LibreCon 2017, con la industria en el punto de mira

Faltan pocos días para que tenga lugar una nueva edición del mayor evento internacional de tecnologías libres en Santiago de Compostela, el LibreCon 2017. Este año, además, el encuentro contará con un nuevo evento, el Librehack en el que 50 hackers crearán en tiempo real y durante 11 horas prototipos de software libre que permitan mejorar la Industria 4.0 y el sector primario.

Encajados en cuatro categorías diferentes (cloudbig data, Internet de las cosas y economía colaborativa), los proyectos desarrollados podrán ser el germen de nuevas start ups e iniciativas que cristalicen en mejoras en el sector.

Por si esto fuera poco, IBM presentará su nuevo sistema de software libre Qiskit que permite desarrollar computación cuántica, uno de los ítems clave en el sector informático y en el que ya están invirtiendo entidades como la NASA, la CIA, Google o el contratista militar Lockheed Martin. Hay sectores clave que podrían ver un desarrollo exponencial con el empleo de estas nuevos campos del conocimiento.

Por supuesto, el LibreCon también tendrá espacio para la seguridad. De esta forma, entre los ponentes estarán Antonio Fernandes de la Asociación Nacional de Peritos Judiciales Informáticos y la Asociación Mediterránea de Peritos Informáticos de las TIC y desde hace unos meses miembro de la Agencia Europea de Seguridad de las Redes y de la Información con el fin de fortalecer las estructuras que protegen a organismos públicos y empresas de ciberataques.

Otra de las estrellas será Appybee, una aplicación made in Galicia desarrollada por Nuno Troitiño, un programador y apicultor 2.0, que busca detectar y controlar las plagas que afectan a las colmenas de abejas. Hasta el momento, las cifras del proyecto son prometedoras: ha conseguido mejorar la productividad un 17% y minimizar la mortalidad de los enjambres de una especie que poliniza entre el 25 y el 30% de los alimentos que consumimos.

Y este es solo un pequeño ejemplo de lo que la revolución digital puede hacer más allá de la industria (4.0 o no) cuando se aplica a otros sectores estratégicos como el agroalimentario. Permite que los procesos se agilicen y abaraten, así como crear redes de colaboración entre diferentes productores para ganar competitividad en el mercado.

En definitiva, la séptima edición del LibreCon viene para confirmar la importancia estratégica del software libre en la sociedad y en la revolución tecnológica, para demostrar que existen opciones para el desarrollo de plataformas independientes para potenciar la Industria 4.0 y para llevar la digitalización a mercados que hasta ahora parecían apartados de este tipo de innovaciones.

Licencias abiertas, un gran paso para proteger la propiedad intelectual

Las licencias abiertas y su uso ha sido motivo de debate -también jurídico- durante mucho tiempo. Sin embargo, la semana pasada un juez federal de Estados Unidos sentó un precedente importante en el caso de este tipo de derechos: licencias como las GNU GLP (licencia pública general GNU) pueden ser tratadas como contratos legales y los desarrolladores que las utilicen en sus programas pueden demandar a quienes lo hagan violando esos contratos.

El inicio de la contienda legal comenzó cuando los desarrolladores de Hancom Office, una suite informática coreana, añadieron un lector PDF open source llamado Ghostscript en su programa. La herramienta está regulada por una licencia AGPL (diseñada específicamente para asegurar la cooperación con la comunidad en caso de que el software esté sito en servidores en red) que exige que si se redistribuye su software en forma binaria se debe liberar su código fuente.

Además, si se combina Ghostscript con otro programa sin solicitar otra licencia comercial alternativa, el segundo está obligado a liberar el código fuente de todo el conjunto. Algo que Hancom Office no hizo nunca. Tampoco pagó nunca a Artifex por una licencia comercial alternativa que le permitiera la explotación del lector de PDF. De esta forma, desde 2013, la empresa coreana ha estado ganando dinero sin afrontar sus obligaciones legales.

Cuando se llegó a los tribunales, Hancom alegó que nunca firmó nada puesto que la licencia AGPL no es un contrato y, por lo tanto, no es vinculante.  No obstante, la juez Jacqueline Corley determinó que la licencia de Artifex deja claro que se aceptan los términos de uso cuando alguien no accede a una licencia comercial.

De esta forma, cuando Hancom renunció a pagar, aceptaba de forma intrínseca los términos de uso y, por lo tanto, quedaba vinculado a las condiciones de la GNU GLP y, por lo tanto, debía liberar el código del programa final que se aprovechaba de Ghostscript.

Este tipo de licencias son de las más usadas en el mundo ya que cuando un software es publicado bajo la misma se garantiza a los usuarios finales la posibilidad de estudiar, compartir, modificar, usar y modificar el producto de modo que el resultado final se rija bajo las normas del copyleft, es decir, se publicará bajo la misma licencia que el original.

Casi desde su nacimiento, de la mano de Richard Stallman, ha habido un debate acerca de su aplicación y un enorme vacío sobre su cumplimiento legal ya que, aunque las licencias open source son consideradas derechos de autor, aún no había sentencia que considerase su incumplimiento como una violación de un contrato.

La diferencia entre el software libre y el que no lo es radica en la forma de uso y distribución que los autores de un programa quieren para el mismo. De esta forma, es el programador quien escoge la licencia sopesando pros y contras de cada formato. Los creadores de software libre no renuncian nunca a la propiedad intelectual del mismo, tan solo permiten que terceros lo usen, modifiquen y redistribuyan de una determinada forma. Ahora la ley quiere garantizar que así sea.

2015, nuestras predicciones

Por fin acaba 2014, un año lleno de dispositivos, ciencia y nuevas tecnologías que han dado el espaldarazo a las TICs en la sociedad y que se han convertido en herramientas indispensables en nuestro día a día. Sin embargo, en los más de cuatro años que llevamos compartiendo este espacio hemos aprendido que la tecnología es algo fugaz y cambiante y que cualquier cosa que parezca segura un mes acabará desarrollándose y mejorando en poco tiempo. ¿Cuáles son entonces los retos  y predicciones para este año?

  • Consolidación de algunas redes sociales. Son un servicio -o un producto- y como tales pasan por las mismas etapas que sus equivalentes clásicos (y analógicos). Y después del boom de los grandes hace poco más de un lustro y del crecimiento exponencial en número, veremos como muchas desaparecen -no os preocupéis, hay cientos- y que sólo las más especializadas y las más relevantes sobreviven. Facebook y sus aplicaciones, como Instagram, parece que son las que llevarán la voz cantante. Twitter necesitará hacer algo bien o ponerse en venta. Pinterest tendrá que buscarse un espacio frente a la presión de las grandes y YouTube dará un salto cualitativo con la entrada de música (ya es mucho más que un portal). Las que no estén preparadas para aportarnos algo (en cantidad o de calidad) quedarán condenadas a desaparecer por la saturación que nos causa que haya tantas.
  • Una nueva generación de dispositivos. Y no se trata de los smart watch que se empiezan a ver en las muñecas (y que veremos mucho más por el efecto Apple Watch). Se trata de equipos domésticos inteligentes. De chips en nuestra ropa. De nuevas combinaciones de gadgets ya existentes -como ha ocurrido con los phablets y como pueden hacer Surface y un esperado iPad Pro-. Equipos que unan lo mejor de varios segmentos y que tengan doble faceta. Por un lado saber hacerlo todo bien y ser muy competentes en una sola actividad. Si hasta ahora tener el smartphone nos parecía suficiente, ahora le llega el turno de consolidarse a todos sus periféricos.
  • La esperada mejora de las baterías. Muchos periféricos significan muchas horas con el Bluetooth y el WiFi activados. Y eso significa mucho tiempo «esforzando» la pila del terminal… y muy poca autonomía. Así que los fabricantes ahora se verán obligados a darnos baterías que aguanten sí o sí un día lejos del enchufe tengan o no una manzana en la carcasa. Descargaremos más datos que nunca pero también los enviaremos. Demandaremos más velocidad de transferencia y mejores prestaciones. Baterías de gel y con carga en segundos son las últimas noticias que nos llegan de Japón y Silicon Valley. De su buen hacer también dependerá la industria automotriz.
  • El año del streaming. O, mejor dicho, del internet en todas partes. Más allá de acumular contenidos cada vez trabajaremos con un híbrido nube-soporte físico. Necesitaremos más internet porque descargaremos contenidos en cualquier lugar. Productos como Yomvi han demostrado su viabilidad. El 4G, que «acaba de llegar» se nos ha quedado lento y algunos ya lanzan el 4.5G mientras Ericsson prueba el 5G con unas tasas de transferencia surrealistas. Además, el éxito de Spotify es sólo el primer paso para que Netflix y compañía revolucionen el modo en el que consumimos contenidos multimedia. Un gran reto para las operadoras y para las administraciones.
  • El momento de Microsoft. En un mercado más clásico, será la hora de la verdad para Windows. Los PCs parecen resucitar a costa de las tabletas. Pero, más allá, Windows 10 es la oportunidad para que haya una verdadera plataforma multipantalla. Después de la mala aceptación de Windows 7 y 8 -y lo que le ha supuesto al sistema en su versión móvil- Microsoft dice haber escuchado a los usuarios para crear algo mucho más clásico, intuitivo, vistoso, estable y eficiente. Falta le hacer porque el mercado no suele perdonar tres veces… y porque Chrome empieza a ser más capaz y la tentación OS X nunca se marcha.
  • Una oportunidad para Linux. El software libre también gana adeptos. Sólo necesitan saber venderse y, sobre todo, tener una plataforma móvil sencilla y capaz que sirva de carta de presentación para el gran público. La primera parte es una causa perdida (McCann ya está cogida por Apple) pero la llegada de terminales y tabletas Linux es inminente y, a buen seguro, tendrán su público, por ser de culto, por ser barata y por ser diferente.
¿Vosotros qué creéis que pasará en 2015?

 

Jim Whitehurst, el mago de la chistera

Fundada en 1993, Red Hat nació con el objetivo de crear el mejor software posible como solución a las necesidades de terceras empresas. Centro de un ecosistema de empresas de tecnologías de la información y con el código abierto como su seña de identidad, la multinacional es responsable de la creación y mantenimiento de una distribución del sistema operativo GNU/Linux con el mismo nombre de Red Hat.

 

Con 6.000 empleados repartidos por 28 países, la empresa no sólo está comprometida en el desarrollo de plataforma operativa de software libre por excelencia sino que se ha especializado en la creación de soluciones empresariales personalizadas.

 

Dentro de su aportación a la comunidad destacan el sistema de empaquetación de software RPM así como las utilidades para la instalación y configuración de equipos como mouseconfig o sndconfig. Entre sus proyectos de distribución destacan el servidor de aplicaciones JBoss compatible con cualquier sistema operativo para el que esté disponible la máquina virtual Java (que adquirieron en 2006) y la distribución Linux Fedora.

 

 

 

James Whitehurst es uno de los hombres fuertes de Red Hat. Su presidente y director ejecutivo, un ferviente defensor del software libre como catalizador de la innovación empresarial y un hombre que no dejó pasar su tren cuando tuvo la oportunidad de incorporarse al líder de soluciones de código abierto allá por 2008.

 

Su perfil comercial y su visión para las finanzas y operaciones en un entorno global permitieron que Red Hat haya duplicado sus ingresos y triplicado su valor bursátil. En sólo cuatro años desde su llegada la firma se convirtió en la cuarta empresa más innovadora de la lista Forbes y este mismo año ha sido elegida como una de las mejores empresas para trabajar.

 

Su experiencia en Delta Airlines durante seis años donde controló todos los perfiles de desarrollo de la compañía y su bagaje con diferentes cargos de producción en las oficinas de Hong Kong, Chicago, Shanghai y Atlanta de Boston Consulting Group le ha permitido ver mejor que nadie las necesidades de los clientes de Red Hat y comprender que el software libre personalizado es la mejor forma de potenciar las debilidades de las compañías hasta convertirlas en puntos fuertes.

 

Whitehurst también se ganó un hueco más allá del universo informático cuando fue uno de los 130 especialistas llamados por Barack Obama para asesorarle en su campaña electoral. ¿Sus credenciales? Su empresa es fundamental en el desarrollo de un software que, según IDC, emplean el 78% de los principales 500 servidores de Internet (incluidos GMail, Yahoo!, Facebook o LinkedIn). Además, en los últimos tiempos GNU/Linux ha ido ganando presencia en toda clase de dispositivos tanto móviles como tradicionales.

 

Su conferencia, «The future is OPEN», sirvió para recalcar la importancia que Whitehurst da al software libre no sólo para el desarrollo de infraestructuras o empresas, sino para el devenir del conjunto de las tecnologías de la información.

 

La idea de lanzar una plataforma móvil 100% Linux, de permitir nuevos desarrollos para administraciones públicas «el caso más famoso en Europa es el de Múnich pero los servicios de inteligencia de Rusia también trabajan con Open Source» nos explicó en la entrevista, son el ejemplo de que la posibilidad de crear un nuevo ecosistema entre administraciones y entre usuarios y entes públicos.

 

Cuando le preguntamos sobre los puntos fuertes de las plataformas Open Source la respuesta fue tan sencilla como directa: la seguridad. «Más allá de los problemas que han tenido millones de usuarios con los casos de espionaje, las plataformas libres aumentan la seguridad por el mero hecho de que el control pertenece al usuario y no a quien vende la licencia».

 

Para él, ejemplos como el de Italia y su sentencia sobre Windows demuestran que la mentalidad de los usuarios «está cambiando» y que por eso cada vez más se preguntan «por qué pagar por algo que no controlo cuando puedo tener algo mejor gratis».

 

En definitiva, pilares que demuestran por qué regiones pequeñas pero con mucho potencial como Euskadi debería apostar por desarrollar un Silicon Valley abierto en el que ganemos todos.

LibreCon, Bilbao el centro del software

El martes y miércoles de esta semana Bilbao ha sido la capital mundial del software libre. En el marco del LibreCon 2014, expertos en la tecnología de código abierto han puesto de relieve el valor de este soporte informático como herramienta básica para la internacionalización de cualquier empresa en cualquier mercado y en cualquier parte del mundo. De la mano de Onda Vasca, La Caverna Cibernética ha tenido el placer de disfrutar de estas jornadas.

El sector, que vive una de sus épocas de mayor pujanza en los últimos años -aumenta tanto su facturación como el número de empleos que genera- se plantea como estratégico gracias a que «permite a las empresas ampliar y mejorar sus soportes sin necesidad de depender de una tecnología inicial», según explicaba Jon Velasco, fundador de Bikuma Global Services, una de las empresas que más rápido ha crecido gracias a su expansión en Estados Unidos los últimos tres años. La empresa de Leioa da trabajo a 13 profesionales y tiene en su internacionalización y su adaptación a compañías de cualquier entorno su punto fuerte para capear y crecer a pesar de la crisis.

La clave es que ayudan a sus clientes a ser más competitivos por medio de tecnologías libres que permiten una personalización impensable en cada programa. Se cubre cada necesidad al detalle. Algo que el software privado y en exclusividad no puede hacer.

Si hablamos de cifras concretas, en menos de una década el sector ha llegado los 620 profesionales -se ha multiplicado por once la cifra- y su facturación ha crecido un 900% hasta rondar el millón de euros anual, según reporta el último informe anual de la Asociación de Empresas de Software Libre de Euskadi.

La gran diferencia entre el software libre y el privado (no confundir software libre con gratuito) es que el primero da el control en cuanto a propiedad intelectual al cliente. El software privativo sólo cede el derecho a usar un programa -de pago o no- mientras la licencia está en vigor. A todo ello hay que sumar que la gran comunidad de desarrolladores de plataformas libres -que crece sostenidamente desde hace décadas- reduce los costes de mantenimiento los clientes lo que, de nuevo, redunda en competitividad y potencia las posibilidades de invertir en otros ámbitos dentro de la empresa para ganar terreno a la competencia.