Exagon Furtive-eGT, el Tesla galo

El Salón del Automóvil de Ginebra ha sido el escaparate perfecto para que pequeños fabricantes mostraran sus mejores proyectos. Este año, sobre todo, han destacado los concept car limpios y deportivos. Modelos que se quitan de encima el cartel de eléctrico-aburrido (no el de caro) y que muestran el camino que seguirá en los próximos años la industria del motor.

 

Uno de los mejores ejemplos de esta tendencia es el fabricante galo Exagon que presentó su Furtive-eGT un súper deportivo eléctrico que sigue al pie de la letra los cánones de diseño y prestaciones de sus primos de gasolina: una carrocería ultraligera realizada en fibra de carbono y tan pegada al suelo como repleta de aditamentos aerodinámicos para mejorar el rendimiento del conjunto.

 

El chasis, con el fin de mejorar su resistencia y minimizar su tara, también tiene buena parte de su estructura construida con este material que parece ya indispensable a la hora de conseguir rendimiento y mantener a raya los consumos. Además, para mejorar el comportamiento del Furtive-eGT, los ingenieros han colocado en el centro y lo más abajo posible las baterías de Ion-Litio, lo que ayuda a tener un centro de gravedad bajo y un reparto de pesos casi perfecto.

 

Las pilas, precisamente, son fundamentales en el éxito del súpercoche: tienen una capacidad de 53kWh y han sido fabricadas por Saft, empresa especialista en el desarrollo de baterías de alto rendimiento que trabaja con otros fabricantes como Tesla. Como es habitual en estos modelos, un potente ordenador gestiona diferentes programas en función del modo de conducción que quiera el «piloto». Standard, City, Eco y Sport inciden en la velocidad, aceleración, comportamiento de los frenos y de la dirección para, en el mejor de los casos, conseguir una autonomía de 360 kilómetros o un sprint de 0 a 100 en 3,6 segundos.

 

Para conseguir todo esto e impulsarse, el Furtive-eGT recurre a dos motores eléctricos ubicados en el eje posterior que erogan (cada uno de ellos) 201 caballos lo que redunda en una notable relación peso-potencia de 4,08 kg/CV -pesa 1.640 kilos-.

 

Como los demás coches eléctricos del mercado, el Exagon cuenta con dos modos de recarga de sus baterías: conectándolo a la red eléctrica o bien mediante un sistema de recuperación de energía en las frenadas y las deceleraciones. Así, un sistema de alta velocidad permite recargar el 80% de las baterías en tan sólo media hora.

 

En su presentación en la muestra suiza, los responsables de la marca explicaron que se han centrado en el manejo por lo que han trabajado intensamente en la rigidez torsional de la carrocería para que el modelo ofrezca más dinamismo en cualquier situación.

 

La mala noticia, que aboca a un relativo fracaso al modelo francés, es que su precio de salida es de 350.000€. Es cierto que sus prestaciones están por encima de la mayoría de los eléctricos, pero también lo es que no lo está por encima de otros modelos como los Tesla Roadster que se comercializan por una cuarta parte de este importe. Una vez más, exclusividad europea es sinónimo de precio inalcanzable. Una pena.

Tesla Model S, coche del año

Desde hace 63 años la revista francesa Automobile y la americana Motor Trend otorgan el galardón más prestigioso del mundo del motor: el Coche del año. En el palmarés aparecen nombres tan conocidos como Nissan GT-R, Volkswagen Golf y Passat, Honda Civic, Toyota Prius, Chevrolet Corvette, Ford Mustang, BMW Serie 3, Porsche 911, etc.

 

Lo han ganado berlinas, coupés, cabrios, deportivos radicales e híbridos. Sin embargo, el premio de este año traía consigo una gran sorpresa: un eléctrico, el Tesla Model S –del que ya hablamos hace unos meses– se ha convertido en el primer eléctrico «puro» en convertirse en Coche del año. Es cierto que antes lo logró el Chevrolet Volt, pero también es cierto que se trata de un eléctrico de autonomía extendida gracias a su motor térmico que funciona como un generador.

 

Otro de los récords de este premio conjunto es que es la primera vez en la historia que se otorga por unanimidad entre los miembros del jurado. Cuando los magazines hicieron público el ganador, Elon Musk, CEO de Tesla Motors explicó que llega «en un punto álgido de la historia» de la compañía.

 

Además, como bien explicaba el máximo responsable de los californianos, el Coche del año se da al mejor modelo del mercado sea cual sea su sistema propulsor: gasolina, diésel, gas, electricidad, hidrógeno o cualquier combinación de los anteriores. El modelo, que compite directamente por tamaño y acabados con las berlinas de representación de Mercedes, Audi, Cadillac, BMW, Jaguar y compañía tiene un precio que va desde los 58.000 hasta los 107.000 dólares. Puede parecer mucho, pero si tenemos en cuenta que tiene hueco real para siete pasajeros (dos de ellos niños), una autonomía de más de 400 kilómetros y que un Nissan Leaf supera los 40.000 dólares, el importe no es nada exagerado.

 

El Tesla S, segundo modelo de la empresa y con sólo un año de vida, se ha impuesto en la final al Subaru BRZ, los Ford C-Max y Fusion, y los nuevos Honda Accord y Porsche 911.Todos estos coches fueron probados exhaustivamente durante 10 días por diversos expertos de la industria y varios redactores de los grupos editoriales para, al final, quedarse con 11 de los 45 contendientes iniciales.

 

Al final, parece que la brutal aceleración de la berlina -de 0 a 100 en 4 segundos- gracias a que dispone de todo el par motor desde parado por su condición de eléctrico; su pantalla interior que hace las veces de consola central de 17 pulgadas y su diseño estilizado a medio camino entre un Maserati y un Jaguar han sido más que suficiente para que los más puristas dejen a un lado el olor a gasolina.

 

El premio no sólo supone un espaldarazo a aquellas firmas que están apostando por energías alternativas a los combustibles fósiles, sino un enorme altavoz para una pequeña empresa que está aprovechando su emplazamiento estratégico en pleno Silicon Valley para conseguir construir coches excelentes con un rendimiento y una autonomía a la altura o mejores que sus equivalentes de gasolina. Parece que hay esperanza y futuro para la industria de las cuatro ruedas.

Tesla, la mente incomprendida

Cuando pensamos en el siglo XX y en todas las mejoras que supuso para la humanidad, pensamos en Einstein, Ford, Edison, los Curie, etc. Grandes mentes que cambiaron nuestro concepto de la medicina, el universo, la energía y que hicieron descubrimientos asombrosos. Pocas veces nos acordamos, sin embargo, de Nikola Tesla, un hombre que vivió y murió a la sombra del enorme Edison y que, para muchos, es la mayor mente de la historia después de la del enigmático Leonardo Da Vinci.

 

Nacido en Smiljan, Croacia -por aquél entonces Austria-Hungría-, Tesla es reconocido como el padre de la «electricidad comercial». Sus trabajos de ingeniero mecánico y eléctrico en el campo del electromagnetismo se tradujeron en el desarrollo corriente alterna, de los sistemas polifásicos de la distribución de la electricidad o de los motores de corriente alterna que fueron fundamentales en la Segunda Revolución Industrial.

 

Emigrado y nacionalizado estadounidenses, su demostración de comunicación inalámbrica de las ondas de radio en 1894 le valieron el reconocimiento de la comunidad científica de su época. Sin embargo, su carácter excéntrico, la guerra de las corrientes contra Edison y sus afirmaciones casi inverosímiles sobre lo que se podría conseguir -luego se demostró en muchas ocasiones que estaba en lo cierto- hicieron que fuera tratado como un científico loco hasta su muerte, rodeado de pobreza, con 86 años.

 

Su mayor proyecto, la Wardenclyffe Tower, también conocida como Torre Tesla, fue una antena de telecomunicaciones inalámbricas diseñada para la telefonía comercial trasatlántica así como para retransmisiones de señales de radio y para demostrar que era posible transmitir energía sin cables entre dos puntos de un modo seguro.

 

El sueño de Tesla, sin embargo, no llegó a completarse por problemas financieros debido a la enorme inversión que requería y a una industria energética -encabezada por Edison- totalmente en contra de un modelo que supondría energía prácticamente gratis para todo el mundo. El nombre Wardenclyffe, por cierto, es un homenaje a James S. Warden, un banquero que compró los terrenos donde se asentaba a unas 60 millas de Manhattan, en Long Island.

 

El proyecto de ciudad-radio de Warden y Tesla, donde todos los hogares accederían a energía gratis y estarían perfectamente abastecidos y comunicados funcionó parcialmente puesto que Tesla hizo en varias ocasiones que funcionara con éxito. Sin embargo, en una de ellas se sobrepasó el límite de potencia de la estructura y ardió parcialmente.

 

Finalmente, la Primera Guerra Mundial sirvió de excusa para destruirla puesto que era un obstáculo para el vuelo de globos furtivos y los militares aseguraron que podría servir de referencia para posibles ataques de submarinos alemanes.

 

Otros inventos y descubrimientos de esta eminencia han sido la lámpara fluorescente sin filamento, los dispositivos de electroterapia, los sistemas de propulsión mediante electromagnetismo, la bobina Tesla, los principios del radar, el submarino eléctrico, el teslascopio, la bujía de los motores de explosión, los aviones STOL, la transmisión de electricidad con un sólo cable, multitud de estudios con rayos X y el radiogoniómetro.

 

Los esfuerzos de Edison por minimizar el genio de Tesla se tradujeron en que nunca obtuvo un premio Nobel a pesar de sus grandes descubrimientos. Curiosamente, sólo recibió la Medalla Edison, máxima distinción otorgada por el American Institute of Electrical adn Electronics Engineers.

RAV 4, el SUV de Toyota se electrifica

En esta bitácora siempre hemos aplaudido los maravillosos vehículos eléctricos de Tesla Motors, así como la apuesta por los automóviles híbridos que Toyota lleva haciendo desde hace más de una década y media. Ahora, el primer fabricante mundial y el constructor premium eléctrico californiano se han unido para electrificar uno de los primeros SUV del mercado, el célebre RAV4.

 

Bajo la denominación de RAV4 EV, el «crossover» nipón recibe un sistema motriz y un equipo de baterías desarrollado por los ingenieros estadounidenses y que se adaptará a las medidas del modelo que se comercializa en Norteamérica -ligeramente más largo que el modelo europeo-.

 

El fabricante garantiza una autonomía eléctrica de 160 kms gracias a un coeficiente aerodinámico mejorado y a un motor que eroga hasta 156 caballos. En cuanto a prestaciones, como casi todos los Tesla disfrutará de dos modos, uno «normal» con un sprint de 0 a 100 en 8,6 segundos y una velocidad máxima de 135 km/h y un modo «sport» donde la aceleración baja hasta 7 segundos -excelente para un todocamino y posible gracias a su enorme par motor- y una punta de 160 km/h.

 

Estéticamente el SUV cambia sólo por la forma de sus paragolpes (tanto delantero como trasero), los retrovisores, el capó, el carenado de los bajos y el spoiler trasero modificados para bajar su Cx a 0,30. En cuanto a las ópticas, su formato será similar al del nuevo Yaris Hybrid y contará con diodos luminosos, con lo que prescinde del Xenón -que suele demandar muchos más recursos eléctricos-.

 

En el interior destaca la calidad de los materiales -y no sólo la sensación percibida- así como una enorme pantalla táctil de 8 pulgadas que permite manejar la radio, los archivos de nuestro smartphone -vía Bluetooth o cable USB- y el sistema de navegación. Además, el software nos permite conocer en todo momento el estado de carga del vehículo y otros datos de interés de la conducción -como la eficiencia que hemos mantenido durante el viaje-.

 

El RAV4 EV se fabricará en la planta que Toyota tiene en Ontario (Canadá) y tiene una previsión de venta de 2.600 unidades en el próximo trienio. Por último, hemos de recordar que a mediados de los ’90 Toyota ya comercializó un RAV4 eléctrico en Estados Unidos aunque en aquella ocasión se decantó por las poco eficientes baterías de hidruro-níquel en vez de las novedosas Ion-Litio que llevará en su interior esta segunda generación.

 

Esperemos que lo comercialicen en Europa, un continente donde la demanda de vehículos eléctricos es mucho menor debido a la gran implantación de los diésel que ofrecen una gran relación precio-rendimiento-economía de uso.

Tesla, otro modo de entender la automoción

A menudo unimos Baviera, Turín o Detroit al mundo del automóvil del mismo modo que Silicon Valley a las tecnologías más vanguardistas pero, ¿qué ocurre cuando el mundo del motor da el salto a la Bahía de San Francisco? Nacida en julio de 2003 de la mano de los ingenieros Martin Eberhard y Marc Tarpenning en San Carlos, California, Tesla Motors es la máxima expresión de cómo tecnología, automoción y sostenibilidad pueden y deben ir de la mano.

Tesla Roadster

El primer proyecto que compartieron ambos ingenieros -y de paso el que lanzó a su pequeña firma al mundo- fue el Tesla Roadster, un deportivo completamente eléctrico con unos registros que ninguno de sus rivales podía soñar. Fabricado entre 2008 y 2011, el Roadster gozaba de una autonomía de 393 kilómetros con una velocidad punta autolimitada de 201 kilómetros hora y una aceleración brutal (de 0 a 100 en menos de 4 segundos). Sin embargo, lo más llamativo de este modelo es que su coste por milla era de unos dos centavos de dólar.

Dado a conocer en 2006 en Hangar Baker en el aeropuerto de Santa Mónica -en un evento al que sólo se invitó a 350 personas-, fue exhibido al gran público en el Salón del Automóvil de San Francisco de ese mismo año. Su desarrollo corrió a cargo de la firma británica Lotus -conocida por la excelente manejabilidad de sus modelos- que cedió la base de su Lotus Elise. A partir de aquí, Eberhard y Tarpenning crearon un nuevo chasis y una nueva carrocería íntegramente en fibra de carbono para minimizar el peso del conjunto (muy penalizado por las baterías).

El modelo fue fabricado en la mítica factoría de Lotus en Hethel (Inglaterra) con el chasis y los componentes facilitados por los californianos. Cuando el proyecto fue creciendo se globalizó y Tesla abrió fábricas de motores en Taiwán, de sistemas de almacenamiento de energía en Tailandia y, finalmente, la gran planta de ensamblaje en San Carlos (California).

Lo más curioso es que para el tren motor Tesla empleó un boceto desechado por General Motors (al que le adquirieron la patente) y que posteriormente mejoraron para aligerarlo, hacerlo más eficiente y, sobre todo, más sencillo -y, por tanto, con menos probabilidad de fallos-.

El 1 de febrero de 2008 se entregó el primer modelo de calle. Después de 3 años en el mercado los californianos comercializaron más de 2.500 unidades por un precio sorprendente de 98.000 dólares. Sí es cierto que las últimas ediciones costaban unos 109.000 -más equipadas y con mejor comportamiento y autonomía- y que todos los modelos que estaban más lejos de 160 kilómetros de un punto de mantenimiento tenía un sobrecoste de 8.000 dólares por la manutención a domicilio, pero estas cifras siguen siendo insignificantes comparados con otros deportivos mucho más convencionales. Por cierto, en breve se presentará una nueva versión más actualizada del mismo.

Tesla S, ampliando miras


El siguiente paso para Tesla -muy debilitada por la crisis económica- fue la reconversión de su gama a una que cubriera más mercado. Es por ello que decidieron sustituir su famoso deportivo -convertido casi en modelo de culto por sus peculiares características- por una berlina deportiva. El nuevo Tesla S quiere recuperar la esencia de los automóviles pioneros -cambiar nuestro modo de entender la movilidad- y, de paso, ser punta de lanza de una industria automovilística americana que se ha visto muy debilitada en las últimas décadas.

Es por ello que el Gobierno de Barack Obama decidió insuflar una subvención de 260 millones de dólares a los californianos. Su presentación, la verdad, indica que lo merece: una berlina para hasta 7 personas con un coste de 10 euros cada 500 kilómetros.

Nacido como el prototipo «WhiteStar», se presentó en 2010 como una alternativa a las grandes berlinas BMW Serie 5 y Audi A6. ¿Lo mejor? Un precio de 60.000 dólares para el mercado doméstico. Además, para potenciar aún más su gancho con el público estadounidense se anunció la creación de una nueva planta para este modelo en la Bahía de San Francisco. El devenir de este producto es fundamental si tenemos en cuenta que de sus beneficios se creará el BlueStar, otra berlina más asequible.

Las cifras del modelo que se comercializará son tan espectaculares como las de su predecesor: 250 caballos y un régimen de trabajo de hasta 13.500 rpm. Con ello, esta berlina de 5 metros alcanzará los 209 kilómetros por hora y tendrá una aceleración en el 0 a 100 de 5,7 segundos. Impresionante. Por cierto, para evitar los problemas que dio la antigua transmisión de dos marchas de la primera versión del Roadster, se ha desarrollado una nueva de una sola marcha mucho más fiable.

El cliente podrá escoger entre dos tipos de baterías. El conjunto pequeño permitirá una autonomía de más de 250 kilómetros, mientras que el grande la aumentará hasta casi 500. El peso en báscula del modelo más capaz no sobrepasará los 1.800 kilos, en la media de su categoría.

Tesla Model X, la moda de los SUV

La gran sorpresa del fabricante, sin duda, se dio en el pasado Salón del Automóvil de Los Ángeles cuando presentar el Model X, un SUV con tracción total que también podrá adquirirse con propulsión 4×2 y que en su versión inicial llamo la atención por la apertura (a modo de alas de gaviota) de sus puertas.

Basado en el Model S, con el que comparte el 60% de sus componentes, tiene complementos tecnológicos como la altura variable de la carrocería de modo automático en función de la velocidad. La disposición de los motores (en las ruedas) y de las baterías, en la zona central para dar una mejor manejabilidad al conjunto, habilitan dos enormes maleteros (capó y parte trasera).

Las primeras unidades del todocamino -que casi calca las prestaciones de la berlina- se entregarán en 2014 con un precio que rondará los 50 o 70.000 dólares en función de las baterías elegidas. Todo un ejemplo de que la movilidad sostenible es posible. Sólo falta que los demás fabricantes -y gobiernos- se den cuenta y se aparten de los lobbys petroleros.