Hololens, el futuro de Windows pasa por tus ojos

Lo conocimos en la primera toma de contacto de Windows 10 y lo volvimos a ver en la BUILD 2015 y fue cuando nos dimos cuenta de que lo que parecía un proyecto futurista para emplear en campos muy específicos Microsoft lo quería unir directamente a su sistema operativo. Para el equipo de Satya Nadella, el equipo de realidad virtual tiene hueco tanto en el trabajo como en los colegios y los hogares gracias a la nueva plataforma que la empresa lanzará en pocas semanas.

Su empleo solidariamente con Windows 10 permite que los usuarios puedan trabajar más allá del software específico del dispositivo y puedan ejecutar aplicaciones pensadas para las demás pantallas. De este modo, nuestro entorno se convierte en nuestra pantalla y podremos mantener una conversación vía Skype en un punto de la habitación, ver un vídeo en otra zona cercana al sofá -por ejemplo- y trabajar en un proyecto de decoración (o cualquier otra índole) en el resto del habitáculo.

Todo ello mediante un sistema de -cómo no- ventanas que se convierten en objetos 3D plenamente operativos a los que podemos rodear (literalmente) y con los que interactuar desde diferentes puntos de vista.

 

 

Por supuesto, más allá de este empleo «doméstico», Microsoft plantea también la adaptación al Windows 10 empresarial. Una herramienta que se antoja crucial en actividades como el diseño gráfico, industrial o la arquitectura no solo por su capacidad de representar proyectos sino por sus posibilidades de ahorro en los procesos de diseño y mantenimiento de los productos: piezas reales y virtuales pueden cohabitar en nuestras Hololens.

Ello ha llevado a que una buena cantidad de empresas de todos los ramos hayan decidido apostar por el desarrollo de las gafas y de software especializado: Dassault Systemes, Disney, Sketchlab, Autodesk, AudioKinetic, Legendary Pictures o la NASA son algunos de los nombres más relevantes.

En la educación el salto también es enorme. En primer lugar porque no hace falta que todos los asistentes a un proyecto estén en un mismo lugar (lo que facilitaría el acceso a facultades o puntos de producción en el caso de empresas) y en segundo lugar porque permitiría un conocimiento hasta ahora nunca visto en campos como la medicina, la química, etc.

Lo más sorprendente de todo es que el dispositivo no requiere ni de cables ni periféricos: la conectividad será inalámbrica aunque, ya han explicado, que el casco cuenta con su propio cerebro. Puede ejecutar programas propios y de Windows de forma nativa e independiente a otro dispositivo.