WhatsApp, el rival a batir

Para muchos WhatsApp es la razón por la que comprarse un smartphone. De hecho, en mi opinión, este programa es a las aplicaciones lo mismo que el iPhone a los teléfonos inteligentes. Aunque no es el primero, sí es la más relevante. A pesar de las decenas de alternativas que han propuesto los fabricantes, las operadoras e, incluso, otras empresas desarrolladoras de estos exitosos programas.

Si es cierto que la primera aplicación relevante que obtuvo un gran éxito entre los usuarios fue BlackBerry Messenger (probablemente más rápida y segura pero penalizada por su compatibilidad sólo con terminales de RIM), la idea de comunicar gratis y sin límites (ni de caracteres ni de contenidos) dos smartphones de marcas y sistemas operativos tuvo un éxito inmediato.

Lanzada con éxito en 2008, tanto WhatsApp como sus «imitaciones» -una de las más exitosas es iMessage por la relevancia de Apple en el mercado de tabletas- han sido un lastre sin precedentes en los beneficios de las operadoras. Su coste -casi siempre gratuito- no les reporta beneficio alguno y, además, son responsables directos de la caída en picado de los SMS y la casi desaparición de los MMS. Las cifras hablan por sí solas: durante el mes de diciembre, sólo en el Estado, los usuarios enviaron vía estas aplicaciones más de 1.000 millones de mensajes diarios. El envío de mensajes se ha reducido un tercio en los últimos cuatro años y, lo peor, la tendencia negativa se acentúa.

Ya hablamos hace unas semanas de su intención de lanzar una aplicación basada en RCS-e que controlara el crecimiento de estos programas mediante la implantación de esta tecnología en el software de los dispositivos. El protocolo que nos presentan se llama Joyn –Vodafone ha sido la primera en estrenarla en su versión Beta para Android-. Su funcionamiento es el mismo que ya nos lleva planteando WhatsApp unos años: envío de contenidos casi sin límites entre usuarios que tengan esta tecnología en sus equipos y, sobre todo, la posibilidad de comunicarnos en grupo. El MSN de la era móvil.

También como en el caso de WhatsApp (no es el caso de BlackBerry Messenger o iMessage) la identificación del usuario se basará en el número de teléfono de cada cliente con lo que la comunicación quedará completamente vinculada a nuestra agenda de contactos.

Su estándar irá sobre la red GSM con lo que podemos hablar de una evolución «natural» de la mensajería clásica vía SMS o MMS. Además, mediante el empleo de otros estándares como XMPP (protocolo extensible de mensajería y comunicaciones), cualquier mensaje podrá ser vinculado con otros sistemas como redes sociales o GTalk de Google.

Curiosamente, el estatal será el primer mercado en poner en marcha Joyn gracias al acuerdo alcanzado por las tres grandes del sector (Movistar, Vodafone y Orange) que son también las tres más afectadas en sus cuentas de resultados. Desde principios de año las tres están comercializando dispositivos que incorporan la tecnología RCS-e y se espera que después del verano llegarán aplicaciones específicas para cada entorno operativo.

De momento todas las aplicaciones vinculadas a esta tecnología serán gratuitas con el fin de asentar el proyecto si bien, ninguna de las tres se ha pronunciado de los planes de este oligopolio en caso de que la acogida por parte de los clientes sea positiva. Si tenemos en cuenta que la facturación por SMS ha bajado casi un 20% en 2011 y que aún así no han disminuido el coste medio de la mensajería todo parece indicar a que intentarán remontar sus ingresos.

¿Es demasiado tarde?


La pregunta que nos hacemos desde aquí es si esto es una evolución lógica del mercado o un intento desesperado de remontada. ¿Es demasiado tarde para entrar en la guerra de la mensajería «gratuita»? El pasado día 7 se hizo público que WhatsApp había conseguido llegar a la cifra de 10 millones de usuarios con lo que se ha convertido, con mucha diferencia, en el sistema de mensajería más dominante del mercado en todas las plataformas disponibles.

La clave del éxito es doble: por un lado su bajo coste de adquisición -sólo es de pago en iOS y, aún así, cuesta 79 céntimos de euro- y, por otro, que su número de usuarios (y por tanto las posibilidades de comunicación gratuita de cualquier cliente) no para de aumentar en todo el mundo.

La única oportunidad que le resta a sus rivales son las críticas de seguridad que ha recibido el servicio -y con razón- y que han llevado a algunos de sus usuarios a tener un segundo sistema de mensajería instantánea para mensajes puntuales. De hecho, el documento que acredita el número de usuarios ha sido conseguido por Security By Default (SBD) empleando una brecha de seguridad.

Cuando los informáticos de SBD intentaron analizar el modo de funcionamiento de WhatsApp descubrieron que siempre repite el mismo patrón de comunicación vía HTTPS con el servidor central para comprobar cuántos de nuestros contactos son usuarios. Fue entonces cuando pudieron descifrar el número de miembros de la comunidad. Incluso, afirman, pudieron acceder a las frases de estado de los más de 10 millones de clientes.

A pesar de ello, su posición dominante en el mercado es tal que ya hemos interiorizado que enviar un mensaje a otra persona no es más que «te envío un WhatsApp». Y ya tenemos costumbre de que lo peor no es siempre lo menos vendido (que se lo digan a Windows o a los dispositivos Apple sin Flash o puertos USB). Me temo que, de nuevo, quien da primero, da dos veces.

Internet, cambio de planes

Solemos hablar mucho de cómo Internet ha cambiado el mundo. El modo de acceder a la información, la manera de comunicarnos entre las personas y, sobre todo, nuestras costumbres de ocio -se sitúa ya muy por delante de la televisión como principal fuente de entretenimiento. Sin embargo, parece que no todas las personas han aceptado el cambio de la misma forma: por un lado las jurídicas, hasta que las empresas de telecomunicaciones no han visto cómo baja su facturación -a manos de los servicios de mensajería- no se han adaptado correctamente al modelo; por otro, las físicas: son muchos los que claman el tiempo que los políticos han tardado en declarar Internet como un «bien universal». Con la llegada del nuevo año ambas cosas se han cumplido.

El sistema de mensajería de las operadoras, a principios de año


En noviembre de 2010 la Asociación GSM, que agrupa a los 800 principales operadores de telefonía en el mundo decidió en la ciudad catalana de Lleida ofrecer a sus abonados un nuevo sistema de mensajería instantánea al que llamaron Rich Communications Systems Enhanced (RCS-e). En la presentación del sistema se anunció que estaría plenamente operativo a finales de este año y casi todos los participantes aplaudieron la idea.

Sin embargo, pocas semanas después, los principales operadores europeos decidieron que era necesario adelantar su lanzamiento. En especial Movistar, Vodafone y Orange -tres gigantes que tienen un importante mercado en el Estado- que veían como la alta implantación de teléfonos inteligentes entre los usuarios (más del 35% del mercado total) suponía un continuo descenso en su facturación.

La incorporación de las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea (sobre todo los multiplataforma como Whatsapp) han provocado un enorme descenso en el empleo de los tradicionales SMS con lo que las grandes empresas del mercado ven disminuir rápidamente la factura media de sus clientes.

Los datos del último informe de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones son definitivos: durante el tercer trimestre de 2011 las operadoras ingresaron 181,78 millones de euros en concepto de SMS y MMS. Sólo un año antes el importe ascendía a 251,38 millones. Las cifras totales de envíos son aún más llamativas: 1.882,3 millones de mensajes en los tres meses de 2011 frente a 2.185,56 en 2010.

Es por ello que tanto la multinacional estatal como sus homólogas británica y francesa apuran el lanzamiento de un servicio que, según sus propios portavoces, está prácticamente preparado. Los analistas, dan por hecho que la presentación se llevará a cabo a finales de febrero en el Mobile World Congress de Barcelona.

El nuevo sistema irá por defecto en todos los terminales de las operadoras y facilitará de forma muy intuitiva el intercambio de archivos, textos, así como datos sobre la ubicación y el estado de las redes sociales de cada usuario. La gran baza respecto a los servicios de los fabricantes -o de las aplicaciones- es que normalmente suelen ser de pago en el momento de la descarga o tener algún coste -mínimo- anual.

La banda ancha universal de un mega ya es un hecho


La otra noticia tecnológica con la que empezamos el año tiene que ver también con el acceso a internet solo que, en esta ocasión, en vez de referirse al acceso móvil tiene como sujeto los hogares. Desde ayer mismo todos los ciudadanos, independientemente cuál sea su lugar de residencia, tienen derecho a contratar un servicio de acceso a la red con una velocidad mínima de conexión de 1 megabit por segundo puesto que la prestación ha sido incluida dentro del [Enlace roto.].

La cobertura de este servicio universal (que no gratuito) lo dará Movistar durante los próximos cinco años al ser la única teleoperadora que se presentó al concurso de adjudicación. El precio máximo acordado por este servicio con el regulador es de 29,99€ al mes con una cuota de alta de 66€. Así, si el cliente quiere contratar otros servicios como telefonía fija, la cifra disminuirá levemente (19,9€ por internet y 13,81 por cuota de mantenimiento de línea).

Las tarifas, empero, han estado envueltas en polémica por su carestía. Las asociaciones de consumidores se quejan del enorme importe que suponen -y que se aprovecharán, sobre todo, de los usuarios de zonas rurales o con poca comunicación- puesto que la propia Movistar oferta tarifas mucho más bajas en las zonas urbanas del Estado, donde la competencia de las operadoras es mucho mayor. Según datos de la CMT, unas 200.000 personas se aprovecharán de esta nueva normativa ya que, al menos 350.000 no tienen posibilidad de acceder a internet desde sus hogares.

A pesar de todos estos impedimentos (incluido tener sólo 5 gigas de descarga a alta velocidad bajando luego la tasa de transferencia hasta los 128 kbps), el Estado se convierte en el tercero del mundo en considerar internet un derecho universal. Los otros dos son Finlandia y Malta.