Cinco lanzamientos estrella, cinco lanzamientos estrellados

Como siempre hemos dicho la única diferencia entre el sector tecnológico y los demás es la velocidad con la que se reproducen los ciclos de lanzamiento, maduración y desaparición de los productos y servicios empujados por una casi enfermiza sensación de obsolescencia y, sobre todo, por una enorme capacidad de innovación. Por eso nos ha llamado especialmente la atención un post que aparecía la semana pasada en Genbeta y que nos recordaba el caso de Tidal y otros cuatro «éxitos asegurados» que acabaron convirtiéndose en flagrantes fracasos.

El más llamativo, por su repercusión mediática, la de sus creadores y su autoproclamado objetivo es, sin duda, Tidal. El servicio de música en streaming ideado por Jay-Z y otros nombres importantes de la música tenía como objetivo crear un sistema a su medida para aumentar sus márgenes de beneficio. Lo aderezaron con una presentación por todo lo alto, le añadieron un innecesario y carísimo servicio de música en alta definición y fusilaron la interfaz de su peor enemigo, Spotify.

¿El resultado? En diciembre llevaban 12.000 suscriptores y no han vuelto a actualizar la cifra -y esta suele ser anunciada a bombo y platillo como la mejor publicidad y el mejor aval posible cuando es buena-. Lo más curioso es que gran parte de los 17 artistas que lo pusieron en marcha han dejado de referirse a Tidal en sus cuentas en redes sociales y que Madonna se ha volcado de pleno… con iTunes.

Algo parecido ocurrió con Quitter. Su presentación es, sin duda, digna de otra época: «somos una federación (sí, subrayado) de microblogueros que, como tú, estan (sí, sin tilde) motivados por ética y solidaridad y quieren abandonar los servicios capitalistas centralizados». La traducción suponemos que es que quieres dejar Twitter para pasarte a una red social descentralizada.

Su funcionamiento es una maraña de dominios y portales, inscribirse en bastante más complejo de lo que debería y comunicarse con otros usuarios es digno de las webs más difíciles de principios de siglo. Y para muestra un botón: cómo explican ellos mismos el funcionamiento de la plataforma.

El tercer experimento que cayó estrepitosamente es también reciente. Se trata de Ello. En cuanto recibimos la invitación nos dimos de alta en una red social que parecía cumplir con todos los requisitos para funcionar bien. Bien diseñada, sencilla de utilizar, bien estructurada y con la pócima secreta de Google para crear éxito: la entrada por invitación.

¿Qué falló entonces? No ofrecía nada nuevo. Una red sin anuncios, que blindaba nuestros datos de ser comercializados y que buscaba ser referentes por sus contenidos de calidad. Lo malo es que movilizar a los usuarios de una red social a una nueva donde probablemente no estén sus contactos y hacerlo con las bazas que ya tienen otras redes sociales -muchas de las cuales también han fracasado- es un suicidio. Ahora, a pesar de las inyecciones de dinero que han recibido a finales de 2014 la red social parece condenada.

Y es que esta crónica es muy similar a la de Secret una red social que partía de un planteamiento tan interesante como poder lanzar un mensaje de forma completamente anónima desde el móvil y poder comentarlo también de forma anónima. Su polémico pero atractivo formato hizo que recibiera una buena dosis de financiación pero un fallo en su seguridad -su identidad- que sacó a la luz a multitud de autores de mensajes y, sobre todo, acabar convertida en una colección de mensajes proponiéndose sexo entre usuarios así como una oda al insulto anónimo al personaje público ha hecho que caiga en el olvido.

El último batacazo de Genbeta se lo lleva App.net. Un laboratorio para desarrolladores que desde el principio dejaba claro que no vendería sus datos y que sobreviviría de las cuotas de quienes lo usaran. Y precisamente esa especialización acabó sentenciando a esta buena idea. Los usuarios «normales» no pintábamos nada allí y los desarrolladores que querían probar cosas no son suficientes en número para evitar los recortes de plantilla y caer en objetivos muy humildes. Aún así, de allí salieron proyectos tan interesantes como Backer, una plataforma de crowdfunding con Bitcoins que parece que tendrá una vida más laureada que la de su plataforma de lanzamiento.

Tidal, el fallido intento de suplantar a Spotify

La relación entre las discográficas, los artistas y la industria tecnológica siempre ha sido complicada. La revolución digital trajo primero una tasa de piratería que se llevó por delante gran parte del negocio. iTunes fue visto como un mal menor de la mano de un producto fetiche y una empresa primero de moda y ahora innegociable (¿qué artista se atrevería a salirse de iTunes Radio teniendo en cuenta que iTunes sigue siendo la principal fuente de ingresos para muchos?). Después, la explosión de los servicios de música en streaming hizo que todos los artistas «valieran» lo mismo y el éxito de Spotify (sobre todo), Rdio, Vevo, Napster, Xbox Music, YouTube, Deezer y compañía mermó, sobre todo, el ego de los músicos.

Así, después de que Taylor Swift se escapara de Spotify porque lo consideraba injusto (luego se supo que realmente estaba promocionando un servicio de la competencia) ahora son varios los artistas que han decidido crear su propia plataforma para evitar el sistema «criminal» que hay ahora mismo en internet.

En total, 17 copropietarioscon nombres tan célebres como Jay-Z (su ideario y un hombre que no está dispuesto a dejar escapar ningún centavo a manos de terceros), su esposa Beyoncé, Rihanna, Kanye West, Jack White, Usher, Nicki Minaj, Chris Martin, Alicia Keys, Calvin Harris, Jason Aldean, J. Cole, Madonna, deadmau5, Daft Punk, Drake y Arcade Fire.

¿Y cuál es la diferencia respecto a la empresa sueca? Sobre el papel solo un par de matices. Primero que no habrá versión gratuita. Se podrá acceder a su catálogo de 25 millones de canciones y 75.000 vídeos -así como un servicio identificador como Shazam- por unos 9€ al mes. Y si lo queremos en calidad HiFi, el pago será de 19 euros.

El movimiento parecía inevitable. Sobre todo después de que Jay Z, propietario de su propia discográfica, Roc Nation, comprara el servicio de música en streaming sueco Wimp por 52 millones de dólares. Así, frente a la teoría de que la música y el cliente son el centro del negocio, Tidal parte de que el artista es el centro de todo. Alicia Keys dijo que el cambio era necesario para asegurar un «futuro fuerte para la industria (¿dónde quedó eso del arte?)» mientras que Beyoncé fue más allá y dijo que iban a «cambiar el curso de la historia de la música para siempre».

Jay Z, también muy optimista, dijo que Tidal supone «un cambio de las reglas del juego». Sin embargo, ninguno de sus rivales se ha pronunciado ni ha mostrado especial preocupación por el nuevo rival. Spotify, de hecho, dio «la bienvenida a cualquier servicio que permita a los usuarios escuchar su música favorita de forma legal» y prometió que «seguiría trabajando con cada músico para la mejor música permanezca con ellos».

Spotify, que siempre ha sido acusada de su opacidad a la hora de dar cifras sobre cuánto paga a los músicos explicó que negocia individualmente con cada sello discográfico y que luego es el sello el que reparte como considera oportuno la cifra con sus artistas contratados. De hecho, la empresa sueca reparte el 70% de sus ingresos brutos totales (publicidad y suscripciones) para que los creadores ganen dinero. En total, desde 2008 la empresa ha repartido más de 1.861 millones de euros a los propietarios de los derechos de autor.

¿Realmente merece la pena?

El objetivo de Tidal es clonar Spotify con un reparto diferente del dinero. ¿Por qué de Spotify? Porque aunque Deezer, Rdio o Napster también son importantes ninguno tiene tanto usuarios de pago o «gratuitos» (generan dinero por medio de la publicidad). 15 millones abonan unos 10€ por la cuota premium y otros 45 millones son consumidores free.

Así, más allá del marketing que supone los nombres antes mentados (o que Taylor Swift haya volcado toda su discografía excepto su último álbum) Tidal también promete una mayor calidad de audio. Canciones en formato FLAC a 1411 kbps frente al máximo de 320 que ofrece Spotify.

¿Importa esta diferencia de calidad? Y, sobre todo, ¿merece la pena pagar por ella 10€ más? Como ocurre con otros servicios y productos premium de cualquier tipo en el mercado, hay dos factores determinantes. El primero es el soporte en el que vamos a escuchar Tidal. El segundo, el oído. Sí, como otros sentidos hay que educarlo y hay personas (la mayoría, entre las que nos incluimos) que no tienen suficiente sensibilidad para notar la diferencia.

Es por eso que cuando entramos en la web de Tidal para hacer la prueba sobre si realmente somos capaces de discernir el salto de calidad (tiene trampa, hay un 50% de posibilidades de hacerlo) es fundamental el soporte en el que lo hacemos. Desde un portátil o un dispositivo móvil el resultado y su parecido con la realidad son pura coincidencia.

También es pura coincidencia que te gusten las listas hechas por los artistas para ti. A igualdad de precio (alguien que vaya a escuchar la app desde un iPhone o un Android) tendrá un catálogo mucho mejor en Spotify. Incluso la opción de descubrir, una de la que más pastel ha quitado a los grandes del negocio y que más oportunidades ha dado a la música con menos apoyo publicitario, es mejor. El interfaz, por cierto, no pasa de copia barata. Podrían haberse esforzado un poco más si realmente querían separarse de la competencia.

Os dejamos una captura de pantalla de Gizmodo en la que han captado perfectamente «el cambio de reglas» y «la huella en la historia de la música» de la que hablaba la pareja de oro de la música estadounidense.

Es cierto que la industria musical ha cambiado por completo pero la integración social de Spotify (con Facebook o WhatsApp, por ejemplo), su mayor experiencia, su entrada en plataformas tan relevantes como las PS3 y PS4 y sus opciones de precio más realistas lo colocan, en nuestra opinión, muy por encima de Tidal. De facto, parece que durante el próximo WWDC de Apple en junio presentarán su nuevo servicio en streaming nacido de la unión de iTunes Radio y Beats Music. Si se cumplen los rumores y su precio ronda los 7 dólares Spotify tendrá un problema pero Tidal será algo tan chic y del pasado como Pono, el reproductor HiFi de 400 dólares del que ya nadie se acuerda.