Amazon, todo un modelo de negocio

El mundo editorial sigue revuelto. Por lo menos es lo que se desprende del Encuentro de Editores Europeos que se ha celebrado esta semana en la Casa del Lector de Madrid. La mayoría de las empresas se encuentra en la encrucijada de ganar espacio en los nuevos formatos sin descuidar el papel, su razón de ser durante siglos.

 

Los ánimos son de lo más variado: desde una industria británica emocionada por un nuevo mundo digital donde ve posibilidades de expansión -la tasa de penetración de los libros digitales en el Reino Unido es del 12% frente al 1% de mercados como el alemán, francés o español- y tiene como abanderado a Penguin que ya alardea de que el 17% de sus ingresos viene de los eBooks y que ya piensan en aplicaciones para tabletas -los grandes rivales de los eBooks-; hasta las peleas en los demás mercados porque el IVA a aplicar a los libros digitales sea el mismo que a los libros en papel.

 

Es cierto que la industria mira a la tecnología con una mezcla de miedo y esperanza: en plena crisis y con una bajada preocupante del consumo del ocio, los nuevos soportes pueden ayudar a acceder a clientes mucho más variados. Además, los editores podrán marcar el precio de los libros (en dura pugna con los canales de distribución, donde destacan sobremanera Apple, Google… el gigante Amazon) y eso debería volverlos más competitivos y agresivos. Sin embargo, la piratería y competir en el mismo soporte contra páginas web, redes sociales y juegos se les antoja -a algunos- demasiado reto.

 

Pero toda amenaza ha de convertirse en oportunidad y muchos editores clamaron que compartir espacio con esos otros tipos de ocio debe servir para que la industria sepa identificar más los gustos de sus clientes. Conocer más de ellos mediante los clicks y el tiempo que pasan delante del aparato.

 

Es aquí donde la compañía de Jeff Bezos da a la industria europea una lección magistral. Amazon estudia los clicks que hacemos en su web y sus Kindle. Incluso en que momento abandonamos la lectura de un libro… o cuáles son los párrafos más subrayados por todos sus lectores (millones). Esto, entre otras cosas, permite actualizar cada hora cuáles son los best sellers de su inmenso catálogo. Y todo esto se aplica, también a las apps que han desarrollado para otros sistemas operativos, como Android o iOS.

 

Lo importante es que estos datos no sólo son valiosos (también hablamos de dinero) para Amazon. Saber dónde un lector dijo basta a una lectura es oro para un editor y, en primera y última instancia, para el escritor. Sobre todo cuando la tasa de abandono es muy alta (no lo habría podido explicar mejor que Fernando García en El País). Pero esta información no se comparte. De momento. Sólo podemos acceder a los párrafos más subrayados. Todos ellos conocidos en la literatura y que muchas veces se convierten en leit motives tan importantes como las frases míticas del cine.

 

De este modo, mientras los editores europeos se preparan para la conversión digital, Amazon ya ha aprendido a vender los libros en todo el continente desde Luxemburgo -donde el IVA es sólo del 3% y puede ganar un 18% más que cualquier otro editor-, se dispone a conquistar el mercado móvil y explora otras formas de explotar los millones de datos de sus lectores. Da la sensación de que mientras unos van en un Formula 1 otros están aprendiendo a sacarse el carnet. Mientras, Bruselas, preocupada por los impuestos. Qué pena que no seamos capaces de potenciar un modelo de negocio como el que lleva años funcionando a orillas del Pacífico.

Amazon Kindle Touch 3G, el libro digital

Sin duda alguna, el Kindle es a los libros electrónicos lo que el iPad a las tabletas: el referente y el objetivo de todos sus rivales. El último modelo en sumarse a la familia es el Touch 3G, el eBook definitivo.

 

Además de conectar con conectividad vía WiFi, el nuevo Touch 3G cuenta con el servicio Whispernet que es compatible con las principales redes internacionales de telefonía y que permite que el usuario se descargue cualquier libro que quiera leer desde donde esté con la sola preocupación de tener suficiente cobertura y de que el coste de la conexión es de 0,10 euros por cada Mb descargado.

 

Para los que quiera ahorrar, la conexión USB y el WiFi son sus armas para pagar sólo por los contenidos de lectura. Pero la conexión 3G también nos regala conexión a Wikipedia y a un sencillo pero eficiente navegador web. Todo ello por sólo 60 euros más que en el equivalente WiFi. No es mucho pero si tenemos en cuenta que es casi un 50% más que en la versión básica, habrá que pensárselo dos veces antes de decidirnos por la versión más versátil.

 

El formato exterior es prácticamente idéntico y el 3G nos sorprende por su gran ligereza. Ambos comparten el mismo interfaz: sencillo, limpio, ágil y adaptable al uso que le demos en cada momento al dispositivo. La tecnología E-Ink, además, nos hace olvidar rápidamente la falta de colores (sólo se comercializa en blanco y negro) gracias a la comodidad para leer textos. Es como leer sobre un folio encuadernado. Asimismo, como usa la luz reflejada, en caso de poca luz ambiental, tendremos que emplear una luz auxiliar. Lo hace más incómodo que una tableta, pero también cansará mucho menos nuestra vista. Habrá que esperar a las nuevas generaciones para asegurarnos de que Amazon se decanta por esta tecnología que hará de los Kindle equipos mucho más autónomos.

 

En cuanto a los gestos táctiles, como siempre sencillos e intuitivos y sin que afecten a la calidad de la lectura ni de la nitidez del interfaz. El responsable de este buen rendimiento es el procesador ARM Cortex A8 a 800 Mhz similar al de los primeros iPad unida a una memoria interna de unos 4 Gb con capacidad para almacenar unos 3.000 libros. Toda una vida.

 

La pantalla Pearl E Ink de 6 pulgadas y una resolución neta de 167 ppp (800 x 600) dan buena cuenta de una lectura relajada ideal para el tiempo frío y lluvioso que nos acecha. El único defecto que le encontramos es su incompatibilidad para el formato ePub, pero para aquellos fieles a la tienda de Jeff Bezos, no habrá ningún problema.

 

Como conclusión, un excelente libro electrónico con una maravillosa calidad de visualización, gran velocidad de respuesta y un interfaz inmejorable. La única duda antes de decantarse por él es saber si lo necesitamos con 3G o nos vale con el WiFi.

Tabletas, ¿también para leer?

Hasta hace unas semanas parecía claro que las tabletas tenían una función plenamente multiusos (internet, música, vídeo, juegos y gestores de correo entre otras) salvo una: la lectura de libros era un terreno acotado para los libros electrónicos: sus pantallas con tinta electrónica parecían perfectas para disfrutar del cuarto arte durante horas sin casi notar fatiga.

No obstante, desde el pasado 16 de marzo -fecha de lanzamiento del nuevo iPad con su espectacular pantalla Retina- parece que el mundo se ha puesto patas arriba. La duda que nos surge es, sin embargo, ¿es posible concentrarse mucho rato en la lectura en una tableta teniendo en cuenta todas las distracciones y actividades paralelas que nos ofrece?

Los avisos de actualizaciones de redes sociales, los emails y, sobre todo, la posibilidad de averiguar hechos desconocidos o palabras poco comunes que aparecen en el texto -Wikipedia mediante- se muestran como una enorme tentación. Si el libro, por su parte, se torna «pesado», la tentación de pasar a los videoclips o las películas resulta, entonces, una obligación.

Curiosamente, esta duda no nos asalta a nosotros. Las editoriales ha comprobado como los usuarios de tabletas leen mucho menos ávidamente que los de eReaders. Son muchos los que nos hemos descargado las aplicaciones de lectura de Amazon, Apple o Barnes and Noble y muchos los que nos distraemos y dejamos el texto al margen. ¿Es entonces Kindle Fire el peor enemigo de Kindle? o, ante la duda, ¿Amazon lanzó el primero para evitar la pérdida de importancia del Kindle tradicional?

Maja Thomas, vicepresidenta primera de Hachette Digital, uno de los pesos pesados de las letras, explicaba recientemente que «no cree que eso vaya a suceder. Alguien que no tiene hábito de lectura y se compra una tableta verá que se le ofrecen muchas oportunidades para leer». Su «esperanza» es que el número de lectores aumente con la explosión de estos dispositivos.

Los números del Pew Research Center son concluyentes: las ventas de libros electrónicos se dispararon en todo el mundo durante las Navidades. Un alivio para un sector que ha visto como las tabletas ya no son ese medio especial para adentrarse en una aventura «sólo en letras».

Forrester Research hizo un estudio el año pasado. El 46% creía en 2010 que las tabletas era ideales para publicar sus principales títulos. En 2011 sólo el 31%. Las tabletas son una tentación. Las alertas, los enlaces, YouTube, las redes sociales… la información momentánea sobre cualquier temática. Demasiadas alternativas que nos requieren mucho menos esfuerzo que un párrafo. Según James McQuivey, director de la investigación: «la lectura se convierte en una competición contra otras alternativas».

Desde el básico menú de Kindle Fire, donde los libros son sólo una opción más al lado del navegador o los vídeos; hasta el polifacético iPad dónde leer es sólo la única alternativa en un avión, donde no hay conexión posible a la red de redes y todas sus tentaciones.

Es por ello que Amazon lanzó en 2007 un Kindle que sólo permitía sumergirse en el texto. Sin interrupciones. Y posteriormente los de Jeff Bezos lanzaron su «complemento», un Kindle Fire con el que entretenerse cuando la lectura ya nos había saturado. Buena jugada para copar todas las posibilidades.

Precisamente es ésta la razón por la que muchos analistas creen que las ediciones impresas y los libros electrónicos -sin más- no van a desaparecer. Tienen su mercado. El de personas que sólo quieren leer. Además, frente a los geeks y los early adopters, los elegantes -y baratos- libros electrónicos se muestran como una opción inmejorable para aquellos que huyen de la última tecnología y quieren sentirse «diferentes» (todos seguimos una tendencia) con su lectura más purista.

McQuivey sólo tiene clara una cosa, los libros electrónicos se pasarán al color. Aunque sean más claros. Probablemente porque, como demostró Martin Lindstrom en su genial estudio «Buyology», cualquier cosa en color nos llama más la atención que su equivalente en blanco y negro. Incluso hace que nos concentremos mejor en ello.

Por cierto, las editoriales han descubierto que desde que se venden los eBooks, hay más libros en nuestras «estanterías» y, curiosamente, muchos de ellos sin terminar. «Si un libro no me engancha, sencillamente, paso a otro». Buena conclusión McQuivey.

Libros digitales, la batalla de los formatos

Si ayer hablábamos del largo camino que ha recorrido la industria cinematográfica para llegar a un formato compatible con todos y deseado por todos -empresas, distribuidoras y fabricantes-, ahora nos toca hablar de la batalla que de formatos que se vive en un mercado mucho más reciente: el de los libros electrónicos.

Del mismo modo que el disco tuvo su «guerra» con la democratización de la música -lo solucionó el casete a pesar de su peor resolución-, parece que toda nueva tecnología ha de pasar por un periodo de pugna antes de encontrar su soporte definitivo. La idea del libro digital debería ser tan sencilla como la del libro de papel: alguien compra un título que le gusta y luego puede leerlo, dejárselo a alguien o deshacerse de él.

Sin embargo, los distintos formatos de archivo y de cifrado (DRM) no lo ponen tan fácil. Ha día de hoy la lucha de las empresas por evitar las copias de sus títulos ha hecho que sea más fácil piratear un volumen que comprarlo y prestárselo -legalmente- a alguien. Sorprendente si tenemos en cuenta que todas las editoriales dan por hecho que 2012 será el año del asentamiento definitivo del eBook en el Estado.

Encriptación anticopia, el gran caballo de batalla


Precisamente esas tres letras, DRM, es una de las claves de este mercado. Cada autor decide si quiere cifrar o no su obra para evitar copias «fraudulentas». Cuando es así, se puede optar por diferentes formatos de seguridad y es aquí donde reside uno de los problemas para la reproducción en diversos libros digitales.

En la estandarización de un encriptado único ha tenido mucho que ver Adobe, creadora de los famosos y universales PDFs. El código de los californianos es excesivamente complejo y entorpece, según afirman las editoriales, el proceso de compra y descarga del título.

Pero, el problema que vemos aquí a todo ello es que, por primera vez se protege un archivo contra la persona que lo ha comprado no ante posibles copias de segundos. El sistema evita que alguien que compra el título en un formato pueda reproducirlo en otro dispositivo diferente que también sea de su propiedad. Es algo así como que al comprar un libro de papel sólo pudiéramos leerlo en nuestra casa pero en ningún otro lugar.

Esto ha dado con un efecto de lo más llamativo: la experiencia de lectura y portabilidad es mucho mejor y más eficiente en un libro pirata que en uno «de pago». ¿Cómo están reaccionando editores y autores ante este hecho? Obviamente, cada vez son más los que deciden no encriptarlo y arriesgarse antes que perder clientes que no quieren pagar varias veces un libro para leerlo en su eBook y seguir haciéndolo en su tableta o en su ordenador.

También es cierto que los autores han encontrado un buen aliciente para abandonar un formato que rebaja sus ventas: casi todos los códigos de encriptado han encontrado un internet un programa sencillo y rápido que los inutiliza. De nuevo, es como intentar poner puertas al campo.


ePub, ¿el nuevo MP3?


Del mismo modo que la industria musical se adaptó al formato mp3 como definitivo para la música digital -en gran parte impuesto por los usuarios-, el ePub nació para ser el gran canal de comunicación de este negocio. Su gran ventaja es que, desde su nacimiento, se adapta a cualquier reproductor electrónico de libros. El problema llega cuando no todos los títulos emplean este formato. Amazon, gran dominadora del negocio gracias a su exitoso Kindle, utiliza Mobi… que sólo se puede leer en sus Kindle.

Algo parecido ocurre con los dispositivos de Apple. Tanto iPad como iPhone emplean ePub, pero si compramos los libros en iTunes -cosa que hacen casi todos sus usuarios-, el sistema de cifrado antipiratería de los de Cupertino hace que no se puedan reproducir en dispositivos que no lleven una «i» en el nombre. Si tenemos en cuenta que, según Apple, se han vendido más de un millón de tabletas en el Estado desde 2010, el soporte más implantado en el Estado no deja prestar títulos. Un problema añadido si tenemos en cuenta su proyección dentro de este negocio.

Es por ello que los expertos consideran que ePub seguirá el camino del MP3: es el formato más extendido, pero no el único. Siempre habrá «reductos» fieles que preferirán el sistema de encriptación de unas empresas o formatos diferentes como el que propone Amazon. El problema, no obstante, es que aquí de momento no existen conversores entre formatos ni parece que vaya a haber un acuerdo próximo para crearlos y extenderlos.

De momento, las grandes librerías -en el caso estatal La Casa del Libro– ha optado en su Tagus por el multiformato. Incluso por crear aplicaciones para que los clientes puedan comprar libros en soportes de la competencia que sean compatibles con Android o iOS.

Kobo, la gran librería digital canadiense, tiene pensado su desembarco en el Estado a lo largo de 2013. Su catálogo, con más de 2,5 millones de títulos, sin embargo, sólo está pensado en ePub. ¿La razón? La mayoría de sus lectores lo eligieron y, además, fue el formato elegido por la IDPF (International Digital Publishing Forum) como estándar a usar.

Parece que tendremos que esperar a que el mercado madure para saber cuál es el ganador oficioso de este combate. Suerte a los contendientes.

Tagus, el eBook de La Casa del Libro

Si hace una semana y media hablábamos del FnacBook como la alternativa francesa a Kindle y otros libros electrónicos venidos de Japón y Estados Unidos, ahora hemos de hablar de Tagus, el lector electrónico lanzado por la cadena de librerías fundada en 1923 y que desde 1992 forma parte del Grupo Planeta. El movimiento, en ambos casos, tiene como objetivo adelantarse al desembarco de Amazon y su Kindle en el mercado de eBooks en el Estado.

El Tagus -que recibe su nombre de la denominación en latín del Río Tajo- es idéntico al modelo que comercializa en la actualidad bq Readers, si bien, ha sido actualizado con un software adaptado específicamente a las características de la tienda. El software y el precio del equipo son únicos: pantalla táctil de 6 pulgadas en blanco y negro con tinta electrónica, conexión WiFi y 2 gigas de disco duro. Su precio de lanzamiento -que será hoy 23 de noviembre- es de 119€ si bien, incluye el libro de Javier Moro, «El Imperio eres tú», gratis en todos los equipos que se adquieran antes del 31 de enero.

Lo más interesante de todo ello, sin embargo, no reside en el aparato. La página web de La Casa del Libro pasa a albergar 60.000 títulos (25.000 de ellos en lengua extranjera) que serán compatibles también con iPad, iPhone y otros eBooks de la competencia equipados con Android. Además, la aplicación ha sido desarrollada para que los libros puedan ser leídos mediante una conexión de red y también desde la memoria de los dispositivos.

La intención inicial de la empresa, según explicó en El País Xavier Solá, director de lacasadellibro.com, era vender todos los contenidos directamente desde iTunes, sin embargo, las elevadas comisiones que pide Apple no son «asumibles» por la empresa y, finalmente, se descargarán desde el navegador. Solá también se quejó del alto impuesto que sufren los libros en todos sus formatos, tanto digital como en papel. «El 18% que nos aplican hace que sea imposible llevar a cabo ofertas tan agresivas como las que se dan en el mercado norteamericano».

El director también explicó en su entrevista otras ventajas del sistema que ha implantado la librería estatal: una vez que se compra el libro se puede descargar tantas veces como se quiera. Esto se hizo «pensando en beneficiar al usuario, en que si pierde su ordenador o tableta no tenga que volver a pagar».

Para adaptar aún más la web y el sistema de ventas a las nuevas tendencias, la página de la empresa incluirá en todas las descripciones de todos los libros a la venta desde el sitio un apartado para que los lectores puedan explicar sus críticas sobre los volúmenes de modo que todo el proceso se vuelva mucho más interactivo.

Así, Solá también ha anunciado la creación de una tarifa plana de envíos a domicilio similar a la que tiene Amazon en Estados Unidos. Por un coste de 13,95€ al año un cliente puede pedir que le envíen a su dirección todas las compras que haga desde la página web sin ningún sobrecoste. Además, el plazo de entrega al que se comprometen es sorprendente: dos días laborables si el producto está en el almacén. Un buen modo de adaptarse a la crisis, sin duda.