Mps de descarga son sólo la punta del iceberg de un smartphone que es compatible con hasta 20 bandas LTE, nueva compatibilidad WiFi 802.11 ac (hasta tres veces más rápida que la actual) y Bluetooth LE. Todo en él será fulgurante.

Por su parte, Apple Pay se convierte en el sustituto de un modelo que tiene «más de 50 años». Y es que Silicon Valley se ha propuesto acabar con las carteras y las tarjetas de crédito. Los datos bancarios estarán en el equipo y una vez validados con el banco bastará con pasarlo por la caja en el establecimiento donde compremos.

Parece que el escándalo de las famosas ha hecho que pongan la tilde en la seguridad. Al Touch ID (que también mejora su sensibilidad y su seguridad) se une un sistema de pagos que irá abandonando las contraseñas por la biometría. Un esfuerzo porque la nube, el centro de Apple, sea cada vez más infranqueable.

En resumen, el iPhone, el puntal de la compañía, ha hecho lo que tenía que hacer. Dar el salto técnico necesario para volver a colocarse por delante de sus rivales gracias a la dupla con iOS 8. Además, responde -a pesar de Jobs- a las demandas del mercado y tranquiliza a sus clientes habituales (muchos defendemos el tamaño contenido de los dispositivos) con un Apple Watch autónomo.

Le lloverán las críticas seguro pero también los aplausos en forma de ventas millonarias y, sobre todo, de un valor bursátil de la compañía histórico: ayer sobrepasaron los 600.000 millones de dólares. Y eso que todavía les queda renovar los iPad…

iPhone 5S, porque no es sólo un iPhone 5

Desde la presentación el pasado día 10 de los dos nuevos terminales de Apple -que sustituyen por primera vez a la versión tope en el mercado y que, por primera vez hará que haya dos terminales de una misma generación en el mercado- ha habido un gran debate sobre si se trata de una mera evolución (involución en el caso del 5C) del iPhone 5 o si realmente es algo más que un cambio en la carcasa del smartphone.

 

Al igual que muchos fabricantes de lujo de cualquier mercado Apple siempre ha intentado que los propietarios de cualquiera de sus productos no tengan la necesidad de cambiarlo cada pocos meses. Los medios son varios: permitiendo que cualquier dispositivo disfrute de actualizaciones de sistema operativo durante varios años (el propio iPhone 4 podrá descargarse iOS7 casi por completo… y se lanzó en el lejano 21 de junio de 2010… hace más de tres años) y, sobre todo, con ligeras actualizaciones de diseño cada dos generaciones.

 

El concepto es el siguiente: cada 24 meses varía el diseño, las dimensiones y, sobre todo, las capacidades del terminal. Y un año después, las versiones S completan al máximo las posibilidades del equipo con cambios de calado en el hardware de cada iPhone sin variar su imagen exterior. Los propietarios de un iPhone 5 no tendrán en sus manos un dispositivo anticuado a simple vista. Los propietarios de un iPhone 5S tendrán en sus manos el teléfono más potente de la historia hasta la fecha. Todos contentos. (Nos preguntamos por qué si Sony ha hecho lo mismo con su Xperia Z1 no se ha llevado ningún palo… o por qué se aplaudió el Galaxy S4 de Samsung donde sólo se implementaron sensores que nadie usa y un procesador de 8 núcleos para unos pocos mercados).

 

El objetivo de los nuevos terminales es diferente en cada caso. Por un lado, el iPhone 5C es ese móvil «más barato» (no barato) que Tim Cook prometió. Y el que se encargará de que Apple supere la barrera de los 700 millones de dispositivos iOS activados (no está mal para un catálogo tan reducido). El iPhone 5S, por su parte, tiene una única función: ser el smartphone más potente del mercado. Demostrar a la competencia que su dupla hardware-iOS es imbatible (alguien debería recordarle a Google y Samsung aquel acertado slogan de Pirelli, «la potencia sin controlo no sirve de nada») y sobre todo, colocar a los de Apple en la cima hasta que el año que viene -si se cumple la tradición- presenten el iPhone 6 antes del verano.

 

En cuanto al software, iOS7 nos regalará desde el próximo 18 de septiembre el pack iWork, iMovie, iPhoto; estrenará iTunes Radio -con el que darán un buen golpe a Spotify y Pandora- y Siri, que ha multiplicado sus capacidades hará una suerte de downgrade hasta el iPhone 4, el iPad 2 y los iPod Touch 5G.

 

Dentro, el iPhone 5S cuenta con un nuevo procesador, un coprocesador de movimientos, un lector biométrico inédito, más RAM, etc. ¿Por qué Tim Cook no lo ha llamado iPhone 6 cuando había motivos más que de sobra para hacerlo? Porque el CEO de los de Cupertino reserva esta generación para un terminal que crezca en tamaño y potencia respecto a esta generación.

 

El nuevo 5S es algo más que una nueva combinación de colores exteriores (al negro y al blanco se suma el tono oro, que causará furor fuera de Europa y Estados Unidos) y un buen puñado de fundas de silicona que aumentarán su facturación y las posibilidades de personalización sin tener que recurrir a productores externos.

 

En su interior late el procesador A7 con arquitectura de 64 bits que en las primeras pruebas de laboratorio lo colocan como el más capaz y ahorrador del mercado por encima, incluso, del musculado 8 núcleos del Galaxy S4 y de otros modelos con la estructura 4+1 (este último latente y que sólo trabaja cuando se demanda mucha capacidad como en juegos o un multitud de aplicaciones abiertas). Hasta mil millones de transistores se encuentran clavados en la placa para un modelo 5 veces más capaz y rápido que el iPhone 5 (menos mal que no había evolución). El representante de Epic, el estudio que presentó la versión de Infinity Blade 3, «nada que envidiar a las consolas».

 

Por si esto fuera poco, Apple ha sumado el «coprocesador» M7 que se encargará de los acelerómetros, giroscopios, GPS, podómetros, etc. y que permitirá ahorrar una gran cantidad de energía. Todo ello servirá para la nueva aplicación Nike Plus: Move, que abandona el atletismo para convertirse en un entrenador personal completo. Además, en breve llegará una actualización de Apple Maps que será capaz de adecuar gracias a este chip nuestras rutas según vayamos a pie, coche o transporte público, calcular los tiempos hasta las estaciones de metro, tren o autobús -en Estados Unidos permitirá comprar los billetes- e, incluso, si cambiamos de coche a pie, marcar la ubicación de nuestro vehículo para que luego lo encontremos fácilmente.

 

En cuanto a la autonomía, Apple promete 10 horas en navegación 3G, 10 de reproducción de vídeo, 40 escuchando música -también han mejorado el sonido de los altavoces y de la reproducción para adecuarlo a iTunes Radio que «emitirá» con el doble de resolución que cualquier CD del mercado- y hasta 250 en espera. En resumen, un 10% más que el iPhone 5 y un 40% más que un iPhone 4S. Y todo ello con una batería del mismo tamaño y peso.

 

La fotografía -Apple es una de las marcas multimedia por excelencia- se ve mejorada en dos frentes: se han implementado dos flashes LED que varían la temperatura de color entre más de mil combinaciones posibles para buscar siempre la combinación más acertada. Además, aunque la resolución se mantiene, han ampliado el tamaño del sensor un 15% (más luz es igual a más información y esto a más calidad de imagen). El software incorpora nuevas posibilidades como filtros y fotos cuadradas. Captura vídeo en Full HD e incorpora la posibilidad de grabar en modo superlento (hasta 120 frames por segundo). Casi cuatro veces lo que capta nuestro ojo. Las cinco lentes, por cierto, han sido rediseñadas por Apple para seguir siendo una referencia de calidad en el mercado.

 

Por último, «una lente de zafiro esculpida con láser detectará las capas subepidérmicas de nuestra contraseña biológica«. Más sencillo, una lente protegida contra golpes o rayones leerá nuestras huellas dactilares para que sólo nosotros podamos desbloquear el terminal sin necesidad de garabatos en un tres en ralla o contraseñas de cuatro números. Más eficaz que el reconocimiento facial (que falla con los cambios de peso o peinado) se incorporará también a las compras en iTunes para evitar disgustos.

 

Lo único que no tiene es Android. Para lo bueno (seguridad, estabilidad, velocidad) y para lo malo (¿?). En definitiva el iPhone 5S sí es un terminal nuevo pero parece que si no se le cambia el exterior nadie lo quiere. Toda una lección de tecnología «más allá de lo que tus ojos ven».