Redes sociales, ¿qué ocurre después de medio año desconectado?

Hace ya medio año que publiqué en este blog dos de las entradas que más lectores han tenido. Una relacionada con la disyuntiva de si las redes sociales nos acercan o alejan de los demás y otra que se centraba en el uso de las personas como mercancía por parte de las grandes plataformas de la web.

Fueron el resultado de varios meses en el que a pesar de seguir volcado en el análisis de la tecnología (que siempre he defendido como una potente herramienta humana para progresar) comenzaba a sentirme hastiado por la influencia que una rama de ella tenía en mi día a día. Ya no solo se trataba de [Enlace roto.] si no de compartir experiencias de personas que se sentían más libres desde que no estaban en ellas.

Es por ello que a finales de abril cerraba mis cuentas en Facebook, Instagram, Twitter y Pinterest (así como las de los blogs) y dejaba exclusivamente operativo mi perfil en LinkedIn, al que le daba (y doy) un uso mucho más responsable. ¿Qué ocurriría a partir de entonces? ¿Perdería relevancia el blog en la web? ¿Perdería trato con amigos? ¿Estaría más desinformado? ¿Acabaría cediendo y reabriendo alguna de ellas o incluso todas?

El modo de plantearlo era dual. Por un lado como un experimento: un apasionado de la tecnología que decidía volver a las relaciones 1.0 y solo disfrutar de la tecnología por la tecnología. De la ciencia por la ciencia. Sin tanta presión de la maquinaria de marketing y consumo que invade lo que en un primer momento fue una muy buena iniciativa. Por otro lado, como una cura de desintoxicación: una solución radical para que el iPad o el iPhone no fueran lo primero y lo último que veía cada día.

¿Cuál ha sido el resultado de todo esto después de más de 180 días? Sin dudarlo, un gran acierto. Como he dicho siempre, internet, las redes sociales y casi cualquier tecnología se enfrentan a una disyuntiva: son un enorme altavoz de todo lo bueno y todo lo malo de nuestra sociedad. Y eso hace que la casi obligada exposición a estímulos que sufre cada uno de nosotros a lo largo del día se magnifique: debates políticos trasnochados, influencers que van de alternativos y que viven patrocinados por las marcas o, de una forma más simple, la dictadura de la pantalla (y la cámara) que nos coloca a todos en una carrera en la que mostrar lo buena que es nuestra vida, toda ella de espontaneidad y naturalidad… y en la que se ocultan los puntos negros (obligatorios, necesarios y lógicos) de todos nosotros y que casi nos convierten en un mal anuncio de televisión.

La salud del blog sigue intacta -gracias a todos vosotros por dedicar parte de vuestro valioso tiempo en compartir esta visión del mundo de la tecnología- y, de hecho, el número de lectores ha crecido durante este último año a pesar de que se ha relajado el ritmo de las publicaciones (también hay una apuesta por incrementar la calidad en detrimento de la cantidad ahora que ya no hay «Me gusta» de por medio).

Respecto a la desinformación, tanto en el campo del blog, como en el profesional o en la «mera y llana» actualidad, ha ocurrido todo lo contrario. Los estudios indican que pasamos más tiempo leyendo titulares y comentarios (y mucho nos enzarzamos) que leyendo las propias noticias. Librarme de este sesgo no solo supone un extra de tiempo para leer la misma noticia en diferentes medios -con lo que puedo ganar una mayor visión de una misma historia- sino que también regala tiempo libre para ver la televisión, leer revistas (sea cual sea su formato), escuchar la radio, etc. Y todo ello sin debates estériles que muchas veces no pasan del insulto. Sin centrarnos en medios que refuerzan nuestras ideas y nos alejan de otros puntos de vista.

En lo personal, en el trato con amigos y familiares, con los de verdad, los que importan, los que no te dan un me gusta para que se lo devuelvas, sino aquellos con los que compartes tu vida estén donde estén, el resultado es inmejorable. Lo importante ya no es sacar una foto para compartirla. Lo importante es compartir un momento y, si hay tiempo, sacar una foto para recordarla. Aquellos que están lejos siguen estando a un solo «enviar» de WhatsApp, iMessage, Telegram o un email. A una sola llamada de teléfono. A una sola mesa en un bar o a una sola entrada de cine o concierto. Porque el tiempo, ese bien tan finito y al que tan poco valor le damos en esta sociedad, vuelve a nosotros cuando en vez de dedicarlo a enseñar al mundo quiénes queremos ser, lo dedicamos a ser como queremos ser.

¿Ha habido tentativa de recaída? No. Los primeros días había inercias. Sacar una foto y buscar el click que la comparte. Ver una noticia en la radio y buscar una opinión. Pero pasadas una o dos semanas se vuelve a buscar información cuando se necesita (de productos, de servicios, de actualidad) y todo vuelve a ser «normal». Porque cuando quieres una opinión no esperas a que te la dé tu amigo número 427 sino que se la preguntas a quien está al otro lado del sofá o del teléfono. A tu compañero de trabajo o a tu vecino de abajo no a alguien a quien no ves desde hace años (y si realmente quieres saber de alguien lo haces, no le contactas a través de Facebook) y al que solo tienes en tu agenda para mostrar al mundo la cantidad de amigos que tienes.

¿Significa esto que las redes sociales son malas? No. Para nada. He podido ver y vivir experiencias maravillosas que serían imposibles sin Facebook, Twitter, Instagram o cualquier otra red. Porque su potencial es enorme. ¿Qué falla entonces? La forma en la que las usamos. La forma en la que nos enseñan a usarlas y la forma en la que sus posibilidades se han corrompido para ser un mercado más en el que explotar recursos. Esta vez, los humanos.

Es por ello que, de momento, seguiré disfrutando de la tecnología: de blogger, de wordpress, de Netflix, de Spotify, de iMessage, de WhatsApp, de Telegram, de Skype, de FaceTime, de iMessage, de Strava y de muchas más plataformas en las que la llave de entrada no sean las redes sociales sino lo que queremos hacer con ellas. Porque desde hace seis meses he vuelto a entender que lo importante de la tecnología es lo que puede hacer por nosotros y no lo que nosotros podemos hacer por ella.

Redes sociales, su mapa en 2014

Pocas webs analizan mejor la evolución de las redes sociales (desde su eclosión hace casi una década) como el blog del italiano Vicenzo Cosenza. Sus mapamundis semestrales en los que colorea los países en función de su red social más popular -hay que diferenciar entre número de cuentas abiertas y número de cuentas activas- han pulsado como pocas cómo y dónde ha crecido Facebook. Cuáles han sido las pequeñas redes que se han consolidado como alternativa a las más mediáticas y cuáles han caído en el olvido. Pero, sobre todo, han mostrado la división Occidente-Oriente mejor que ninguna otra.

Comparativa de la implantación de las redes sociales por países entre junio de 2009 y julio de 2014 donde se ve el crecimiento exponencial de Facebook como red social más popular en la mayoría de los países.

A pesar del continuo crecimiento de la obra de Mark Zuckerberg, en casi todos los mapas que se han publicado en Vincos Blog hemos encontrado alguna que otra sorpresa. Japón, uno de los mercados más interesantes, por ejemplo, ha pasado del azul oscuro del logo con la F al más claro de Twitter. Y más cerca, en Europa, Letonia ha abandonado la mayoritaria en el resto de Europa para apostar por una red local: Draugiem.

La fragmentación de redes en los principales se ha ido eliminando y podemos ver que en la mayoría de los países de nuestro entorno el «podio» de redes más empleadas son  casi siempre el mismo: Facebook copa el primer puesto y Twitter y Linkedin suelen ser segundo y tercero con la honrosa excepción de Ask.fm en Alemania (tercera) y Reddit en Noruega y Estados Unidos.

Si nos centramos en los datos sacados de Alexa y GlobalWebIndex (entre otras) vemos que Facebook ya cuenta con casi 1.400 millones de cuentas activas y es la referencia en 128 de los 137 países indexados. Por regiones cuenta con 449 millones de usuarios en Asia (ha crecido en 39 millones desde agosto de 2014); en Europa hay 301 millones de cuentas, 208 en Norteamérica y 436 millones en el resto del mundo (donde acumula 74 millones nuevos de usuarios).

En Rusia y China, sin embargo, el panorama es bien diferente. El primero de los dos grandes mercados que se le resiste a Facebook está dominado por V Kontakte seguido por Odnoklassniki. Mientras, China -donde las redes estadounidenses no están bien vistas y en muchas ocasiones se veta o controla el acceso a las mismas- manda Q Zone.

Os dejamos el GIF de Vincos Blog para que podáis ver la evolución de las redes sociales desde que inició sus análisis. Francamente interesante.

Ciberespionaje, el gran error de Silicon Valley

 

Cuando el exanalista de la NSA Eric Snowden hizo estallar el caso de ciberespionaje más importante de la historia se tambalearon los cimientos de Silicon Valley. Es cierto que la Administración Obama había tejido un entramado legal que obligaba a las grandes empresas tecnológicas estadounidenses a cederle información de cualquier usuario de sus plataformas, pero también es cierto que ninguna de las grandes de Silicon Valley se había opuesto a las presiones y, ni mucho menos, hecho públicas las intenciones de la NSA.

 

Que perdamos la confianza en nuestros Gobiernos es algo más que habitual. Que quieran saber todo sobre sus ciudadanos para sacar provecho de ello es algo tan antiguo como nuestras sociedades. Sin embargo, la afrenta de Silicon Valley tendría, sin duda, una enorme factura en empresas que se abanderaban como diferentes, rebeldes (¿recuerdan aquella oda al pirata que entonaba hace tiempo Steve Jobs?) y «buenas» (Don’t be evil, que diría Google).

 

Los expertos anunciaron una pérdida de ingresos superior a los 150.000 millones de euros para las grandes tecnológicas durante el próximo trienio por el mero hecho de que millones de clientes-usuarios dejarían de confiar en ellas. No querrían darle sus datos (los valiosos small data) y, sobre todo, buscarían alternativas en otras compañías más pequeñas y, por tanto, menos apetecibles para los Gobiernos.

 

Ahora -nos tememos que algo tarde- ocho grandes corporaciones se han unido para defender frente al Gobierno y Congreso de Estados Unidos a quienes se deben: sus usuarios. Google, Microsoft, Apple, Yahoo, Facebook, Twitter, America OnLine y LinkedIn han publicado una carta abierta en la que se lee que «el equilibrio en muchos países se ha inclinado demasiado a favor del Estado y en contra de los derechos de los individuos«.

 

La carta, que ha llegado a varios medios escritos nacionales es mucho más que una declaración de intenciones si tenemos en cuenta que los ejecutivos de esas empresas -y las propias compañías- son importantes donantes en campañas electorales y, sobre todo, forman uno de los lobbys más importantes en Washington.

 

Obama ya anunció hace semanas que después de una revisión independiente encargada por el propio Gobierno (y llevada a cabo por abogados expertos en libertades civiles- ya ha solicitado a la NSA que se contenga a la hora de acceder a ciertos datos que no son relevantes y, sobre todo, que su Administración ya está iniciando una reforma legal para que los ciudadanos se sientan seguros y recuperen la confianza que han perdido.

 

Silicon Valley es el tesoro más valioso de Estados Unidos en la actualidad. Sus empresas de cabecera acceden a datos de sus millones clientes que son anhelados por las agencias de espionaje de todo el mundo. Precisamente por eso se urdió una trama de juicios express que hacía que las corporaciones pudieran entregar «sin problemas» cualquier información al Gobierno cuando este lo solicitara por «vía judicial».

 

La misiva aboga, precisamente por eso, mayor transparencia en las acciones gubernamentales ya que tomarán todas las medidas pertinentes (legales, tecnológicas y de relaciones públicas) para defender los intereses de sus usuarios (ahora no son clientes). «Creemos con firmeza que las leyes actuales deben ser reformadas». Para ello piden «limitar la autoridad de los gobiernos; supervisión independiente y rendición de cuentas; transparencia sobre las demandas de datos de los gobiernos; respeto al libre flujo de información y evitar conflictos entre los gobiernos».

 

Sólo se echa en falta algo: un poco de autocrítica de las corporaciones y que digan cuáles son las medidas que ellas mismas van a tomar al respecto de sus propias prácticas (como el robo de datos WiFi de Google a sus propios usuarios y a los de otras empresas o la cesión de datos de forma «desinteresada» por parte de Microsoft o Apple por la seguridad del país). Las operadoras, por cierto, se han autoexcluido. Es vox populi que le ceden a las administraciones todos los datos que les solicitan. ¿Será por eso que son las empresas peor valoradas?

Redes sociales, ¿hay vida más allá?

Cada vez que los medios de comunicación o los blogueros nos acercamos a las redes sociales lo hacemos con el respeto de un gran fenómeno. Cientos de millones de personas son usuarios de una o varias en todo el mundo. Los analistas especulan con que Facebook superará el millardo antes de que acabe el año. Twitter es sinónimo de termómetro social y Google Plus es el ejemplo de como unificar toda una gama de productos alrededor de una red social. Incluso quedarse al margen de LinkedIn parece cerrarse las puertas profesionales. Pero, ¿qué pasa con los que no están conectados? De hecho, son mayoría.

No quieren tuits. No escriben en muros. Sólo mandan emails, realizan llamadas, se comunican con mensajes y cara a cara. Es la comunicación clásica. La que lleva acompañando al hombre desde hace miles de años y la única que no pasará de moda. Las cifras hablan por sí solas: el 9% de los jóvenes internautas en el Estado de entre 16 y 45 años no usa redes sociales y el 56% de la población no tiene un teléfono inteligente.

No son tecnófobos: la mayoría tienen iPods, conexión de alta velocidad en casa, disfrutan con BluRays o descargas. Emplean herramientas como Dropbox y conocen perfectamente Spotify o Grooveshark. Emplean internet para informarse, leer, comprar y para casi todo lo que «vale». Sólo pasan de la vorágine anti privacidad que suponen las redes sociales.

Volvamos a las cifras de Facebook en el Estado. Un 85% de los internautas la usa. El otro 15% se ha dado de baja o nunca ha llegado a entrar. Así, según The Cocktail Analysis, la gran mayoría de los ciudadanos usa esta red social para «cotillear»; para ver lo que cuelga la gente y entretenerse. Algo, objetivamente, poco llamativo para alguien al que le interesan aplicaciones más prácticas.

Según Felipe Romero -socio director de The Cocktail Analysis- en una entrevista en El País, este pequeño porcentaje también es un comportamiento sociológico. «Una parte de ellos disfrutan yendo contra las modas, lo popular, la mainstream«. Algo así como «insumisos digitales». Unos acaban optando por entrar con precaución y otros deciden quedarse fuera para siempre.

Muchos detractores, sin embargo, hablan de su abandono de las redes sociales por su «escasa utilidad». Hay una gran parte de la población que, por su trabajo, se pasan 8 horas al día delante de una pantalla y, finalmente, creen que estar en su tiempo libre delante de otra -aunque sea para uso personal- no les compensa. Es ésta la principal causa de abandono. Uno de cada cuatro usuarios, según el estudio, acaba dejándolas al no verles una utilidad definida o, al menos, que compense el esfuerzo de tenerlas completamente actualizadas.

Es aquí donde Facebook logra el aprobado. Cada cliente medio de la red de Mark Zuckerberg emplea unas 6,7 horas al mes a tenerla al día y para enterarse de «qué pasa». Las demás redes no sólo no lo consiguen sino que, cada vez, tienen una tasa de actualización más baja. Además, Twitter, la red de la instantaneidad por excelencia, muchas veces satura a sus usuarios. Parece que, hoy día, «cualquier tontería es una noticia». Muchos, me incluyo, podemos esperar unas horas para enterarnos de algo.

Las tasas de bajas son, por ello, llamativas. El 33% de los usuarios de Tuenti; el 40% de los de Twitter; más del 50% de los de LinkedIn… y más del 60% en Google Plus (datos para el Estado). Entre los que nunca llegan a entrar, la principal razón es el miedo a perder la intimidad. De hecho, el 26% de los internautas que nunca ha usado una red social explica que no tiene intención de hacerlo por miedo a no poder volver a recuperar su intimidad.

A pesar de todo ello, el Estado es el tercer país del mundo con más uso de las redes sociales. Y la cifra va en aumento. En 2008, el 45% de los internautas tenía una cuenta activa. Ahora casi el 91%. La duda es si han tocado techo y, sobre todo, qué pasará a partir de ahora: ¿selección de las redes o cierre de cuentas?

La mayoría de los analistas coinciden en que las cifras se mantendrán estables: los que ya tienen una cuenta irán saltando entre redes según aparezcan nuevas o, en efecto, se «pongan de moda». Buen ejemplo es Pinterest que, en pocas semanas, cuenta ya con más de 11 millones de usuarios. Además, la gente les dedica más tiempo que a LinkedIn y Twitter juntos. Los «insumisos» también serán los mismos. La única duda es si WhatsApp, esa hibridación entre mensajería y red social podrá derribar esos muros. Parece que sí… no sólo es gratuito sino que nos permite ahorrar en tiempos de crisis y, para esto, no hay insumisos.

Internet 2012, la herramienta total

Hemos analizado durante lo que llevamos de año todos los dispositivos que nos ha traído el CES de Las Vegas. También hemos descubierto las nuevas batallas que se libran cada día en la guerra contra la piratería y hemos vislumbrado alguna de las novedades que las principales tecnológicas nos traerán en este 2012. Sin embargo, en este blog creemos que este año será el de la consolidación de todas las novedades que nos ha regalado este trepidante comienzo de década. Será el año de la nube, el de los dispositivos portátiles, el de las pantallas de alta definición y, sobre todo, el del ciudadano digital.

Durante los próximos cuatro días intentaremos analizar cada una de las facetas de lo que la tecnología podrá hacer por nosotros durante los próximos 12 meses. Nuestras principales apuestas. Creedme, no es poco.

La nube, internet se multiplica


Lo que empezó siendo un proyecto militar (ARPANet) a finales de los años ’60 se convirtió en un suculento negocio treinta años más tarde. Poco después de la explosión de la burbuja de las «puntocom», la red de redes nos muestra mediante la nube todo lo que es capaz de hacer por nosotros. La evolución ha sido tan fugaz que son muchos los que todavía no se aprovechan de todas las posibilidades que la web nos brinda.

La llegada de las redes sociales -Facebook y Twitter son la referencia, aunque Google Plus ha superado ya los 100 millones de usuarios- fue el primer paso para que los usuarios descubriéramos las herramientas de esta vieja conocida. La explosión de las aplicaciones (más de 27.000 millones de dólares de facturación en cinco años) y la posibilidad de usarlas de forma remota fue su carta de presentación. Es por ello que el éxito de la nube estaba prácticamente garantizado.

Desde suites ofimáticas como Google Docs -que ya emplean grandes corporaciones como el BBVA- hasta sistema de almacenamiento masivo de archivos (como iCloudSkydriveDropbox) la nube nos permite disponer de lo que queramos cuando queramos y como queramos.

Sin un carácter tan espectacular pero igualmente práctico, algunas webs se han especializado en el almacenamiento -y posterior retoque- de archivos de imagen como es el caso de PicasaPixlrHojoki.

Las ventajas de todo esto son inmensas. Ya no sólo desde el punto de vista lúdico (disponer de fotografías, canciones o vídeos desde cualquier parte sin necesidad de «comernos» la capacidad de nuestros equipos) sino, sobre todo, de trabajo. Ante el éxito cosechado por los antes nombrados Google Docs, Microsoft no tardó en crear su Office 365, versión omnipresente de su excelente suite Office.

Redes sociales, más allá de lo lúdico


Del mismo modo que resaltamos la nube como medio para facilitar nuestro día a día, subrayamos la «otra» faceta de las redes sociales. Más allá de Facebook o Twitter como punto de encuentro con amigos, conocidos o afines de cualquier parte de nuestro planeta, Linkedin se muestra como nuestra mejor carta de presentación, currículo e, incluso, «enchufe» para acceder a una entrevista de trabajo.

Asimismo, la red de Mark Zuckerberg se presenta como un poderoso altavoz donde mostrar nuestras virtudes, buscar objetivos y, sobre todo, afinidades. Es así como podemos presentarnos ante el mundo -también el laboral- como algo mucho más complejo que unas cuantas líneas de CV.

Finalmente, una vez hayamos desarrollado nuestras cualidades en la nube (normalmente no lleva más de cinco minutos crear una cuenta relacionada con alguno de los grandes servidores como GMail, Yahoomail o Hotmail) y aprendamos a explotar todas las posibilidades que nos traen las suites o las webs de almacenamiento, podremos dar el salto con plenas garantías a las miles de aplicaciones disponibles en las redes sociales o en otras webs como Skype.

Promocionar entre nuestros contactos en las redes herramientas como estas nos permitirán tener un trato mucho más directo gracias a la posibilidad de realizar videollamadas gratuitas. Menos espectaculares pero igual de eficientes se muestran Google Talk y el vetusto pero célebre Messenger.

Sólo hemos de tener cuidado con la privacidad en las redes sociales y con mantener seguras nuestras cuentas. Para ello nos bastará con configurar opciones como la navegación privada -siempre y cuando el equipo desde el que entremos no nos sea de total confianza- y dejar de lado elementos tan peligrosos como las cookies. Con estas pocas normas y estos trucos, 2012 será, sin duda, el año en el que aprendamos a explotar la red.