Apple, adiós a Google Maps

Desde su nacimiento en 2005 Google Maps ha sido siempre uno de los servicios más exitosos del gigante de Mountain View. La posibilidad de trazar rutas, de visitar lugares (a pesar de todas las polémicas surgidas alrededor de la privacidad y Street View, su resultado es impresionante), de localizar lugares de interés, etc. ha hecho de esta protoaplicación una de las más demandadas por los usuarios de todas las plataformas: Windows, Linux, Mac, iOS, Android, BlackBerry OS, Symbian, etc. Es, probablemente uno de los mejores ejemplos de la utilidad de llevar un trozo de internet en el bolsillo.

Sin embargo, parece que el matrimonio entre los mapas de los californianos y otros servicios de éxito va camino de romperse rápidamente. La primera señal de alarma llegó hace pocas semanas desde el Mobile World Congress de Barcelona. Foursquare, la aplicación que nos permite localizar lugares que ya han visitado otras personas -y que han evaluado- anunció en la feria anual que abandonaba Google Maps.

Pocos días después, en la presentación del nuevo software aparejado al nuevo iPad, Apple explicó que ya no utilizará Google Maps en el servicio de geolocalización de imágenes de iPhoto. El otro punto en común de ambas empresas es que han elegido el mismo sustituto: Open Street Map, una web sencilla de usar que cuenta con más de 400.000 voluntarios registrados para actualizar los mapas -sigue una filosofía similar a Wikipedia- y, sobre todo, gratuita. Da igual cuántas veces la usemos.

La aplicación de localización, de hecho, ha aprovechado su formato completamente abierto para adaptar su iconografía a Open Street y, de paso, anunciar que apoyará al máximo su desarrollo y asentamiento en el mercado. Los de Cupertino, por su parte, mantienen Google Maps como programa por defecto en iOS (por lo menos hasta su última versión 5.1), si bien, parece que seguirá apostando por la nueva plataforma. Además, según el blog de Open Street Maps -que han recibido con los brazos abiertos un «altavoz» tan poderoso como Apple- ha explicado que los de Tim Cook ya lo llevaban usando más de un año de modo interno.

No obstante, si seguimos los movimientos de la empresa de la manzana, es probable que veamos que este abandono a Google Maps no es más que un paso transitorio. La compra de PlaceBase en 2009 y de Poly9 en 2010 indican que pronto prescindirán de servicios ajenos para contar con su propio sistema de geolocalización. De hecho, la próxima actualización de su teléfono -muchos opinan que también perderá el número en su nombre- podría llevarla como programa principal de mapas.

En cualquier caso, para los que queráis lanzaros a utilizar la nueva herramienta, debéis saber que, de momento, es sólo una alternativa. Si en las zonas muy pobladas funciona excelentemente -las actualizaciones de los voluntarios hacen que esté tan al día como Google Maps-, en las zonas rurales hay verdaderos «agujeros negros». Además, la ausencia de mapas por satélite la hace más incompleta que la herramienta de Mountain View.

La estrategia de Google


Son muchos los que se preguntan por esta estampida. Cuando Google anunció su herramienta en 2005 en su blog, la presentó como una herramienta de código abierto con el fin de atraer al mayor número posible de usuarios privados y empresas. Su éxito ha sido tal que, según ComScore, el 49% de las aplicaciones con servicio de geolocalización en el mundo emplean Google Maps.

En abril de 2011, empero, anunciaron que su servicio web seguiría siendo gratuito… para las primeras 25.000 consultas a su servidor. La cifra, que es enorme e inalcanzable para un particular, es bastante corta para cualquier empresa -Apple tiene, al menos, 240 millones de usuarios de iOS que, hasta ahora, lo empleaba prácticamente para todo-.

Las páginas de búsquedas de servicios (hoteles, restaurantes, cines, pisos, etc.) deberán pagar 3 euros por cada 1.000 consultas. De nuevo, el precio parece bajo, pero no lo es. Ahora sólo queda esperar cuál será la reacción de la empresa del buscador ante el movimiento de dos empresas que, sin duda, marcan tendencia.

Mapas digitales, el nuevo espacio por descubrir

Los mapas siempre han tenido una importancia capital en nuestro desarrollo como seres humanos. Marcan la delimitación de nuestros Estados (al fin y al cabo uno de los modos de sociedad más desarrollados), enmarcan las naciones, los idiomas, el desarrollo Histórico de un determinado lugar, nos enseñan su orografía, su geología, sus características y su riqueza. Sobre un mapa se han marcado todas y cada una de las guerras que han azotado el mundo y a partir de uno se han firmado todos los tratados de paz. Unos son más exactos que otros, unos más interesados que otros y, la mayoría tienen una finalidad o una intencionalidad. Pero, sobre todo ello, son herramientas que han ayudado al hombre a conocerse mejor y a conocer lo que le rodea.

En la era de los satélites, de la tecnología y de lo digital, los mapas están más que nunca en nuestras vidas. Nos ayudan a decir a nuestros compañeros de red social donde estamos, nos ayudan a movernos más rápida y eficientemente de un punto a otro -gracias a los navegadores-, empleados con otras aplicaciones nos ayudan a encontrar sitios de interés y nos cuentan la historia de cada lugar. En el plano económico, sobre todo, nos sirven como una herramienta para saber cuáles son los puntos fuertes y los débiles de cada lugar. Desde las grandes multinacionales que estudian donde abrir su próximo punto de venta, hasta las empresas destinadas a los recursos naturales que estudian sobre ellos donde está la mejor veta o la mejor materia prima.

En cualquier caso, como bien publicaban en [Enlace roto.] el día uno de este mismo mes, hay una herramienta empleada por los expertos que, sin embargo, pasa totalmente desapercibida para el gran público (normalmente asombrado con programas con más forma que contenido). Se trata de los sistemas de información geográfica (o GIS por sus siglas en inglés) y una de las empresas más importantes -y antiguas- del sector es Esri, una pequeña empresa nacida en 1969 en California y que a día de hoy cuenta con más de 6.000 empleados y 350.000 clientes en todo el mundo.

Jack Dangermond, fundador de la empresa, explica que su software -mucho más preciso que el de Google Maps, Bing o Yahoo!- ha sido utilizado por clientes tan variopintos como el Instituto Oceanográfico Español en la crisis volcánica de El Hierro o el Gobierno de Japón tras el terremoto y el tsunami que azotaron el país nipón el pasado 11 de marzo. La importancia de estos datos es tal que incluso empresas como FedEx o UPS los emplean para encontrar rutas más eficientes para sus portes.

La única mancha negra que podríamos encontrar en tan buen historial es que Esri no ha conseguido en 40 años acercar esa tecnología a los ciudadanos de a pie. Dangermond argumenta que no es ni su intención ni su tecnología. Ese papel se lo deja a servicios como Google Maps (muy extendidos los últimos cinco años gracias al boom de los dispositivos portátiles). El volumen de datos que gestiona su equipo es mucho más grande que una aplicación como la de Google. Un buen ejemplo son los miles de datos que gestionan sobre sus mapas clientes como McDonald’s o Starbucks cuando deciden dónde abrir su próximo establecimiento. «Fallar sólo en 100 metros dentro de una misma calle puede ser un error fatal», concluye.

No obstante, en la era en la que lo digital y lo social se están uniendo, Esri ha puesto su particular granito de arena. En una de sus webs más visitadas, arcgis.com, el internauta puede crear su propio mapa, añadir y cruzar los datos que desee y, eso sí, sacar sus propias conclusiones. El contenido de los mapas es tan diverso como quiera el usuario, desde mensajes de Twitter emitidos en un país, hasta número de cafeterías en una ciudad. El motivo de fondo, aún así, es satisfacer mejor la demanda de sus clientes: «antes una empresa necesitaba ver un mapa y almacenarlo en un disco duro, ahora, quieren poder acceder a él desde cualquier punto con su teléfono o su tableta».

Al respecto del miedo de muchos a perder su privacidad en cuanto a su localización, Dagermond es tajante: «es hora de perder el miedo», hemos llegado un punto en el que todo lo que se mueva va a ser localizable, «si no quieres serlo, apaga los servicios de localización de Facebook, Twitter, Foursquare, etc.» aunque entonces «quedarás marginado de la sociedad» que está naciendo.

De momento, frente al papel definitivo que tendrán los GIS en la integración entre movilidad y redes sociales, Apple ya ha dado un primer paso comprando la empresa sueca C3 Technologies para crear un servicio de mapas 3D en alta definición que integrará en futuros softwares y Google ha empezado a cobrar a sus desarrolladores por usar Google Maps. Parece que una nueva era ha llegado a los mapas… y a la sociedad.