Europa, el drama de la ciencia

La pésima política educativa y los recortes llevados a cabo por los países europeos (especialmente los del Sur) empiezan a dar sus frutos: la Comisión Europea ha alertado a los miembros de la Unión que atajen la falta de estudiantes interesados en el estudio ramas científicas y tecnológicas en favor de las humanidades. Sobre todo en un momento en el que las nuevas tecnologías y la investigación se muestran como la mejor (por no decir la única) vía para superar esta crisis y sentar las bases para no sufrir ninguna otra parecida en mucho tiempo.

 

Es cierto que el número de licenciados en matemáticas, ciencias y tecnología ha aumentado pero, en relación a los demás graduados, su peso específico ha pasado del 24% al 21% (en Estados Unidos o Japón superan holgadamente el tercio del total). La situación es tal que Androulla Vassiliou, comisaria europea de educación, ha explicado que es hora de «repensar la educación para que se adapte a las necesidades de la sociedad». El problema es que Bruselas no tiene competencias para obligar a los Estados miembros y la estrategia de recortes sociales exigida desde Berlín -la que no aplicaron cuando se reunificaron con la RDA- está arrastrando a millones de estudiantes en todo el continente a formarse con un sistema educativo deficitario.

 

Aún así, estos porcentajes no son iguales en todo el continente. De nuevo, la brecha entre norte y sur es enorme pero ni siquiera los primeros se salvan. Finlandia, por ejemplo, líder en el estudio PISA de la OCDE, no cubre ni siquiera un tercio de los licenciados y Chipre tiene una cifra alarmante: un 13% de los estudiantes se gradúa en una rama científica.

 

No obstante, no sólo los dirigentes políticos han mostrado su preocupación. Las empresas llevan tiempo reclamando una mayor inversión en los estudios científicos que hagan que los jóvenes guarden interés por esta rama de la educación y así se pueda cumplir el déficit de trabajadores cualificados en esta área del conocimiento. Sobre todo desde que el modelo de crecimiento de muchos países -con España y Grecia a la cabeza- ha demostrado que es absolutamente inviable. En el Estado, por ejemplo, en 2015 habrá una demanda de 42.000 trabajadores con cualificación tecnológica que quedarán desierta. Todo ello con una cuenta de más de cinco millones de desempleados.

 

La patronal pide que se permita acceder a las empresas en la educación del mismo modo que ocurre en Estados Unidos: permitiendo visitas a los centros educativos antes de que los adolescentes escojan su rama de estudios «definitiva»para que los jóvenes sean conscientes de lo que el mercado laboral les demandará al salir de la universidad. Lo que no han dejado claro es si colaborarán con las instituciones públicas como ocurre allí: BMW, por ejemplo ha construido una de las mayores facultades de diseño industrial en Alabama y Apple, Google y Microsoft son grandes mecenas de instituciones como StanfordCalTech o Berkeley.

 

Por su parte, el Ejecutivo Continental muestra en su informe la falta de profesores cualificados en áreas como las matemáticas, la física o las ciencias de la salud que sean capaces de incentivar los intereses de los jóvenes por estos campos. El objetivo es eliminar la idea de los estudiantes de que las ciencias son materias áridas, complicadas y con un futuro profesional sólo ligado a la universidad o a la investigación pública.

 

En una entrevista proporcionada a El País, Lorenzo J. Blanco, Catedrático en Didáctica de las Matemáticas, explica que uno de los problemas es que «los enunciados de los problemas matemáticos en el siglo XXI son los mismos que los que había en el siglo XIX». Esto hace que los estudiantes «no vean ninguna conexión entre las cosas que se les enseña en clase y las cosas que les llaman la atención en la vida diaria». Algo sobre lo que reflexionar, sobre todo si tenemos en cuenta que se ha demostrado que los alumnos interesados en las matemáticas muestran más interés en el aprendizaje de otras materias científicas y que suelen obtener mejores resultados en todos los campos que se evalúan.

 

Si a esto le unimos la continua pérdida de peso de las ciencias en el currículo escolar -algo que no tiene que ver con la evolución de la sociedad desde hace años-, así como la falta de presencia femenina en las carreras científicas y tecnológicas (se trata del grupo con menor fracaso escolar). Por último, los expertos consideran que el otro problema se encuentra en la fractura social que se da entre la oferta de formación profesional y su aplicación en la economía real. La solución a estos tres puntos, de nuevo, parece pasar por una colaboración público-privada que permita que los jóvenes conozcan todas las posibilidades de cada carrera y, sobre todo, la demanda social de profesionales en cada momento. Además, esto también permitiría a las compañías moldear continuamente profesionales especializados en su demanda.

 

Los países donde la formación profesional está más desarrollada y adaptada a la realidad y donde se da una mayor colaboración entre la Administración y las empresas privadas son aquellas que tienen menos paro, mejor soportan las crisis y tienen rentas per cápita más altas así como un IDH más elevado (entre otros factores porque la formación media de la sociedad es más alta).

 

La última propuesta de las Comisión es que se tomen materias como la lengua o las nuevas tecnologías como herramientas transversales para el desarrollo y apuntalamiento del estudio de otros campos. Parece que es hora de que se pueda construir una educación híbrida (público-privada) y unificada en toda la Unión Europea donde el conocimiento tecnológico, científico y de idiomas prime sobre otros estudios que, aunque igual de útiles en el desarrollo personal del individuo -historia o filosofía- parecen tener una menor aplicación práctica en el siglo XXI. Además, minimizar el fracaso escolar y derribar las barreras de sexos en ciertos campos pueden asegurar un futuro competitivo y más igualitario en el Viejo Continente. Esperemos que, por fin, algunos se enteren de que la educación es una inversión y no un gasto.

Cambridge, el ave fénix

Cualquiera al que se le mente la ciudad británica de Cambridge piensa casi inmediatamente en su celebérrima Universidad. Todos los aspectos del municipio están vinculados a la enorme -por importante- institución docente. La arquitectura, el empleo, la «vida» del pueblo. Su fábrica de cerebros ha sido uno de los sustentos del Reino Unido -y de gran parte de Europa- durante siglos, sin embargo, el empuje de las universidades estadounidenses y de algunas otras continentales y asiáticas hacían que desde hace tiempo se pensara en replantear la relación entre la institución y la sociedad. Una vez más, Cambridge aúna tradición y vanguardismo para convertirse en «Silicon Cambridge».

 

Empresas como Team Consulting, sitas en esta zona de la campiña son el ejemplo de cómo sobrevivir a una crisis que, aunque en menor medida que en el Estado, también está afectado a los dominios de «Su Majestad». El asesor jefe de esta empresa de 26 años mostraba a los reporteros de El País hace unos días una unidad que permite mantener de forma artificial un hígado transplantado durante 24 horas. Un hito casi imposible.

 

En un momento en el que el sector público británico sufre los embates de la crisis de la deuda y las PYMES luchan por sobrevivir, la apuesta por las empresas de alta tecnología ha permitido que este reducto británico sobrelleve mejor -mucho mejor- la recesión que otras regiones del país. De hecho, desde que las autoridades de la región decidieron transformar la villa universitaria -como hemos dicho, poco activa económicamente al margen de la educación- en un cluster tecnológico, la economía de Cambridge ha crecido sostenidamente un 2,9% durante 2009 y 2010 y, lo mejor, la tasa de paro es del 1,9%, la más baja con diferencia de todo el Reino Unido.

 

La apuesta por la «concentración de alta tecnología» ha conseguido que se muden a Cambridgeshire 1.400 empresas que emplean 40.000 personas en sectores tan diversos como la biotecnología, las TICs y, sobre todo, las tecnologías limpias.

 

La especialización de su mercado y la apuesta de diferentes gobiernos de todos los colores por esta estrategia ha hecho que se dé una enorme concentración de capitales en la región gracias a su enorme atractivo -por su eficiencia- para los inversores de todo el mundo. La variedad de industrias y su solidez en sus respectivos mercados ha hecho que ninguno tenga que soportar en solitario la presión económica de la zona. Aquí reside su dinamismo.

 

Para explicar las claves de este «fenómeno Cambridge» los periodistas de El País acudieron a Charles Cotton. Llegó en 1983 a la zona para trabajar con Clive Sinclair y ha visto la metamorfosis de la universidad. «Ha pasado de una actitud forjada a partir de 1960 que consistía en dar la espalda a la industria y el comercio -«no querían acabar como Oxford», aclara- para convertirse en el centro del polo tecnológico».

 

Todo empezó en 1970 cuando, muy tímidamente, el Trinity College fundó el Cambridge Science Park. Se trata del centro de Investigación y Desarrollo comercial más antiguo de Europa. El siguiente paso fue la creación del Cambridge Enterprise para gestionar la enorme cantidad de patentes que se generaba en las aulas universitarias y sacarle un rendimiento económico con su cesión a las empresas. Esto, a su vez, hizo que esta universidad fuera cada vez más interesante para los licenciados y los futuros estudiantes.

 

La fidelización de los primeros adheridos al proyecto de «resucitar» la universidad también fue fundamental. Muchos de los pioneros renunciaron a ganar fortunas en el sector público para incentivar que ingenieros, empresarios y científicos llegados de todas partes supieran como utilizar sus ideas, adaptarlas y transformarlas en empresas más o menos grandes pero con el éxito como factor común.

 

La dimensión humana del proyecto -explica parlamentario Julian Huppert- es «fundamental». «Cambridge -explica- es un conjunto de personas interesadas que hacen cosas interesantes en un lugar pequeño». Sus condiciones, concluye, son complicadas de reproducir en otras partes del país. Además, la calidad de vida de la zona hace que resulte muy atractiva para retener la «enorme reserva de talento» que hay en la zona.

 

Otro maravilloso ejemplo de como renovar una institución centenaria… y de cómo esta puede regenerar toda una zona. No es necesario migrar a California para conseguir el éxito así que esperemos que Euskadi pueda ser el nuevo «fenómeno» mundial en plena crisis económica.

Microsoft y Google, con los estudiantes

Hemos hablado en más de una ocasión sobre el peso que tendrán (esperemos) las Tecnologías de la Información y la Comunicación en la educación y el desarrollo de los jóvenes. Su enorme potencial las convierte en herramientas que, bien empleadas, se convierten en un magnífico altavoz de las capacidades de nuestros estudiantes -de cualquier edad, no sólo los llamados nativos digitales-. Ante el vacío que todavía existe en este campo, Microsoft y Google, dos de las empresas más punteras, han decidido aprovechar su experiencia -y su tecnología- para crear una nueva red social y un nuevo portal de vídeos que harán las delicias de alumnos y profesores.

YouTube EDU, YouTube para las escuelas


Sin duda el sector que más demanda los contenidos de YouTube es el de los jóvenes. Totalmente habituados al uso de dispositivos conectados a la red, no sólo consume los contenidos de este portal, sino que normalmente también los crea. No obstante, una preocupación lleva recorriendo meses la sede de la filial de Google en San Bruno: algunas escuelas bloquean que sus alumnos puedan entrar en esta web debido a los contenidos con los que se pueden cruzar.

Para evitar esto, la empresa de Larry Page ha decidido crear YouTube EDU, un portal de contenidos audiovisuales en el que, según explica en su propio blog «los centros educativos pueden personalizar el contenido al que sus alumnos pueden acceder».

Todos los centros pueden acceder al catálogo completo de YouTube EDU, pero, además, los profesores y administradores de los colegios pueden acceder también al YouTube convencional para crear listas de reproducción de archivos que le resultan interesantes y que pasarán a estar disponibles en el servicio educativo.

Para proteger aún más a los alumnos, se han desactivado la posibilidad de realizar comentarios o de ver los que aparecen en la web YouTube.com, así como navegar por vídeos relacionados. De momento, para este uso «responsable» del servicio las escuelas cuentan, de entrada, con 300 listas temáticas de vídeos.

El blog explicativo nos recuerda la imagen -que casi todos los nacidos antes del año 2000 recordaremos- de un profesor entrando en el aula con un televisor y un videocassette. Ahora cualquier contenido estará disponible en el ordenador del alumno para agilizar más las clases. Además, «capar» el acceso al catálogo completo evitará distracciones de los estudiantes.

Sin referirnos a YouTube, Google también ha puesto en funcionamiento una herramienta similar a los agregadores de contenidos en el que los propios medios de comunicación pueden resaltar noticias que creen serán de interés para los usuarios del buscador. Disponible en el Estado desde el pasado día 13, cuenta con la colaboración de ABC, As, Cinco Días, El Mundo, El País, Expansión, La Información, La Razón, La Vanguardia, Marca, Mundo Deportivo y Público.

So.cl., la apuesta de Microsoft por los estudiantes


Casi todo el mundo sabe que Facebook, el gran negocio de Mark Zuckerbeg y la principal red social en la actualidad nació como un proyecto de sitio de estudiantes en la prestigiosa universidad estadounidense de Harvard. Sin embargo, su enorme éxito la ha convertido en un gran servicio abierto a todo el mundo.

Acogiéndose a estas dos ideas, Microsoft lanzará So.cl., una red social orientada a los estudiantes para que mejoren los procesos de aprendizaje gracias a las herramientas sociales. De este modo, la multinacional de Redmond deja claro que este proyecto -en nuestra opinión arriesgado pero que tiene su «hueco» gracias a su diferencia respecto a la competencia- no tiene como fin competir con Facebook, Twitter o Google Plus, grandes dominadores del mercado.

De momento, la web está siendo probada en tres universidades estadounidenses en la que los alumnos, según Microsoft, pueden «repensar la manera de aprender y comunicarse». Su bandera blanca con la red social de Zuckerberg queda clara si tenemos en cuenta que para entrar en So.cl., de momento, es necesaria una invitación desde Facebook -de la que, por cierto, la empresa de Windows es accionista-.

En la noticia de presentación en el blog, Microsoft explica que en el diseño de su página principal se combinan el empleo clásico de las redes sociales con las búsquedas (Bing tendrá un papel relevante) de modo que los usuarios podrán potenciar un modo de trabajar más colaborativo.

«Esperamos que los estudiantes sigan usando productos como Facebook, Twitter, LinkedIn y otras redes sociales, así como Bing, Google y otros buscadores». ¿Exceso de confianza o pocas expectativas?

Robos tecnológicos, vuelve la Guerra Fría

Con esta fotografía, mezcla de CSI, un fotograma de Transformers y recuerdos de la Guerra Fría durante los años 80 ilustraba el diario [Enlace roto.] la última tensión que se ha provocado entre Estados Unidos -uno de los faros tecnológicos del planeta- y China y Rusia -rivales históricos y amenazas a su dominio técnico y económico en el planeta-.

El informe del Gobierno de Washington es tajante: «el crecimiento económico de China está basado en el robo sistemático y creciente de tecnología norteamericana y de otros países occidentales» en lo que cataloga como «una de las mayores amenazas a la legítima competencia comercial en este tiempo de avanzados sistemas de comunicación».

El dossier, llevado a cabo por los sistemas de inteligencia estadounidenses y presentado el pasado 3 de noviembre ante el Congreso de ese país explica que «los agentes chinos son los más activos y persistentes perpetradores mundiales de espionaje económico». Desde compañías privadas hasta especialistas en el ciberespacio han hecho públicos en ocasiones que han detectado el origen de las incursiones y los ciberataques en Pekín, pero, hasta ahora, ningún gobierno se había decantado tan claramente por esta opción.

La operativa que suelen emplear, explican, consiste en emplear frecuentemente a ciudadanos chinos o personas con algún vínculo con China y que tienen acceso a redes corporativas para robar secretos mediante el uso de dispositivos móviles o correos electrónicos. Los datos, en este caso, parecen apoyar la teoría: los siete casos juzgados bajo la Ley de Espionaje Económico de 2010 tiene lazos con el gigante asiático.

Sin embargo, las acusaciones no se quedan en la nueva potencia económica. Desde la capital americana acusan a Rusia como el segundo de la lista en estas operaciones de espionaje. «El interés de los servicios rusos de espionaje es fundamental para el desarrollo tecnológico que el país está intentando desde hace años». En este caso los responsables estadounidenses temen por la posibilidad de que estos secretos tecnológicos acaben en manos de activistas políticos o hackers como WikiLeaks.

Impacto económico y en otros países


Según han sabido fuentes de El País, los analistas estiman que el impacto económico de estas actividades ilegales fue en 2009 de unos 50.000 millones de dólares. Si bien explican que su carácter irregular hace complicado poder dar una cifra exacta. Para apoyar sus acusaciones, el Gobierno de Estados Unidos explica que otros países europeos como Alemania, Francia o Reino Unido ya han denunciado esta situación -con origen en ambos países- y han reclamado compensaciones millonarias a sus gobiernos.

Hasta el momento, tanto Moscú como Pekín han negado categóricamente estas actividades, aunque han reconocido que sí se han podido dar «casos aislados» de pirateo por parte de particulares. Asimismo, ambos ejecutivos se han negado a crear una legislación más dura para evitar estas prácticas. Sin embargo, los expertos consideran que la situación ha dado un vuelco importante.

Ahora tanto el informe como el comunicado elevan la presión sobre ambos gobiernos hasta el punto que se dan nombres de ciudadanos chinos que han actuado bajo consentimiento chino y ruso. Es por ello que Barack Obama tratará este tema en persona esta misma semana con su homólogo chino Hu Jintao.

Objetivo: TICs


Lo más llamativo de todo el contenido del informe es que queda plasmado cual es el objetivo primordial de las redes de espionaje de ambos países: las tecnologías de la información y la comunicación (TICs), sin duda las que más valor añadido tienen y a las que Barack Obama ha catalogado como «la línea medular de todas las demás tecnologías» ya que engloban los datos sobre recursos naturales, desarrollo de tecnología militar, desarrollo de vehículos inteligentes -tanto para uso civil como militar- y otras tecnologías aeroespaciales y aeronáuticas.

Es precisamente uno de estos puntos uno de los que más preocupa al ejecutivo. China ha mostrado un gran interés en modernizar y reforzar sus fuerzas armadas en los últimos tiempos y ha dedicado grandes esfuerzos (tanto de desarrollo como de espionaje) para encontrar tecnologías que le permitan convertirse en un productor clave del mercado militar. Uno de los casos más llamativos fue la presión que hizo sobre el Gobierno de Pakistán -con el que tiene una gran  relación- para poder acceder a los restos del helicóptero militar que los soldados estadounidenses dejaron abandonado en la casa de Osama Bin Laden hace meses.

El fondo del debate más allá. En una época en la que el planeta empieza de nuevo a polarizarse con el ascenso de una segunda superpotencia en condiciones de mostrarse como alternativa a Estados Unidos y a Occidente, las relaciones se tensan ante la imposibilidad de restringir el acceso a ciertas informaciones. Asimismo, todos los analistas coinciden en la necesidad de buscar un nuevo modelo de relaciones diplomáticas que englobe nuevos canales como Internet. Una nueva era se acerca.

TICs, nuevos desafíos y oportunidades (III)

Hemos analizado hasta ahora el impacto de las nuevas tecnologías en la economía -su relación con la renta y el desarrollo humano- y su forma en la que muchos las vemos como un remedio necesario para la crisis y para cimentar un futuro más estable -como mínimo- para las generaciones venideras. Además, hemos «descubierto» la necesidad de crear una costumbre de invertir en investigación, desarrollo e innovación para crear un poso en la sociedad que sirva para convertirla en un ente más dinámico y creativo.

Asimismo, cuando hemos analizado la relación de la inversión en nuevas tecnologías hemos denotado que es tan importante poner los medios -las infraestructuras- como dotar a las personas de recursos para saber utilizarlas y, por lo tanto, que puedan aumentar su productividad. Toda herramienta -sea cual sea su carácter, desde una azada hasta un iPad- necesitan de alguien que sepa como emplearlas eficientemente para resultar eficaz (matar una mosca con un cañón es eficaz ya que conseguimos el objetivo pero no eficiente por el despilfarro de recursos).

Es por ello que hemos de educar a nuestros ciudadanos. Y es aquí donde el factor social de las nuevas tecnologías toma una importancia capital.

Los nativos digitales, el futuro


Aunque es pronto para hablar de una nueva era en el desarrollo de la Humanidad -para los más optimistas que hablan de un nuevo tipo de homo sapiens siento decepcionarles- no lo es para darnos cuenta de que nuestros hijos son diferentes y se comportan de un modo diferente a nosotros cuando teníamos su edad.

Las nuevas tecnologías se han insertado, como ya hemos dicho antes, en todas las facetas de nuestras vidas de modo que la nueva generación se ha criado conviviendo con ellas. Marc Prensky, reputado especialista estadounidense en sociedad, la ha denominado «nativos digitales». En un artículo llamado «Digital Natives, Digital Immigrants» Prensky nos explica que los jóvenes pasan cada vez más tiempo delante de los ordenadores, videoconsolas, teléfonos móviles y otros dispositivos que han cambiado no sólo sus costumbres sino también sus formas de comunicarse -más complejas al haber nuevos canales- sino su lenguaje.

Hasta aquí no hay nada excesivamente sorprendente: toda revolución ha cambiado el modo de comportarse de las nuevas generaciones. La aviación, el automóvil y el tren cambiaron el concepto de distancia. Los electrodomésticos facilitaron la vida en el hogar. La industria modificó los estratos sociales y acabó convirtiendo una sociedad de subsistencia en una de consumo. Lo que ha cambiado esta vez es que se ha demostrado que el uso intensivo de las nuevas tecnologías y todo lo que ello conlleva (comunicación y lenguaje, entre otras) está cambiando los patrones de funcionamiento y aprendizaje de sus cerebros.

¿Se ha preparado la sociedad para ello? Si atendemos a las estadísticas 1 de cada 4 personas en el mundo es usuaria de una red social, 1 de cada 3 es titular de una cuenta en internet, 1 de cada 3 tiene un teléfono móvil, 1 de cada 2 accede fácilmente a televisión… todos estamos expuestos a una inmensa variedad de fuentes de información: periódicos, televisión y radio son sólo una punta del iceberg formado por blogs, redes sociales, medios en internet y todo tipo de aplicaciones que se adaptan a todas y cada una de las formas tecnológicas que conocemos -tabletas, pds, netbooks, ultrabooks, smartphones, teléfonos móviles con acceso más modesto a internet, GPs, portátiles, ordenadores de sobremesa, iPods y mp4 con acceso a la web…-. Es lo que muchos llaman ya la infoxicación, esto es, el volumen de información al que accedemos es tan amplio que no somos capaces de verificarlo ni contrastarlo con lo cuál caemos en la desinformación.

Pero esta desinformación tiene un remedio: si enseñamos a las personas a ser capaces de manejar esos instrumentos y todo ese volumen de noticias y estímulos informativos serán aptos para procesarlos, retenerlos y verificarlos para, lo más importante, saber que hacer con ellos.

Los retos de la educación: nuevas tecnologías y nueva enseñanza


Del mismo modo que hemos hablado de los retos que tiene la sociedad para ser capaz de manejar toda esta información y de la evolución en el propio comportamiento y en el aprendizaje que están viviendo las nuevas generaciones -que no conciben una televisión que no sea plana, el sonido lento de un módem al conectarse a la red o [Enlace roto.]– ahora hemos de intentar descubrir cómo hemos de adaptarnos a nuestro propio futuro.

Una vez más, por recomendación de la obra i-Economía, me he dejado caer por la maravillosa web Voxy especializada en nuevas tecnologías y educación. En la imagen que hay justo encima de estas líneas podemos ver las diferencias que tenemos entre la educación clásica que recibió cualquiera de nosotros durante los años ’80 y ’90 y la que necesita actualmente un joven para sentirse lo suficientemente estimulado como para aprender.

Como ya hemos explicado antes, los procesos cognitivos están cambiando. La información viene cada vez más troceada y ha de ser más espectacular para resultar mínimamente atractiva para una generación acostumbrada a recibirla como si fuera un videoclip. Párrafos cortos y concretos donde todo está mucho más claro y donde casi no ha lugar a dar un «rodeo». Las cifras hablan por sí mismas: los jóvenes pasan más horas conectados a las nuevas tecnologías: unas 3 horas a los juegos y unas 6 a la televisión… lo que indica que una educación basada en libros llenos de letras pequeñas y con procesos deductivos largos son de todo menos atractivos. ¿Son por eso peores o mejores que los que se proponen? Son, simplemente, diferentes.

El actual sistema educativo se presenta como una estructura totalmente rígida desde infantil hasta la universidad. Los alumnos, con honrosas excepciones, se muestran como sujetos pasivos que reciben información de un emisor. La copian en sus cuadernos -si el centro es chic, en su portátil o tableta-, le memorizan, la replican en un examen y, finalmente, se les califica. Esto hace que cuando llegan al mundo laboral, donde se exige iniciativa, comunicación con sus pares y, sobre todo, tener recursos propios para conseguir la información que se les demanda, el sujeto sea completamente inoperativo. Además, para potenciar la cultura de la inmediatez, acostumbramos a nuestros alumnos a una evaluación corta que no permite conocer el desarrollo de los éxitos o fracasos del alumno a lo largo del curso académico.

La educación se ha quedado estancada en 1990 y el mundo está en 2011. Si tenemos en cuenta la comparación que hacíamos en el post anterior sobre quedarnos rezagados… eso es el equivalente a medio siglo y, lo peor, es que nada parece que esta brecha se acortará en breve.

¿Qué hacer entonces?


Del mismo modo que antes mostraba mi desdén por el que en ciertas regiones del mundo estamos viviendo la adaptación a las nuevas tecnologías -siempre como herramienta de mejora social y no como un modo de aumentar el rédito económico, eso vendrá solo si trabajamos correctamente- he de decir que, en este caso, Europa tiene un as en la manga.

Podemos hablar del Viejo Continente como uno de los pocos lugares donde existe una extensa red de universidades y colegios públicos que, bien organizados, deben permitir el acceso de toda la población a las nuevas herramientas que se nos prestan. Frente a otras regiones donde la enseñanza de calidad queda excluida a los centros privados, la Unión Europea cuenta con sistemas de enseñanza pública bien extendidos por su geografía -desde España hasta Suecia-. Sólo falta ser capaces de volver a plantearnos la educación como un sistema integral de formación en el que cada individuo es entendido como una parte de un conjunto superior y que tiene que adquirir la capacidad de utilizar los instrumentos que tiene a su alrededor. Para que esto suceda no sólo vale con poner por ley ordenadores en las aulas. Es necesario que los equipos docentes sean capaces de enseñar -y no replicar- a sus alumnos. De incentivar su creatividad. De motivarles para que pregunten, para que necesiten aprender y aprehender la información. Para que sepan cómo buscarla y qué hacer con ella.

En palabras más llanas: hubo una época en el que la mejor forma de aprender algo sobre el Crack del 29 y la Gran Depresión -muy en boga estos meses por culpa de la crisis que vivimos- era encerrarnos en una biblioteca rodeado de grandes volúmenes, sintonizar un canal de documentales y cruzar los dedos porque fuera el tema de la semana y, sobre todo, pasar muchas horas estudiando como comprender toda esa información y plasmarla lo más originalmente posible en un papel. Algo eficaz pero no eficiente.

A día de hoy las nuevas tecnologías nos regalan formas mucho más eficientes y, además, eficaces. Cualquier persona puede entrar en la red: leer información Wikipedia, entrar en los archivos de cualquier biblioteca nacional -si queremos más exactitud y rigor- acceder a documentales en cualquier página dedicada, maquetarlo rápidamente con un programa como PagesPower PointOpenOffice y que nos sobre tiempo para imprimirlo antes de la cena. ¿Es peor opción? No siempre. Si somos capaces de que el alumno retenga parte de la información mientras trabaja en la redacción o el informe habremos conseguido que tenga más tiempo para hacer más trabajos, que sea capaz de sumergirse más en el proceso y que, además, haya aprendido nuevas habilidades para buscar y seleccionar la información correcta.

Es aquí donde está la importancia de la educación. La necesidad imperante de invertir en que nuestras nuevas generaciones sean capaces de manejar eficientemente todas las herramientas que el desarrollo tecnológico les brinda. Si conseguimos eso habremos logrado que la semilla que queríamos sembrar en el páramo yermo que es la antigua educación redunde en una bonita flor que se convertirá en bosque.

Muchas veces damos por perdido a un joven que no aprueba historia porque no sabe -y probablemente no le interese- cuál fue el último Rey Godo o el nombre del autor de El Nombre de la Rosa. Sin embargo, no somos capaces de ver sus habilidades cuando ese mismo joven es capaz de montar en un ordenador un videoclip o es capaz de pasarse horas buscando archivos en la red, descargarlos sin virus en su ordenador, pasarlos a su equipo de reproducción portátil, compartirlo con sus amigos y ponerlo de todo en una llamada en otro dispositivo con un sistema operativo incompatible. Ese chico tiene conocimientos el problema, seguro, es que no sabe cómo utilizarlos.

Las nuevas tecnologías han llegado para quedarse. Ahora tenemos dos opciones: aprovechar nuestra ventaja estructural y enseñar a las nuevas generaciones como utilizarlas para que sean fuentes más potentes de conocimiento o verlas como una amenaza y hacer que todo el potencial de nuestro futuro se quede baldío.