Tecnalia, de Bilbao al cielo (pasando por Ibiza)

Cualquiera que piense en un Hard Rock Hotel le vendrá a la cabeza un entorno paradisiaco (Riviera Maya), una gigantesca sala de fiestas en Las Vegas o, desde hace poco, un compañero de costa inmejorable para el legendario resort Ushuaïa en Ibiza. Hoteles que disfrutan de toda suerte de comodidades para hacer más confortable -o divertida- la estancia de sus clientes y que ponen todos lo medios posibles para que sea una experiencia inolvidable.

La última novedad para hacer más cómodos los servicios de ambos hoteles de la cadena Palladium ha sido la creación, gracias al aporte tecnológico de Tecnalia, de unas pulseras de silicona que incorporan chips de encriptación y que, al ser pasadas por delante de dispositivos de lectura RFID, permitirán a los huéspedes acceder a sus habitaciones, zonas reservadas del hotel, realizar sus pagos con código PIN y disfrutar de promociones y servicios personalizados con total seguridad.

Como explicaron ayer en La Tarde en Euskadi Aritz Villodas y Óscar Lage, parte del equipo que ha puesto en marcha la iniciativa junto a la consultora Prodigy y la propia Palladium, el wearable (bautizado como «Very Important Bracelet», VIB) permitirán sustituir antiguos sistemas de pago que requerían de tarjetas o sensores biométricos, facilitarán un trato más personalizado, que el usuario vincule sus perfiles de Facebook y Twitter a su experiencia en el recinto y, gracias a la instalación de tótems, disfrutar de experiencias de realidad aumentada y social media.

El sistema, que de momento está en exclusiva para estos hoteles en todo el mundo pero que pronto podría extenderse a otros establecimientos Hard Rock como los casinos y hoteles que la cadena tiene en todo el mundo permiten un uso fácil y sencillo de un abanico de posibilidades casi ilimitado.

La apuesta de la cadena por las nuevas tecnologías (Ushuaïa es el centro hotelero con más seguidores en Twitter en el Estado y el segundo en Facebook) está permitiendo que algunos de sus establecimientos destaquen como algunos de los destinos preferidos de la generación de los «millenials».

Un nuevo reto (del que se nos ocurren multitud de aplicaciones lejos de la industria hotelera) que ha sido posible gracias al aporte tecnológico de una de nuestras compañías punteras en Tecnologías de la Información y de la comunicación.

Google Flights, el gigante despega

Parece que la intención de Google de participar en todas las facetas de nuestras vidas mediante servicios y plataformas va camino de completarse más pronto que tarde. Ahora, después de un año y medio funcionando con bastante éxito en Estados Unidos, Google Flights llega a nuestro mercado con precios de casi todas las compañías del mercado (faltan Ryanair, Easy Jet, LAN y Binter, con las que ya están en conversación) con el fin de convertirse en el principal canal para la compra de billetes.

 

Google Flights -que se ha lanzado a la vez en España, Francia, Reino Unido, Holanda e Italia- sigue los parámetros básicos del universo de Mountain View: sencillez y agilidad. Basta con marcar dos lugares, una fecha y pulsar el botón de búsqueda. En unos segundos Google Bot nos muestra un listado con todos los vuelos ordenados por precio de menor a mayor. A partir de ese momento podemos discriminar por un sinfín de opciones: clases, empresas, planes de fidelización…

 

Pero la herramienta va más allá: podemos buscar los vuelos directamente sobre el mapa del mundo. Al indicar la ciudad de salida el resto de los aeropuertos del plano nos mostrarán directamente sus vuelos más baratos. También podemos discriminar por países. Al buscar en un único estado los aeropuertos quedarán marcados para diseñar más fácilmente la ruta ya que aparecen los precios de despegar y aterrizar desde cada aeródromo.

 

Si no indicamos una fecha unos gráficos nos indicará los precios de llegar a cada ciudad en diferentes días para que podamos planear el viaje de un modo más económico. Una vez que escogemos el destino, la fecha y la aerolínea, al clicar sobre el vuelo iremos a parar directamente a la página de la empresa para reservar nuestro pasaje. No hay publicidad. No hay intermediarios. No hay pagos extra.

 

Probablemente ahora os estéis preguntando dónde saca Google el beneficio ya que los ingresos no llegan de la venta de los billetes -los precios son ostensiblemente más bajos que en otros buscadores como Rumbo, Atrápalo, eDreams y MiNube. Google factura gracias a los anuncios que se dan dentro del propio buscador.

 

Google lleva tiempo con la vista puesta en el sector turístico. Un gran porcentaje de las búsquedas que se realizan en su servicio tiene que ver con la planificación de viajes. Es por ello que los de Mountain View han visto un poderoso negocio en monetizar su sistema de búsqueda de webs de viajes. En 2010 el gigante dirigido por Larry Page adquirió ITA, una pequeña empresa de Boston que se encargaba de la gestión de reservas de vuelos con servicios muy similares a los de la española Amadeus.

 

La ahora CEO de Yahoo! Marissa Mayer fue la encargada de gestionar y anunciar la adquisición. En su momento sólo tenían intención de utilizarla para dar información en tiempo real sobre vuelos y tráfico aéreo. Kayak, Expedia u Orbitz fueron los primeros competidores en poner el grito en el cielo. Se temían lo peor.

 

El máximo responsable de Kayak.com les «dio la bienvenida en Cnet»: «tenemos capacidad en nuestra capacidad competitiva. Reconocemos su valía pero, hasta el momento, nunca han tenido éxito en un negocio vertica». Lo que no contaban es que Google iba a entrar de pleno en su negocio… sin comisiones. Los de Mountain View no iban a competir en la venta de billetes a comisión, sino que iban a gestionar gratis su venta a cambio de los anuncios relacionados, su punto fuerte. Ahora, en Estados Unidos Google Flights es todo un fenómeno que se ha quedado con una enorme parte del negocio (¿por qué pagar más por exactamente lo mismo?).

 

Por cierto, como no podía ser de otro modo, Google nos indica también qué aviones y qué vuelos tienen WiFi a bordo para que podamos llevar nuestra experiencia tecnológica hasta las nubes.