PlayStation, ¿prepara Sony una versión 4K?

Si alguna vez alguien ha intentado discernir qué consola es mejor entre PlayStation y Xbox habrá descubierto que es prácticamente imposible. La enorme batalla técnica que empezaron hace tres lustros Microsoft y Sony se ha caracterizado siempre por una evolución radical del hardware en cada edición para ser la más potente. Ni siquiera el mismísimo Sheldon Cooper es capaz de discernir fácilmente la elección adecuada.

Puede que el catálogo o alguna prestación muy específica sea la que decante la balanza en una duda con consecuencias multimillonarias en el sector. Precisamente por eso, los ingenieros de Sony podrían estar ultimando una versión «4,5» de la PlayStation con un motor gráfico más potente capaz de soportar juegos con resolución 4K.

Dar el salto a la ultra alta definición es más complicado de lo que parece. Como ya sabrán los gamers de PC, los requisitos gráficos necesarios para contar con una experiencia fluida en juegos con un alto nivel de detalle y esta resolución son altísimos. Por eso los japoneses quieren tirar la casa por la ventana -previo lanzamiento de la PS5- y crear un hardware que también sea capaz de soportar realidad virtual.

Tras el éxito de PlayStation VR en el pasado GDC de San Francisco se da por hecho que ya hay varios desarrolladores trabajando en títulos compatibles con la realidad virtual y que el salto al 4K es solo cuestión de meses. El problema, demasiado común en el universo de las videoconsolas, es que ocurrirá con los millones de usuarios que se quedarán al margen con este nuevo formato. ¿Habrá algún plan renove para dar el salto? ¿Habrá la tan escasa retrocompatibilidad? Seguro que dependiendo de la dirección de estas respuestas las mejoras llegarán en una versión intermedia o en la próxima edición de la PlayStation (y de su gran rival, Xbox).

Game Developers Conference, la realidad virtual toma el mando

El Moscone Center de San Francisco fue la semana pasada la sede de la trigésima edición (en 29 años) de la Game Developers Conference, una convención en la que, más allá de presentar las novedades está centrada en pulsar el estado del negocio, presentar hacia dónde se dirige y poner en contacto a importantes desarrolladores para que sigan impulsando la mayor industria de ocio del planeta.

Por encima de premios (Witcher 3 Wild Hunt se llevó el principal galardón del evento) la GDC 2016 destacó por su apuesta por la realidad virtual (y todas las tecnologías anexas que trae consigo) como nuevo vehículo para revolucionar la forma en la que nos relacionamos con las máquinas (y jugamos con ellas).

En la gala también hubo tiempo para recordar el largo recorrido de estas conferencias. Varios gurús de la industria hicieron un repaso a los hitos del sector -que en muy poco tiempo pasó de ser residual a controlar el ocio individual en casi todos los rincones del planeta-: desde el nacimiento de Pacman hasta la llegada de PlayStation o la consolidación de las plataformas online o la actual explosión de los e-sports.

De esta forma, Oculus y Sony fueron los actores principales. Los, probablemente, dos sistemas de realidad virtual dominantes del mercado -a la espera de saber cómo recibe el mercado a la solución de Samsung para sus dispositivos móviles- se mostraron como mucho más que un periférico. De hecho, en palabras de Shuhei Yoshida presidente de Sony Computer Entertainment, «PlayStation VR no es un accesorio, es una plataforma».

Con un precio de 399€ (además de requerir usar PS4 y su cámara) vendrá acompañado de 50 títulos compatibles cuando se comercialice en octubre. Yoshida entiende que las posibilidades de VR son mucho mayores que los videojuegos. Con la consola de la casa es donde se puede acercar al publico en general pero «el potencial de llegar a otros campos (se nos ocurren educación, medicina o industria donde Sony quiere ganar terreno) es enorme».

Las VR permitirán ver juegos en modo cinemático (como si dispusiéramos de una pantalla gigante), visionar películas de una forma mucho más inmersiva, además de ubicarse en el mercado como un punto medio entre las opciones más baratas (Google Cardboard) o más potentes (HTC Vive requiere de un ordenador muy capaz para rendir correctamente).

Además, muy en la línea de su principal rival, Sony es consciente de que para explotar correctamente todas las posibilidades de la realidad virtual en su ecosistema necesita de los desarrolladores independientes, start ups, que sean capaces de ver en ellas lo que ni siquiera sus ingenieros pueden vislumbrar.

Yoshida, lejos de preocuparse por el potencial de sus rivales se mostró encantado de que haya una dura competencia en este sector. De hecho, Oculus –una de las herramientas que mejor conocemos– también mostró varias sorpresas. La primera es que las famosas gafas no llegarán solas al mercado: hasta una treintena de títulos harán las delicias de los gamers y demostrarán que su potencial es gigante.

Si ya hemos visto parte de sus aplicaciones industriales cuando se mezcla con sistemas de captación de movimiento (otros de los protagonistas del GDC) ahora demuestra toda su capacidad gráfica con títulos que, literalmente, maravillaron a los presentes en el centro de convenciones.

Oculus ha dado un giro social a sus contenidos (Mark Zuckerberg ha tenido mucho que ver), ha presentado una plataforma consolidada para que diferentes desarrolladores puedan crear y que permite incluso seguir conferencias, conversaciones y recreaciones en grupo -potencia los juegos de estrategia, los serious games, la gamificación, etc.- y, sobre todo, gana compatibilidad con otros fabricantes para llegar más lejos (se rumorea la compatibilidad con contenidos Samsung).

En definitiva, el GDC ha demostrado que la realidad virtual y la industria del ocio digital no solo gana tamaño en cuanto a beneficios, posibilidades de desarrollo e implantación sino que gran parte de sus soluciones serán aplicables a corto plazo en otros nichos hasta ahora vetados.

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PlayStation TV, Sony va a por Microsoft

Un gadget que cabe en la palma de la mano y que permite replicar en cualquier televisor de tu hogar y sin cables de por medio todos los contenidos que tengas en un centro de ocio (llámese ordenador o consola). Su definición no lo hace nada novedoso. Ya existen dispositivos similares: desde Apple TV a Chromecast, pasando Fire TV (Amazon) o las recientes Miracast y Nexus Play permiten pasar contenidos de nuestros smartphones, tabletas, ordenadores o consolas a la pantalla grande sin problemas… ¿Qué tiene entonces de novedosa la nueva PlayStation TV?

Lanzado a finales de 2013 en Japón y otros mercados asiáticos como PlayStation Vita TV su enorme éxito hizo que los ingenieros nipones se pusieran manos a la obra para mejorar y completar la experiencia de uso de un dispositivo con enorme potencial (no sólo de ventas). Equipado con un procesador ARM Cortex A9 de cuatro núcleos y con 1 GB de memoria interna, cuenta con ranuras para tarjetas PS Vita, de memoria, puerto USB, HDMI y LAN, además de las obligadas conectividades vía WiFi n y Bluetooth.

Con salidas de vídeo AV de 480, 720p y 1080i, y una de audio LPCM 2ch, el equipo está pensado para dar el do de pecho con lo mejorcito del catálogo de televisores Bravia de la casa… gracias a un diseño excelente (marca de la casa), unas dimensiones contenidas (65x105x13,6 mm) y un peso de 100 gramos. Lo mejor de la construcción Apple y de la conectividad Android-Windows.

¿Qué hace?

 

Da acceso ilimitado al universo Sony… y mucho más. Para los gamers, es una perfecta puerta de entrada a un catálogo de más de 1.000 juegos que incluye títulos para PS Vita, PSP y PS One. Por su puesto, las descargas se pueden hacer directamente desde la PlayStation Store. Además, está pensada para socializar la experiencia de juego, es compatible con dos controladores Dualshock (3 o 4) permitiendo las partidas multijugador -legendarias en los títulos clásicos de la PS One-.

Otro de sus puntos fuertes es la opción del juego remoto. Permite iniciar una partida en la PS4 conectada a un televisor, pararla, coger la PS TV, conectarla a otro panel y continuar el juego justo donde lo habíamos dejado. Incluido con los Dualshock de los que antes hablábamos.

Asimismo, el dispositivo es compatible con PS3 gracias a su compatibilidad con la inminente plataforma PlayStation Now que será lanzada antes de finales de año en Estados Unidos y que pocas semanas después llegará a Europa.

Fuera del gaming, PS TV también permite acceder a todo el catálogo de cine y música disponible en las estanterías de Sony (uno de los fondos más importantes del mundo), así como visionar fotografías y vídeos almacenados en cualquier tarjeta de memoria o los que se reproducen en el navegador de la PS Vita (la consola se convertirá en este caso, si queremos, en el mando a distancia del dispositivo).

Con un precio de 99€ la PS TV incluye los juegos OlliOlli, Velocity Ultra y Worms Revolutions Extreme y, en la web de Sony aseguran que irán implementando nuevas capacidades y mejoras en el servicio próximamente. Estaremos atentos para informaros.

Xbox One, lejos de la PS4

 

Microsoft ha anunciado la venta de su Xbox One número cinco millones, una cifra sobresaliente si no fuera porque Sony, recientemente, hizo público que su PS4 ya había comercializado siete millones de unidades. Es cierto que el centro de ocio de los americanos -llamar a cualquiera de las dos consola se nos queda corto- sólo ha llegado a trece países y que a lo largo de 2014 completará su mercado (China será crucial en el devenir de esta batalla), pero, para los analistas, la diferencia de 100 dólares con su competidora japonesa es una lacra demasiado pesada como para recortar la distancia.

 

Desde su presentación en el E3 quedó claro que ni la Wii 2 ni nuevos modelos como Ouya estaban a la altura de estas dos referencias. Se centraban en los gamers clásicos y lo hacían con las únicas armas con las que se les puede conquistar: un hardware sobresaliente, títulos en exclusiva de primera y mandos mucho más ergonómicos y con más posibilidades.

 

Los primeros requisitos de Microsoft sobre la necesidad de conectarse al menos una vez al día a su plataforma Live cayeron en el olvido. Sin embargo, la sensación de que los de Redmond querían controlar por todos los medios al usuarios -para combatir a la piratería o no- y la idea de pagar por todo (incluso por prestar un título por el que ya se había pagado- hicieron mella. Sony sólo tenía que dejar todo como estaba -aunque PS Network sea netamente inferior a Microsoft Live-.

 

Respecto al hardware, hay poca diferencia. Ambos son, literalmente, lo mejor que se podía hacer hasta la fecha. Brutales. Incluso sus mandos han sido mejorados -si es que se podía en el caso de la Xbox- para incrementar las sensaciones del usuario.

 

La batalla del software (Orbis el de la PS4 y Xbox OS para la americana) está algo más desequilibrada. Éste es el punto fuerte de Microsoft y aquí se notan las posibilidades de Skype, Kinect o las órdenes por voz -al más puro estilo Siri-. Además, como el de la Xbox recuerda mucho a Windows 8 -¿por qué será?- todo le resulta mucho más familiar al usuario.

 

¿Dónde reside el problema? En la obcecación de Microsoft de que todos los usuarios van a querer Kinect 2.0. No sólo es probable que muchos no lo quieran, sino que es probable que muchos no lo vayan a usar. Eso hace que la «oferta» de añadirlo en el paquete por 100 dólares haga que la tarifa final se dispare innecesariamente.

 

Con una experiencia de uso prácticamente idéntica. Con catálogos de juegos sobresalientes en ambos casos y con unas plataformas online muy similares en cuanto a rendimiento, acercarse a los 500 dólares tanto es un suicidio y un factor determinante: en países como el Reino Unido donde se han hecho ofertas por parte de distribuidores para bajar su precio esos 100 dólares las ventas se han disparado. Suponemos que, si quieren acercarse (y superar) a la PS4, el lanzamiento de una Xbox sin Kinect o más barata es cuestión de tiempo… pero tiempo es lo único que no tienen.

Wii U, en caída libre

 

 

Las peores predicciones se quedaban cortas. El viernes Nintendo anunció que rebajaba sus previsiones de ventas para su modelo estrella, Wii U, de 9 millones a 2,8… si las cifras se mantienen de aquí a marzo (algo poco probable debido a los recientes lanzamientos de Xbox One y PS4). Esta cifra supondrá que la empresa nipona pase de un beneficio de 500 millones de euros a unos enormes números rojos de 240 millones. Los inversores y analistas están perplejos porque, ni en el peor de los escenarios se esperaba una cifra tan mala.

 

Una horrible campaña navideña donde la consola de sobremesa de Nintendo no ha tenido opción ante las capacidades (y excelentes campañas de marketing) de sus rivales de Sony y Microsoft ha hecho que mientras que los ingresos de la industria han subido por primera vez en dos años, los de la empresa de Kioto se hayan desplomado.

 

Estados Unidos, el primer mercado mundial, es una buena muestra de lo que ha ocurrido en el negocio. Los ingresos han aumentado un 28%. Las nuevas consolas han disparado la facturación un 50% y han hecho que la previsible bajada de las ventas de videojuegos (un 18% ya que los gamers esperan a que aparezcan los títulos para las nuevas consolas) se hayan enjugado fácilmente. El problema es que al otro lado del Atlántico hasta la Xbox 360 -que lleva cinco años en el mercado- se vende más que la Wii U.

 

En cuanto a juegos, las previsiones de Nintendo tampoco son mejores. De los 38 millones de títulos que esperaban vender han pasado a 19 millones. La única consola con un comportamiento aceptable es la 3DS. Aunque no llegará a los objetivos anuales (1,35 millones vendidas por los 1,8 previstos y 20 millones de juegos por los 26 millones esperados), es la única que está en cifras de dar beneficios a la empresa.

 

Pero, ¿cuál es el motivo para esta caída sin precedentes? A simple vista podría parecer la falta de prestaciones frente a sus rivales pero lo cierto es que la Wii nunca ha estado ni pretendido estar en la liga de las prestaciones. La clave reside en su complejidad. La consola «grande» de Nintendo se caracterizó desde el principio por su sencillez y en la de sus títulos. Sin embargo, su renovación la ha dejado a medio camino entre una tableta y una consola. Demasiado compleja para el usuario de la generación anterior. Demasiado poco para quien busca una tableta «de verdad» o una consola prestacional.

 

Además, la idea de jugar en varias pantallas a la vez no ha resultado atractiva ni para los desarrolladores independientes de juegos ni para los grandes estudios que no han lanzado títulos con el suficiente gasto como para robar clientes de la lista de potenciales de la Xbox o la PlayStation.

 

El caso es que desde su última genialidad, haya por 2007, la empresa ha perdido el 70% de su valor en Bolsa. La empresa parece haberse quedado posicionada en tierra de nadie y Satoru Iwata, su CEO, está obligado a replantear y reestructurar Nintendo si no quiere verla en manos de otro gigante.