SpaceX, ¿más cerca de los viajes espaciales?

PayPal, Tesla y SpaceX. Elon Musk parece estar dispuesto a cambiar el mundo. Primero revolucionó la forma de comprar (y pagar). Ahora, el fabricante de coches parece dispuesto a revolucionar el concepto de coche «limpio». Por si fuera poco, su penúltimo proyecto, SpaceX ha conseguido uno de los hitos que llevaba tiempo buscando: aterrizar uno de sus cohetes Falcon 9 en una plataforma en el mar.

Después de cuatro intentos fallidos y a pesar de que muchos tachaban su objetivo de un capricho y una forma de despilfarrar millones de dólares la empresa fundada por Musk conseguía hace pocos días su objetivo de dar un paso de gigante para conseguir futuros viajes espaciales comerciales.

El motivo es sencillo. Hacer aterrizar un Falcon 9 en una barcaza tiene dos ventajas primordiales respecto a la forma en la que tradicionalmente se acababan los viajes espaciales. El primero es técnico: al conseguir aterrizar el cohete en una barcaza se pueden reaprovechar muchas partes del mismo para posteriores viajes.

Esto, además, supone un ahorro de dinero enorme para el fabricante y, por lo tanto, el gasto a imputar al viajero -sea la NASA o un particular- es ostensiblemente más bajo. Es cierto que aún falta mucho para poder comercializar este tipo de viajes, pero también es cierto que este primer paso de aterrizaje vertical es absolutamente necesario para la supervivencia del proyecto.

Probablemente la duda que surja ahora es por qué la obsesión de SpaceX de hacer aterrizar la nave en el mar en vez de en tierra como ya consiguieron en diciembre de 2015 en una plataforma en Cabo Cañaveral. La clave aquí está en el combustible a utilizar. La fase de aterrizaje del cohete de forma segura y vertical requiere de una gran cantidad de combustible que se quema en diferentes etapas para garantizar la estabilidad y el objetivo.

De este modo, aterrizar en una barcaza en el medio del mar supone mucho menos gasto energético que devolver el Falcon 9 hasta Florida -la barcaza puede moverse a cualquier punto del planeta para el aterrizaje-. Si tenemos en cuenta que en el despegue se suele gastar casi todo el combustible necesario para la misión, cualquier ahorro puede ser crítico para la subsistencia de la misma.

Por otro lado, incluso desde el punto de vista de la gestión es más sencillo aterrizar en el mar: la cantidad de papeleos necesarios para acceder a las plataformas de Cabo Cañaveral son otro obstáculo para Musk.

El éxito de este quinto intento de aterrizar en una barcaza en el mar significa que SpaceX tiene ahora como objetivo aterrizar 2 de cada 3 misiones de este modo y la tercera en tierra firme. El contrato firmado entre la empresa y la NASA para ser uno de los proveedores de suministros a la Estación Internacional Espacial garantiza la subsistencia de la empresa y el desarrollo de sus objetivos más ambiciosos mientras sigue ganando experiencia de cara a conseguir comercializar viajes espaciales.

 

Aviones híbridos, una posible solución que despegará este año

Cuando hablamos de la necesidad de gestionar las emisiones contaminantes de los vehículos la mayoría de las veces nos referimos al transporte terrestre: coches, camiones y motos. Muy pocas veces hacemos referencia a los barcos y casi nunca a los aviones, responsables de gran parte de los problemas de nuestro planeta.

Sin embargo, tanto los reguladores como las empresas son conscientes de que gran parte de nuestra salud (y de la del medio) pasa por hacer que estos grandes sistemas de transporte también evolucionen hacia la eficiencia y el impacto cero. Hasta ahora ha habido acercamientos más o menos creíbles entre los que destacan la solución de Boeing con un avión que emplea tecnología nuclear para desplazarse así como una iniciativa de United Airlines para usar biocombustibles para el funcionamiento de sus motores.

No obstante, será la aerolínea EasyJet la que empleará un sistema híbrido para mejorar sus emisiones. Se trata de una nave que emplea hidrógeno y motores «normales» para desplazar el modelo y que supone un ahorro del 7% -unas 50.000 toneladas de combustible- y una importante disminución del impacto acústico en el medio.

Desarrollado por estudiantes de la Universidad de Cranfield, se aprovecha la energía generada en la fase de frenado del avión con un sistema similar al frenado regenerativo de los coches. Toda esta energía pasaría a unas células de hidrógeno que cargan las batería de la aeronave y que se emplea en la iluminación del aparato así como en el proceso de reciclado de agua.

Instalado en las ruedas del avión, acumulará energía también en los desplazamientos por la pista. Aunque en periodo de pruebas, EasyJet considera que se podría incluso eliminar el uso de remolques en la pista ya que solo en desplazarse por el asfalto los aviones emplean hasta un 4% de su combustible.

Según han explicado tanto la empresa como la Universidad, ya están trabajando con socios para que la instalación de estos dispositivos se realice lo antes posible y así permitir su uso a finales de 2016 en vuelos comerciales.

Pero el de EasyJet no es el único proyecto de avión híbrido. Hace pocas semanas la NASA anunció que trabaja en un prototipo de aeronave que emplea motores eléctricos y de combustión con un ahorro energético de hasta un 30%. El problema es que todavía faltan meses para que esta maravilla pueda tomar forma en un hangar de montaje.