Ordenadores del futuro, integración total

Si ayer acabábamos 2011 analizando lo mejor del año, hoy empezamos 2012 viendo las 5 predicciones para el futuro publicadas por IBM. El gigante de los BlueChips se ha pronunciado sobre la disponibilidad de las nuevas tecnologías así como sobre su adopción a gran escala. En su blog podéis disfrutar de los vídeos explicativos relacionados con cada propuesta.

Aquí tenéis un quinteto de augurios de lo más variopinto:

  1. Los ciudadanos fabricaremos nuestro propio suministro eléctrico: el movimiento humano, el movimiento de las ruedas de una bicicleta, todo movimiento puede producir energía susceptible de ser almacenada si se dispone del calzado adecuado. Incluso la circulación del agua por las tuberías domésticas puede ser aprovechada. Tan sólo es la aplicación de la teoría del abastecimiento a partir del movimiento de las mareas y las olas de los océanos a una escala más «humana».
  2. Las contraseñas no serán necesarias: el avance en las tecnologías biométricas permitirán la instauración de sistemas como las lecturas de iris. Su conjunción con otras de reconocimiento facial permitirán acreditarse en páginas web o al realizar un movimiento bancario. Parece que podría ser el fin de las complicadas contraseñas alfanuméricas.
  3. Los ordenadores leerán el pensamiento: si lo anterior es posible, los ingenieros de IBM creen que también será viable que los ordenadores lean e interpreten correctamente la actividad eléctrica del cerebro. La idea gira entorno al uso de sinapsis eléctricas para aplicaciones como realizar una llamada telefónica o para mejorar procesos de rehabilitación. En el texto de presentación van más allá y llegan hasta una ciudad donde sus ciudadanos incorporan sensores y programas que permiten interpretar toda la información cerebral y que elaboran con ella un mapa de salud mental poblacional (sinceramente, desde aquí esperamos que esto no ocurra).
  4. La brecha digital desaparecerá: en cinco años el 80% de la población mundial (más de 7.000 millones de personas) tendrá acceso a un dispositivo móvil y, a través del mismo, a Internet. Así se podrán realizar intercambios comerciales, consultas médicas o, simplemente, comunicarse con cualquier otra persona en cualquier lugar del planeta. La brecha digital que ellos plantean disminuye. La real, en nuestra opinión, permanece.
  5. El spam se convertirá en información prioritaria: el molesto correo no deseado será analizado y según el contexto y las necesidades del cliente será eliminado o reenviado a la bandeja de entrada de cada usuario cuando pueda ser útil. Estas tecnologías ya están en desarrollo pero, ¿serán suficientes para que los distribuidores de spam desistan?

Hace cinco años, en 2006, la multinacional neoyorquina predijo el desarrollo de la telemedicina (conseguido parcialmente), la geolocalización en teléfonos móviles (habitual hoy en día), la traducción simultánea por reconocimiento de voz (también lograda en parte), el empuje de la nanotecnología (una de las mayores fuentes de desarrollo tecnológico) y la implantación de las tecnologías 3D. Si bien es cierto que en el cine, en algunos hogares y en la telefonía y las consolas empieza a asomarse, su implantación total es lejana. ¿Hablaremos en 2016 de todo ello? Sólo el tiempo lo dirá. De mientras, feliz año nuevo.

EmTech, ciudad y tecnología

EmTech, la conferencia de nuevas tecnologías del presitigioso Massachusetts Institute of Technology estuvo en Europa hace escasos diez días. La mezcla de estudiantes, ejecutivos, emprendedores y políticos suele ser un hervidero del que, normalmente, salen no sólo buenas intenciones sino también buenas propuestas.

El destino escogido fue Málaga. Allí se dieron cita, entre otros, Ryan Chin, experto en ciudades inteligentes del MIT; Juan Antonio Zufiria, presidente de IBM para el Estado, Portugal, Grecia e Israel; Othman Laraki, director de búsqueda y localizaciónd de Twitter; y Erik Schultnik, director de tecnología de la red social estatal Tuenti. Por parte del sector de los videojuegos -uno de los más beneficiados por la explosión tecnológica y uno de los que más ha aportado a este boom- estuvieron presentes Ignacio Pérez Dolset, consejero delegado de ZED y Philip Tan, director del laboratorio de videojuegos del MIT. El caché estaba garantizado y las propuestas también.

Chin apostó por una mezcla de vehículos eficientes energéticamente y una remodelación del empleo de los transportes colectivos públicos. Zufiria, desde su posición de consultor, abogo por sistemas para monitorizar los flujos de las ciudades. Entre los ejemplos que expuso destacan los buenos resultados de este procedimiento en Río de Janeiro para predecir las inundaciones y saber cómo afectarán y cómo minimizarlas en cada kilómetro cuadrado de la ciudad; y el de Singapur, «que ha conseguido que sus autobuses tengan tanta precisión como sus trenes».

Estos modos de aplicar la tecnología al día a día -como siempre abogamos desde aquí, la tecnología ha de ser la herramienta para que las personas vivamos mejor. La tecnología nunca debe ser un fin- han sido aplicados exitosamente en muchas partes del mundo. Zufiria explicó el caso de Richmond que hace sólo cinco años era «la ciudad más peligrosa de Estados Unidos y ahora está en el ranking 99 de las monitorizadas».

Los siguientes ponentes, Laraki y Schultnik, hablaron del futuro de internet como el de una red abierta, volcada en los servicios y aplicaciones y más independiente de las tres w y los dispositivos. La integración entre redes sociales y servicios servirá, según Laraki, a un enriquecimiento tanto del medio -por medio de comentarios y apuntes de los lectores- como de los propios usuarios. El de Twitter también se felicitó porque el castellano es el idioma que más crece en su red social y Latinoamérica y el Estado son las zonas más activas dentro de su ecosistema.

Para finalizar, Pérez Dolset y Philip Tan habló de la relevancia que están tomando los juegos gracias a los teléfonos y otros dispositivos móviles. Ya no sólo son el mayor sector de ocio por delante del cine o de la música, sino que también sirven de referencia para estos otros «artes». Su narrativa es muy potente y adictiva, explicaba el miembro del MIT.

Innovadores estatales


Uno de los mayores atractivos de EmTech son los premios de los TR35. Los diez mejores proyectos de innovación son premiados por el MIT con la posibilidad de entrar en la «comunidad» de anteriores ganadores -destacan Larry Page, Mark Zuckerberg o Jack Dorsey-, así como poder acceder al MIT.

Los proyectos de los ganadores se presentaron entre las diferentes ponencias y correspondieron a Elena Benavides por un proyecto de desarrollo de sistemas sanitarios mixtos para el tratamiento de dolencias venosas; Iker Marcaide, quien desarrolla un sistema de pago internacional; Javier Agüera, estudiante de informática que está desarrollando un SO para móviles abierto; Damiá Tormo, investigador de cáncer; Nuria Rodríguez, creadora de un sistema para la captación de dióxido de carbono; Francisco Javier Cazorla, gurú en el estudio de la arquitectura de procesadores; Xabier Uribe-Etxebarria, único vasco y creador de la exitosa empresa AnbotoManuel Moliner, investigador de nuevos materiales; Pau García-Milá, creador de Eye-OSTeresa Gonzalo, madre de un sistema de prevención del VIH.

Todos estas personas son el ejemplo a seguir por la sociedad, las universidades y las empresas. Como decíamos la semana pasada, en la inversión en investigación, desarrollo e innovación está la clave para nuestro futuro económico y, sobre todo, social. Felicidades a todos y muchas gracias por vuestro esfuerzo.

TICs, nuevos desafíos y oportunidades (III)

Hemos analizado hasta ahora el impacto de las nuevas tecnologías en la economía -su relación con la renta y el desarrollo humano- y su forma en la que muchos las vemos como un remedio necesario para la crisis y para cimentar un futuro más estable -como mínimo- para las generaciones venideras. Además, hemos «descubierto» la necesidad de crear una costumbre de invertir en investigación, desarrollo e innovación para crear un poso en la sociedad que sirva para convertirla en un ente más dinámico y creativo.

Asimismo, cuando hemos analizado la relación de la inversión en nuevas tecnologías hemos denotado que es tan importante poner los medios -las infraestructuras- como dotar a las personas de recursos para saber utilizarlas y, por lo tanto, que puedan aumentar su productividad. Toda herramienta -sea cual sea su carácter, desde una azada hasta un iPad- necesitan de alguien que sepa como emplearlas eficientemente para resultar eficaz (matar una mosca con un cañón es eficaz ya que conseguimos el objetivo pero no eficiente por el despilfarro de recursos).

Es por ello que hemos de educar a nuestros ciudadanos. Y es aquí donde el factor social de las nuevas tecnologías toma una importancia capital.

Los nativos digitales, el futuro


Aunque es pronto para hablar de una nueva era en el desarrollo de la Humanidad -para los más optimistas que hablan de un nuevo tipo de homo sapiens siento decepcionarles- no lo es para darnos cuenta de que nuestros hijos son diferentes y se comportan de un modo diferente a nosotros cuando teníamos su edad.

Las nuevas tecnologías se han insertado, como ya hemos dicho antes, en todas las facetas de nuestras vidas de modo que la nueva generación se ha criado conviviendo con ellas. Marc Prensky, reputado especialista estadounidense en sociedad, la ha denominado «nativos digitales». En un artículo llamado «Digital Natives, Digital Immigrants» Prensky nos explica que los jóvenes pasan cada vez más tiempo delante de los ordenadores, videoconsolas, teléfonos móviles y otros dispositivos que han cambiado no sólo sus costumbres sino también sus formas de comunicarse -más complejas al haber nuevos canales- sino su lenguaje.

Hasta aquí no hay nada excesivamente sorprendente: toda revolución ha cambiado el modo de comportarse de las nuevas generaciones. La aviación, el automóvil y el tren cambiaron el concepto de distancia. Los electrodomésticos facilitaron la vida en el hogar. La industria modificó los estratos sociales y acabó convirtiendo una sociedad de subsistencia en una de consumo. Lo que ha cambiado esta vez es que se ha demostrado que el uso intensivo de las nuevas tecnologías y todo lo que ello conlleva (comunicación y lenguaje, entre otras) está cambiando los patrones de funcionamiento y aprendizaje de sus cerebros.

¿Se ha preparado la sociedad para ello? Si atendemos a las estadísticas 1 de cada 4 personas en el mundo es usuaria de una red social, 1 de cada 3 es titular de una cuenta en internet, 1 de cada 3 tiene un teléfono móvil, 1 de cada 2 accede fácilmente a televisión… todos estamos expuestos a una inmensa variedad de fuentes de información: periódicos, televisión y radio son sólo una punta del iceberg formado por blogs, redes sociales, medios en internet y todo tipo de aplicaciones que se adaptan a todas y cada una de las formas tecnológicas que conocemos -tabletas, pds, netbooks, ultrabooks, smartphones, teléfonos móviles con acceso más modesto a internet, GPs, portátiles, ordenadores de sobremesa, iPods y mp4 con acceso a la web…-. Es lo que muchos llaman ya la infoxicación, esto es, el volumen de información al que accedemos es tan amplio que no somos capaces de verificarlo ni contrastarlo con lo cuál caemos en la desinformación.

Pero esta desinformación tiene un remedio: si enseñamos a las personas a ser capaces de manejar esos instrumentos y todo ese volumen de noticias y estímulos informativos serán aptos para procesarlos, retenerlos y verificarlos para, lo más importante, saber que hacer con ellos.

Los retos de la educación: nuevas tecnologías y nueva enseñanza


Del mismo modo que hemos hablado de los retos que tiene la sociedad para ser capaz de manejar toda esta información y de la evolución en el propio comportamiento y en el aprendizaje que están viviendo las nuevas generaciones -que no conciben una televisión que no sea plana, el sonido lento de un módem al conectarse a la red o [Enlace roto.]– ahora hemos de intentar descubrir cómo hemos de adaptarnos a nuestro propio futuro.

Una vez más, por recomendación de la obra i-Economía, me he dejado caer por la maravillosa web Voxy especializada en nuevas tecnologías y educación. En la imagen que hay justo encima de estas líneas podemos ver las diferencias que tenemos entre la educación clásica que recibió cualquiera de nosotros durante los años ’80 y ’90 y la que necesita actualmente un joven para sentirse lo suficientemente estimulado como para aprender.

Como ya hemos explicado antes, los procesos cognitivos están cambiando. La información viene cada vez más troceada y ha de ser más espectacular para resultar mínimamente atractiva para una generación acostumbrada a recibirla como si fuera un videoclip. Párrafos cortos y concretos donde todo está mucho más claro y donde casi no ha lugar a dar un «rodeo». Las cifras hablan por sí mismas: los jóvenes pasan más horas conectados a las nuevas tecnologías: unas 3 horas a los juegos y unas 6 a la televisión… lo que indica que una educación basada en libros llenos de letras pequeñas y con procesos deductivos largos son de todo menos atractivos. ¿Son por eso peores o mejores que los que se proponen? Son, simplemente, diferentes.

El actual sistema educativo se presenta como una estructura totalmente rígida desde infantil hasta la universidad. Los alumnos, con honrosas excepciones, se muestran como sujetos pasivos que reciben información de un emisor. La copian en sus cuadernos -si el centro es chic, en su portátil o tableta-, le memorizan, la replican en un examen y, finalmente, se les califica. Esto hace que cuando llegan al mundo laboral, donde se exige iniciativa, comunicación con sus pares y, sobre todo, tener recursos propios para conseguir la información que se les demanda, el sujeto sea completamente inoperativo. Además, para potenciar la cultura de la inmediatez, acostumbramos a nuestros alumnos a una evaluación corta que no permite conocer el desarrollo de los éxitos o fracasos del alumno a lo largo del curso académico.

La educación se ha quedado estancada en 1990 y el mundo está en 2011. Si tenemos en cuenta la comparación que hacíamos en el post anterior sobre quedarnos rezagados… eso es el equivalente a medio siglo y, lo peor, es que nada parece que esta brecha se acortará en breve.

¿Qué hacer entonces?


Del mismo modo que antes mostraba mi desdén por el que en ciertas regiones del mundo estamos viviendo la adaptación a las nuevas tecnologías -siempre como herramienta de mejora social y no como un modo de aumentar el rédito económico, eso vendrá solo si trabajamos correctamente- he de decir que, en este caso, Europa tiene un as en la manga.

Podemos hablar del Viejo Continente como uno de los pocos lugares donde existe una extensa red de universidades y colegios públicos que, bien organizados, deben permitir el acceso de toda la población a las nuevas herramientas que se nos prestan. Frente a otras regiones donde la enseñanza de calidad queda excluida a los centros privados, la Unión Europea cuenta con sistemas de enseñanza pública bien extendidos por su geografía -desde España hasta Suecia-. Sólo falta ser capaces de volver a plantearnos la educación como un sistema integral de formación en el que cada individuo es entendido como una parte de un conjunto superior y que tiene que adquirir la capacidad de utilizar los instrumentos que tiene a su alrededor. Para que esto suceda no sólo vale con poner por ley ordenadores en las aulas. Es necesario que los equipos docentes sean capaces de enseñar -y no replicar- a sus alumnos. De incentivar su creatividad. De motivarles para que pregunten, para que necesiten aprender y aprehender la información. Para que sepan cómo buscarla y qué hacer con ella.

En palabras más llanas: hubo una época en el que la mejor forma de aprender algo sobre el Crack del 29 y la Gran Depresión -muy en boga estos meses por culpa de la crisis que vivimos- era encerrarnos en una biblioteca rodeado de grandes volúmenes, sintonizar un canal de documentales y cruzar los dedos porque fuera el tema de la semana y, sobre todo, pasar muchas horas estudiando como comprender toda esa información y plasmarla lo más originalmente posible en un papel. Algo eficaz pero no eficiente.

A día de hoy las nuevas tecnologías nos regalan formas mucho más eficientes y, además, eficaces. Cualquier persona puede entrar en la red: leer información Wikipedia, entrar en los archivos de cualquier biblioteca nacional -si queremos más exactitud y rigor- acceder a documentales en cualquier página dedicada, maquetarlo rápidamente con un programa como PagesPower PointOpenOffice y que nos sobre tiempo para imprimirlo antes de la cena. ¿Es peor opción? No siempre. Si somos capaces de que el alumno retenga parte de la información mientras trabaja en la redacción o el informe habremos conseguido que tenga más tiempo para hacer más trabajos, que sea capaz de sumergirse más en el proceso y que, además, haya aprendido nuevas habilidades para buscar y seleccionar la información correcta.

Es aquí donde está la importancia de la educación. La necesidad imperante de invertir en que nuestras nuevas generaciones sean capaces de manejar eficientemente todas las herramientas que el desarrollo tecnológico les brinda. Si conseguimos eso habremos logrado que la semilla que queríamos sembrar en el páramo yermo que es la antigua educación redunde en una bonita flor que se convertirá en bosque.

Muchas veces damos por perdido a un joven que no aprueba historia porque no sabe -y probablemente no le interese- cuál fue el último Rey Godo o el nombre del autor de El Nombre de la Rosa. Sin embargo, no somos capaces de ver sus habilidades cuando ese mismo joven es capaz de montar en un ordenador un videoclip o es capaz de pasarse horas buscando archivos en la red, descargarlos sin virus en su ordenador, pasarlos a su equipo de reproducción portátil, compartirlo con sus amigos y ponerlo de todo en una llamada en otro dispositivo con un sistema operativo incompatible. Ese chico tiene conocimientos el problema, seguro, es que no sabe cómo utilizarlos.

Las nuevas tecnologías han llegado para quedarse. Ahora tenemos dos opciones: aprovechar nuestra ventaja estructural y enseñar a las nuevas generaciones como utilizarlas para que sean fuentes más potentes de conocimiento o verlas como una amenaza y hacer que todo el potencial de nuestro futuro se quede baldío.

TICs, nuevos desafíos y oportunidades (I)

Durante cuatro días vamos a separarnos de los dispositivos y las grandes empresas tecnológicas para adentrarnos en las Tecnologías de la Información y la Comunicación y en el mundo de la innovación. Vamos a tratar de averiguar -con la inestimable ayuda de grandes autores- cómo las nuevas tecnologías se han instaurado en todos los estratos de nuestra sociedad -comunicaciones, relaciones interpersonales, economía, cultura, educación, etc.- y cuáles son los retos, oportunidades y desafíos que nos brindan.

Tecnología y economía, ese matrimonio perfecto

Durante mucho tiempo hemos oído hablar de diferentes soluciones a la crisis económica que vivimos. Por desgracia, hasta ahora, ninguno de los oráculos a los que hemos acudido ha sido capaz de darnos la receta con la que terminar con las largas colas en las puertas de los institutos de empleo; la deuda crónica de los países y, mucho menos, los ingredientes para conseguir el tan ansiado crecimiento económico.

Sin embargo, hay una palabra que se repite una y otra vez en todas y cada una de las «sanas» que se nos propone. Da igual que el ideario sea más consevador o más social. Todos hablan de innovación. Todos hablan de la necesidad de invertir en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i). De lo que no hablan, empero, es de que algunas regiones del planeta -entre ellas el Estado, con honrosas excepciones- son verdaderos desiertos donde plantar la semilla de las nuevas tecnologías será mucho más que complicado.

Para empezar este viaje iremos de la mano de Javier García, Paco Prieto y Pablo Priesca y su excelente libro «i-Economía» donde nos explican cómo los patrones económicos globales están cambiando: lo importante ya no reside en la producción de bienes, sino su diseño y su concepción. Lo importante ya no es tener enormes fábricas donde producir millones de coches, teléfonos o televisores. Lo fundamental es tener una gran base de ingenieros, matemáticos, estadísticos, empresarios, publicistas, etc. que sean capaces de imaginar que desearán y necesitarán las personas en el futuro, darle forma, crearlo y fabricarlo. Aquí tenéis un ejemplo que aparece en este volumen para que veáis la importancia de cambiar nuestro concepto de economía:

  • Es muy habitual de hablar de Silicon Valley o Apple estos días como un ejemplo de innovación. Lo que pocos ven -muchas veces ni siquiera sus clientes- es un eslogan que aparece en la caja de todos los productos de la manzana: «Designed in California, assembled in China». Para que hacernos una idea, el precio medio de un iPod comercializado en cualquier rincón del planeta es de 299$. La pieza más cara de cualquiera de estos dispositivos es su disco duro que, a día de hoy, fabrica Toshiba y cuyo coste es de 73,39$. En total, el coste de las 451 piezas que Apple necesita para construir cada uno de estos productos es de 144$. El siguiente paso, el de los distribuidores -cuando no ocurre que ella misma comercializa el bien en cuestión en exclusiva- marca que Apple vende a cada minorista sus iPod por 224$ lo que significa que en cada uno de ellos la firma de Tim Cook obtiene un beneficio bruto de 80$. En el caso de Estados Unidos, donde tiene la distribución en exclusiva, esta cifra se eleva a 103$. Es decir, entre el 30 y el 43% de los ingresos se quedan en Estados Unidos, en el caso de Japón se queda alrededor del 10% del beneficio… y en China a duras penas el 1%. Como vemos, el valor no reside donde se «ensambla», el valor del iPod se queda donde se diseña.

Innovación y renta… ¿hay relación?


Ahora que hemos visto la importancia que tiene ser un «productor» de ideas y no sólo de bienes, es importante que nos detengamos en observar si realmente existe una relación directa entre la inversión en I+D+i y la renta de los ciudadanos.

Como hemos dicho antes, existen regiones del planeta donde la tecnología está mucho más presente dentro del entramado económico. Todos pensamos en Silicon Valley cuando nos hablan de nuevas tecnologías, aunque no todos pensamos que todas las industrias del planeta tienen «centros de ideas» a nivel mundial. La industria aeronáutica se concentra en Seattle y París; la industria automovilística tiene en Japón y Baviera sus máximos exponentes; Londres es una de las capitales mundiales financieras, etc.

Es por ello que podemos encontrar fácilmente una lista con los países que más han apostado por la inversión en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Todos los años una agencia de Naciones Unidas conocida como la International Telecomunication Union (ITU) elabora un dossier llamado Measuring the Information Society a través del cual se desarrolla el Índice de Desarrollo TIC con el que podremos comparar el desarrollo tecnológico de casi todos los países miembros de la ONU.

Como bien explican en i-Economía, este índice calcula la disponibilidad de infraestructuras tecnológicas en un país; el uso de esas tecnologías por parte de las personas físicas y jurídicas de dicho Estado y, finalmente, las habilidades formativas en nuevas tecnologías que hay en dicho territorio.

En ese informe vemos que países como Suecia, Luxemburgo, Corea del Sur, Dinamarca, Holanda, Islandia, Suiza, Japón, Noruega y Reino Unido lideran la tabla con Alemania en el puesto 13, Australia en el 15, Francia en el 18, Estados Unidos en el 19, Irlanda en el 20 y España, entre otros, en el 25.

Curiosamente, si analizamos la clasificación que el Instituto por el Desarrollo Humano hace también anualmente para ver cuál es la situación comparativa de todos los países en relación a la esperanza de vida, la renta per cápita, el promedio de escolaridad infantil y la tasa de alfabetización adulta -conocido como Índice de Desarrollo Humano– vemos que los resultados no son muy diferentes:

Noruega, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Irlanda, Liechtenstein, Holanda, Canadá, Suecia y Alemania copan las 10 primeras plazas y Japón, Corea, Suiza, Francia, Finlandia, Islandia, Bélgica, Dinamarca y España se sitúan entre los 25 primeros. Las diferencias, de hecho, son aún menores si sólo tenemos en cuenta la renta per cápita por país.

Es por ello que sí podemos concluir que existe una relación directa entre innovación y renta. Si tenemos en cuenta el estudio llevado a cabo por World Information Technology Alliance veremos que en 2010 la inversión global en TICs superó el 6,5% del PIB planetario. El ritmo al que creció la cantidad destinada a estas tecnologías durante la última década creció fue del 9,13% anual -a pesar de que la crisis ha reducido el importe un 3% los dos últimos años- y, lo que es más importante, aquellos países que más han gastado en nuevas tecnologías (en su implantación, en su uso, en su innovación y en enseñar a sus ciudadanos a utilizarlas) son aquellos que aumentan o mantienen sus niveles de competitividad económica.

Los cuatro países más competitivos del mundo son Suiza, Suecia, Singapur y Estados Unidos. España ocupa el puesto 42 de 139 y desde 2008 -fecha del inicio de la crisis- ha bajado 9 peldaños. Lo más grave, además, es que son los países que más han invertido en nuevas tecnologías durante las últimas décadas los que han visto crecer más solidamente su PIB.

Así, si tenemos en cuenta los datos de la OCDE para sus miembros, entre 1985 y 2008 la inversión de Suecia en TICs creció a un ritmo del 0,56%. Su PIB al 2,32%; Estados Unidos creció al 2,89% mientras que sus inversiones en Tecnologías de la Información lo hicieron un 0,55% al año. España aumento su inversión tecnológica un 0,25% anual. Su PIB creció al 1,76%.

Conclusiones


Como hemos visto la inversión en nuevas tecnologías, en infraestructuras para su desarrollo, en formación para los trabajadores y en innovación -ideas- son absolutamente fundamentales para que el desarrollo económico de un país -y con él su desarrollo social- se lleve a cabo de modo sostenido. Sólo aquellos países que han sido capaces de prever los cambios que se estaban dando en los cimientos de la economía y que han apoyado y abrazado el futuro que significan las nuevas tecnologías han mantenido un crecimiento sostenible en su riqueza y su desarrollo humano.

Es por ello que hemos de entender esta crisis como una oportunidad para replantearnos nuestros modelos de crecimiento. En una época en la que los países emergentes ofrecen al mundo posibilidades de producción con estándares satisfactorios a precios muy reducidos -en muchos de estos países es necesario que se dé la revolución social que acabo con la explotación de los trabajadores en el primer mundo hace ya más de un siglo- es necesario que los Estados occidentales nos diferenciemos de los demás por nuestra capacidad de innovación. Por nuestra capacidad de crear bienes con un mayor valor añadido y, en definitiva, que aprovechemos nuestro mayor desarrollo tecnológico para que influya positivamente tanto en un mayor bienestar social como económico.