Galileo, nace el GPS europeo

La efeméride tuvo lugar el 19 de octubre a las 12:34 del mediodía. Los dos primeros satélites del sistema de posicionamiento global terrestre Galileo salían de la Tierra dirección al espacio. Su objetivo es el de ofrecer un servicio de navegación por satélite -similar al que utilizan los navegadores de los coches- completamente gratuito, a todo el mundo.

Las cifras de este GPS -tomaremos prestadas las siglas del sistema estadounidense, el único operativo por ahora en todo el planeta- son gigantescas. Empezaremos por su repercusión económica -para mi, la menos importante-: la Comisión Europea estima que generará un beneficio de 90.000 millones de euros durante los próximos 20 años.

La telaraña de satélites quedará completa en marzo de 2016. El ritmo de lanzamientos será vertiginoso: cada tres meses se enviarán al exterior dos satélites con cohetes rusos Soyuz desde la Guayana francesa. Lo mejor de todo, empero, es que el sistema estará operativo -y disponible para los terminales de GPS más modernos o que permitan actualizarse a las mejoras del sistema Galileo- desde 2014.

Novedades del sistema


La pregunta es, pues, ¿para qué un segundo sistema de localización terrestre si ya hay uno operativo? y ¿en qué se diferencia del estadounidense? La principal variación radica en que se trata de un sistema civil. El sistema estadounidense -lanzado en 1978, casi 40 años de antelación para cuando Galileo esté completo- es de carácter estrictamente militar, lo que hace que el ejército americano tenga prioridad absoluta en su empleo. Lo más llamativo -no he encontrado pruebas de que haya ocurrido nunca- es que si Washington lo cree conveniente podría, incluso, suprimirse la señal del sistema.

La propuesta europea es, por lo tanto, una alternativa a este modelo. La otra gran ventaja es que ambas partes -estadounidenses y europeos- han trabajado juntos para poder hacer ambas señales complementarias, lo que mejorará enormemente la precisión de los equipos terrestres que suelen ser deficitarios en las grandes ciudades, zonas montañosas o cerca de los polos. De aquí el estudio sobre el impacto que tendrá en la economía a medio plazo.

Tal es la importancia de esta tecnología en nuestro quehacer diario que la propia Comisión Europea calcula que entre el 6 y el 7% del PIB continental está directamente relacionado con actividades que emplean o dependen de los servicios de geolocalización. Es por ello que la mejora en los sistemas actuales reportará una mayor eficacia a la hora de llevar a cabo estas actividades económicas.

Si seguimos con las enormes cifras del proyecto, el coste del mismo ha sido de unos 2.690 millones de euros en su fase de desarrollo (cantidad que parece baja si se cumplen las expectativas de beneficio de las que hablábamos antes). La fase de lanzamientos supondrá una inversión de 2.400 millones y el mantenimiento de la red de satélites otros 1.000 anuales. En total, hasta el año 2032, cuando el beneficio reportado sea de los 90.000 millones calculados, la inversión habrá sido de unos 25.090 millones de euros, con lo que el neto se quedará en casi 65.000 millones. Un nuevo ejemplo de las ventajas económicas de la inversión en ciencia. Una pena que todo el esfuerzo se haya tenido que llevar a cabo entre los presupuestos de la Unión y la Agencia Espacial Europea ya que ningún fondo privado ha querido tomar parte en la operación.

China y Rusia también tendrán su familia de satélites


Otras dos potencias económicas y tecnológicas también están preparando y ampliando sus sistemas de geolocalización. China está mejorando un equipamiento espacial que de momento sólo le da cobertura en el sudeste asiático, mientras que Rusia está actualizando y aprovechando una antigua infraestructura de la época soviética.

La gran ventaja que otorgará este sistema a todos los ciudadanos es que cuanto más completo y compatible sea (esperemos que rusos y chinos sigan el ejemplo que por una vez les han dado estadounidenses y europeos) más precisión y más fiable será para nuestro uso.

Una vez más hemos descubierto lo que la tecnología puede hacer por nosotros. Seguro que muchos políticos se quedan con la cara económica de este avance -sobre todo con la crisis que estamos sufriendo-. Yo, desde mi punto de vista humanista, me quedo con la gran ventaja social que nos otorgará a nosotros y a futuras generaciones una red de satélites que ayudará a que el planeta sea un poco más «pequeño».

2011, revolución en el comercio digital

El peso del comercio electrónico en la economía global aumenta cada día. Es por ello que nos encontramos en un momento clave para desarrollar y analizar los derechos y obligaciones de los implicados en el mismo: tanto consumidores como proveedores.

La última noticia que nos ha llegado sobre este tema nos viene directamente desde el Parlamento Europeo donde recientemente se ha redactado una directiva para armonizar los derechos de todos los consumidores continentales sobre todo cuando los intercambios son internacionales y a distancia.

Desde la Cámara se ha estudiado el aumento de los intercambios dentro de cada país frente al estancamiento del transfronterizo. El motivo, según los expertos, es la diversidad de leyes estatales. Es por ello que, junto al Consejo, negocian un modelo único que tocará asuntos tan peliagudos como las devoluciones de las compras.

Así, si un consumidor exige la devolución del dinero, la nueva norma obligará al comerciante al reembolso del importe antes de 14 días… además de asumir los costes de entrega, aunque ni siquiera haya recibido el artículo rechazado. Es este precisamente el punto más conflictivo y el que ha provocado la queja de las principales asociaciones europeas de comercio electrónico que ven en la directiva un gran perjuicio para el desarrollo del sector.

Las previsiones son bastante agoreras desde su punto de vista: prevén el cierre de tiendas online y subidas de precios -por la repercusión de tantos portes en las transacciones-. Su principal baza en las denuncias es que se rompe el principio de proporcionalidad entre comerciante y cliente. De momento las negociaciones están estancadas.

Mientras, nace Google Wallet

Xataka lo anunció como el fin de la era del dinero. Los expertos lo han anunciado como la consolidación definitiva de la tecnología NFC. Google, como un paso más en la implantación de internet y las nuevas tecnologías en nuestras vidas.

Se trata de un servicio de pagos a través del teléfono móvil. Hasta ahora podría parecer que «tan sólo» sirve para convertir nuestro terminal en un monedero electrónico, sin embargo, aporta algunas novedades.

En su website -enlazada en el título- explican que, de momento, sólo será hábil en los establecimientos adheridos a la iniciativa y que el sistema es francamente sencillo. Los usuarios vincularán una tarjeta de crédito o cuenta bancaria al servicio y, una vez descargada la aplicación pertinente -cómo no, gratuita- podrán realizar pagos con su terminal como si se tratara de «dinero de plástico» convencional.

El proyecto se ha desarrollado con la colaboración de MasterCard, First Data, Sprint y Citibank. La principal diferencia respecto a otros servicios de pago «móvil» implantados en el resto del mundo es que se apoyará en otras aplicaciones de Google para mejorar el servicio.

El usuario, por ejemplo, dispondrá de un mapa en el que le indicarán dónde hay comercios donde pagar con Google Wallet, así como las ofertas que tienen para los clientes de este modo de pago.

Cómo no, Google ha puesto el acento en la seguridad de modo que todas las transacciones deberán ser confirmadas con la introducción de un código PIN de cuatro dígitos. De momento sólo está disponible en Estados Unidos para clientes que tengan una cuenta PayPass de MasterCard y dispongan de un Samsung Nexus S 4G. Sin duda, pronto llegará a más teléfonos y países.

Nokia, adiós al apoyo de la UE

Hubo un tiempo en el que Nokia era el espejo en el que se miraban toda las empresas tecnológicas europeas… y mundiales. Desde la pequeña localidad finesa de Espoo, una pequeña compañía tradicional fundada en 1865 se convirtió en el primer fabricante mundial de teléfonos móviles. Su importancia era tal que a finales de los ’90 su facturación suponía una quinta parte del PIB de Finlandia.

Sin embargo, una serie de malas decisiones hicieron que Nokia se convirtiera rápidamente en un «gigante con pies de barro». Una de ellas fue la de deslocalizar profundamente su producción. A principios de la década pasada la empresa lapona trasladó gran parte de sus fábricas y de sus líneas de montaje a países emergentes, quedando las factorías sitas de Bochum (Alemania) y la propia Finlandia en segundo plano.

¿El motivo? Cuando se toma la decisión el 16% de las ventas del grupo se concentran en el continente americano y el 22% en Asia. La reducción de costes -aunque también de calidad- se mostraban como un apetitoso bocado para mejorar los beneficios. Además, algunas de las nuevas sedes contaban con el apoyo de los gobiernos de los países emergentes, como es el caso de la fábrica de Manaus, en plena selva amazónica.

Sin embargo, los problemas comenzarían en 2007 con el lanzamiento del primer smartphone pensado para el gran público -el iPhone- y todos los rivales -la mayoría japoneses y coreanos- que llegaron después. Nokia no sólo no supo distinguir la nueva competencia a la que se enfrentaba, sino que no vio qué necesitaba para vencerla.

Consciente de que sus estándares de calidad seguían siendo muy superiores a los de la competencia -sobre todo en lo referente al hardware– nadie en Finlandia pensó que la nueva batalla se libraría en el campo de los sistemas operativos.

Symbian y el primer contacto con Microsoft


Sólo unos pocos años antes, en 1998, Bill Gates -todavía al frente de «su» Microsoft- había propuesto a la teleco de moda crear una alianza para que su sistema operativo se convirtiera en el entorno de referencia del mismo modo que Windows «gobernaba» el mundo de los PCs.

Nokia no sólo rechazo esta oferta, sino que, de la mano de Motorola, Panasonic, Sony Ericsson, Psion y Siemens decidió crear su propio sistema operativo, Symbian OS. En un primer momento el programa fue capaz de ganar la partida a los entornos de Palm y a Windows Mobile. No obstante, pronto se sumarían a la lista de rivales iOS de Apple, BlackBerry OS de RIM y Android de Google.

Con el abandono de prácticamente todos sus compañeros de viaje de la plataforma Symbian -todos ellos optaron por el novedoso y potente Android- Nokia se quedó sin ningún aliado fuerte con el que seguir programando y con un sistema operativo obsoleto incapaz de seguir el ritmo de sus rivales.

Además, en una época de consumismo en el que los usuarios cambian de modelo de terminal mucho antes de que finalice su vida útil, un hardware excelente ya no es tan indispensable como unos años atrás. Todo ello se tradujo en una alarmante pérdida de cuota de mercado: desde el 55% que llegó a tener antaño hasta poco más del 31% que todavía retiene.

No sólo habían cambiado los rivales -Alcatel y Siemens habían desaparecido, Motorola se había replegado a su mercado interno y SonyEricsson parecía más preocupada en crear un rival para el iPod que en los teléfonos móviles-, sino que estos tenían sólo un objetivo: desbancar a Nokia del trono que tanto tiempo lleva ostentando. Samsung -segundo fabricante mundial en la actualidad- anunció hace sólo un par de años que pretendía ser el primer fabricante en 2015. Va camino de conseguirlo.

En busca del apoyo institucional


A pesar de tratarse de una empresa eminentemente capitalista -no tuvo problemas en sacar gran parte de su producción fuera de las fronteras de la Unión- Nokia acudió en busca de ayuda de la Comisión Europea en noviembre de 2010. Desde Bruselas arguyeron que Symbian «era la esperanza para la industria tecnológica europea» y le otorgaron una partida de 22 millones de euros.

Sólo unas semanas después, a principios de 2011, Nokia firmaba un acuerdo histórico con Microsoft para que sus móviles equiparan el nuevo Windows Phone 7. Poco después se daba a conocer que la idea real de Steve Ballmer -patrón de Microsoft- y Stephen Elop -CEO de Nokia y ex alto cargo de Microsoft- es que todos los modelos lapones equipen este sistema operativo. El fin de Symbian había llegado… y con él de la ayuda de la UE.

El pasado lunes 23 Neelie Kroes, comisaria europea de Agenda Digital, anunciaba la rectificación de la Comisión y la cancelación de 22 millones de euros para Nokia.

Con ese dinero público Nokia iba a crear el consorcio SYMBASE, una plataforma común para todos los desarrolladores de software para móviles, así como pare reforzar Symbian uno de los pocos productos tecnológicos creados en Europa y que mantiene un liderazgo mundial.

Sin embargo, no parece que Nokia vaya a tener problemas económicos por la falta de ayudas de la UE, según diversas fuentes, Microsoft pagó unos 2.000 millones de euros para conseguir que su Windows Phone 7 -aún sin un mercado definido- entrara en los dispositivos finlandeses. Veremos como sale esta apuesta… y como afecta a un símbolo europeo.