HP ZBook G2, potencia bruta

Sin duda, durante los años en la que la venta de ordenadores cayó sostenidamente frente a la crisis (su tasa de renovación es mucho más lenta que la de un dispositivo móvil) y al empuje de la moda tablet -mucho más racional para el usuario medio-, el negocio con empresas fue el único reducto donde los grandes fabricantes de ordenadores podían encontrar beneficios.

La debilidad de Apple en este sector (su nicho son diseñadores, músicos, fotografía y algo de cine) y la poca implantación del software libre hasta hace poco tiempo hizo que Microsoft fuera el dominador absoluto de este universo y que muchas compañías se volcaran en la presentación de estaciones de trabajo móviles o no que dotaban al usuario de todo tipo de herramientas para el desempeño profesional.

Hewlett Packard, una de nuestras empresas de referencia, nos ha prestado durante unos días uno de sus ZBook 17 G2, una de las referencias del sector por su potencia, portabilidad -aunque tenga una diagonal de 17 pulgadas es mucho más ligero de lo que parece y excepcional relación calidad-precio.

Especificaciones

La carta de presentación de nuestro equipo es excelente: su procesador Intel i7-4940MX a 3,1 GHz y tecnología Intel Turbo Boost hasta 4 GHz de cuatro núcleos trabaja con una GPU HD Intel 4600 y 16 GB de memoria SDRAM DDR3 y 1600 MHz que hace que el equipo sea increíblemente rápido. Para los que les parezca poco, las ranuras de expansión permiten crear un misil con hasta 32 GB de RAM. Destaca también el subsistema gráfico Nvidia Quadro K5100M con 4 GB DDR5 dedicados.

Respecto al disco duro, de serie incorpora una unidad turbo HP Z de 256 GB SSD también ampliable (se puede configurar de fábrica hasta 1 TB) mientras que su pantalla LED tiene resolución Full HD con tecnología antirreflejos WVA.

Trabajar con contenidos multimedia en ella (una de las funciones básicas de estos equipos) es una delicia por su nitidez. Los colores se disciernen fácilmente, los negros son profundos y los blancos brillantes. El contraste, sin estar a la altura de los monitores independientes más profesionales, no defrauda y la dupla del panel con la tecnología DTS Studio Sound HD hace que todo fluya con una calidad sobresaliente. La dupla con el reproductor BluRay de su unidad óptica es, sin duda, sobresaliente.

Respecto a la conectividad, el sistema integrado WiFi Dual Band Wireless AC y el Bluetooth 4.0 aseguran rendimiento en el trabajo en red y con otros equipos (que son fácilmente conectables); 3 USB 3.0 (1 de carga), 1 USB 2.0, 1 Thunderbolt 2, 1 Display Port 1.2, 1 entrada de micrófono-salida de auriculares, 1 conector para batería auxiliar, 1 conector de acoplamiento, 1 puerto para VGA, 3 ranuras de expansión (tarjetas inteligentes, Express Card y SD) garantizan que esta workstation será el perfecto centro de gestión para cualquier tipo de equipos.

Software integrado

El equipo viene con Windows 7 Professional preinstalado y la licencia para dar el salto a Windows 8.1 Pro permitiendo sólo el uso de una versión a la vez. El cambio de versión requiere desinstalar 7 para reinstalar 8.1 (lo mismo en caso de que queramos realizar un downgrade).

Como es habitual en los equipos de HP vienen con una gran variedad de programas para trabajar: HP Performance Advisor, HP Remote Graphics HD, HP Client Security, Microsoft Security Essentials, Microsoft Defender, CyberLink Power DVD BD, HP ePrint Driver, HP PageLift, etc. en definitiva, un conjunto de herramientas optimizadas para el entramado multinúcleo y multisistemas del ZBook.

Rendimiento y público objetivo

Teniendo en cuenta sus especificaciones y su precio (ahora se puede comprar en la web de HP por 2.237,29€) está claro que este ZBook no es un equipo para todos los públicos. Los dos hermanos pequeños de la familia (el ZBook 14 y el 15) no sólo tienen un rendimiento más humilde sino también un precio mucho más competitivo. Son ultrabooks con una enorme carga tecnológica pensados para hacer frente (y superar) a los Dell Precision y demostrar que el mundo multimedia no es sólo cosa de la manzana.

Sin embargo, esta bestia tiene sólo sentido en manos de profesionales que tienen muy claro que necesitan una buena dosis de potencia para su día a día y quieren que su herramienta principal se pueda desplazar con ellos a cualquier lugar.

Es un equipo con unos acabados sorprendentes y sólidos. Todo en él, desde el teclado hasta las conexiones de expansión de autonomía y capacidad, están pensados para durar. Para ir mejorando las prestaciones según los programas y la demanda de trabajo y potencia aumenten. Una inversión pensada para durar a la que se le queda corto Windows 7 Pro y que, a buen seguro, dará todo su rendimiento con el nuevo Windows 10 (mucho más ligero y capaz).

Cualquiera que se dé una vuelta por las webs de análisis de equipos más prestigiosas de internet como TechradarPCPro o Notebook Check se encontrará notas mucho más que positivas. Es un dispositivo pensado para renderizar, para trabajar con sistemas multimedia y para sacar lo mejor de su rendimiento. En un entramado de varios monitores y con las herramientas de edición adecuadas haría palidecer a casi todos los equipos de sobremesa del mercado.

Sólo podremos bajar parte de su rendimiento si abandonamos Windows para instalar Linux pues buena parte del hardaware dejará de dar lo mejor de sí. Por cierto, el procesador de la familia Hasswell, uno de los más potentes que hemos probado hasta la fecha confirma -como nota al pie- todo lo que nos hemos perdido cuando Intel decidió que el negocio móvil era residual para ellos. Es rápido, demanda poca energía y parece no tener límites. Una delicia.

Nvidia Tegra, la revolución de los chips

 

Nvidia es el mejor exponente del CES. Una empresa californiana de chips que siempre trae sorpresas, evoluciones y revoluciones a la Feria de Las Vegas y que cada año busca actualizarse y dar un golpe a la competencia en el escaparate más grande posible. En «casa». Si el año pasado fue el Tegra K1 el protagonista, este año le ha tocado el turno al X1 o, lo que es lo mismo, la aplicación de toda la tecnología de escritorio de las estanterías de los de Santa Clara a los equipos móviles y a los automóviles.

 

Con arquitectura de 64 bits, ocho núcleos (256 para la parte gráfica frente a los 192 del K1), se aprovecha de la tecnología de los Maxwell para multiplicar su rendimiento. Su tecnología de 20 Nm, su RAM DDR4 y su soporte para 4K es posible gracias a la dupla ARM Cortex A57 más ARM Cortex A53. En definitiva, una evolución que dobla el rendimiento del K1 y que elimina la distancia entre ordenadores y los demás equipos para facilitar, por ejemplo, el desarrollo de motores gráficos.

 

En la presentación quedó claro que sólo cuando la exigencia es máxima (gráficos y efectos muy complejos) se nota una diferencia respecto a los Maxwell de sobremesa. Con cualquier programa normal no habrá ningún salto de rendimiento ni diferencia, salvo en la mejora exponencial de la gestión de la energía. Para una demo «elemental» el X1 tan sólo necesito 10 vatios frente a los 100 que necesita una Xbox o a los 300 de una tarjeta gráfica de la propia Nvidia.

 

Pensado para trabajar con los últimos formatos de vídeo 4K y hasta 60 fps, su capacidad es un guiño al crecimiento continuo de la resolución de las pantallas en los equipos clásicos… y en los acercamientos que numerosos fabricantes están haciendo por llevar el 2K y el 4K a los smartphones y tabletas. Por cierto, en la conferencia Nvidia se jactó al comparar su chip con otros de relumbrón y superar el rendimiento de un famoso «anónimo» (no hay datos oficiales), el A8X de Apple.

 

 

 

 

Sin embargo, el futuro del X1 no está sólo en smartphones o tabletas. Los sistemas integrados de los coches de infotainment y seguridad son un mercado que todavía está naciendo y que Nvidia no quiere perderse. Drive PX es la solución que cuenta con dos Tegra X1 trabajando solidariamente para poder gestionar los 1.300 millones de píxeles por segundo que generan las doce cámaras que colocaron en el exterior de un coche. Una solución de hardware para desarrolladores ajenos a los fabricantes y que puede permitir sistemas de seguridad y aparcamiento automático mucho más elaborados que los actuales.

 

Y si el PX se encarga del perímetro del vehículo, el Drive CX se encarga de lo que ocurre dentro de la carrocería. Su potencia de procesado permite gestionar de modo autónomo los contenidos de hasta cuatro pantallas HD y es compatible con los principales sistemas del mercado por el momento: QNX, Linux y Android. Además, el Nvidia Drive Studio Software será de gran ayuda para la creación de interfaces para aquellos constructores que quieran entrar en la era de las TICs y no sean mañosos en la creación de estos servicios.

Sistemas operativos, las plataformas que vienen

Hace tiempo que la batalla del software, por no decir la tecnológica, no se disputa en los dispositivos clásicos. Smartphones y tabletas centran todo el interés de los fabricantes y, sobre todo, los consumidores. Precisamente por eso, hoy os traemos de la mano de El País un genial resumen de los sistemas operativos que están al caer y que tienen un doble objetivo: hacerse con una cuota de mercado rentable y desbancar al binomio Android-iOS.

 

 

  • Firefox OS: nos parece el más importante por varios motivos. El primero por origen, la fundación Mozilla. El segundo, por sus padrinos: Alcatel, ZTE, LG, Sony, Foxconn y Telefónica. Aunque en un principio sólo estará disponible en terminales de gama baja -con los que gran parte del mundo está accediendo al universo móvil- la enorme comunidad de desarrolladores garantiza que pronto tendrá un catálogo más amplio. Su gran reto será convencer a los clientes potenciales de que es mejor probar un terminal poco famoso antes que un Android barato -los hay por doquier-.
  • Ubuntu: esta distribución ha marcado un antes y un después en el universo Linux. El sistema operativo de sobremesa más respetado del mundo tiene por fin una vertiente agradable y utilizable para cualquiera -ya no hay que ser un experto de la informática-. Precisamente por eso su llegada a smartphones y tabletas (se espera que en 2014) era inevitable. Los más impacientes han descargado ya versiones beta en terminales Nexus de Google y garantizan su enorme facilidad de uso -a pesar de que no cuenta con botones, todo se hace con gestos sobre la pantalla y el marco- y su total integración con la versión para ordenador al más puro estilo Apple. Como Firefox, nace desd,e por y para HTML5. Puede ser un problema para Android.
  • BlackBerry 10: aunque es el cuarto sistema operativo móvil más extendido para nosotros es el tercero más esperado. El motivo es sencillo, para los canadienses es un «ahora o nunca». Tener un sistema operativo cerrado sólo para sus productos funciona si tu cuota de mercado es de más del 2,9% y, sobre todo, si tienes atractivo. Es mejor en todo que sus sucesores (no estaba difícil) pero le queda mucho camino por andar para molestar a los «jefes» del mercado.
  • Tizen: una adaptación del prometedor y extinto MeeGo, el canto del cisne de Nokia antes de pasarse a Windows Phone. El sólo hecho de presentarse en un antiguo N9 provocó tal expectación que los finlandeses se lo plantean como un plan B a medio plazo para no depender demasiado de Redmond (del mismo modo que Samsung toca todos los palos). Precisamente los coreanos e Intel parecen dos pilares fuertes sobre los que apoyar su desarrollo comercial (Samsung premiará con 4 millones de dólares a las mejores aplicaciones). Mientras, del lado de las operadoras, Orange espera que Tizen sea lo mismo que Firefox para Telefónica.
  • Jolla: la reconversión de Nokia al mundo smartphone se tradujo en cientos de despidos. Algunos de ellos trabajaron en un hermano libre de Tizen. Se llama Jolla y ya se pueden comprar teléfonos con este sistema operativo.
  • Windows Phone: es cierto que no debería estar aquí por sus enormes diferencias de concepto con los anteriores. Pero también es cierto que su 3,2% de cuota de mercado -y creciendo- es la mejor alternativa a una dupla que tiene más del 90% del negocio. También que Microsoft es la única con dinero suficiente para seguir en la pelea. Eso sí, con iOS 7 a la vuelta de la esquina y Android 5 en el disparadero… O Windows Phone se actualiza y deja atrás el 8 o no tardará en volver al olvido. Es enormemente fiable y sencillo… pero le queda mucho para ser «smart».

 

Raspberry Pi, tecnología básica

Sólo cuesta 35 dólares. Se han producido y vendido más de un millón de unidades desde su concepción  en febrero de 2012 y se ha convertido en la computadora de moda entre la comunidad de educadores de medio mundo. Es el Raspberry Pi, uno de los ordenadores más baratos y pequeños del mercado. Todo un éxito por concepto y funcionalidad.

 

Su historia es bastante corta. En 2006 varios profesores de la Universidad de Cambridge -destaca el papel de Eben Upton- se dieron cuenta de que la mayoría de sus alumnos de informática carecía de los conocimientos necesarios para sus clases de alta tecnología. En pocos años los estudiantes habían pasado de ser aficionados a la electrónica (fundamental para construir un equipo) a buenos diseñadores de webs. Insuficiente a todas luces para convertirse en un «nuevo Bill Gates».

 

Del mismo modo que ha ocurrido con los motores de los automóviles, los nuevos ordenadores ocultan al usuario toda su ingeniería. Son sencillos de utilizar, tienen un interfaz atractiva y son bastante caros. Eso, resume Upton, es el motivo por el que «los padres no querían que sus hijos destruyeran los equipos para experimentar sus entresijos». Una máquina más barata y menos secretista era necesaria e ideal para que los alumnos trastearan.

 

 

De esta forma nació Pi. Un ordenador con el tamaño de una tarjeta de crédito que permitía conectar los periféricos clásicos de cualquier dispositivo de un modo totalmente funcional y que como tenía un precio inferior al de un teclado nuevo, era ideal para perderle el miedo a los circuitos y el silicio. Además, equiparlo con Linux arquearía y completaría aún más la curva de aprendizaje de los futuros informáticos.

 

 

Pi es una sencilla placa base. Desnuda. De hecho, recomendamos comprar una barata carcasa de plástico que la proteja para aumentar su vida útil. (No son pocas las empresas externas al proyecto que ya han empezado a comercializarlas con un éxito sorprendente gracias a su bajo precio). Sólo necesitamos un monitor con entrada HDMI (también vale con USB pero el «do de pecho» lo da con los de última generación), un teclado USB y un ratón.

 

Su funcionamiento es sencillo. Para apagarlo basta con desenchufarlo ya que se alimenta con un simple cable USB como los de los smartphones. El secreto de esta sencillez reside en que no tiene ni memoria ni sistema operativo preinstalado. Todo se debe cargar en una memoria externa de alta capacidad -con una de 4 GB es más que suficiente-. Sus creadores, incluso, recomiendan Raspbian, una versión de Debian, que incluye herramientas para principiantes y al que han dotado de un interfaz a medio camino entre Windows y Linux.

 

Hay otras versiones como Raspberry Pi Education Linux Destro, desarrollado por Adafruit y que tiene un navegador especialmente seguro para niños. Además, todas las versiones permiten añadir funcionalidades como el WiFi o controladores a otros periféricos. Por cierto, según explica Upton, muchos han decidido convertir Pi en su centro multimedia doméstico gracias a su potente tarjeta gráfica y, sobre todo, a su compatibilidad con todo tipo de equipos.

 

El éxito desde el principio fue enorme. «Al principio pensábamos que sería un negocio de entre 1.000 y 5.000 unidades», resume Upton, «lo que no contábamos era todo un mercado de adultos técnicamente competentes que querría utilizarlo», de modo que los aficionados se convirtieron en su principal fuente de pedidos.

 

Su versatilidad y su calado en la comunidad científica y educativa ha sido tal que un propietario de Pi, Dave Akerman, envió uno a la estratosfera mediante un globo meteorológico para que flotara a 40.000 metros y realizara vídeos, mediciones y sacara fotografías. «Cuando se le da acceso a una herramienta así a la gente, puede hacer cosas fantásticas», explica el profesor de Cambridge.

 

El éxito está siendo tal que la empresa está empezando a tener problemas para el montaje y la distribución. Adafruit Industries, la distribuidora del Pi, dice que han vendido 10.000 en pocas semanas y que su éxito está siendo tal que es difícil encontrarlo en Internet. De momento, la fundación ya ha lanzado en Europa el Model A, un modelo evolucionado que cuesta 18€ y, si todo sigue así, podrían bajar más el precio. ¿Quién dijo que la tecnología tiene que ser cara si tenemos imaginación?

Ubuntu Kylin, China se pasa al Linux

Habitualmente que una Administración Pública se decante por una versión de Linux para desarrollar un sistema operativo propio no suele ser noticia. Sin embargo, cuando el Gobierno que elige el máximo exponente de software libre es el que controla los designios del mayor mercado del planeta, el calado de la decisión puede hacer temblar los cimientos del mercado tecnológico.

 

El nuevo sistema operativo -denominado Kylin- es compatible con los caracteres chinos, funcionará en equipos móviles, ordenadores y servidores y se lanzará en abril. Para su desarrollo han contado con la colaboración de la firma de software Canonical que ya ha garantizado que en futuras versiones incorporará funcionalidades como los mapas de Baidu o la tienda online Taobao.

 

Esta decisión, que nos sorprende a nadie, es el siguiente paso después de que durante años el Gobierno de Pekín se haya esforzado sobremanera en desarrollar contenidos para plataformas operativas extranjeras -sobre todo Windows-. De este modo, crear un sistema operativo made in China les permite independizarse de los grandes gigantes estadounidenses del software, el único sector tecnológico donde la supremacía de Silicon Valley parece fuera de toda duda.

 

El lanzamiento de Kylin, que coincide con la llegada de la versión 13.04 de Ubuntu, es el resultado de seis años de adaptación del biznieto de Linux desde la gestión militar a otras áreas más «sociales» como la educación, sanidad. Nacido de la colaboración entre un programa gubernamental y la Universidad de Ciencia y Tecnología para la Defensa Nacional fue concebido desde el primer día como un programa que debía ser plenamente operativo con una amplia variedad de procesadores y ordenadores pertenecientes a diferentes estructuras del organigrama chino.

 

Así, coincidiendo con la enorme expansión que está viviendo Lenovo (el gigante chino que adquirió la estructura productiva de IBM) la Administración oriental ha llegado un acuerdo con la empresa de hardware para su implantación en su enorme mercado.

 

Como bien explica Luis S. Galán es su excepcional blog, Kylin tiene un origen muy diferente a los otros sistemas de nuestra época. No ha nacido en un garaje como Windows o Mac OS. Nos llega con varios padrinos de primera: desde la ya nombrada Canonical hasta toda la infraestructura tecnológica de Pekín.

 

El programa nace como un servicio público para que todos los usuarios chinos tengan un soporte operativo que cubra sus necesidades, entienda su idioma e idiosincrasia y añade desde suite ofimáticas (como WPS Office con Interfaz Ribbon, una suerte de KingOffice similar a Microsoft Office desarrollado a partir del también open LibreOffice -disculpadme el trabalenguas) hasta widgets fundamentales en nuestro día a día.

 

Precisamente esta filosofía de «nacido de lo gratis para los ciudadanos» hará que si triunfa en China sirva para que los defensores del software libre de todo el mundo hayan ganado una enorme batalla. Mientras, el Gobierno de Pekín sigue luchando por tecnificar su sociedad y, lo más importante, desmarcarse un poco más de la dependencia que el resto del plantea tiene de Estados Unidos. ¿Se atreverá Europa a hacer algo parecido? Debería, pero lo dudo.