Pantallas, ¿cómo proteger nuestros ojos?

En muy poco tiempo hemos pasado a que casi todos los equipos con los que nos relacionemos tengan una pantalla que no supone el principal puerto de entrada y salida de datos. Las hay de varios tipos y todos los fabricantes tienen una «favorita». Paneles IPS, OLED y AMOLED en smartphones, tabletas, ordenadores, reproductores multimedia, televisores, etc. ¿Estamos preparados para este agresivo impacto visual?

A finales del año pasado hablábamos de cómo un uso incorrecto de las pantallas LED las convertían en dispositivos de riesgo. La evolución natural del ser humano nos programaba para entender lo que nos rodea de una forma diferente a la que nos proponen estos equipos -el famoso sistema circadiano-. Ahora son cada vez más los especialistas que advierten de los síntomas de fatiga visual que ven cada vez más en los pacientes.

Esa fatiga no es más que el resultado del esfuerzo muscular al que sometemos a nuestros ojos durante el uso -prolongado o no- de pantallas. Sin embargo, hay factores determinantes que concluyen que no todos los paneles son iguales y que hay unos tipos mucho más agresivos con nuestra vista. De este modo, hay estudios que determinan que los paneles LCD, TFT y otros derivados no producen problemas graves sobre la vista a largo plazo. Sin embargo, un uso irresponsable (como siempre) sí pueden producir trastornos a corto plazo.

Uno de los factores fundamentales a la hora de evaluar el riesgo de un panel sobre nuestra visión es la tasa de refresco. Cuanto mayor es el ratio menos será la fatiga visual que nos produzca. Asimismo, a mayor resolución veremos con mayor claridad y menor será el daño que nos hará. Unos parámetros opuestos al brillo: cuanto menor sea mejor para nuestra salud ocular. Finalmente, una buena orientación de la luz natural que incida sobre el dispositivo será fundamental para protegernos.

De este modo, la iluminación y los colores -léase la configuración correcta o no del dispositivo- son factores ineludibles a la hora de protegernos de lesiones oculares a medio y largo plazo. De este modo, los paneles AMOLED suelen tener un mejor contraste de color (los negros son más negros) lo que ayuda a minimizar la fatiga visual. Como contrapartida, la luz que emiten es más azulada lo que nos dificultará conciliar el sueño si las utilizamos en la cama o justo antes de dormir.

Los paneles LCD IPS por su parte, ofrecen un mayor brillo máximo lo que significa que bien regulados -en consonancia con la luz ambiental- nos permitirían proteger mejor nuestra visión. No existe una tecnología mejor o peor, solo un uso responsable de la misma y trucos para que aquellos esclavos de las pantallas puedan relajar sus músculos -recomiendan mirar a un objeto alejado de 10 a 30 segundos de forma periódica para descansar la vista-.

Láser blanco, ¿revolución en los paneles?

La revolución que lleva viviendo la imagen durante la última década es vertiginosa. Desde que se abandonó el tubo de rayos catódicos los fabricantes han entrado en una vorágine por encontrar el panel más nítido, más fino, con mayor resolución y menos demanda energética posible que ha dado como resultado paneles de todo tipo para todo tipo de dispositivos -el do de pecho lo siguen dando los televisores aunque los smartphones y tabletas no se quedan atrás-.

El primer emisor láser data de 1960 y durante más de medio siglo las mejoras en este campo han sido evidentes. Sin embargo había algo que se le seguía resistiendo a los científicos: crear un láser de color blanco. Y decimos que seguía resistiéndose porque investigadores de la Universidad de Arizona han conseguido este hito que redundará en pantallas más eficientes (energéticamente) y eficaces -con mucha más calidad de imagen-.

Un láser común emite un «haz de luz coherente», esto es, una única frecuencia y longitud de onda que determina su color entre otras características. Sin embargo, el láser que han diseñado emite un haz incoherente lo que se traduce en múltiples frecuencias y longitudes de onda.

Conseguir un láser con diferentes longitudes de onda ha sido muy complejo ya que ha requerido del diseño y construcción de un emisor a escala nanométrica con un grosor de una milésima parte del grosor de un cabello humano. El mismo, a su vez, se divide en tres emisores láser que emiten los tres colores típicos de la escala RGB.

De este modo, el sistema puede emitir un haz de luz rojo, uno verde y uno azul… y cualquier otro color que resulte de la combinación de estos tonos primarios. De este modo, si se activan las tres partes al unísono y a máxima potencia el resultado es un láser blanco.

Los investigadores de la Universidad de Arizona han explicado que, entre otras muchas funcionalidades, permitirá el desarrollo de una nueva generación de pantallas ya que en las pruebas han conseguido demostrar que su capacidad para reproducir colores está un 70% por encima de cualquier pantalla actual -incluidas las OLED, las de mayor calidad en la actualidad-.

Es cierto que el sistema aún está en un proceso embrionario ya que para poder aplicarse en la electrónica de consumo habrá que saltar otro obstáculo: por el momento el sistema desarrollador por los investigadores funciona estimulando los electrones de otro láser ya existente y para poder llevarse a un panel es necesario un LED que funcione con electricidad directa.

¿Otra de las aplicaciones más interesantes de este sistema? Los semiconductores ópticos que verían ostensiblemente mejoradas sus características de rendimiento y su necesidad de abastecimiento energético. Toda una promesa que esperemos no tarde mucho en convertirse en realidad.