Apple, nuevos retos para llegar al medio siglo

El pasado viernes 1 de abril Apple cumplía 40 años. Cuatro décadas desde que Steve Jobs y Steve Wozniak fundaran una de las empresas que, probablemente, mejor representen nuestra forma de entender hoy día la tecnología y la electrónica de consumo. Una compañía que, lejos de ser ese producto hippie e iconoclasta que quería romper la imagen de informática solo para expertos, afronta una nueva era batiendo toda clase de récords (ventas, beneficios y una imagen de innovación que pocas otras firmas tienen).

Si ahora los expertos rezan que los 40 son los nuevos 20 -milagros de la ciencia que nos permiten ser jóvenes más tiempo- Apple ha demostrado tener una capacidad camaleónica de transformarse. A 1 de abril de 2006 (esta bitácora ni siquiera existía) seis de cada diez dólares venían de la música. El iPod y su tienda de música, iTunes, habían cambiando completamente la forma en la que el mundo escuchaba a sus artistas.

Solo un año más tarde Steve Jobs rezaba el más famoso one last thing y enseñaba al mundo el iPhone. «Un iPod que permite llamadas de teléfono» -criticaron algunos-. «Un teléfono que nadie querrá porque no tiene teclas», exclamó Steve Ballmer de Microsoft. Un dispositivo que sigue batiendo récords de ventas y que supone el mismo porcentaje de ingresos que tenía antes el iPod.

Si miramos a la anterior década sí que vemos algo en común con la actual: la ausencia de Steve Jobs. Cuando falleció en 2011 la duda era siniestra: subsistiría la nueva Apple a la ausencia de su «mesías». La respuesta es tajante: sí. Es la empresa más cotizada del mundo -ahora se pelea con el cetro con Google- y lleva varios años batiendo sistemáticamente su propio récord de beneficios.

Sin embargo, igual que las personas pasamos por la «crisis de los 40«, los de Cupertino han previsto que las ventas de su iPhone caerán por primera vez (de ahí su iPhone 5SE para abrir nuevos mercados) y siguen inmersos en la búsqueda de un producto que cambie de nuevo nuestros hábitos de consumo -como lo hicieron antes los iPod, iPhone, iPad, etc.-. Es cierto que el Apple Watch apunta maneras y que Apple TV tiene aún mucho recorrido pero ninguno parece tener el músculo -aún- para revolucionar nuestras vidas.

Desde su nacimiento han tenido frente a sí retos titánicos: plantaron cara a IBM, resucitaron frente al dominio de Microsoft y su Windows, revolucionaron y crearon nuevos mercados y entraron como un tsunami en el mundo de la electrónica de consumo. Y, con más o menos suerte, han salido airosos hasta tocar el cielo.

Para hacernos una idea de su tamaño cabe decir que sus ventas trimestrales, unos 76.000 millones de dólares, son superiores al PIB anual de Costa Rica y las ventas de su producto estrella, el iPhone, al año, superan a la facturación de Disney, McDonald’s o Goldman Sachs. ¿Cómo es esto posible en una empresa con un catálogo tan reducido? La clave es su relación con sus clientes.

Tachados habitualmente de fanboys por su defensa a ultranza de los productos de la manzana mordida, la tasa de satisfacción de los usuarios no es comparable a cualquier otro bien de cualquier otra categoría y, según cifras de consultoras independientes, la tasa de fuga de clientes a la competencia es ínfima. Os recomendamos que leáis este sobresaliente reportaje de Amanda Mars en El País: [Enlace roto.].

Su diseño imbatible, su servicio post venta, el funcionamiento de sus productos y las campañas en las que muestran lo que las personas pueden hacer con sus productos y no lo que sus productos son capaces de hacer colocan todo su catálogo en el plano experiencial. Y conseguir eso con algo que tiene en su interior un chip es francamente complicado.

Su modelo se estudia en universidades y no son pocos los que reconocen que con todos sus defectos -muchos- Steve Jobs fue el mayor visionario del siglo XX junto con Henry Ford. No inventó nada -el cerebro de los primeros años era Wozniak y después solo dio el toque Apple a cosas que ya existían- pero hizo que todos necesitáramos sus «malditos cacharros», como los denominó recientemente Donald Trump.

Ahora que está bajo la lupa por su relación con el fisco en Europa y por su pelea con el FBI en Estados Unidos, el reto que se plantean es el de los contenidos. En todo el planeta ya hay 1.000 millones de equipos iOS (a los que hay que sumar otros cientos de millones de Macs) y el pastel -hasta que llegue otro producto milagroso con o sin ruedas- está en la música, en las películas y series y en las aplicaciones. Su músculo financiero, su reputación y su capacidad para comunicar son sus herramientas. Otro reto gigante ante el misterio de cómo será Apple cuando cumpla medio siglo.

Adobe Flash, crónica de una muerte anunciada

Fue hace más de una década cuando Steve Jobs le declaró la guerra a Flash. Ninguno de los célebres iDevices eran compatibles con el programa de Adobe. El gurú de Apple lo consideraba inseguro e inestable, un problema para iOS, un sistema operativo diseñado, precisamente bajo esos dos parámetros. En aquel momento tanto Google como Microsoft o BlackBerry consideraron que Apple decidía ponerse en desventaja al no implementar la compatibilidad con una herramienta indispensable en el internet de aquella época.

Sin embargo, si entramos en cualquier medio especializado y visitamos su hemeroteca descubriremos que desde principios de año los gigantes tecnológicos que dan la espalda a Flash se han multiplicado. El último ha sido la Fundación Mozilla que ha decidido bloquearla por defecto en su navegador Firefox. Los plug-ins de Flash están deshabilitados en todas las versiones operativas de Firefox y ya no sirven para cargar los contenidos multimedia.

Esta Tweet de Mark Schmidt, jefe de soporte de Mozilla parecía la última estocada a un programa que ha vivido una caída casi sin precedentes en la industria tecnológica (el de IE fue igual de vertiginoso pero vino precedido de una sentencia judicial).

Schmidt aclaraba que el bloqueo es temporal y que solo seguirá activo hasta que Adobe lance una versión «que no esté siendo explotada activamente por vulnerabilidades conocidas públicamente». El ataque a la empresa de seguridad Hacking Team que dejó al descubierto más de 400GB de información -correos electrónicos, contraseñas y documentos- de una firma contratada por los gobiernos de Estados Unidos, España, Chile, Colombia, etc. fue la puntilla.

En el ámbito móvil la situación es mucho más compleja. Mozilla ha bloqueado indefinidamente el uso de Flash de forma predeterminada y son varias las tecnológicas que se han sumado a pedir que de una vez por todas Adobe abandone el desarrollo de Flash y opte por el estándar inmediato y de futuro: HTML5. Alex Stamos jefe de seguridad de Facebook fue tajante: «es hora de que Adobe anuncie la fecha del fin de vida de Flash y de que los navegadores establezcan los bits de cierre ese mismo día».

Da igual que la fecha sea inmediata pero eso permitiría a todas las empresas y plataformas adecuarse a un nuevo estándar más seguro y hacer que la migración sea más sencilla. Jobs, en una carta con seis puntos escrita en 2010, aseguraba que el principal motivo por el que Apple no quería seguir trabajando con Flash era sencilla: «era una herramienta de la era del PC no de la era móvil». «No es abierto como HTML, CSS y Javascript» (nunca nos quedó claro que problema tenía Steve Jobs con los programas cerrados como los de Apple); «tampoco es seguro ni estable»; «es el principal responsable de los bloqueos y caídas de los ordenadores Mac». Además, «gasta más batería». ¿La penúltima victoria póstuma de Jobs? Probablemente sí.

Abril, mes de aniversarios

Siempre hemos dicho que la única diferencia entre el mercado tecnológico y cualquier otro es simplemente la velocidad a la que ocurren los cambios. Los lanzamientos, las novedades, se suceden a un ritmo frenético que hace que todo sea más cambiante incluso que en el sector de la moda.

Precisamente por eso no es nada habitual ver cumplir 40 años a una empresa y mucho menos liderando varios nichos de mercado cruciales para entender nuestro día a día. Pero el de Microsoft no es el único aniversario de este mes de abril. El iPad y Pinterest son otros dos motivos de celebración.

Microsoft celebra sus cuatro primeras décadas con una carta de Bill Gates

El 4 de abril de 1975 Bill Gates y Paul Allen fundaban una pequeña empresa de desarrollo y comercialización de software. La empresa nacida cerca de Seattle comenzó a crecer en los años ’80 del siglo pasado gracias a su alianza con varios fabricantes de hardware que necesitaban de un sistema operativo que diera vida a sus productos. Su trabajo con IBM, principal empresa de la industria en la época y gran rival de Apple Computer permitió que sus plataformas comenzaran a llegar a las empresas y a casi todos los hogares.

Poco a poco, la democratización del ordenador personal dio a la empresa de Redmond una presencia en el mercado gigantesca que solo se vio amenazada con la llegada de internet (y el auge de las puntocom) así como con la explosión de la era móvil. Sin embargo, su reubicación en el mercado como una empresa de servicios, hardware y soluciones informáticas le ha permitido seguir creciendo en nuevos segmentos del mercado: junto a Windows y Office ahora Xbox, Surface, Bing o Azure siguen coleccionando éxitos y usuarios en todo el planeta.

Para celebrar estas cuatro décadas de éxito (que gracias al recambio de Steve Ballmer por Satya Nadella parece que serán unos cuantos más) Gates ha enviado una carta a todos sus trabajadores que os dejamos en la imagen de continuación.

Un lustro con el iPad

Y de Redmond viajamos un poco más al sur, a Cupertino, para hablar de un producto que ha cambiado por completo el universo de los dispositivos móviles y que, curiosamente, no hubiera sido posible sin el dinero que su gran rival (Apple) recibió de Microsoft para sobrevivir hace más de una década.

El 3 de abril de 2010 salía a la venta la primera generación del iPad. Lo hizo solo en Estados Unidos y dos meses después tras un éxito inesperado para propios y extraños llegaba a otros nueve países para seguir batiendo todos los récords de ventas de un equipo a medio camino entre el exitoso iPhone y los ordenadores portátiles.

Curiosamente, a pesar del éxito que demostraron ser los iPod, iTunes, iPhone, iMac, MacBook y compañía el producto se recibió muy negativamente por multitud de medios y analistas (esta vez Steve Ballmer fue más cauto que con el iPhone cuando dijo que «nadie lo compraría»). Wired, como bien nos recuerda Gizmodo, dijo que «solo era un iPhone gigante«.

Sin llegar a conseguir el éxito que predijo Jobs (no acabó con los PCs) el iPad hizo que toda la competencia se viera obligada a lanzar un dispositivo que se compraba por millones. Microsoft tuvo que reprogramar gran parte de Windows 8 (y lanzar urgentemente 8.1) para adaptarse a las pantallas táctiles y los portátiles se vieron obligados a convertirse en equipos mucho más ligeros para poder sobrevivir -bienvenidos sean los ultrabooks-.

Pinterest, «el buscador de imágenes» cumple un lustro

Aunque se creó a finales de 2009 no salió a la luz hasta principios de 2010 por eso podemos incluir a Pinterest en este mes de celebraciones. Seleccionada por Times en 2011 como una de las 50 mejores webs del año superó pronto los 10 millones de usuarios.

Desde entonces la propia empresa se ha definido más como un buscador de imágenes que como una red social y es ahí donde ha conseguido una enorme relevancia y subsistir donde otras han cedido frente a Instagram, Facebook y compañía.

Con oficinas en Tokio, Londres, Parías, Berlín y Sao Paulo y más de 500 trabajadores, está disponible en 30 idiomas, ha crecido un 150% en 2014 en Estados Unidos gracias a lo que cada día se suben 14 millones de artículos nuevos. Además, su buen hacer con las empresas ha conseguido que dos tercios de sus contenidos sean corporativos.

Microsoft, Gates ya no es intocable

 

 

Fundó hace ya 38 años la compañía de software más grande del mundo. Bajo su mandato -abandonó hace trece años el puesto de CEO en favor de Steve Ballmer– la empresa adquirió dimensiones impensables hoy día por cualquier otro actor del negocio tecnológico: hasta 9 de cada 10 ordenadores personales en el mundo trabajaban con Windows, lo que significaba que era la principal herramienta en la primera explosión informática y de internet. Sin embargo, desde su torre de marfil, también cometió enormes errores como no entrar de pleno en el negocio móvil -y dejar que Apple y Google se llevarán el 90% del mercado- o menospreciar la capacidad de internet, hasta enterrar su Internet Explorer o sus diferentes buscadores.

 

Durante los últimos años la figura del hombre más rico del mundo, máximo accionista y presidente de la tecnológica ha sido completamente intocable y, aunque la gestión de Ballmer ha sido positiva -sólo hay que ver cómo han acabado otras empresas «históricas» como Nokia, BlackBerry, HTC o Panasonic ante el empuje de la revolución 2.0- el CEO ha sido siempre el responsable de los errores y el presidente la inspiración para los aciertos. No obstante, con el anuncio de la marcha (¿voluntaria?) de Ballmer, ahora hay varios inversores que quieren que Gates también abandone su cargo para regenerar la empresa y, sobre todo, para revalorizar las acciones.

 

Es cierto que, de momento, nadie se ha inmutado en Seattle (ni en Wall Street). Aunque el capital de esos tres inversores suma el 5%, sólo el de Gates es del 4,5% y su posición de alianzas en el Consejo de Administración parece sólido como una roca. No obstante, sí hay cada vez más voces que se preguntan cuál es el papel exacto del fundador y si su papel a la hora de elegir un sucesor a Ballmer será excesivo.

 

Suenan Allan Mulally, presidente durante la resurrección de Ford; Stephen Ellop (el CEO encargado de hundir Nokia a niveles irrisorios para «regalársela» a Microsoft) y el jefe de desarrollo y estrategia de la empresa, Tony Bates. Tres visiones opuestas que pueden anclar aún más a los de Windows o darle el espaldarazo definitivo para resucitar un gigante con pies de barro.

 

Colocar a Ellop (la duda será si «Roma paga a traidores) o a Tony Bates dejaría intacta la capacidad de presión de Gates y cada vez son más los que se preguntan por el poder desproporcionado de un único accionista y su capacidad de influencia teniendo en cuenta que cada vez tiene menos capital en la empresa… y que cada vez pasa más tiempo gestionando con su mujer la fundación «Bill y Melinda Gates».

 

Según ha explicado la Agencia Reuters, Bill Gates ha ido bajando poco a poco su participación en Microsoft del 49% del capital que poseía antes de su salida a Bolsa en 1989 con la venta, cada año, de unos 80 millones de acciones lo que, además de multiplicar su fortuna personal, le dejaría sin participación financiera en el cercano 2018.

 

Aunque la empresa sigue teniendo enormes beneficios -22.000 millones de dólares el último año fiscal- y Windows y Office siguen siendo la referencia en el mercado de software, la continua caída de ventas de ordenadores personales obliga a Microsoft a replantearse su presente y su supervivencia. Fuera de este negocio sólo la Xbox parece ser un pilar sólido. La mala noticia es que la era postPC (y postconsolas) anunciada por Steve Jobs -con el que mantuvo una relación de amistad y rivalidad bastante curiosa- está siendo una factura demasiado grande para una compañía que sólo tiene un 5% del mercado móvil mundial. Renovarse o morir.