Inglés, ¿el idioma de la tecnología?

Cualquier que se haya dado una vuelta por los post (entradas) de este blog (bitácora) se habrá dado cuenta que, junto con el castellano (idioma en el que se escriben los contenidos) abundan los tecnicismos y expresiones en inglés. Las grandes potencias informáticas -al igual que casi todos los sectores económicos- han adoptado la lengua de Shakespeare como lenguaje universal. Es por ello que casi todos hablamos de smartphones y no de teléfonos inteligentes, tenemos tablets y no tabletas, y pronunciamos con toda naturalidad siglas y acrónimos como LED, HD o WiFi.

 

Sin embargo -y con razón- son cada vez más los lingüistas que se preguntan hasta qué punto la adopción de los neologismos es correcta o se está exagerando por la moda. La Real Academia de la Lengua y el Primer Foro Mundial de la Lengua Francesa han debatido sobre esto la última semana -ha sido muy comentada la aceptación de chatI y blog como palabras castellanas-.

 

El encuentro francófono, que tuvo lugar en la provincia canadiense de Quebec, ha mostrado los esfuerzos de la lengua de Victor Hugo por defenderse de esta «invasión» creando nuevas palabras que equivalgan o sustituyan a las extranjeras. Pourriel por spam (correo basura), baladodiffusion por podcast o clavardage por chat son sólo algunas de las alternativas que recomiendan los quebequeses.

 

La RAE, de momento, ha mostrado cierta «sumisión» a la ola de anglicismos. Son muchos los que creen que el cada vez mayor peso de los países hispanoamericanos (cuyo español se acerca mucho más al inglés americano que el castellano peninsular) ha sido determinante para que la institución regidora acepte chat (y no charlar) y blog (en vez de recomendar bitácora o bloc).

 

Es cierto que hemos de tener en cuenta que la adopción de la RAE sólo significa el reconocimiento de su uso, si bien, el poco atractivo -las modas- de los equivalentes hispanos parece haber sido definitivo para que estos dos vocablos se unan a tuit o hashtag (en este caso, etiqueta).

 

Además, como explica en el artículo de El País la presidenta del Consejo de Quebec para la Lengua Francesa, «parte del éxito del inglés es ser capaz de crear palabras rápida y eficazmente, y estar seguros de que serán usadas».

 

Para poder «sobrevivir» a esto, ambos idiomas -así como el alemán, ruso, holandés, etc.- tendrán que ganar agilidad en la adopción de nuevos términos. Necesitan añadir términos propios a la red y el entorno tecnológico para que sean atractivos y naturales para los hablantes. En cualquier caso, del mismo modo que el latín y el griego fueron el idioma de la ciencia durante siglos, parece que ahora le ha tocado el turno a este idioma germánico.

 

Mientras, los usuarios, seremos los que tengamos la última palabra sobre cómo llamar a nuestra actividad tecnológica, pero parece que los gadgetsfacebooktuits y compañía seguirán una buena temporada con nosotros.

Programación, ¿protegida por copyright?

En plena vorágine por la pugna entre Oracle y Google por los derechos sobre Java, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha sentenciado que el lenguaje de programación y la funcionalidad de los programas informáticos no están protegidos por los derechos de autor en Europa (el código fuente y el código objeto del mismo sí). La clave del fallo reside en que «si se protegieran mediante copyright se monopolizarían las ideas en perjuicio del progreso técnico y del desarrollo industrial».

 

La sentencia -que ha levantado ampollas al otro lado del Atlántico- ha servido para cerrar la pugna entre SAS Institut y World Programming en Gran Bretaña después de que la primera demandara a la segunda por «copiar los manuales y los componentes del sistema SAS -se emplea para analizar el riesgo financiero, la dirección estratégica de empresas y el desarrollo de modelos para minería de datos– e infringir de este modo los derechos de autor y las licencias de la versión de aprendizaje». La segunda, por su parte, alegaba que había adquirido legítimamente estas licencias y que las aplicó para aprender de ellas y crear un sistema alternativo propio».

 

Ante semejante entuerto el alto tribunal de las Islas acudió a la máxima instancia continental que ha considerado que los derechos de autor protegen «todas las formas de expresión de la creación intelectual propia del autor del programa. No obstante, las ideas y principios implícitos en cualquiera de los elementos del programa, incluidos sus fundamentos e interfaces, no lo están».

 

La clave de todo ello es que, según las pruebas recopiladas por el tribunal, World Programming no tuvo acceso al código fuente del programa de SAS Institute ni efectuó la descompilación del código objeto del mismo». Tan sólo reprodujo la funcionalidad del programa gracias a -aquí llega la parte más compleja- «la observación, al estudio y la verificación del comportamiento del mismo utilizando el mismo lenguaje de programación y el mismo formato de archivo de datos».

 

Frente a posibles apelaciones de SAS Institute, el Alto Tribunal ha explicado que «si un tercero obtuviera la parte del código fuente o del código objeto correspondiente al lenguaje de programación o al formato de los archivos de datos y se sirviera del mismo para crear elementos similares en un tercer programa» tal comportamiento sería ilegítimo.

 

 

Oracle vs Google


Mientras, desde el pasado 1 de mayo el jurado popular delibera si Google, la empresa dirigida por Larry Page, violó patentes de Oracle por utilizar partes de programación Java.

 

En los argumentos finales los abogados de Oracle dijo que «tomar partes de un lenguaje informático es como hacerlo de una sinfonía». Por su parte, los letrados de Google se centraron en que la empresa de Larry Ellison apoyó Android y que, incluso, quiso lanzar su propio terminal. No obstante, ante el inteto fallido, Oracle decidió querellarse contra los de Mountain View. Después de esta decisión, el jurado deberá pronunciarse por otras supuestas infracciones llevadas a cabo por la empresa del buscador.

John McCarthy, el padre de la Inteligencia Artificial

Una vez más rendimos homenaje a una de las grandes mentes que se han despedido de nosotros en un octubre fatídico. Después de [Enlace roto.] y [Enlace roto.] le ha llegado la hora al genial John McCarthy, creador del concepto de Inteligencia Artificial.

Nacido en Boston en 1927, pasará a la Historia, sobre todo, por la creación de LISP, el segundo lenguaje de programación más antiguo -sólo superado por un año por Fortran- en 1958. Licenciado en matemáticas en CalTech -el Instituto de Tecnología de California- se doctoró en la misma disciplina en Princeton en 1951.

Profesor durante algunos años de universidades como Princeton, Dartmouth y el MIT, en 1962 se convirtió en profesor «a tiempo completo» en la Universidad de Stanford hasta el año 2000. Durante su estancia en el Instituto Técnico de Massachusetts fundó junto a Marvin Kinsky el Laboratorio de Inteligencia Artificial.

Inteligencia Artifial, un futuro posible


En 1958 McCarthy definió la IA como «la ciencia e ingeniería de hacer máquinas inteligentes, especialmente programas de cómputo inteligentes». A partir de este concepto desarrolló LISP que partía del precepto de que las máquinas, si se empleaba el «lenguaje» adecuado con ellas, podrían «aprender» de cinco modos diferentes:

  • El primer proceso es aquel en el que se ejecuta la búsqueda de una respuesta adecuada de la máquina por cada entrada de lenguaje (análoga a los actos reflejos humanos).
  • En el segundo, se da la búsqueda del estado requerido por la máquina para cada situación de entre todas las posibles respuestas que requiere el estímulo a la máquina.
  • El tercero y más complejo se basa en los algoritmos genéticos, según los cuales la máquina aprende a evolucionar de un modo similar al de las cadenas de ADN.
  • Redes neuronales artificiales donde la estructura de funcionamiento de la máquina se convierte en una similar a la de nuestro sistema neurológico.
  • El último paso es la creación de un razonamiento mediante una lógica formal similar al pensamiento abstracto humano.

Muchos de estos pasos sólo se están iniciando. Muchos rozan la ciencia ficción y muchos ni siquiera deberían darse. Sin embargo, el sólo planteamiento de los mismos y la creación de algunas de las herramientas necesarias para poder llegar a ellas muestran la clase de genio de la que estamos hablando.

Descanse en paz, John McCarthy.