Ciberespionaje, el gran error de Silicon Valley

 

Cuando el exanalista de la NSA Eric Snowden hizo estallar el caso de ciberespionaje más importante de la historia se tambalearon los cimientos de Silicon Valley. Es cierto que la Administración Obama había tejido un entramado legal que obligaba a las grandes empresas tecnológicas estadounidenses a cederle información de cualquier usuario de sus plataformas, pero también es cierto que ninguna de las grandes de Silicon Valley se había opuesto a las presiones y, ni mucho menos, hecho públicas las intenciones de la NSA.

 

Que perdamos la confianza en nuestros Gobiernos es algo más que habitual. Que quieran saber todo sobre sus ciudadanos para sacar provecho de ello es algo tan antiguo como nuestras sociedades. Sin embargo, la afrenta de Silicon Valley tendría, sin duda, una enorme factura en empresas que se abanderaban como diferentes, rebeldes (¿recuerdan aquella oda al pirata que entonaba hace tiempo Steve Jobs?) y «buenas» (Don’t be evil, que diría Google).

 

Los expertos anunciaron una pérdida de ingresos superior a los 150.000 millones de euros para las grandes tecnológicas durante el próximo trienio por el mero hecho de que millones de clientes-usuarios dejarían de confiar en ellas. No querrían darle sus datos (los valiosos small data) y, sobre todo, buscarían alternativas en otras compañías más pequeñas y, por tanto, menos apetecibles para los Gobiernos.

 

Ahora -nos tememos que algo tarde- ocho grandes corporaciones se han unido para defender frente al Gobierno y Congreso de Estados Unidos a quienes se deben: sus usuarios. Google, Microsoft, Apple, Yahoo, Facebook, Twitter, America OnLine y LinkedIn han publicado una carta abierta en la que se lee que «el equilibrio en muchos países se ha inclinado demasiado a favor del Estado y en contra de los derechos de los individuos«.

 

La carta, que ha llegado a varios medios escritos nacionales es mucho más que una declaración de intenciones si tenemos en cuenta que los ejecutivos de esas empresas -y las propias compañías- son importantes donantes en campañas electorales y, sobre todo, forman uno de los lobbys más importantes en Washington.

 

Obama ya anunció hace semanas que después de una revisión independiente encargada por el propio Gobierno (y llevada a cabo por abogados expertos en libertades civiles- ya ha solicitado a la NSA que se contenga a la hora de acceder a ciertos datos que no son relevantes y, sobre todo, que su Administración ya está iniciando una reforma legal para que los ciudadanos se sientan seguros y recuperen la confianza que han perdido.

 

Silicon Valley es el tesoro más valioso de Estados Unidos en la actualidad. Sus empresas de cabecera acceden a datos de sus millones clientes que son anhelados por las agencias de espionaje de todo el mundo. Precisamente por eso se urdió una trama de juicios express que hacía que las corporaciones pudieran entregar «sin problemas» cualquier información al Gobierno cuando este lo solicitara por «vía judicial».

 

La misiva aboga, precisamente por eso, mayor transparencia en las acciones gubernamentales ya que tomarán todas las medidas pertinentes (legales, tecnológicas y de relaciones públicas) para defender los intereses de sus usuarios (ahora no son clientes). «Creemos con firmeza que las leyes actuales deben ser reformadas». Para ello piden «limitar la autoridad de los gobiernos; supervisión independiente y rendición de cuentas; transparencia sobre las demandas de datos de los gobiernos; respeto al libre flujo de información y evitar conflictos entre los gobiernos».

 

Sólo se echa en falta algo: un poco de autocrítica de las corporaciones y que digan cuáles son las medidas que ellas mismas van a tomar al respecto de sus propias prácticas (como el robo de datos WiFi de Google a sus propios usuarios y a los de otras empresas o la cesión de datos de forma «desinteresada» por parte de Microsoft o Apple por la seguridad del país). Las operadoras, por cierto, se han autoexcluido. Es vox populi que le ceden a las administraciones todos los datos que les solicitan. ¿Será por eso que son las empresas peor valoradas?

Immersion, Obama al descubierto

La extraña imagen con la que abrimos el post de hoy es uno de los mapas que ha llevado a cabo Immersion, un proyecto de un grupo de investigadores del Massachussets Institute of Technology de Boston y que demuestra el potencial informativo del sistema Prism que utiliza la NSA (la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense) y que Eric Snowden ha descubierto.

 

El software, desarrollado por tres alumnos del Media Lab de la universidad permite, a cualquiera que introduzca su cuenta de correo en GMail y su contraseña, crear un mapa a partir de quién envía y quién recibe mensajes. No es necesario que analice los contenidos de las comunicaciones. Tan sólo el canal es suficiente para trazar un mapa bastante fehaciente de con quién se comunica cada uno de nosotros.

 

El gracioso ejemplo que nos brinda el Media Lab (pobre Howard Wolowitz) deja claro todo lo que la NSA o las tecnológicas pueden saber de nosotros sin necesidad de vulnerar por completo nuestra intimidad. Los algoritmos permiten crear un mapa sorprendentemente exacto de nuestra red social real -no una «de cara a la galería» como Facebook, sino de nuestras interrelaciones digitales reales-.

 

El tamaño de los círculos aumenta la relevancia de la persona con la que nos comunicamos y el espesor de la línea que nos une a ese círculo indica el volumen de contactos que tenemos con esa persona. Así, es habitual encontrar gruesos trazos con familiares y compañeros de trabajo pero, para un ojo más entrenado, también le llamarán la atención las finas líneas directas con contactos más «especiales».

 

A partir de estas relaciones se pueden discernir hábitos y costumbres -desde horarios hasta de comunicación o trabajo- así como ideología política, religiosa o -añaden los expertos- tendencias sexuales. Si una persona está suscrita a una web que tenga una determinada ideología o fin es probable que muestre cierta simpatía hacia esa actividad.

 

El País reproduce parte de la entrevista que César Hidalgo, supervisor del proyecto, ha concedido a The Boston Globe y de ella se dilucidan algunas conclusiones interesantes: «observar el Facebook o Twitter de una persona nos permite realizar un retrato de una persona del mismo modo que si estamos dentro de un coche mirando por la ventanilla. Usar metadatos como los que maneja Immersion equivale a conducir guiado por un potente GPS».

 

Así, este sistema no analiza sólo a una persona. En el momento en el que se pone a trabajar todos los contactos, toda la red de personas, es susceptible de ser analizada por el programa lo que, al final, otorga un enorme poder para el analista. Lo más importante es que cuando Obama afirmaba que sólo estaban recabando datos de las llamadas de Verizon, «no de los contenidos», estaba admitiendo que contaba con mapas de relaciones perfectamente elaborados -y bastante concluyentes- de cada uno de los objetos de seguimiento.

 

Por mucho que desde que Snowden sacara a la luz el espionaje de Washington la NSA haya intentado demostrar que son datos superfluos sin interés, un gran grupo de expertos y profesores ha demostrado que la importancia de estos metadatos va mucho más allá que la de unos pocos gráficos o seguimientos «por seguridad». Es un enorme retrato robot de las personas bajo la implacable lupa del Gran Hermano.

Piratería, la guerra se recrudece

El cierre de Megaupload sigue trayendo cola. Tras la caída de la tela de araña tejida durante años por Kim Dotcom, los movimientos de apoyo a los «afectados» y la batalla contra la piratería organizada se recrudecen. Mientras, la Administración Obama tiene que seguir haciendo equilibrios entre dos de sus principales industrias: la tecnológica y la cultural.

Megaretrieval, contra los archivos secuestrados


Son muchas las personas que depositaron archivos en Megaupload y que ahora, tras el cierre del portal de almacenamiento, no pueden «rescatarlos». Con el fin de ayudar a esos afectados, Electronic Frontier Foundation y Carpathia Hosting -una de las compañías que alquilaba sus servidores a Megaupload- han creado Megaretreival.

El anuncio se ha hecho público justo cuando la propia Carpathia y Cogent -otra de las firmas que «prestaba» sus servidores- hayan anunciado que en dos semanas comenzarán a realizar el borrado de los archivos. La clave de todo esto reside en que las autoridades estadounidenses ya han realizado las copias de los datos que creían pertinentes y decidieron no borrarlos porque contaban conque las empresas lo harían de modo automático -como suelen- a lo largo de la semana pasada.

La Fiscalía, en una nota pública, ha explicado que quienes quieran recuperar los datos que depositaron en Megaupload tendrán que hablar directamente con cualquiera de las dos empresas anteriores puesto que ellos ya no custodian los servidores ni sus contenidos.

Mientras, en Suecia, el Tribunal Supremo ha rechazado revisar la condena contra cuatro exresponsables de The Pirate Bay, uno de los principales portales del mundo de intercambio de archivos, por violar la Ley de Derechos de Autor.

Los imputados tendrán que indemnizar a la industria audiovisual con más de 5 millones de euros y tendrán condenas de entre 4 y 10 meses de cárcel. En la propia web se explica que suena peor de lo que es puesto que, al no vivir ninguno de ellos en Suecia, no tendrán que ir a prisión.

En cualquier caso, la Agencia Antipiratería del país escandinavo ha explicado que esta sentencia es un «punto de ruptura» en el debate de los derechos de autor puesto que se ha concluido que «todos los que participan en el delito, incluso los que proporcionan conexión, deben asumir su responsabilidad».

Obama, entre dos fuegos


Por su parte, Barack Obama, dijo en una entrevista digital en YouTube que «es necesario que la industria de los contenidos y la de Internet lleguen a un acuerdo y trabajen juntos para crear un sistema que proteja la propiedad intelectual sin que ello perjudique la libertad de expresión ni la integridad de Internet».

La elaboración de los proyectos de la Ley SOPA y la Ley PIPA, ahora parados a la espera de un mayor consenso, mostraron al mundo la necesidad de hilar un acuerdo que satisfaga, al menos en parte, a ambos platos de la balanza.