Tim Wu, por qué deberías saber quién es este hombre

Si abrimos la semana hablando de «El Rubius», la cerramos presentando a Tim Wu. Para el gran público es habitualmente un completo desconocido. No obstante, este abogado y profesor de Derecho de la Universidad de Columbia de 45 años lleva luchando por nuestros derechos en internet desde hace años. Reclamando a las administraciones que pongan coto a monopolios como Facebook y, sobre todo, que se proteja la democracia de la enorme influencia de empresas privadas que nos usan a diario para incrementar su poder.

El estallido del caso de Cambridge Analytica solo le ha dado la razón. Pero este bostoniano que acuñó el término «neutralidad en la red» va más allá y afirma que «saldrán muchas más cosas a la luz». El motivo es sencillo. Desde hace tiempo está comenzando una fuga de trabajadores de Silicon Valley que tienen verdaderos problemas éticos con lo que hacen sus empresas y que más pronto que tarde empezarán a destapar otros escándalos que, a buen seguro, están ocurriendo ahora mismo.

Especializado en competencia y derechos de autor, la carrera de Wu le ha llevado desde la oficina del Fiscal General de Nueva York (donde le asesoraba en asuntos relacionados con tecnología y la protección del consumidor) hasta The New York Times, desde donde desgrana el problema endémico de un sector que busca hacer negocio con nuestros datos, con nuestras vidas.

Para Wu el punto de inflexión se da a principios de la década. La empresa de Mark Zuckerberg sufre problemas puesto que, aunque tiene una gran base de usuarios, no consigue monetizarlos lo que les lleva a realizar «experimentos agresivos» para conseguir convertir en oro a sus clientes. El objetivo pasó a ser la principal plataforma publicitaria del planeta. Esto hizo que lo que hace años eran espacios televisivos o de la red en venta se convirtiera en espacios en nuestro teléfono, casa, ideología o cualquier otro rincón de nuestra esfera más privada. Consiguieron vender un «lugar» donde nadie había llegado antes.

Ahora que ha conseguido su objetivo, Wu considera que es demasiado grande -solo hay que ver la suma de usuarios de Facebook y sus filiales Instagram y WhatsApp- lo que la convierte en un monopolio de facto. Y, como recuerda, en Estados Unidos hay una larga tradición de control y gestión de los monopolios desde la era Roosevelt a principios del siglo pasado.

Y esto choca frontalmente con Zuckerberg que, hasta ahora, solo ha mostrado intenciones de revitalizar el espíritu inicial de Facebook. Una forma de decir a los reguladores que se portará bien sin tener que tocar nada de su magnífica máquina de facturar e influir. Por eso, por ejemplo, su lobby está haciendo una enorme presión en Washington para no ser considerada una empresa de comunicación: eso la obligaría a regular el derecho a la privacidad de los usuarios como hacen los medios «tradicionales». Por eso, explica Wu a Georg Diez en El Semanal, se ha cambiado el algoritmo para colocar a los contactos por delante de las noticias.

El problema es que la sociedad delegó tareas democráticas básicas -como la comunicación- a empresas privadas sin ningún tipo de deontología o ética de comportamiento claras. Un problema dejar las libertades en manos de compañías creadas -legítimamente- para ganar cuando más dinero mejor. Por eso, cuando la desinformación ha dado más dinero que la verdad -porque la polémica genera más tráfico de clientes- el sistema «ideal» se ha corrompido.

Wu considera que el papel que pueden tener estas plataformas puede y debe ser positivo para la sociedad. Y que aún se está a tiempo de lograrlo, aunque para ello sea necesario regularlas o, incluso, convertirlas en herramientas públicas. Si esto no es posible (¿dejará Wall Street que el Congreso racionalice y emplee bien sus gallinas de los huevos de oro?) quizá sea hora de dar un empujón al nacimiento de empresas arraigadas en valores éticos y morales. Empresas que se aprovechen del malestar generado por la falta de confianza en Facebook y puedan crecer. Una nueva oportunidad al idealismo original de Silicon Valley en la que los emprendedores querían cambiar el mundo para hacerlo un lugar mejor lejos de la avaricia del parqué neoyorquino. Un idealismo hoy desaparecido por completo.

Facebook, Google, Amazon, Apple, Microsoft, etc. son el «reverso tenebroso» de esos idealistas que querían crear algo libre, gratuito y mejor que lo establecido para la comunidad.  Una forma de controlar una peligrosa y excesiva concentración de la riqueza de unos pocos a costa de los demás. Un escenario complejo que si no se gestiona bien puede acabar con personas extremas en los círculos de poder -como parece que ha ocurrido «gracias» a las noticias falsas en las elecciones de Estados Unidos o el Brexit.

En definitiva, Tim Wu es ese hombre que, a buen seguro, Mark Zuckerberg no quiere que conozcas. Síguele el rastro.

Facebook, qué hemos aprendido de la visita de Zuckerberg al Senado

El pasado 10 de abril se dio una situación que, no por esperada, fue convencional. Mark Zuckerberg, la personificación del nuevo Silicon Valley, el de las sudaderas y los pantalones vaqueros, el de los servicios gratuitos que hacen millonarios a sus dueños, el de las nuevas generaciones que entienden que todo es «mejor» a través de una pantalla, se sentaba en el Senado estadounidense para rendir cuentas por el escándalo que unía a Facebook con Cambridge Analytica.

Más allá del morbo que provocó a la prensa la situación. Más allá de la imagen chocante del joven que ha revolucionado el mundo que se encorseta en un traje para explicarle al establishment qué ha ocurrido. Más allá de las preguntas que para muchos resultaron inaceptables por parte de los reguladores, nos queda saber si hemos aprendido algo de la visita de Zuckerberg al Senado -y de su negativa a ir a Londres o Bruselas-. La respuesta es sí. Pero no nos ha gustado nada lo aprendido.

Por un lado Zuckerberg ha demostrado que solo se siente «regulado» o con interés de satisfacer los problemas generados a sus clientes americanos. ¿Por qué? Porque tan solo le puede afectar la regulación de Trump. Precisamente por eso ha decidido declinar la invitación de Londres y Bruselas a responder por el grave caso de vulneración de la privacidad de millones de usuarios.

Por otro lado, ese mismo regulador que ha de conseguir que Facebook sea una red social más transparente ha demostrado una enorme ineptitud. Es prácticamente imposible esperar un control sobre este perfil de empresas como el que la Comisión Europea ha entablado contra Microsoft, Google o Apple con anterioridad. Ni siquiera unas restricciones similares a la que ciertos Estados de la Unión han propuesto contra la red social. ¿Por qué? Porque durante las cinco horas que duró la comparecencia quedó patente la incapacidad de los reguladores de entender a qué se enfrentan.

Solo por eso se entienden comparaciones con la industria del motor a la hora de averiguar si Facebook es un monopolio -y, seamos sinceros, su control sobre Instagram y WhatsApp lo convierte como mínimo en un actor dominante- o sobre si Apple, Google, Amazon o Microsoft son sus rivales.

No obstante, hubo preguntas que fueron un atisbo de luz: «¿siguen a los usuarios cuando dejan la red social?». La desfachatez de Zuckerberg fue tal que remitió a que debía consultárselo a sus técnicos. La misma persona que se jacta de crear Facebook de la nada, de conocerlo completamente, de querer «arreglarlo». ¿Cómo hacerlo sin saber sobre temas tan importantes?

Pero Zuckerberg quedó retratado cuando le preguntaron si estaba dispuesto a compartir con los asistentes el nombre del hotel en el que se hospedaba o si, directamente, podía compartir con ellos las conversaciones que mantuvo con terceros la noche anterior. Por supuesto la respuesta fue no. No quiere para él lo que él ha hecho a los demás.

Uno de los puntos más «risibles» para el gran público y todos los jóvenes tecnófilos está relacionado con la afirmación de un senador sobre las condiciones de uso: «apestan». Y, siendo justos, lo hacen. Ocupan 3.000 folios. Animo a cualquiera de los lectores a que lo comparen con la longitud de su hipoteca, su contrato de alquiler o el último consentimiento médico que hayan firmado. Incomparable. ¿Por qué? Porque genera desinformación por sobreinformación. Porque como nadie las lee permite meter en esas 3.000 páginas casi lo que se quiera y porque demuestra la ignorancia y la confianza ciega y peligrosa que tenemos en las empresas.

¿Qué debe ocurrir ahora? Está claro que en Estados Unidos habrá algún tipo de sanción. Mucho más simbólica que efectiva porque por mucho que la empresa caiga en Bolsa, sigue siendo gigante. Porque somos animales de costumbres y porque si nos olvidamos de la guerra de Ucrania en dos semanas, nos olvidaremos de esto en menos tiempo. Y sobre todo, porque Silicon Valley es uno de los niños bonitos del poder americano porque les reporta más poder. Aunque no les guste en las formas.

¿Y cómo debe comportarse ahora Europa? De una forma sencilla y eficaz. Debe exigir la comparecencia de Zuckerberg para rendir cuentas. Abrir una investigación sobre los entresijos de la empresa. Acorralar sus malas prácticas si es necesario y, sobre todo, ayudar a crear una alternativa. Del mismo modo que llevamos tiempo pidiendo que se dé cancha a Linux. Que se apoye la creación de empresas de software continentales. Que se creen sistemas de comunicaciones y redes panaeuropeas reguladas y que protejan a los ciudadanos europeos. Que se ponga coto a la barra libre que Silicon Valley tiene en todo el planeta -excepto China, por cierto-.

Europa, aunque envejecida, ha de tener un papel central en la sociedad del siglo XXI porque hasta ahora se ha mostrado como la única región con ánimo de controlar y regular los excesos de la nueva economía: los Uber, AirBnB, Facebook, Google, Amazon, WhatsApp y compañía. Pero regular a veces no vale. También hace falta actuar y generar una alternativa propia.

Si lo conseguimos, creando una base social y económica que apueste por la programación, la robótica, la industria 4.0, el software, las aplicaciones, etc. a partir de la ética, tendremos un presente más seguro y un futuro más brillante. ?¿Estamos dispuestos?

Whatsapp, el cambio de condiciones con el que llega la publicidad

Era algo inevitable. No porque corrieran rumores al respecto, sino porque era impensable que Mark Zuckerberg no tuviera algún plan para amortizar los 19.000 millones de euros que pagó por Whatsapp. El futuro de la app de mensajería más extendida en el mundo -no la mejor, para nosotros iMessage es más eficiente y Telegram más capaz- solo tenía sentido si se monetizaba con publicidad.

Cuatro años después de la compra por parte de Facebook se ha lanzado en beta un cambio en los términos y condiciones de uso para abrir paso a la publicidad. El final de la filosofía inicial -y que Zuckerberg prometió mantener- de no incluirla. Según WABetaInfo, un medio especializado en filtraciones -veraces- de las novedades de la aplicación de mensajería, la próxima actualización, la 2.18.57 de Android será la encargada de abrir las puertas a esta nueva característica.

Aunque el portal no especifica cómo se implementará la publicidad, lo más probable es que se permita -previo pago- que las marcas envíen mensajes comerciales a los clientes dados de alta en la plataforma. El texto, de hecho, explica que WhatsApp se abre a «ofrecer contenido patrocinado / anuncios de empresas» a los usuarios. Si lo unimos a los servicios recién creados mediante WhatsApp Business, que permiten opciones especiales para profesionales, el cambio es inminente.

Lo más grave (y lo que esperemos provoque una salida de clientes del servicio) será que la nueva actualización llevará implícita que se compartan más los datos entre WhatsApp y «otras compañías de Facebook». Según los desarrolladores esto incluye nuestro nombre de perfil y número de teléfono, información sobre nuestra cuenta (la fecha y hora a la que se creó, la última vez que se usó, los tipos y frecuencia de usos que llevamos a cabo, las empresas a las que envías y de las que recibes mensajes, etc.) e información sobre el dispositivo y su sistema operativo.

Aunque, como hemos dicho, se trata solo de las condiciones de una actualización que hasta ahora solo afecta a testers, deja claro el movimiento que va a intentar la empresa durante los próximos meses. ¿La oportunidad que esperaba la competencia o un ejemplo más de que nadie se lee las condiciones de uso y del efecto de las masas sobre los individuos? La experiencia de la empresa con Instagram parece indicar que no habrá pérdida de usuarios. Nosotros, de mientras, seguiremos usando alternativas más seguras y eficientes.

Strong.Codes, el escudo de Snapchat contra Facebook

El negocio de las redes sociales es, probablemente, uno de los más polarizados del mercado. Siendo sarcásticos podemos decir que hay dos tipos de redes: las que pertenecen a Mark Zuckerberg y las que no. La dupla Facebook-Instagram es la más rentable y la que más usuarios tiene. Y gracias a la adquisición de Whatsapp también controla gran parte de la mensajería instantánea.

Parte de esto se debe a la incompetencia de sus rivales -el caso Twitter lo hemos tratado varias veces y los intentos fallidos de Google son incontables- además de su capacidad de anticiparse al mercado. Sin embargo, cuando parecía que tan solo YouTube podía amenazar su «imperio» surgió Snapchat. Algo diferente que impactó poderosamente en los más jóvenes y que obligó a los demás a implementar nuevas características.

El caso más flagrante es, probablemente, el de Instagram que ha ido incluso modificando su interfaz para parecerse a la red del fantasma. Casos que en cualquier otro mercado serían motivo de denuncias por vulneración de patentes pero que por ahora se quedan en simple «inspiración». Por eso es especialmente importante la última adquisición que ha llevado a cabo Snapchat: la start up suiza Strong.Codes.

La empresa es la creadora de un software que oculta código haciendo que sea mucho más difícil a sus competidores copiar las características de una aplicación. Especializados en ingeniería inversa -una forma de diseccionar un producto para saber cómo funciona y luego copiarlo- la llegada de Laurent Balmelli (fundador de Strong.Codes) es un aviso a sus rivales: se han cansado de que les copien descaradamente.

Desde que Facebook fracasara varias veces en sus intentos por comprar Snapchat debido a su crecimiento exponencial en el mercado, han sido constantes las ocasiones en las que las novedades de la red social han sido copiadas descaradamente por los de Mark Zuckerberg tanto para su matriz como para su filial de imágenes y vídeo, Instagram.

Incluso WhatsApp implementó algunas de las novedades que más éxito tenían en la red social. Esto hizo que Evan Spiegel, CEO de Snapchat tirara de ironía cuando le preguntaron por ello en mayo: «si quieres ser una compañía creativa y haces cosas geniales, tienes que estar cómodo y disfrutar con la idea de que otra gente copie tus productos. Porque Yahoo! coloque un buscador en su web no significa que sea Google». Toda una declaración de intenciones.

La duda que nos surge es si esta adquisición no llega demasiado tarde pues las funcionalidades más atractivas ya han sido copiadas y el crecimiento de la empresa se ha moderado a costa de fortalecer a sus rivales con sus buenas ideas.

Facebook, el centro de tus eventos

La compra de WhatsApp, el lanzamiento de Instant Articles, las videollamadas a través de su Messenger, su crecimiento en todos los mercados y en casi todos sus negocios. Facebook está más activo que nunca y su plan de ser una parte central en la vida social de sus usuarios -aspira a 7.000 millones- parece ser mucho más que una utopía.

La idea es sencilla: hacer lanzamientos que completen sus funcionalidades y apostar por otras que ya son veteranas en su universo y que a pesar de su potencial no acaban de explotar. El mejor ejemplo es Facebook Events (la pestaña de eventos de tu muro) que a lo largo de los próximos meses recibirá mejoras y novedades.

Mashable publicó recientemente una entrevista a Aditya Koolwal, Product Manager de Events, en la que la responsable dejaba entrever siete mejoras que llegarán antes de un año a una de las estrellas de la red social.

  • Feed de noticias de eventos de amigos. Hasta ahora recibíamos alguna notificación «encubierta» cuando un amigo acude a un evento. Ahora quieren que sea una parte central de nuestra relación con los demás. Anunciarlos, compartirlos y apuntarnos a nuevos eventos (lo que incrementaría el interés como plataforma para publicitarlos).
  • Eventos relacionados. Cada vez que clickemos sobre la participación en un evento nos aparecerá un pop up de otros similares que podrían interesarnos del mismo modo que ocurre cuando le damos al «me gusta» de una página corporativa.
  • Compartir eventos. Pero no solo en nuestro muro, también dentro de nuestras conversaciones de Facebook Messenger -¿pasará también la idea a WhatsApp?-. Tan solo será necesario implementar un nuevo botón anexo al de fotografías y audios.
  • Permitir conversaciones individuales con cada uno de los asistentes a un evento. Hasta ahora solo se pueden hacer grupales y eso, creen, puede coartar a algunos de los usuarios a informarse más sobre los mismos.
  • Multiplicar las posibilidades para invitar a terceros a un evento. Independientemente de que tengan o no cuenta en Facebook. WhatsApp y los correos electrónicos parecen la mejor opción aunque todavía no han empezado a experimentar con la idea.
  • Double check a las invitaciones. Permitirá saber a los organizadores si los receptores de la invitación han visto o no la propuesta lo que evitará que insistan o conocer los motivos para que no quieran responder o acudir.
  • Events como una aplicación propia. Fuera de Facebook para que los usuarios -profesionales o no- puedan trabajar con esta potente herramienta de una forma más sencilla y natural. Además, permitiría implementar nuevas mejoras «bajo demanda» sin necesidad de saturar la web o la aplicación nativa de la red social.
La apuesta de Mark Zuckerberg es tan grande que están dispuestos a tocar el feed de noticias -solo se hace con cosas muy importantes porque un error aquí puede hacer perder usuarios para siempre-. ¿Creéis que tendrá éxito?