China, asalto al dinero electrónico

En muchos aspectos -y el tecnológico no iba a ser menos- China es un gigante partido en dos. Hay una parte de las sociedad enormemente tecnificada que ha abrazado sin durar las nuevas tecnologías (su poder adquisitivo se lo ha permitido) que está constantemente conectada a internet, usa wearables, no se despega de su smartphone (chino o no) y es un consumidor masivo de redes sociales. Frente a ellos hay un enorme bloque separado por una infranqueable brecha digital que sigue anclada en costumbres analógicas y que no tienen -y en muchos casos no quieren tener- acceso a algo que no entienden.

Ocurre en todos los países con más o menos porcentaje en cada lado de la balanza solo que las enorme cifras demográficas chinas magnifican la situación en el gigante asiático. El caso más llamativo es el del dinero electrónico. Hay un enorme grupo social que ni se plantea emplear una tarjeta de crédito. Solo se fían del dinero de papel. Y no dudan en realizar cualquier pago -sea cual sea su importe- con billetes. En el lado opuesto otro enorme grupo social comparte con ellos que tampoco quieren usar el dinero de plástico: se han decantado con una velocidad inusitada por los pagos electrónicos.

La rápida adaptación de los negocios y de las plataformas en línea a este nuevo mercado lo ha posibilitado y ha convertido a China en el objeto de deseo de los grandes de Silicon Valley y en un enorme vivero de empresas preparadas para dar el salto al negocio internacional.

La casi nula existencia de comisiones así como una sociedad muy materialista a la hora de representar sus sentimientos (los sobres rojos de WeChat Pay por importe de 520 yuanes colapsan la red en San Valentín porque el número se pronuncia de forma similar a «Te quiero») han hecho el resto en un grupo que se desvive por las nuevas tecnologías.

Los sistemas de pago son de lo más variopinto. Desde aplicaciones que generan códigos QR que escanean en el establecimiento cuando el cliente pasa por caja y que, por seguridad, solo duran un minuto -el más exitoso entre los menores de 35 años-, hasta sistemas contactless con tecnología NFC que poco a poco se empiezan a ver también en el anclado mercado español.

Una forma de pago que resulta más atractiva para los consumidores impulsivos (no ver salir dinero del bolsillo es muy peligroso) y que ya han puesto en marcha grandes cadenas minoristas como Uniqlo o pequeñas empresas que gestionan máquinas de vending que incorporan sistemas de pago 2.0.

La fuerza con la que se ha impuesto el dinero 2.0 es tal que según las propias empresas cada vez son más los pequeños comercios que apuestan por estos sistemas: un datáfono hay que pagarlo pero tener un sistema NFC cuesta unos pocos dólares y permite todo tipo de transacciones a todo tipo de clientes. Además, la apuesta por ellos de empresas como Alibaba, que cuenta con Alipay como sistema de pagos, ha hecho que los bancos tradicionales muestren su preocupación.

Alibaba incluso ha creado Yu’ebao, un fondo de inversión sin comisiones que, por el momento, ofrece una rentabilidad mucho mayor que la de cualquier banco tradicional. Un problema para ellos ya que el sistema de aplicaciones online que permiten gestionar el dinero desde smartphones -con una cuota de penetración enorme en China- no para de crecer y deja sin remedio a la banca en segundo plano frente a un enorme segmento poblacional.

Y no son solo los bancos chinos los que deberían preocuparse ya que WeChat Pay y otras plataformas ya han mostrado su interés de expandirse a otros mercados y el Europeo -mucho más virgen que el estadounidense- es uno de sus objetivos prioritarios. Facilitar lo pagos a los turistas chinos y a una población cada vez más asentada parece un buen primer paso para revolucionar el mundo de los pagos. ¿Estamos preparados por aquí?

Apple Pay, comienza el despegue

Sin duda, Apple siempre se ha caracterizado por ser una empresa que marca sus propios ritmos. Ajena al empuje de tecnologías como la NFC o de la demanda de muchos sistemas de pago para que iOS implementara un sistema de pago por teléfono nativo, los de Cupertino tardaron mucho más que Google en decidirse porque su iPhone fuera también una plataforma desde la que pagar.

Sin embargo, con la ruptura de los tabúes que ha traido el iPhone 6 (y el 6 Plus) Apple anunció la llegada de Pay, un sistema que se apoyaría en la seguridad del Touch ID y en la enorme influencia que los de Cupertino tienen en el mercado (sus usuarios son los más fieles y los que más gastan a través de sus smartphones y tabletas) para recuperar el terreno perdido.

Y el paso del tiempo parece haberles dado de nuevo la razón. A ellos porque demuestran que todo lo que tocan es oro. Y a los que criticaban que han perdido tres años sin lanzar un iPhone más grande (han batido un nuevo récord de ventas, beneficios y capitalización bursátil) y en implementar habilidades que Android tenía desde hace tiempo. El más sonado de los críticos: Steve Wozniak.

Una de las primeras compañías en aventurarse con Apple Pay en Estados Unidos (su mercado de pruebas, como siempre) ha sido la cadena de farmacias Walgreens que en un reciente comunicado de prensa explicaba que la cantidad de personas que escogían su móvil como medio de pago se ha duplicado desde el lanzamiento de la plataforma.

Igual o más representativo es McDonald’s que ha explicado que Apple Pay representa ya el 50% de sus pagos con dispositivos móviles -tiene 14.000 restaurantes en Estados Unidos- o Whole Foods que en sólo dos semanas ha superado los 150.000 tickets. Estas cifras, según ha publicado The New York Times son sólo el inicio de una escalada con una marcada tendencia al alza.

Otras empresas, como Toys’r’us han explicado al diario neoyorquino que si bien ha habido un ligero incremento en la facturación móvil esta ha sido muy tímida y que muchos de sus clientes preguntan a sus trabajadores porque no tienen claro como usar la aplicación.

A falta de que Apple dé una rueda de prensa sobre sus resultados financieros (donde suponemos que avanzarán datos sobre su acogida) la empresa de la manzana sigue sin pronunciarse ni siquiera para anunciar la fecha de su llegada a nuevos mercados.

Tecnológicas, ¿los nuevos bancos?

Si hay algo que caracteriza a las empresas tecnológicas es su capacidad de innovación. Sus recursos y la enorme competencia a la que se someten hacen que estén continuamente buscando nuevas vías de negocio en un mundo cada vez más tecnificado. Del mismo modo que Apple entró como un tsunami en la industria del ocio hace más de una década -revolucionando la música y ahora el cine- Google y compañía quieren entrar en el mundo financiero… y tienen intención de quedarse.

 

Pero no sólo la firma de Mountain View tiene intereses en el lucrativo mercado de los pagos electrónicos. PayPal, Facebook e incluso Square se han fijado en un mundo a medio camino entre el «dinero de plástico» y los pagos por internet donde su gran capacidad técnica puede suponer una ventaja definitiva frente a sus rivales bancarios.

 

Precisamente la empresa del buscador ha sido la última en mover ficha al comprar TxVia, una startup especializada en la gestión de pagos y que ya controla más de 100 millones de cuentas. Es un movimiento estratégico que tiene como fin reforzar la posición de su Google Wallet y que la convierte en la herramienta ideal para comprar libros, películas, canciones y aplicaciones no sólo en Google Play, sino también en iTunes y Amazon, sus grandes rivales.

 

Aunque de momento sólo sirve para almacenar tarjetas bancarias en cuentas de pago cerradas para su tienda en Estados Unidos el objetivo es expandirse a cualquier objeto o servicio en cualquier tienda del planeta. Tiene que recortar la enorme ventaja que los de Tim Cook y Jeff Bezos tienen sobre ellos.

 

La multinacional de la manzana tiene almacenadas 200 millones de tarjetas de crédito -para que os hagáis una idea, el Santander tiene en todo el mundo 100 millones de clientes-. Esto hace que el año pasado Apple facturara 5.400 millones de dólares por sus ventas en iTunes, AppStore y iBook Store. Aunque Amazon no ha hecho público cuántas personas usan su OneClick, es fácil suponer que la cifra no se aleja mucho de la de su rival californiano.

 

Todo ello a pesar que ninguna de las dos permite, de momento, comprar cosas fuera de su tienda y cargarlo a la tarjeta de crédito. Quien sí lo hace es el gigante de las compras por internet PayPal. No obstante son pocos los que dudan de que muy pronto darán el salto. Esto es algo que, literalmente, deja a ciegas a los bancos. Ven cómo los clientes sacamos dinero de nuestras cuentas para cargarlas en las de las empresas tecnológicas, pero nunca acceden a nuestros hábitos ni a saber en qué gastamos nuestro dinero. No pueden hacer nada para contraofertar.

 

Muchos expertos coinciden que el secreto del buen funcionamiento de los bancos y las entidades de crédito en general reside en la confianza. Depositamos en ellos nuestros ahorros porque creemos saber que están a salvo. A este respecto la consultora KAE hizo un estudio en el Reino Unido y Estados Unidos para averiguar qué harían los ciudadanos si Apple ofreciera servicios bancarios. El 10% le confiaría su dinero sin dudarlo. Si ya son clientes de los de Cupertino la cifra sube a un escalofriante 43%.

 

Para defenderse de este cambio de polaridad las empresas de pago como VISA o American Express aseguran que Apple y compañía son sólo intermediarios no redes de pago, no pueden asegurar que las transacciones se hagan de modo seguro como sí hacen ellas pero, en un momento de duda constante para con las empresa crediticias… ¿importa esto?

 

Para paliar este problema Facebook el otro gran contendiente de esta batalla ha decidido crear su propio dinero. Millones de personas adquieren contenidos comprando la moneda de la red social. El año pasado esto le generó a la empresa de Mark Zuckerberg más de 550 millones de euros en ingresos. La cantidad de compradores -15 millones- es muy pequeña en relación con los usuarios totales -más de 850 millones-. El potencial es titánico.

 

De momento, las grandes empresas de tarjetas de crédito se han apurado a lanzar sus propios productos digitales. Visa traerá al Estado V.me y American Express ya ha lanzado Serve. Sus rivales, como Square, han creado un pequeño dispositivo que permite vincular nuestras cuentas al iPad o al iPhone y realizar pagos en cualquier establecimiento del mundo sin tener que sacar el billetero del bolsillo. Aún no ha llegado a Europa, pero el año pasado, en el millón de comercios que lo aceptan en Estados Unidos, facturó más de 2.000 millones de dólares. PayPal, por su parte, también ha lanzado Here, otro dispositivo triangular que hace lo mismo.

 

Su ventaja frente a la tecnología NFC es enorme. Ésta sólo estará disponible en los móviles Android. Y no en todos. Se estima que sólo en el 20%. Esto lo reduce al 10% de los terminales en todo el mundo. El motivo es sencillo. Es caro de implementar en el terminal y sólo funciona en establecimientos que lo adquieran. Corren nuevos tiempos en nuestras carteras. Es posible que los contendientes clásicos ganen la batalla -son mucho más poderosos que las discográficas- pero sí está claro que su mundo ha cambiado.