Conducción autónoma, el Reino Unido da el salto

A pesar de no contar con ningún fabricante generalista de titularidad británica el Reino Unido es una de las principales potencias mundiales en la industria automovilística. Desde competiciones de motor hasta fabricantes de componentes e importantes centros de empresas internacionales tienen en el país británico su sede y buena parte de su producción.

Por eso es una buena noticia que el propio Gobierno de Londres haya preparado una partida de 19 millones de libras (unos 25 millones de euros) para poner en marcha durante tres años diversos ensayos de coches autónomos. Las áreas que serán escenario para las pruebas serán Bristol (una de las capitales aeronáuticas europeas), Coventry (sede de la legendaria Jaguar), Milton Keynes (sede, entre otras, de Red Bull Racing) y Greenwich, escenario de la primera prueba. -repartidos por el este, el centro y el sur de la isla-.

La fuerte inversión pública viene justificada, en palabras de Claire Perry -subsecretaria de Transporte- por la importancia que la automoción y sus cambios pueden traer al Reino Unido. «Desde la seguridad vial hasta un menor impacto en las emisiones y el tráfico pasando por la inclusión social» y la importancia económica que supondría colocar al Reino Unido a la altura de California, Japón y Alemania en este nuevo negocio.

Los dispositivos, que todavía están en una fase de desarrollo muy primitiva no en cuanto al software de navegación sino en cuanto a las prestaciones y el diseño del hardware permitirán a los pasajeros elegir entre la conducción autónoma o tomar las riendas del vehículo.

De media, cada año, los conductores británicos pasan 235 horas al volante (seis semanas de trabajo, casi diez de vida) con lo que la llegada de estos smart cars permitirá disfrutar de mucho mayor tiempo, mejorar la productividad laboral y, lo más importante, reducir la cifra de accidentes. Según las últimas estadísticas, el 93% de los accidentes de tráfico en el Reino Unido vienen derivados de una excesiva fatiga de los conductores.

El modelo, que contará también con versiones de dos plazas, se moverá gracias a un conjunto de sensores ultrasónicos y radares que le permitirán reconocer su entorno, el estado de la vía y del tráfico e interpretarlos.

A pesar de que los conductores británicos no están muy entusiasmados con el prototipo (el 43% no confía en ellos, el 16% están horrorizados y el 35% cree que incrementarán las primas de seguros) la Administración ya se ha comprometido a modificar la legislación vigente referida a las inspecciones de vehículos y al código de circulación así como publicar un código de prácticas que regulen las pruebas con vehículos autónomos en la vía pública -ya están permitidas-.

Estados Unidos fue el primer país en legislar al respecto (la presión de Google, los rumores sobre Apple, las innovaciones de Tesla y las novedades de las diferentes ediciones del CES han sido definitivas) mientras que en Europa solo Alemania -Audi y Mercedes están invirtiendo en este tipo de vehículos grandes cantidades- y Suecia (los proyectos de Volvo están siendo muy efectivos) han dado el paso. Una pena que en el Estado, a pesar del proyecto Platero, no se haya dado ningún paso más para avanzar en un sector que se plantea estratégico a corto plazo.

Platero, el otro coche fantástico

No hace mucho hablamos del proyecto que se está desarrollando en Estados Unidos de coches sin conductor. Un Toyota Prius que, ayudado por tecnología Google, es capaz de moverse por las carreteras comprendiendo el tráfico, las señales y aprehendiendo cuál es la mejor ruta en función de la información que recibe de internet y el sistema GPS que incorpora.

 

Mucho más cerca, en el Estado, un Citroën Pluriel equipado con un sistema de navegación y posicionamiento desarrollado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas también ha marcado un hito al convertirse en el primer modelo europeo capaz de rodar 100 kilómetros sin órdenes de su piloto.

 

El modelo, al que han llamado Platero, emplea también un sistema de visión artificial que trabaja con el sistema de navegación para que el margen de error en el posicionamiento sea inferior a 50 centímetros. Además, la unidad de inteligencia artificial que incorpora hace que, como el Prius, sea capaz de tomar decisiones en función de la situación del tráfico.

 

Para Teresa de Pedro, investigadora del Centro de Automática y Robótica, «Platero es un ejemplo del futuro de la industria pues representa como un vehículo se puede mover de forma autónoma para satisfacer necesidades humanas».

 

Platero es el último fruto del proyecto Autopía, que nació en 1996 y que ha cristalizado en un trayecto -escoltado por la policía- de más de 100 kilómetros a una velocidad de 60 km/h y que ha permitido que durante algunos tramos Platero fuera capaz, incluso, de seguir sin problemas al coche guía -al que han llamado Clavileño-.

 

El «coche guía» transmite su posición a Platero mediante mensajes enviados 10 veces por segundo para que el segundo sepa cuál es su ubicación, la del coche principal y, a partir de aquí, sea capaz de moverse y tomar decisiones como el cambio de marcha, la velocidad adecuada a la vía o la ruta a seguir.

 

Además, desde CSIC explican que una vez el coche conoce las condiciones de la calzada, es perfectamente capaz de viajar completamente sólo sin ayuda del coche guía. Esta es la razón por la que, a diferencia de otros experimentos, Platero no calca los movimientos de Clavileño, sino que recibe la información y aprehende lo que ha de hacer con ella.

 

De hecho, de Pedro explica que la única razón para el uso del coche guía en esta fase del proyecto es que los navegadores actuales no son los suficientemente completos en materia de accidentes y desvíos y que no están tan actualizados como podrían.

 

El recorrido, que tuvo lugar entre la sede del Centro de Automática y Robótica en Arganda del Rey y San Lorenzo de El Escorial, cubrió vías urbanas, carreteras nacionales y autopistas.

 

En las conclusiones del proyecto, de Pedro se mostró muy satisfecha por el importante paso que supone para la creación de una «infraestructura de transporte más eficiente y segura». No obstante, también reconoció que falta mucho para que los vehículos con movilidad autónoma pueblen las carreteras.