Videojuegos, algo pasa en la industria vasca

Durante mucho tiempo la industria de los videojuegos que consumíamos parecía reservada a los grandes estudios japoneses, norteamericanos o franceses. Empresas con un buen catálogo o que se hicieron de golpe un hueco en el mercado cuando éste era más pequeño y, por qué no, más impresionable. Atrás quedaba la época dorada del spectrum en la década de los 80 (con un entorno de desarrollo asequible que dio pie a joyas como La Abadía del Crimen o Livingstone, supongo.

Eso hizo que estudios de otras regiones, como la nuestra, pasaran desapercibidas durante décadas y que lo más a lo que podía optar un buen desarrollador fuera a emigrar o bien a tener un equipo sólido y que lo comprara un rival de más empaque (o con mejor bolsillo).

Sin embargo, el apoyo del público y las instituciones, así como iniciativas como Fun&Serious y AZPlay ha permitido que pequeños estudios como Kaia o Binary Soul se hayan podido dar a conocer. Además, plataformas como Steam también han sido un empujón definitivo para que estos puedan llegar a cualquier gamer de cualquier rincón del planeta sea cual sea su perfil.

Precisamente si hace unos días os hablábamos de la inminente llegada de Sorgina: A Tale of Witches a la mayor plataforma de juegos en línea del planeta, hoy toca el turno del reconocimiento a Dynasty Feud, el premiado título de Kaia Studios que también ha recibido el suficiente apoyo para dar el salto a Steam.

Por si esto fuera poco, Relevo, un veterano estudio Indie con sede en Bilbao también está de enhorabuena gracias al salto de Baboon al universo Play Station, uno de los más importantes del negocio. Disponible para PS4 y PS Vita, es solo la punta del iceberg del trabajo bien hecho con el lanzamiento de British Bob para equipos móviles o de Mindtaker, también ultimándose para dar el salto a la consola de referencia. Una experiencia de coproducción (con Virtualware) por la que van a seguir apostando para su nuevo título, con un acuerdo, esta vez, con el estudio japonés YugenStudi.

Y no nos olvidamos de la apuesta de Delirim Studios por el western VR con Unforgiven o los 8 days de SantaClara Games en PS4 y Xbox One, por citar algunos más (podemos consultar todos en el minimapa Jolasean de Ubik).

No podemos dejar de señalar tampoco la madurez de la prensa especializada (videojuegos vascos, pixel de halabedi irratia o gamerauntsia entre otros), creciendo a la par que los nuevos estudios, y el auge del mundo youtuber (con ejemplos como @nebukai@robouteguilliam@peibol@specialk y muchos más) o la apuesta por la formación especializada (Digipen desde hace varios años a la que ahora se suma la EHU/UPV entre otras).

Todo ello son ejemplos -tenemos que hablar de algo mucho más allá de las pistas o los síntomas- de que algo está cambiando en la industria del videojuego en Euskadi. Primero por su enorme capacidad para adaptarse a otros mercados por medio de sus capacidades de gamificación y su experiencia en la virtualización (Binary Soul es un ejemplo), después por su potencial a la hora de hacerse un nombre en eventos en los que se compite por premios con estudios mucho mayores (Kaia) y, por último por su enorme potencial de realizar proyectos que gusten al público por su sencillez y su planteamiento inteligente (Relevo).

Muestras de que el futuro de nuestra economía pasa por la digitalización y también por la creación de nuevos actores que sean competitivos en sectores hasta ahora «vetados» para nuestras empresas.

Shield, la amenaza androide

Estamos, sin duda, en la semana de las grandes consolas. Microsoft ha presentado en sociedad -faltan muchas características por conocer- su Xbox One; Sony presentará su PS4 al mundo durante la final de la Champions League de este sábado… y Shield, la consola de NVidia equipada con Android ha visto la luz. Si a eso le sumamos que Nintendo tiene previsto reforzar la comercialización de la Wii U podemos confirmar los tambores de guerra entre los grandes fabricantes.

 

Presentada durante la I/O de Google por el fabricante de procesadores, esta miniconsola con Android tiene a su favor dos factores: el efecto novedad y, sobre todo, correr con el mismo sistema operativo que la mayoría de los smartphones y tabletas que se venden en todo el mundo.

 

Para los que crean que no tiene nada que hacer en cuanto a jugabilidad, el binomio Google-NVidia (¿qué se pasará por la cabeza de Sony, uno de los primeros aliados de Android?) ofrece todo el catálogo de la PlayStore, la segunda tienda de aplicaciones con más juegos del mercado.

 

En cuanto a su construcción, la compacta se desdobla en un mando -con una forma muy habitual y unos colores muy Xbox- y una pantalla de 5 pulgadas y altísima resolución donde todos los títulos brillan por su calidad. Además, en su interior han colocado el procesador NVidia Tegra 4, el más potente procesador disponible en el mercado de tabletas con Android.

 

Sus rivales son claros: la Nintendo DS, la parte «pequeña» de la Wii U, la PlayStation Vita y todo tipo de tableta en la que jugar -por supuesto iPad y cualquier tableta con Windows Phone que se aproveche de la vinculación con la Xbox-.

 

Su precio es ligeramente superior a la de sus grandes rivales. En Estados Unidos costará 349$ (que nadie crea que aquí se «quedará» en sus equivalentes 269€) pero, a cambio, ofrece muchos más juegos que la 3DS o la PSVita… y sobre todo, mucho más baratos. Más de 100.000 juegos de Google Play y la posibilidad de darse de alta en Steam, el servicio de juegos online por suscripción más exitoso de la red. Un dispositivo en el que jugar barato a Angry Birds y que podría soportar títulos mucho más potentes como Need For Speed sin ningún problema.

 

Entre sus mejores bazas una batería que llega a las 20 horas. Una cifra escandalosa para una móvil -que raras veces supera las 6 horas a pleno rendimiento en juegos- y un prodigio para una consola portátil (que a máxima exigencia se queda en 4 horas). Todo un experimento que añade a la experiencia de juego casi todas las funcionalidades Android -menos llamar por teléfono, Nokia NGage disuadió a los fabricantes-. Ahora tendrá que convencer al público para que se compren algo más grande, caro y limitado que un smartphone (¿quién pasa 20 horas jugando de continuo?).