Dropbox, la única alternativa

Del mismo modo que hace quince años Microsoft era el dominador absoluto del mercado tecnológico (en una era casi pre internet) hoy día Google y Apple se reparten el negocio con alguna injerencia de Samsung o Facebook. Los de Mountain View controlan con mano de hierro casi cualquier faceta de internet -mapas, búsquedas, publicidad, correo electrónico, etc.- y los de Cupertino sientan cátedra con sus dispositivos líderes de ventas en casi todos los mercados en los que participan y, sobre todo, con unas ganancias que ninguna otra tecnológica ha tenido nunca. Sólo las redes sociales, dominadas por Facebook y la construcción de teléfonos móviles -que lidera Samsung gracias a su binomio con Google- se escapan de esta dictadura.

 

En un momento en el que la conectividad, la inmediatez e internet copan la tecnología sólo hay un pequeño producto que se les escapa a su control y, más aún, les hace una dura competencia: Dropbox. Evernote de Phil Libin fue, sin duda, la primera que nos acercó a todos la «computación en la nube». La integración en internet de nuestros documentos para acceder a ellos (o compartirlos) en cualquier lugar y en cualquier momento. Apple la ha llevado a la máxima expresión con iCloud, un servicio que acumula en todo el mundo unos 600 millones de usuarios activos y que cada mes añade más capacidades. Todo se sincroniza desde nuestros dispositivos a nuestra cuenta encriptada y de este modo todo está libre de hardware y accesible en cualquier punto.

 

Dropbox, por su parte, cuenta ya con 175 millones de usuarios -no está mal para una iniciativa al margen de los grandes de Silicon Valley- y tiene claro que su siguiente paso es convertirse en el gran disco duro sin importar que plataforma utilicemos. Al más puro estilo Apple y Google, en la última conferencia de desarrolladores de la casa, llama DBX, Drew Houston, CEO de la empresa, explicó que su siguiente frontera «será reemplazar por completo el disco duro. Sincronizar es el presente y el futuro.» Y para ello seguirán la estrategia de Facebook, Twitter, Apple o Google, abrirse a terceros para que los desarrolladores puedan completar una herramienta de gran éxito con mucho margen. No depender de un sistema operativo puede ser una desventaja o una ventaja «si conseguimos la sincronía entre diferentes equipos».

 

La primera novedad es que, al igual que hacen Google Docs y Office 365 permitirán grabar documentos que no están finalizados. La diferencia es que Dropbox permitirá grabarlo en equipos que utilicen sistemas operativos diferentes para que la accesibilidad sea total.

 

El ejemplo que pusieron fue perfecto: un usuario graba un vídeo en un dispositivo y otro, desde otro aparato, lo edita, remezcla y añade efectos de postproducción para luego colgarlo y que pueda ser consumido por quién quiera. Si a eso le sumamos que algunas cosas como imágenes podrán editarse al mismo tiempo por varios usuarios o a la vez que se cuelga en la nube, el concepto de ubicuidad e inmediatez se multiplica.

 

Dropbox ya ha conquistado los smartphones, tabletas y ordenadores de Apple, Google y Microsoft. Ha cambiado por completo el concepto de freemium (la entrada es gratuita pero si queremos mejoras debemos pagar por ellas) regalando capacidad y posibilidades de edición de hasta 18 GB si conseguimos que «amigos» nuestros se den de alta gracias a nuestra recomendación. En los últimos ocho meses han pasado de 100 millones de usuarios a 175 que pagan unos 7,8 euros por ¡100 GB! en la nube. De momento ya mira por el retrovisor al pomposo pero rudimentario -y siempre sospechoso- Mega de Kim Dotcom. Ahora el objetivo, gracias a su interactividad en tiempo real, son los tres grandes: iCloud, Google Drive y SkyDrive. Suerte.

Mega, el botón que cambiará el mundo

La frase que llevan diciéndonos semanas no sabemos si nos recuerda a un anuncio de los años ’60, un dibujo animado de Hannah Barbera o un estreno cutre de Hollywood. Sin embargo, ayer -en Nueva Zelanda fue el día 19- se puso en marcha Mega, la web «completamente legal» que el otrora mandamás de Megaupload -en libertad condicional en Nueva Zelanda y acusado de piratería informática por Estados Unidos, quien busca su extradición- ha lanzado para revolucionar por completo el negocio de la música y el ocio en internet.

 

La nueva empresa de Dotcom tiene como referentes un almacenamiento gratuito de 50 GB, servicio gratuito de correo electrónico, de nombre de dominios y mensajería instantánea a través del móvil. Para los que esto no sea suficiente, la web ofrece servicios de almacenamiento que van de los 400 GB (19,99€ mesuales) a unos excesivos 8 Terabytes (por 29,99€ cada mes).

 

En sólo una hora de su presentación (en riguroso streaming) Dotcom aseguró haber recibido 250.000 solicitudes de alta lo que hizo que el servidor llegara a su capacidad máxima de carga, aunque aseguró que «cuando se pase el entusiasmo inicial el funcionamiento será el habitual». Es cierto que se trata de una nueva cifra, pero también lo es que palidece ante los más de 180 millones de usuarios que llegó a acumular Megaupload antes de su cierre.

 

Su impacto fue tal que Kim Dotcom y sus seis socios acumularon una fortuna de más de 135 millones de euros y generaron unas pérdidas estimadas a la industria cinematográfica estadounidense de casi 500 millones de dólares. Sin embargo, el fundador de esta plataforma asegura que ha dado con la clave para crear un servicio completamente legal.

 

En primer lugar porque todos los archivos ubicados en la nube de Mega devolverán una clave a su propietario para que la empresa no sepa en ningún momento el contenido del mismo -lo que la exime de ninguna responsabilidad sobre el intercambio de archivos-. Muchos lo definen como un Megaupload encriptado y no pocos han criticado esta nueva argucia hasta tal punto que Gabón -el país elegido inicialmente para ubicar la firma puesto que su dominio en la red es .ga- ha prohibido la fundación del dominio me.ga.

 

Ahora, el hombre que fue presentado como un «Megaconspirador» por el Departamento de Justicia de Estados Unidos presenta un formato más «limpio» o legal -puede que no justo- mientras sus abogados lidian para evitar que cualquiera de los 5 cargos, que podrían llevarle hasta 55 años a la cárcel, salgan adelante. Mientras él sigue beligerando contra Estados Unidos -«antes respetaba a Estados Unidos y al sueño americano. Pero ahora pienso que es la mayor amenaza contra la libertad en internet y la paz en el mundo»- y tratando de evitar una extradición que, seguramente, acabaría con su enorme figura entre rejas. Por cierto, ya que es ciudadano europeo -alemán-, ¿alguien sabe qué dice la UE o Merkel al respecto? Sin noticias de Dios, ni de Angela.