Transmisiones automáticas, las grandes desconocidas

Durante muchos años los europeos conducíamos coches «manuales» porque nos gusta conducir y los americanos «automáticos» porque sus carreteras son rectas y el combustible es mucho más barato. Sin embargo, la cuota de mercado de automóviles equipados con transmisiones automáticas se está disparando… con el precio del petróleo más alto que nunca y sin que nos hayan allanado el continente. ¿Qué está pasando entonces? ¿A caso ya no nos gusta conducir?

Una transmisión automática -o caja de cambios automática- es una caja de cambios que puede encargarse por sí misma de cambiar la relación de cambio o marcha automáticamente a medida que el vehículo avanza. Así, mediante un sistema hidráulico, se van seleccionando cada uno de los engranajes epicicliodales que forman el sistema -los de las cajas manuales son engranajes paralelos-.

La pieza fundamental de cualquier caja automática es el convertidor de par. Esta pieza reduce las revoluciones del vehículo hacia la entrada del cambio hasta que se igualan mientras el vehículo gana velocidad  hasta que el par motor del vehículo y el de la caja de cambios son iguales -y se pueden engranar-.

Cada uno de los engranajes antes nombrados representa una «marcha», las cuales se acoplan y desacoplan gracias a unos frenos y unos embragues de discos múltiples que se accionan con presión hidráulica.

El sistema decide la marcha adecuada en función de la carga de trabajo del motor (físicamente depende de la posición del pedal del acelerador) y de la propia velocidad del vehículo. Es por ello que, tradicionalmente, el consumo de estos vehículos solía ser superior frente a un modelo manual conducido por un experto que siempre llevaba el motor en el rango de revoluciones que mejor aprovechaba el par del mismo.

Tipos de transmisiones


El gran paso en el desarrollo de estos sistemas llegó de la mano de las empresas japonesas NSK y Nissan, las cuales desarrollaron hace unos años las transmisiones variables continuas. La principal diferencia entre las CVT (su acrónimo en inglés es Continuously Variable Transmission) respecto a las anteriores reside en que, mientras que en las tradicionales las marchas se cambian entre una serie limitada de desmultiplicaciones, en las CVT el intercambio se da de un modo continuo. Su único punto débil reside en que el momento de par del motor (la fuerza del mismo en cada momento) queda muy limitado, ya que siempre gira en un abanico de revoluciones muy pequeño.

Así, mientras los japoneses se decantaban por este sistema, otros fabricantes -con los italianos de Ferrari y el grupo FIAT en cabeza- se decantaron por las cajas pilotadas. Sus cambios son más rápidos, su durabilidad mecánica mayor y su rendimiento superior a las CVT. Pero los cambios de marcha son excesivamente bruscos. Además, el consumo se ve en ocasiones penalizado por llevar el motor en un rango de vueltas superior al recomendable.

Y, como siempre, llegaron los alemanes en último lugar para, dinero mediante, ofrecernos las que, hasta ahora, son las mejores transmisiones automáticas. Las de doble embrague. Los cambios son tan instantáneos como en las de variador continuo. Su capacidad para rodar en el régimen adecuado muy superior al de cualquier otra caja automática -de hecho, sus consumos son inferiores al de las cajas manuales- y, algunos modelos como los DSG, se pueden usar en modo secuencial -el piloto puede cambiar de marcha manualmente sin necesidad de un pedal de embrague-.

Su funcionamiento mecánico es el más complejo de todos: cuando se enciende el motor, todas las marchas están desacopladas . Cuando seleccionamos el modo automático el sistema prepara los dos embragues. El primero -encargado de las marchas impares- engrana la primera relación y, cuando soltamos el freno, el coche está en disposición de avanzar. El segundo, mientras, prepara la segunda. Así, cuando llegamos a la velocidad adecuada, la transmisión desembraga la primera y… como la segunda ya estaba engranada el cambio es inmediato. Cuando esto ocurre, el primer engranaje prepara la tercera… hasta llegar a la última velocidad.

La transmisión controla si «sube» o «baja» marcha en función de que denote que aceleramos o deceleramos -controla el movimiento de las revoluciones. Frente a los primeros DSG, otras marcas como Ford han introducido sistemas más baratos, como por ejemplo el Powershift Gearbox.

El aumento de matriculaciones de vehículos con transmisión automática está permitiendo que los precios bajen. Los consumos ya lo han hecho. Parece que conducir -sobre todo en ciudad- será más sencillo -adiós a los coches «calados»- y para los que echen de menos cambiar de marcha: sólo tienen que activar el modo secuencial y jugar con las levas tras el volante. Diversión garantizada. Economía, comodidad y ecología también.