Cookies, por fin un acuerdo

Después de mucho tiempo de debates, estudios y batallas entre asociaciones, la Asociación Española de Economía Digital (Adigital)IAB Spain (la asociación que representa al sector de la publicidad en medios digitales en el Estado) y Autocontrol -encargada de la Autorregulación de la Comunicación Comercial- se han comprometido con la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) a implantar una política informativa sobre el uso de cookies.

 

Cada uno de los organismos se encargará de que sus socios explicarán a los usuarios de sus webs del funcionamiento de estos pequeños programas que una vez instalados en los dispositivos permite monitorizar sus actividades para recabar información para el posterior envío de publicidad «personalizada».

 

La propuesta permitirá que las empresas españolas con presencia en internet cumplan el nuevo marco legal continental sobre protección de datos que ahora es mucho más restrictivo en cuanto a la captación de datos de los usuarios para posteriores acciones de marketing. De este modo, el nuevo texto prohíbe expresamente el uso de información personal para estas actividades sin consentimiento explícito de los usuarios.

 

Según explican desde las diferentes plataformas, la «Guía sobre el uso de las cookies» presentada ayer es la primera en Europa elaborada conjuntamente por la autoridad encargada de la protección de datos y los representantes de la industria. Esto sitúa al Estado en una situación «inmejorable para una implantación de la normativa europea con garantías y con el menor impacto posible en el sector», según José Luis Rodríguez Álvarez, director de la AEPD.

 

El proceso ahora requerirá que esta guía llegue a todos los asociados a las diferentes plataformas de la industria y que estos se ajusten a su uso y a la normativa europea para evitar sanciones y mejorar el funcionamiento de un internet más transparente -fin último de toda esta negociación sobre las cookies-.

 

En palabras de Rodríguez: «sin protección de datos no hay confianza y sin confianza no habrá un desarrollo sólido de la economía digital». Para el director de la Agencia, «estamos en unos tiempos en los que es más importante que nunca compatibilizar la garantía del derecho a la privacidad con la promoción del desarrollo tecnológico y la actividad económica».

 

Estas declaraciones también dejan claro que haber solucionado gran parte del conflicto de las cookies es sólo un pequeño paso en la transparencia de internet. El siguiente paso será el cloud computing (o computación en la nube): «un paradigma de prestación de servicios que necesita clarificar y adaptar numerosos aspectos con la protección de datos «, motivo por el cuál, en los próximos años, la Agencia mostrará un especial interés por un nuevo formato digital que cada vez se expande más rápido y que cuenta con cada vez más usuarios -sobre todo entre las empresas-.

Apple vs Amazon, tercer round

El primer asalto vino en forma de libro electrónico vitaminado. El Kindle Fire nacía con lo mejor de Android, toda la experiencia comercial de Amazon y un precio irresistible. Sin embargo, incluso antes del nacimiento del iPad Mini, los de Jeff Bezos perdieron estrepitosamente la batalla contra los de la manzana. Sólo les duraron unas pocas semanas, hasta que los clientes potenciales se dieron cuenta de que quedaban demasiado expuestos a la tienda de Amazon. Para eso no se compra un Android.

 

El segundo enfrentamiento vino de la mano del precio de los libros electrónicos. El formato digital de la literatura le da pingües beneficios a la tienda online más grande del mundo. Para minimizarlo, presuntamente, Apple presionó a las editoriales para que subieran el precio de los textos. Después de muchas argucias de ambas compañías, el asunto terminó en los tribunales pendiente de sentencia.

 

Ahora el pulso llega al centro del universo Apple: iTunes. La última estrategia de los de Bezos ha sido crear una tienda multimedia para los usuarios de dispositivos iOS. Su oferta es inmensa, hasta 22 millones de canciones. Toda una amenaza a la supremacía de iTunes como la mayor tienda musical de internet -por facturación, al menos-.

 

Steve Boom, vicepresidente de Amazon Music, explicó que «los clientes pueden comprar una vez la música y escucharla todas las veces que quieran con álbumes a 5 dólares y canciones a 69 centavos». Ostensiblemente más barato que la tienda de Apple. La ventaja que ofrecen es que, por primera vez en un equipo iOS, la música ya no depende del dispositivo. Da igual que cambiemos un iPhone por un Galaxy o que huyamos de un iMac a un PC -supongo que habrá alguien que encuentre un motivo para hacer esto último-. La música se aloja en nuestra cuenta de la nube de Amazon. Disponible para cualquiera de nuestros dispositivos.

 

La tienda ya está disponible en Estados Unidos y Canadá, los dos principales mercados de los de Seattle y en no mucho tiempo debería dar el salto a Europa vía el Reino Unido. La ventaja que tendremos a este lado del Atlántico es que a los 22 millones de canciones habrá que sumarle otros 7 millones que, por motivos de derechos de autor, no están disponibles para Norteamérica.

 

Una de las novedades más atractivas para los clientes y las discográficas es que Amazon ha anunciado que no se llevará el 30% que normalmente pide Apple por la venta de aplicaciones o temas. Esto no sólo bajará el precio de las canciones, sino que es la principal ventaja junto con el alojamiento en la nube de los archivos (a pesar de que serán accesibles desde la biblioteca de iTunes).

 

La pugna entre ambos gigantes ha hecho que copen el mercado musical en Estados Unidos. No sólo el digital, también el físico. iTunes representa el 64% del negocio de distribución de música digital y el 29% del total frente al 19% de Amazon y al 11% de WalMart. La única amenaza para ellos es la música en streaming y compartirla por las redes sociales: ahí mandan Pandora (con un 50% de las descargas) Clear Channel (25%) y los suecos de Spotify (un 19%, el doble que hace dos años cuando se instalaron en Estados Unidos).

Canon digital, todos pagamos

En este blog siempre hemos pensado que intentar regular internet -lo bueno y lo malo- es como intentar ponerle puertas al campo. A un campo del tamaño del desierto del Sahara. También hemos pensado que las políticas de defensa y desarrollo de los derechos de autor y de la cultura en este país son absolutamente obsoletas, injustas y fuera de lugar. Muy en la línea de los contenidos de los programas políticos de los partidos -gobernantes y no-. El último ejemplo es el del canon digital que el Gobierno Rajoy ha aprobado y que después de la operación Padawan que sacó a relucir lo mejor de las sociedades de derechos de autor en el Estado.

 

Las mismas personas que atacaron el canon digital que gravaba a aquellos que consumían productos que potencialmente podían realizar una copia de un contenido cultural -incluimos el software- ahora han redactado y aplaudido una ley que intenta matar moscas a cañonazos.

 

El Consejo de Ministros anunciaba la defunción del antiguo régimen de retribución por las copias de particulares a los creadores, actores, editores, etc mediante las entidades de gestión de derechos de autor para hacerlo «a ejercicio vencido» mediante una partida en los Presupuestos Generales del Estado.

 

¿Qué significa esto? Que en vez de pagar un canon aquellos que se compren dispositivos susceptibles de realizar las copias -algo tan moderno como una fotocopiadora o un CD virgen- lo pagaremos todos los ciudadanos mediante impuestos. Es cierto que, al menos, la cifra es sustancialmente menor a la que se abonaba hasta ahora: se pasarán de 115 millones en 2011 a 5 millones de euros en 2012. Esto significa que cada uno de nosotros pagará 11 céntimos por realizar copias privadas de los contenidos sujetos a derechos de autor que hemos consumido.

 

Sin embargo, las dudas que surgen sobre toda esta nueva normativa es enorme. Por ejemplo, ¿cómo se repartirá el importe entre las ocho entidades de gestión radicadas en el Estado? A pesar de que nuestra industria cultural es relativamente pequeña -sobre todo si lo comparamos con los gigante anglosajones- hay cuatro de autores (SGAE, CEDRO, VEGAP y DAMA); dos de intérpretes (AIE y AISGE) y otras dos de productores (AGEDI y EGEDA). De momento, Soraya Sáenz de Santamaría, portavoz del ejecutivo sólo ha dicho que el reparto se llevará a cabo por orden ministerial y que en el caso de soportes sonoros el 50% irá al autor, el 25% a los artistas intérpretes o ejecutores y el resto a los productores. En los medios audiovisuales se repartirá a partes iguales entre autores, intérpretes y productores y en el caso de los libros los autores se quedarán el 55% y los editores el 45% del reparto.

 

Los métodos para calcular la cantidad a repartir serán «objetivos»: el volumen de copias comercializadas, el impacto sobre la venta de ejemplares de las obras, el precio medio o el impacto de las nuevas tecnologías en la difusión sobre los contenidos. En un «país de lectores», malos tiempos para los libros. En un «país de consumidores de cine nacional», malos tiempos para los actores y productoras españolas. En un «país de top manta», ¿cómo calcular las ventas reales de un grupo o cantante?

 

Los cálculos y la legislación han caído tan bien que CEDRO -la SGAE del libro y sin desfalcos conocidos- ya ha denunciado a España ante la Unión Europea puesto que la «compensación equitativa por copia privada» -bonito nombre para el nuevo canon- no es suficiente ni «adecuada a los titulares de los derechos».

 

No sorprende si tenemos en cuenta que en una reunión privada de Wert con las asociaciones les prometió una cifra que rondaría los 40 millones de euros anuales, 8 veces más de lo previsto y 1.000 veces menos de lo dedicado a Bankia y compañía.

 

La duda que nos surge aquí es doble. Como entendemos que nadie puede ser gravado dos veces por un mismo impuesto -y una multa es un pseudo impuesto- ¿supone que este pago vinculado a nuestros impuestos nos da barra libre para las descargas de cualquier contenido desde cualquier web sita en el Estado? Si es así me temo que los autores verán disminuir drásticamente sus ventas sabiendo que será legal descargarse contenidos de internet.

 

La otra cuestión que formulamos es que si tenemos en cuenta que dentro de la industria musical -por poner el ejemplo más flagrante- cerca del 40% de las compras se realizan vía online -iTunes, Spotify y compañía- y que estas no están reguladas en la nueva normativa, ¿qué sentido tiene hablar de CDs y pen drives? Los estudios denotan que la prensa de papel tiene un margen de década y media de vida como mucho, que en muchos países «desarrollados» incluso la venta de películas en la nube supera a la de soportes físicos y la de música -caso de Estados Unidos- es insignificante en CD. Me temo que es otro caso de normativa mala, lenta y desfasada de un gobierno -sea cual sea su color- malo, lento y desfasado. En fin, otra vez será.

 

PD: no podemos despedirnos sin realizarnos una última pregunta. Si tenemos en cuenta que el acuerdo preliminar se llevó a cabo entre Wert, las asociaciones y las productoras a puerta cerrada, ¿cuánto tardará el ministro en ocupar un cargo destacado en una de ellas? Son muy lucrativas -por lo menos lo eran hasta su llegada-.

Mario, saltando por la nube

Es, sin duda, una de las sagas de juegos más exitosa de la historia. Adorada por niños, jóvenes y adultos que tuvieron con ella el primer contacto con el mundo de los videojuegos, es siempre el último recurso de Nintendo cuando quiere relanzar las ventas de cualquier producto o, simplemente, asegurarse que tendrá una buena acogida en las tiendas. Se trata de Mario Bros que, por primera vez, abandona el soporte físico para saltar plataformas en el mundo digital.

 

De este modo, la empresa pionera en los juegos sigue el camino marcado por Sony con su PS Vita y equipara la importancia -y la fecha- del lanzamiento tradicional con el digital. La clave de todo esto, como los propios directivos de la empresa afirman es «incentivar el mercado». Quieren que todo el mundo «pueda comprar sus juegos en el momento y en el formato que más les convenga».

 

Pero las novedades de fontanero más famoso no acaban aquí. Por primera vez, cuando se superan todas las plataformas del título, se podrán comprar extensiones específicas desde la propia consola lo que aumentara, seguramente, la adicción al juego y los ingresos de la empresa nipona.

 

Preguntado en El País sobre el futuro del cartucho -y de las innumerables tiendas físicas que los comercializan en todo el mundo-, los dirigentes de la empresa se muestran tranquilos. Ni el formato ni quienes lo comercializan corren peligro. En definitiva, las tiendas podrán seguir vendiéndolos, del mismo modo que podrán hacer lo propio con los códigos de descarga de los juegos y las plataformas.

 

Además, desde Nintendo explican que los cartuchos tendrán un carácter diferente. Más «único» lo que permitirá a los vendedores realizar ofertas a medida para este clásico formato. Del mismo modo, e igual que ocurre con Sony, el formato digital es mucho más rentable para los creadores de Mario: minimizan los gastos de comercialización, aumentan el margen de beneficios y multiplican sus clientes potenciales.

 

De hecho, la apuesta es tal que la empresa ha iniciado una estrategia según la cual quienes compren los nuevos títulos en formato digital obtendrán más puntos de fidelización con lo que podrán optar a descargas gratuitas y a ventajas en los lazamientos de nuevos títulos.

 

El consejero delegado de la centenaria empresa -comenzó fabricando naipes- ha explicado que esta nueva estrategia tiene como fin paliar parte de las enormes pérdidas que ha llegado a acumular la compañía puesto que, para poder inundar el mercado con sus consolas, han llegado a comercializarlas por debajo de su coste de construcción.

 

¿Una nueva estrategia arriesgada para no perder clientes? Parece que esta vez es una apuesta segura y son muchos los que creen que Nintendo podría diversificar su negocio de un modo parecido al que lo hizo Sega: decidiéndose por comercializar algunos de sus títulos para plataformas ajenas a sus propias consolas (tabletas o móviles inteligentes). En cualquier caso, el reto digital parece la mejor opción para salvar a uno de los pioneros del entretenimiento digital.

OnLive, la otra vía

Frente a los servicios de alquiler o compra de videojuegos, OnLive nos ofrece una plataforma en la nube -con lo que no tendremos que descargar ni un mega- con el que podremos disfrutar de un enorme catálogo de títulos sólo con un dispositivo compatible y una conexión a internet.

 

En un momento en el que el formato físico -el más clásico de todos- empieza a sufrir desgaste (excepto para coleccionistas o los que esperan rentabilizar sus títulos en el mercado de segunda mano) y en el que las descargas digitales están llenas de dudas y de polémica (los ataques a PlayStation Network hace meses todavía siguen coleando), una opción de games-on-demand se nos antoja como una alternativa ventajosa.

 

Ventajosa puesto que nos ahorran espacio, tanto en nuestras estanterías como en nuestros dispositivos y ventajosa por su carácter de inmediatez -aunque dependemos de nuestra velocidad de conexión-. Sin embargo, también hemos de tener en cuenta que sus precios ya no son mucho más económicos que los de los soportes físicos. Parece que los márgenes de los intermediarios ahora van a parar a los estudios o las plataformas distribuidoras…

 

En cuanto a los requisitos mínimos, al hardware ahora hemos de sumarle una velocidad de conexión recomendada para que el sistema funcione correctamente o, simplemente, funcione. Es cierto que OnLive no es el único servicio de este tipo: Steam, Origin e, incluso, iTunes y Google Play ofrecen contenidos similares. La ventaja es que OnLive nos aporta la «máquina» con la que jugar.

 

El servidor se encarga de ejecutar el título seleccionado que ha sido especialmente adaptado para que funcione mejor en una máquina virtual para su sistema de juego bajo demanda. La empresa envía la señal de audio/vídeo al cliente para que éste sólo tenga que interactuar con su dispositivo (mediante un mando, un teclado o una pantalla táctil).

 

Casi cualquier tablet Android, ordenador PC con Windows o Ubuntu, dispositivo Apple o smartphone permite disfrutar de OnLive. Sólo necesitamos instalar el cliente. Actualmente, su aceptación está siendo más que positiva tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido.

 

Es cierto que todavía no han creado un servidor dedicado al Estado que permita mejorar los tiempos de ping (el requisito mínimo son 3 megas de ADSL, pero lo que prima es la latencia de la línea: aunque tengamos 50 megas contratados si nuestro ping a los servidores es muy alto, no podremos conectarnos correctamente al servicio, por lo que nuestra experiencia de juego será nefasta). Aún así, juegos como Assassin’s Creed o Dirt 3 muestran una jugabilidad envidiable en cualquier formato.

 

De momento, se espera que OnLive llegue durante este año al resto de Europa. De momento, para quien quiera probarlo, el cliente es gratuito y permite jugar durante media hora a cualquier título sin pagar. Sólo tenemos que darnos de alta en el sistema y eso no nos llevará más de 5 minutos.

 

En cuanto a los precios -si os animáis a comprar algún juego- el alquiler de tres días en Estados Unidos de Batman: Arkham City, ronda los 5,99$ y durante ocho días llega a los 8,99$. Además, también tenemos la opción de comprarlo por 49,99$. Para los más adictos, existe una «tarifa plana» de 9,99$ al mes que nos permite acceder al catálogo de 150 títulos (por el momento) de forma ilimitada. Además, esta oferta nos incluye un 30% de descuento en todo: desde comprar juegos hasta periféricos -nos podemos hacer con una miniconsola de sobremesa específica para disfrutar mejor de todo lo que nos ofrece la plataforma-.