Mobile World Congress, lo mejor de la feria

La semana pasada se celebró la feria de telefonía móvil (y tabletas) más importante del mundo en Barcelona. El evento, que reportó más de 300 millones de euros a las arcas de la ciudad condal, volvió a recibir los elogios de los participantes por su genial organización y, un año más, batió récord de visitas. Sin embargo, a pesar de la buena salud de la que goza el negocio, fue una feria en la que hubo muchos más anuncios de relumbrón que presentaciones relevantes.

Parece que, una vez más, Apple marca el ritmo de la industria y cada vez son más los fabricantes que prefieren presentar sus principales novedades en un marco único, a medida y personalizado, más allá de grandes eventos donde todos las presentaciones se difuminan entre sí.

Es por ello que las principales novedades de la reunión vinieron de viejos conocidos que retoman mercados –la vuelta de Panasonic a Europa, por ejemplo- o la renovación de empresas ya consolidadas -como el camino que inicia Sony en solitario o los nuevos productos que han nacido de la alianza entre Nokia y Microsoft-.

Una vez más los fabricantes asiáticos han sido los más dinámicos. Panasonic con sus ElugaSony con su nueva gama Xperia -totalmente volcada con la música-, HTC reforzando la imagen y la fotografía en su nuevo One  o Fujitsu con sus modelos de cuatro núcleos. Precisamente por aquí fue la tendencia. Si hasta ahora todos los fabricantes entendía que un móvil con procesador de dos núcleos era más que suficiente, ahora que son un estándar dan el salto a los «quad». También aumentan su velocidad de conexión -en poco tiempo la conexión LTE será el mínimo exigible- y, cómo no, se apuntan al poderoso Android 4 para preparase ante la inminente llegada del iPhone 5, el coco de su categoría.

Aún así, como en todo show que precie, hubo «demostraciones de fuerza» por parte de los fabricantes. Igual que en los salones del automóvil las marcas muestran ejercicios de diseño imposibles o soluciones mecánicas impagables, algunos fabricantes se atrevieron con cámaras de 41 megapíxeles -como es el caso del Nokia 808– o el enésimo híbrido entre tableta y smartphone -después del Galaxy Note y del LG de 5 pulgadas-: el ASUS Padfone.

Otra de las tendencias que quedó muy marcada durante la feria fue la apuesta de las empresas por los mercados emergentes. Aquellos ávidos de nuevos terminales pero que no siempre pueden pagar el elevado coste de los mismos. Nokia presentó pensado en ellos el Lumia 610. ¿Su objetivo? Hacerse con una buena parte de un goloso mercado dominado a día de hoy por ZTE y Huawei, los dos fabricantes chinos de referencia.

Y en un negocio donde hay teléfonos para niños, teléfonos de moda, teléfonos inteligentes y teléfonos para mercados emergentes, también hay que presentar modelos para la gente más mayor -muchos de ellos en Europa y sin ningunas ganas de complicarse la vida con aplicaciones y pantallas táctiles pero que quieren que sus terminales hagan casi de todo-. El fabricante austriaco Emporia se ha dado cuenta de ello y le ha añadido una buena cámara a su modelo 3G que, por cierto, sigue manteniendo su botón de emergencia, su teclado generoso, su carcasa plegable -que le hace aumentar su resistencia- y su diseño sobrio pero elegante.

Para acabar, el negocio también decidió mostrarnos su predilección por las tabletas. Con un mercado dominado completamente por Apple -aunque Android pueda superarle en porcentaje de ventas, rozar el 50% en las estimaciones con un sólo productos es más que meritorio- algunos fabricantes como Viewsonic han decidido hacerse con el mercado de las tabletas a bajo coste. Android 3.0, pantalla de 7 pulgadas, prestaciones y acabados respetables… por un máximo de 300 euros.

Una vez creado todo el ecosistema, la solución para seguir creciendo es el de los complementos. Fundas, protectores de pantalla, periféricos, cables… y ahora, cargadores sin cables y, sobre todo, sistemas para que la tableta y el ordenador se fundan en uno (especialmente las Android, que no tienen un equivalente de sobremesa como iOS o Windows Phone).

En resumen, la feria más populosa se convirtió, por primera vez en los últimos años, en una feria de tendencias no en una de novedades. Una feria donde los conceptos pudieron más que las realidades y donde las ideas se quedaron ligeramente por detrás de los hechos. Aún así, el futuro más cercano parece estar echado.

Mobile World Congress 2012, vuelve el espectáculo

Si hay un sector ajeno a la crisis, ese es el de la telefonía móvil inteligente. Los smartphones llevan años disfrutando de un incremento de ventas espectacular: primero en Estados Unidos y en Europa y ahora que ambos mercados están estancados -no sólo por la propia crisis sino también por su saturación- le toca el turno a Latinoamérica y, sobre todo, a China e India.

El Mobile World Congress que se celebra en Barcelona desde hoy hasta el viernes es el mejor ejemplo de este trepidante negocio que mueve miles de millones de euros en todo el mundo y que muta y se desarrollo mucho más rápido que cualquier otro (sobre todo si incluimos las tabletas como una variedad que no hace llamadas). En sólo 25 años hemos pasado del teléfono fijo -que sólo permitía hablar desde casa o la oficina- hasta terminales inteligentes que son una ventana abierta al mundo, pasando por los móviles convencionales que hasta 2007 fueron un negocio redondo para fabricantes y operadoras -el maná de los SMS aunque cada vez esté más cerca de su fin todavía supone el 14% de sus ingresos-.

El sector es tan dinámico que el que no se adapta, sencillamente, cae. Desde los ya nombrados SMS hasta gigantes de otras épocas que buscan alianzas arriesgadas para subsistir, como Nokia.

Las cifras asustan: en 2011 las ventas de smartphones crecieron un 53,5% hasta los 432 millones… y todo indica a que antes de acabar el año 1.000 millones de personas tendrán su propio teléfono inteligente. Ya no es el artículo de lujo que se creía hace años. Es algo mucho más parecido a un artículo de primera necesidad. Así lo indican las estadísticas: en el próximo cuatrienio su implantación se multiplicará por 9 en países como Pakistán, por 6 en Indonesia, por 5 en Japón -siempre a la vanguardia- o Nigeria y por 3 en China y Brasil.

En algunos países desarrollados su implantación es tan alta que han generado una economía «propia». Ese es el caso del Estado donde más del 50% de los terminales son en estos momentos inteligentes -o lo serán en pocas semanas-. Además, la mayoría de sus propietarios los utilizan a fondo como, por ejemplo, para hacer compras.

Por eso hablamos de mutación en el negocio. Porque ya no es algo sólo para operadoras y fabricantes. El gran smartphone, el revolucionario, el que propicio esta explosión, el iPhone, ni siquiera es el más rentable para las primeras. Las telecos ven cómo sus múltiples aplicaciones fagocitan los mensajes clásicos. Ven cómo las tarifas planas son explotadas hasta la extenuación por los usuarios… pero la factura sigue siendo interesante. Los fabricantes, por su parte, amasan grandes beneficios… que palidecen frente a los de las empresas que crean los entornos operativos para estos equipos. Aquí reside el secreto de los dos nuevos dominadores: Apple y Google. Y, precisamente por eso, Google quiere echar el resto con su nueva adquisición: Motorola Mobility.

Aún así, por el momento, todo parece indicar que el negocio es lo suficientemente grande para que todavía entren nuevos actores como, por ejemplo, los desarrolladores de aplicaciones que, hasta con programas gratuitos ganan mucho dinero. Y es que este negocio afecta a todos: empresas de automóviles, sanidad, agencias de publicidad. Todo cabe en estos pequeños artefactos.

Pero las grandes estrellas del Mobile World Congress no serán, ni mucho menos, los nuevos terminales -que seguirán mejorando de forma exponencial y que harán palidecer a los presentados hace un año-, las verdaderas estrellas serán los sistemas operativos. Desde Windows Phone 8 hasta las novedades de Mozilla. También lo serán las empresas que, gracias a sus departamentos de Investigación y Desarrollo siguen creando hardware impensable hace meses y que ni se soñaba hace pocos años.

Buen ejemplo serán los procesadores de cuatro núcleos Snapdragon 4 de Qualcomm o el Tegra 39 de Nvidia. Chips que permitirán a estos pequeños teléfonos ordenador trabajar más rápido que un portátil de hace sólo dos años. Además, su principal característica es que, por primera vez, se han diseñado por y para los smartphones… y para entenderse con ordenadores, televisiones, etc. Y todo ello con menos gasto energético. El único punto débil de estos ingenios. El dolor de cabeza de los usuarios más duchos que ven cómo, por meros motivos físicos, este campo no avanza solidariamente con los demás.

Y volvemos a las cifras: el año pasado los smartphones generaron más de 41.000 millones de dólares. El 31,5% se fueron a las arcas de los juegos, el 21% al de la música -que ya ha decidido abandonar cualquier soporte físico- y el 16% a las aplicaciones. Una cantidad pequeña con los más de 125.000 millones que se facturarán en 2016 y donde los pagos con tecnología NFC y las aplicaciones se llevarán la mayor parte.

¿Por qué sabremos que cambiará la tendencia? El tráfico de datos se triplica cada año, el de aplicaciones se multiplica por 15 cada doce meses. También el de publicaciones, que es 13 veces mayor, y el de vídeo, 22 veces más pesado.

Aunque sea el gran ausente -Apple nunca aparece en este tipo de ferias pues prefiere crear sus propios espectáculos para dar más relevancia a sus productos- lo que en 2007 fue catalogado como un iPod Touch con un teléfono incorporado-, el iPhone marcó hace sólo 5 años un camino que está lleno de sorpresas… y de dólares.

World Mobile Congress, se acabó la guerra por su ubicación

Después de las dudas que rodeaban a la continuidad de Barcelona como capital mundial de la telefonía móvil, la historia ha acabado con final feliz -por lo menos para la ciudad condal-.  La solución ha sido sencilla: una fundación híbrida público-privada se encargará de regir el devenir del evento, que se celebrará al menos hasta 2018 en la capital catalana.

La Fundación Mobile World Capital comenzará con un presupuesto de 15 millones de euros aportados a partes iguales por el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat de Catalunya y el Gobierno español. Hasta 2018 -año en el que se volverá a designar una sede- el montante que recibirá la Fundación superará los 90 millones de euros. A todo ello hay que sumarle la aportación de las grandes empresas del sector -algunas de ellas han demostrado estar «muy interesadas» en participar según los organizadores-.

Ante la duda de si estos 90 millones eran un gasto inútil en época de crisis o una inversión con retorno, el director de la Fira, Agustí Cordón, ha explicado que se trata de una inversión de alta rentabilidad ya que se espera que la capitalidad mundial del sector reporte a Barcelona unos 3.500 millones de euros de ingresos directos los próximos seis años.

Barcelona tuvo que pugnar en Londres con Múnich, París y Milán, ciudades en adjudicarse el congreso y todos los eventos relacionados con el mismo. La ciudad condal es la responsable de organizar desde 2006 -hasta un año antes se encargaba la ciudad gala de Cannes- un evento al que acuden todos los años unos 60.000 profesionales del sector. Ante el éxito del esta semana del móvil los organizadores del evento -y la Fundación en ciernes- querían ampliarla a una capital fija donde organizar congresos y encuentros relacionados con esta potente industria a lo largo de todo el año.

El Ayuntamiento de Barcelona ya ha explicado que se abrirá un punto de encuentro fijo dedicado a esta tecnología, la historia del móvil, un área experimental, así como una zona comercial y de actividades cuyo emplazamiento estará entre la Plaza de Catalunya y Portal de l’Àngel -principal arteria comercial de la ciudad-. Una nueva era ha nacido para la telefonía móvil. Ahora sólo falta que Barcelona juegue bien sus cartas para quedarse con un evento llamado a traer muchos ingresos y puestos de trabajo a una región que está sufriendo especialmente la crisis.