Whatsapp, el cambio de condiciones con el que llega la publicidad

Era algo inevitable. No porque corrieran rumores al respecto, sino porque era impensable que Mark Zuckerberg no tuviera algún plan para amortizar los 19.000 millones de euros que pagó por Whatsapp. El futuro de la app de mensajería más extendida en el mundo -no la mejor, para nosotros iMessage es más eficiente y Telegram más capaz- solo tenía sentido si se monetizaba con publicidad.

Cuatro años después de la compra por parte de Facebook se ha lanzado en beta un cambio en los términos y condiciones de uso para abrir paso a la publicidad. El final de la filosofía inicial -y que Zuckerberg prometió mantener- de no incluirla. Según WABetaInfo, un medio especializado en filtraciones -veraces- de las novedades de la aplicación de mensajería, la próxima actualización, la 2.18.57 de Android será la encargada de abrir las puertas a esta nueva característica.

Aunque el portal no especifica cómo se implementará la publicidad, lo más probable es que se permita -previo pago- que las marcas envíen mensajes comerciales a los clientes dados de alta en la plataforma. El texto, de hecho, explica que WhatsApp se abre a «ofrecer contenido patrocinado / anuncios de empresas» a los usuarios. Si lo unimos a los servicios recién creados mediante WhatsApp Business, que permiten opciones especiales para profesionales, el cambio es inminente.

Lo más grave (y lo que esperemos provoque una salida de clientes del servicio) será que la nueva actualización llevará implícita que se compartan más los datos entre WhatsApp y «otras compañías de Facebook». Según los desarrolladores esto incluye nuestro nombre de perfil y número de teléfono, información sobre nuestra cuenta (la fecha y hora a la que se creó, la última vez que se usó, los tipos y frecuencia de usos que llevamos a cabo, las empresas a las que envías y de las que recibes mensajes, etc.) e información sobre el dispositivo y su sistema operativo.

Aunque, como hemos dicho, se trata solo de las condiciones de una actualización que hasta ahora solo afecta a testers, deja claro el movimiento que va a intentar la empresa durante los próximos meses. ¿La oportunidad que esperaba la competencia o un ejemplo más de que nadie se lee las condiciones de uso y del efecto de las masas sobre los individuos? La experiencia de la empresa con Instagram parece indicar que no habrá pérdida de usuarios. Nosotros, de mientras, seguiremos usando alternativas más seguras y eficientes.

Facebook, su giro «humanista» para 2018

Mark Zuckerberg está preocupado. Es cierto que su empresa marcha viento en popa y que ya es, de forma sostenida, una de las cinco grandes tecnológicas del momento (y por ende, casi una de las cinco empresas más grandes e influyentes) junto con Apple, Amazon, Alphabet (Google) y Microsoft. Es cierto que la comunidad de usuarios de su red social ha subido hasta los 2.000 millones (son «el primer país» del mundo por población) y también que ha conseguido volverse estratégico en algunos mercados como el publicitario y el informativo.

Sin embargo, 2017 ha sido demasiado agitado para la red social: han estado continuamente en el ojo del huracán. El año comenzó con el escándalo de las noticias falsas, las métricas erróneas y los avisos de publicidad «problemática» durante las elecciones estadounidenses de 2016. Incluso con un enfrentamiento con el actual inquilino del despacho oval (aunque eso no es ni extraño ni malo viendo cómo se las gasta Trump). Es por ello que 2018 se plantea para Facebook como un año de cambios.

El más radical, según anunció el propio fundador de la empresa, será un nuevo muro. Las noticias de empresas, marcas y medios de comunicación dejarán de tener el sitio privilegiado que tienen ahora para fomentar las charlas con familiares y amigos. La conclusión es casi directa: las organizaciones y entidades bajarán su popularidad y, por lo tanto, su impacto tanto en la red social como en internet (por el papel de importancia que tiene Facebook en ella).

Zuckerberg explicó que el motivo es la queja que han recibido de multitud de usuarios acerca de la excesiva exposición a contenidos de empresas y marcas que acaba desplazando los momentos personales, supuestamente, la razón de ser de una red social. Esto hizo que la empresa sintiera la obligación de mejorar el bienestar de sus usuarios y la mejor solución que encontraron fue priorizar el contenido interpersonal y hacer que solo el contenido institucional que promueva estas interacciones pase a tener una relevancia «prioritaria».

Sobre los vídeos, que han ido ganando un lugar de privilegio entre los contenidos, Adam Mosseri expuso que las grabaciones en directo que aparecerán en los muros serán aquellos que generen una mayor discusión social.

Sin duda, el golpe a algunos medios de comunicación es enorme. Realmente, la decisión afecta a todos, no obstante, algunos están demasiado expuestos a las redes sociales -Facebook en especial- y podrían ver afectada su difusión y, por lo tanto, sus ingresos publicitarios (siempre relacionados con esa difusión y ese impacto social).

Además, las declaraciones (especialmente las de Mosseri) nos hacen preguntarnos sobre qué priorizará su algoritmo. ¿Qué significa generar mayor discusión social? ¿Se verificará la fiabilidad del contenido? ¿Se centrarán solo en lo más controvertido? ¿En política? ¿Cómo se controlarán las noticias falsas que son las que más discusión provocan?

Curiosamente, el objetivo de los de Zuckerberg es hacer que la gente «pase menos tiempo en Facebook» y que su «participación disminuya». La idea es hacer que el tiempo que dediquemos al red social sea «menor pero más valioso». Es su idea de «reparar» la red social que ya propuso a finales del año pasado como su objetivo prioritario para este 2018.

Quiere reparar la plataforma para que sea más segura, más humana, menos influenciable y, sobre todo, que robe a sus usuarios menos tiempo de la «vida real». Para muchos es solo una forma de reactivar su valor de marca a la vez que demuestra a inversores, medios y otras empresas su enorme capacidad de influenciar a la sociedad. Para nosotros, mientras no haya un debate abierto sobre cómo se definen los algoritmos, solo será un trabajo medio hecho para sacar más dinero a los medios de comunicación y seguir ganando influencia entre aquellos que no saben o quieren distinguir entre la vida que realmente viven y la vida que les gustaría vivir. Al fin y al cabo, cuando no nos cobran por una mercancía es porque nosotros somos la mercancía.

Instagram, el verdadero cambio que Mark Zuckerberg estaba buscando

Si hay algo que controle el equipo de trabajo de Mark Zuckerberg es la forma de implementar cambios en sus servicios (redes sociales). Casi cualquier novedad que ocurra en algo que afecta a miles de millones de personas siempre está rodeado de polémica. Desde los cambios más importantes (los que afectan a la privacidad o los contenidos) hasta los más nimios, aquellos referidos a la forma de la propia red social.

Hace unas pocas semanas, la filial fotográfica de Facebook (hace mucho tiempo que dejó de ser un ente independiente y fresco) decidió cambiar su lenguaje de diseño. La idea era acabar con la imagen «vintage» por una más juvenil (la amenaza de Snapchat es enorme entre la nueva generación de usuarios) y quedar más cerca del estilo de las aplicaciones de fotografías más habituales: las de Android y el sistema operativo de Apple.

El icono solo era la rúbrica del paso del diseño apoyado en el skeumorfismo al minimalismo de los nuevos entornos operativos. Las cifras exigían un cambio: cada día se comparten 80 millones de fotos y vídeos en Instagram y los ven más de 400 millones de usuarios. Y su enorme tamaño -mayor que Twitter- ha pervertido por completo la red. Ahora es un enorme escenario en el que las celebrities comparten sus vivencias, se enzarzan entre ellas y comienzan campañas de todo tipo (sobre todo publicitarias).

Unificar la imagen a Facebook y, por qué no, a iOS y Android tiene un objetivo claro: hacerlo una parte indispensable de su uso. Eso sí, la idea fue vendida muy acertadamente como «una representación de la variedad de expresión de la comunidad» en la que «el contenido es lo primordial.

Como hemos dicho, corrieron ríos de tinta (digital) al respecto. Millones de usuarios clamaban la pérdida de identidad de la aplicación. El espíritu retro que nos hacía vivir los primeros años de las apps, de los smartphones, de las redes sociales menos masificadas desaparecía en medio de un diseño propio de Ikea.

Curiosamente, el debate sobre el verdadero cambio de Instagram había desaparecido. Durante las semanas anteriores millones de personas nos quejamos de la intención de la red social de alterar las prioridades de los contenidos: iba a desaparecer el orden cronológico para potenciar el feed algorítmico.

Y como ocurrió con otros debates anteriores referidos a Facebook o al propio Instagram, todo se acalló y casi todo el mundo acató (muchos hemos abandonado ambas redes). Lo que empezó siendo una prueba porque «millones de personas se perdían contenidos interesantes» o «perdían la oportunidad de fomentar los likes y los feeds» ya se está implantando. Ahora será un algoritmo el que elija qué vemos primero.

Como siempre, durante las primeras semanas será posible volver al «feed» anterior. Pero a buen seguro, pasado ese tiempo de cortesía, los famosetes de turno, las marcas publicitarias -las que dan de comer a la empresa- y los influencers serán los que aparezcan primero. Y si no tenemos un poco de mano en la configuración, los contenidos de la gente que realmente está en nuestro entorno caerá a las últimas posiciones.

Ahora nos perdermos el 70% del contenido de nuestros feeds según la empresa. El nuevo sistema nos priorizará pero, ¿hará lo propio con el resto de la red? ¿Seguirá siendo social para con los nuestros o eso se queda para los grupos de Whatsapp? En palabras de los representantes de Instagram, para seguir llegando a nuestros contactos solo tendremos que «esforzarnos un poco en crear contenido interesante». ¿Ese es una foto con nuestras sobrinas o es una foto de nuestras zapatillas de running -por supuesto bien etiquetada para que se vea la marca-?

Una jugada maestra que nos llevará a nuestra esfera privada, el smartphone y la tablet, todo aquello que Google no puede lanzarnos gracias a los AdBlocks. Una forma voluntaria de recibir publicidad, seleccionada mediante nuestros gustos y todo lo que Zuckerberg y compañía sabe de nosotros. Lo de las fotos con amigos y familiares es solo una excusa.

Google, ¿enemigo de la privacidad?

Sin duda uno de los temas más importantes en el sector tecnológico durante los últimos meses, más allá de los lanzamientos de dispositivos o de los resultados récord de Silicon Valley, ha sido la privacidad. Los casos de espionaje de la NSA y [Enlace roto.] ha hecho que multitud de empresas hayan centrado sus esfuerzos en crear aplicaciones y programas que blinden nuestra privacidad.

Disconnect, como nos presenta Genbeta, es una de las más eficaces tanto en el ámbito móvil como para equipos de sobremesa. El programa funciona como un antimalware y se encarga de bloquear todos los intentos externos de realizar seguimientos de los usuarios. Su buen funcionamiento ha hecho que algunos desarrolladores alternativos de aplicaciones para Android hayan decidido implementarlos. El más famoso, sin duda, es Tor, uno de los navegadores más famosos de Play.

¿Cuál es el problema entonces? Que a pesar de que sigue a rajatabla todos los requisitos de Google Play para poder ser «descargable», la empresa de Larry Page la ha expulsado sin motivo aparente. ¿El último ataque de la empresa de Mountain View contra una aplicación que se coloca justo en medio de los intereses de monitorización del buscador y la privacidad del usuario?

No es la primera vez que Disconnect es expulsada de Google Play. El año pasado la empresa alegó que no estaba permitida ninguna app que interfiriera en el funcionamiento de otra. Sin demora los desarrolladores se pusieron a trabajar para cumplir la normativa y que Disconnect fuera solo un complemento a los programas de terceros que informaba a los usuarios cuando se estuvieran recopilando datos sin su conocimiento. Esto tampoco le ha gustado al robot verde.

El problema es el funcionamiento per sé de la aplicación. Un programa que permite al usuario realizar búsquedas en sus navegadores favoritos sin que las empresas desarrolladoras de los mismos puedan realizar un seguimiento. Las webs no pueden rastrear nuestros historiales de búsqueda y, por tanto, todo el sistema publicitario de Google se derrumba. La última versión, de facto, permitía bloquear por completo la descarga de datos por parte de terceros en el momento.

La empresa se cubrió bien las espaldas al no bloquear la publicidad -que ya hizo que otros programas de éxito como AdBlock Plus fueran expulsadas- y su versión Lite solo informa de la intrusión. La de pago es la que permite el bloqueo publicitario y la encriptación de nuestros datos de navegación.

Claramente Google ha eliminado un programa que va contra sus intereses económicos. Su principal fuente de ingresos: los famosos small data y la publicidad se verían amenazados dentro de su propio sistema operativo. Sin embargo, no es de recibo no dar explicaciones sobre la expulsión y, por lo tanto, poner sobre aviso a los desarrolladores para que mitiguen el error.

Resulta especialmente curiosa esta actitud de una empresa que tiene entre sus lemas más famosos «Don’t be evil» y que tanto ha luchado contra Microsoft (primero) por sus técnicas fraudulentas para mantenerse como empresa preminente en el negocio tecnológico y Apple (después) por su cerrazón ante terceros que pudieran poner en peligro su filosofía. Este tipo de actitudes solo cambian la percepción de los usuarios de la compañía y, si esta cambia por completo, pasará mucho tiempo hasta que puedan solucionarlo y poco hasta que pierdan cuota de mercado.

Comercio electrónico, un pilar en el Estado

Ya se ha publicado una nueva edición del Estudio eCommerce 2015 de la Asociación de la Publicidad, el Marketing y la Comunicación Digital en España (IAB Spain) y sus datos son muy reveladores. El comercio electrónico sigue afianzándose y su tasa de crecimiento es ya mucho más sólida y estable que la del comercio convencional. El 67% de los internautas del Estado se declaran compradores online lo que suponen más de 19 millones de clientes y un crecimiento del 52% respecto a 2013.

Las estadísticas reflejan que compran tres veces al mes y que su gasto medio en cada compra es de 70€ cuando hace dos años el hábito era de casi dos veces y el importe de 63€. Como en aquella ocasión el importe más alto lo realiza la franja de edad entre 40 y 55 años que, en este caso eleva la cifra por encima de los 85€.

Los motivos de lanzarse a la red a comprar no han variado mucho y el precio así como las ofertas exclusivas de la red siguen siendo la principal razón. Detrás, la comodidad, la confianza de la plataforma y la falta de alternativas (tiendas físicas cerradas o lejanas) hacen que cada vez sean más los que se animan a pasar la tarjeta de crédito por el ordenador o el smartphone.

Si analizamos los bienes y servicios más demandados, casi 7 de cada 10 compradores adquieren tecnología y comunicación, el 66% ocio y cultura y el 64% viajes y estancias. Por sexos, lo más demandado por los hombres son los productos deportivos (el 38%) y las apuestas (el 32%) mientras que las mujeres consumen más moda -el 60% ropa, el 43% calzado y el 34% complementos- y artículos de belleza (26%).

El ordenador personal sigue siendo el soporte más utilizado en el Estado con el 83% de las operaciones mientras que el smartphone sigue creciendo y llega ya al 9%. Las tabletas se quedan en el 6% y las smart TVs y las consolas solo se encargan del 1%, respectivamente. Volviendo a los dispositivos móviles, el 60% de los que eligen el smartphone compran a través de apps y no con navegadores y su franja de edad es la más baja: entre 16 y 30 años.

La última parte del informe analiza los influenciadores en las compras por internet y el resultado sigue invariable: familia y amigos (45%) seguidos por los foros, los blogs y las webs de las marcas (36%); las redes sociales (27% aunque con una cifra mayor entre los más jóvenes); la publicidad online y los emails (26 y 24%) y, a mucha distancia, la publicidad tradicional (11%) y los famosos (3%). Respecto a la última milla, la más complicada para los distribuidores online, el domicilio y el trabajo siguen siendo los puntos calientes favoritos.