Hangouts, el enésimo proyecto fallido de Google

Google es, sin duda, una empresa diferente a todas las demás. Tiene un enorme potencial innovador y ningún miedo al sistema de prueba y error a la hora de poner en marcha nuevos servicios y plataformas. Eso le ha permitido dominar internet y otros mercados pero también le ha provocado sonoros fracasos.

Los sectores que más se le resisten, con mucha diferencia, son los de las redes sociales y la mensajería instantánea. Así, desde que intentó sin suerte que Talk fuera una aplicación preinstalada en todos los equipos Android, ha ido dando bandazos viendo como WhatsApp, Facebook o Telegram se han impuesto a sus servicios sin problema.

Ahora, Hangouts, su «penúltimo» servicio de mensajería parece condenado a desaparecer. A pesar de sus interesantes opciones -aprendieron bastante de Talk y quisieron crear algo que fuera mucho más adelantado a sus rivales- como las llamadas y videollamadas varios meses antes que su competencia, que la cuenta de usuario estuviera ligada a la cuenta de correo y no el teléfono hizo que muchas personas desconfiaran.

Google, incluso, integró los SMS en la aplicación. La idea era una única fuente de comunicación para el usuario pero, por desgracia, solo consiguió un caos en el que muchos nos sabían si se hablaba a través de internet o por el sistema clásico de principios de siglo.

La falta de apoyo por parte de los usuarios hizo que en el último Google I/O los de Mountain View lanzaran dos nuevas apps: Allo para la mensajería y Duo para las llamadas. Todo indica que debería estar integradas, sin embargo, la empresa del buscador triplicó las opciones y lo complicó todo aún más.

Ninguna de las dos ha tenido la repercusión que se esperaba de ellas. No vienen por defecto en los nuevos Android y no están destacadas en Google Play. Pero parece que, aún así, están abocadas a ser el futuro de la mensajería de Google. Porque Hangouts ya no soporta SMS y porque en el sector empresarial se ha dividido en Meet para videoconferencias y Chat para mensajería.

En definitiva, una herramienta que solo parece interesante para la filial corporativa G Suite de Alphabet y que debería dejar paso en un futuro cercano a Allo y Duo. El problema, sin embargo, es que con un mercado maduro en el que los usuarios parecen aplaudir la integración de servicios (Facebook Messenger, WhatsApp, iMessage y compañía), los continuos cambios de nombre y funcionalidades de cada app solo sirven para perder potencial frente a competidores mucho más maduros.

La duda que nos surge es que si, finalmente, Allo y Duo acaban integrándose, todo el trabajo que han andado con Hangouts y que ahora inexplicablemente desmontan, volverá a repetirse. Lo más seguro es que sigan intentando repetir la estrategia de la empresa de Zuckerberg o de Apple aunque no sepan si atinar hacia una herramienta o una red social. Un negocio millonario está en juego.

WhatsApp, ¿deberá convertirse en operadora?

Parece que las grandes operadoras como Movistar, Orange y Vodafone se han cansado de las empresas over the top. Compañías como WhatsApp que emplean sus redes para ofrecer toda clase de servicios que las hacen la competencia sin invertir en el sistema y que, además, no están sometidas a la regulación continental. Su presión -esta vez con razón- sobre los Ministros de la Unión parece haber dado su fruto y ahora es la propia UE la que ha dado el visto bueno para crear una regulación para aplicaciones como Skype y Telegram que ofrecen servicios de voz y texto y que compiten con los de las operadoras.

Mayo parece que será el mes clave en el que comenzarán a saberse más detalles de esta nueva normativa pero a partir de la legislación actual ya podemos hacernos una idea de los cambios que podrían pedirle a WhatsApp y compañía en un futuro cercano.

César Alierta, CEO de Telefónica, ha sido siempre uno de los más críticos con las grandes empresas de Silicon Valley que se aprovechan de las inversiones de las telecos para ganar cantidades ingentes de dinero. Y el endurecimiento de la ley contra las operadoras ha hecho que exija en más de una ocasión el mismo trato a las OTT. Así, como explican en Xataka, en una de sus últimas apariciones públicas explicaba que «si las operadoras estamos obligadas a permitir en un día que alguien se cambie de compañía, ¿por qué una persona no puede tener una opción que le permita cambiar de usuario con toda su información -contactos, archivos, etc.- a otra app de mensajería?»

Si unimos esto al concepto de interoperabilidad (poder llamar a otra persona sea cual sea su operadora y la nuestra) daríamos con uno de los pilares que ha hecho que WhatsApp se convierta en referencia del mercado. Los usuarios son «cautivos» de su servicio. Solo podemos escribir un WhatsApp a una persona que también tenga la aplicación. ¿Por qué no aplicar el mismo criterio que con las operadoras?

Sin duda esto revitalizaría la competitividad de alternativas como Telegram o Line, con muchos más servicios y más rápidas que WhatsApp pero lastradas porque hay muchas personas que no se han bajado estos programas en sus smartphones.

Lo mismo ocurre con la conservación de datos de los usuarios. Por Ley, las operadoras han de guardar determinados registros sobre la actividad de sus clientes durante un plazo limitado de tiempo. Algo que no ocurre con los servicios de mensajería instantánea y VoIP. Obligarles a esto les exigiría un incremento de capacidad importante así como permitir el acceso de las autoridades a determinados contenidos siempre bajo unos supuestos muy específicos amparados por la Ley continental.

La agencia Reuters también mentaba una exigencia legal para las operadoras que afectaría significativamente a las OTT: la obligación de tener disponible y gratuito el servicio de llamadas de emergencia al 112 lo que haría que fueran ellas las que tuvieran que soportar el gasto de datos de la llamada.

WhatsApp, obsesionada con la seguridad

Tener el liderato significa estar en el ojo del huracán. Y WhatsApp no iba a ser la excepción. Si recientemente rompió la barrera de los 500 millones de usuarios y casi todos los récords con su venta a Facebook, ahora está bajo la lupa por acciones tan nimias como el [Enlace roto.] o más serias como la seguridad de sus mensajes.

El último estudio realizado por la Universidad de Princeton, ProPublica y Electronic Frontier Foundation concluye que casi todas las aplicaciones de mensajería instantánea carecen de estándares de seguridad frente a ataques externos y que vulneran, por tanto, la privacidad de los usuarios.

El informe emplea un «marcador de mensajería segura» que ha evaluado 40 servicios en base a siete parámetros: criptografía de los mensajes, inviolabilidad de las conversaciones por parte del proveedor del servicio, nivel de accesibilidad en caso del robo de claves, posibilidad de averiguar la identidad de los usuarios, transparencia del código por parte de entidades externas independientes, existencia de auditorías externas del código y existencia de documentación acerca de los sistemas de seguridad de la plataforma.

WhatsApp -que en algunos mercados como el estatal tiene una cuota de mercado del 96,4%- sólo aprueba en dos de los siete parámetros. ¿El motivo? No podemos conocer la identidad de nuestro interlocutor y la empresa puede acceder plenamente a las conversaciones -por ejemplo-. Es cierto que no es la peor (Yahoo! Messenger y Viber fallan en seis de siete) pero también está lejos de rivales directos -e igual de sencillos y extendidos- como son Telegram y los softwares de Apple iMessage y FaceTime que superan cinco de siete ítems.

Con siete aprobados se quedan aplicaciones «de nicho» con una difusión muy minoritaria como Silent Phone y Silent Text o Signal/RedPhone. El problema es que son aplicaciones mucho más complejas de utilizar. Esto hace que el usuario se encuentre con la dupla de mucha difusión y poca seguridad (la china QQ cuenta con 800 millones de clientes y suspende los siete apartados) o una privacidad blindada a cambio de un alcance casi nulo.

Cifrado punto a punto

 

Estos resultados ha hecho que la aplicación ahora en manos de Facebook haya tenido que adelantar el lanzamiento del cifrado end-to-end para hacer que sólo emisor y receptor puedan acceder al contenido de una conversación. Lo malo es que, de momento, sólo está disponible para los usuarios de Android y no hay fecha de lanzamiento en la versión iOS.

Esto la coloca por encima de algunos de sus rivales más famosos como Snapchat pero la sigue dejando por detrás de apps monoplataforma como BB Messenger o iMessage (¿quizá por eso su priorización del sistema de Google?)

La actualización, llevada a cabo en colaboración con la empresa de sistemas abiertos Whisper aislará las comunicaciones de la propia empresa para evitar que un tercero pueda acceder al contenido de la misma. El sistema -desarrollado por los «padres» de apps como TextSecure- no necesita ningún tipo de activación por parte del usuario ya que se implementa en su última actualización y pretende mostrar que los de Silicon Valley.

WhatsApp, las alternativas post Facebook

 

El millonario pago que Facebook ha realizado por WhatsApp (según GQ da para un portaaviones y tres Instagrams) ha sido todo un tsunami -curiosamente- en las redes sociales. El miedo a que la red social cruce sus datos y rompa las promesas de los creadores del servicio de mensajería instantánea (nada de publicidad, nada de redes sociales, nada de conservar los datos del usuario y nada de juegos) ha provocado que millones de persones amenacen con migrar a otras plataformas. También ocurrió con Instagram… y no se ha cumplido.

 

Aún así, más allá del dilema moral que le genera a muchos la unión de Facebook y WhatsApp (y la preocupación por lo que la empresa ahora dirigida por Mark Zuckerberg pueda hacer con nuestros números de teléfono y nuestras listas de contactos), os planteamos una lista de alternativas -con sus ventajas e inconvenientes- al sistema de mensajería más popular (y caro) del mundo.

 

 

  • Line: el líder en Asia ya era la mayor amenaza para WhatsApp. Las frecuentes caídas de los servidores de los americanos provocó que muchas personas buscáramos alternativas más fiables. Su handicap es su enorme consumo de batería (tanto en iOS como en Android) y su intrusismo en forma de contactos recomendados. A su favor, imitan el sistema de pegatinas e iconos de Facebook y tiene un toque exótico que puede hacer que muchos se sientan diferentes. Sin duda, crecerá con la compra.
  • BlackBerry Messenger: el primero ya no es un sistema cerrado para la empresa canadiense. En plena caída de ventas, en pocos meses ha conseguido que 40 millones de usuarios de Android y iPhone lo utilicen. Es «más privado» ya que necesita de las cuentas de email para poder añadir a alguien. Aunque su sistema de encriptación es el más eficiente, la duda de las continuas caídas que sufrió hace dos años y la poca viabilidad de la empresa hace que parezca difícil que vuelva a reinar.
  • Viber: una pequeña startup israelí que en pocos meses ha llegado a 200 millones de usuarios y que ha sido comprada por la japonesa Rakuten por 900 millones de dólares parece un proyecto prometedor que, aún así, no acaba de despegar en Europa o Estados Unidos. Tendrá su oportunidad ahora, pero nos suena a fracaso.
  • Telegram: la aplicación de mensajería de moda ya que promete privacidad y copia la estética WhatsApp. Curiosamente su mayor campaña para conseguir clientes la está realizando… en Facebook y Twitter. Permiten poner fechas de caducidad a los mensajeso crear «chats secretos» y prometen no dar nunca la información de las conversaciones a terceros -básicamente porque se encripta en el dispositivo, no en el servidor-. Además, al ser software libre, mejorará con el tiempo. Lo malo, en el pliego de condiciones no dicen donde están sus servidores ni qué harán ellos con sus datos. Para nosotros una incógnita que, tememos, se llevará el viento.
  • WeChat: el rey en China (y eso es mucho) se permitió fichar a Messi para anunciarse en el gigante rojo. Curiosamente, en los países latinos… no arrancó. Permite buscar contactos al azar (lo llaman «botella a la deriva») y empezar una conversación al azar agitando el móvil. Muy del gusto oriental, lo tiene tan difícil como Baidú en occidente.
  • Joyn y Tume: la alternativa de las operadoras cuando se quedaron sin usuarios de SMS -y de muchos ingresos- fueron programas que, aunque tenían calidad y eran más seguros que WhatsApp ni siquiera tuvieron una oportunidad. Joyn funciona, Tume, de Telefonica, duró un año.
  • iMessage y ChatOn: mismo concepto de dos archirrivales. Sistemas monoplataforma que, dentro de sus dispositivos son la referencia en funcionamiento. iMessage es la alternativa para los usuarios de iOS. Es rápido, estable y seguro… pero no funciona con otros terminales si no llevan una manzana (crea automáticamente SMS que es para lo que fue creado). Lo mismo ocurre con ChatOn, pero como hay más Samsung en el mercado, es más útil. Ambos están abocados al fracaso salvo que se abran a terceros -y sabemos que eso no pasará con iMessage-.
  • Kik Messenger: tiene éxito en Norteamérica (100 millones de usuarios) y funciona con cinco plataformas. Es poco probable que vaya a tener éxito en un mercado que, por ahora está muy polarizado.
  • Confide: el Telegram británico nació el 8 de enero con una aportación de terceros de 1,9 millones de dólares. Todavía no se sabe el número de descargas pero aparece en los primeros puestos de la AppStore y tienen clientes en 110 países. Disponible en 14 idiomas, utiliza una encriptación asimétrica: cuando se envía un mensaje sólo el móvil del receptor tiene la clave de desencriptación de modo que sólo él podrá leerlo. Mucho más avanzado y seguro que en cualquiera de los anteriores. No permite capturas de pantalla y, de hecho, el emisor recibe un mensaje si se ha intentado fotografiar la conversación. Se puede decidir cuándo borrar el mensaje enviado. Uno de sus creadores dice que su fin es pasar los momentos off the record del mundo real, al mundo digital. Nuestra apuesta. Y, además, europeo.