Alibaba, a la conquista de Wall Street

Es una tienda online tan grande como Amazon, un portal tan concurrido como eBay, un sistema de pagos con casi tanta difusión como PayPal, una plataforma social que aspira a codearse con Twitter y tiene sus ojos en Facebook y un generador de tráfico de la talla de Netflix (en China casi tanto como Baidu). Una puntocom oriental a la que el gigante rojo se le queda pequeño y que ya ha presentado la documentación necesaria para que el regulador bursátil estadounidense le permita cotizar en Wall Street.

Tener el 80% del comercio electrónico chino, un número de transacciones tan alto como Amazon (aunque es más eficiente ya que no necesita estructura física para mover la mercancía), la empresa de apenas 15 años es uno de los objetos de deseo de Silicon Valley que, a su vez, la ve como una amenaza. 800 millones de productos forman su catálogo y sus expectativas de crecimiento recuerdan al Google de hace 10 años.

Curiosamente, a diferencia de otras grandes empresas tecnológicas, Alibaba no busca una gran recaudación en su entrada al parqué. Frente a los 16.000 millones que ansiaba Zuckerberg para Facebook, Jack Ma se conforma con 1.000. Puede parecer mucho, pero es una minucia en el lenguaje de Wall Street. Su objetivo es otro: ganar visibilidad. Ser conocida en la tierra prometida de las tecnológicas y comenzar, poco a poco, a apuntalar su nuevo mercado: Estados Unidos.

Hay varios bancos de inversión que están trabajando en su «colocación» algo que, parecen, no será complicado: en los últimos nueve meses superó los 2.800 millones de dólares de beneficio. Todo esto tiene un gran beneficiario en las antípodas neoyorquinas: Yahoo! sigue controlando el 22% de Alibaba y si se rondan los 20.000 millones que se rumorea, recibirá una buena inyección de capital que, una vez más, reforzará a Marissa Mayer al frente de la resucitada empresa.

Ma, que acumula una fortuna de 12.000 millones, ha aprendido la lección. En 2007 se precipitó en su cotización en Hong Kong y el batacazo fue tremendo. Ahora con un valor estimado de 170.000 millones, 25.000 empleados y más de 700 millones de clientes el resultado será bien diferente.

Disrupción innovadora, el cambio de ciclo tecnológico

 

 

Ayer El País nos regaló uno de los mejores reportajes en tiempo sobre la vida de las empresas tecnológicas: su nacimiento, desarrollo, éxito y caída se da en un periodo mucho más corto que el de cualquier otra compañía. Sobre todo si las comparamos con las empresas industriales «clásicas». Una factura que ya se ha llevado por delante a varias líderes como las divisiones móviles de Nokia, Motorola -los dos primeros gigantes del sector móvil-; ha herido de muerte a BlackBerry o HTC y, en un sector más amplio, está debilitando seriamente a corporaciones como Hewlett Packard.

 

Ramón Muñoz compara la situación de gigantes -que en muchos casos llegaron a ser las empresas con mayor bursátil del mundo- frente a titanes industriales del siglo pasado (y finales del XIX) entre las que no faltan General Electric, Daimler AG, Thyssen o Boeing. Compañías que llevan décadas labrándose una reputación gracias a productos indispensables y de calidad y que son sinónimos de savoir faire.

 

Las compañías de Silicon Valley y sus equivalentes del resto del mundo gozan de ascensos tan meteóricos como sus caídas. Nokia hace sólo seis años comercializaba uno de cada dos teléfonos móviles en el planeta. Su valor en Bolsa la convertía en la mayor europea al cotizar por encima de los 200.000 millones de euros. Nadie, ni siquiera Motorola, la creadora del concepto de teléfono móvil, podía hacer frente a la división móvil de un gigante que suponía el 20% del PIB finés y que tenía en su historial productos como el 1100, el producto más vendido de la historia hasta la fecha.

 

En ese momento Apple -una empresa que pugnaba por ser la sombra de lo que fue en la primera mitad de los ’80- presentaba el iPhone. Steve Ballmer anunciaba que será un fracaso sin precedentes ya que aunque «valía 500 dólares no valía para nada». No permitía trabajar con él «porque no tenía teclado» y ni siquiera se podían enviar mensajes. En el último año fiscal -los de Cupertino lo cerraron en septiembre- Apple vendió 150 millones de iPhone, récord absoluto para la empresa y para un modelo en el sector.

 

Ahora Microsoft pugna por introducir Windows, dominador absoluto de los sistemas operativos para equipos de sobremesa desde hace más de veinte años, en el mercado comprando Nokia por 5.440 millones de euros y la empresa fundada por Steve Jobs es la más valiosa del parqué.

 

Pero lo más interesante es que la resurrección de Apple gracias a iTunes, el iPod y el terminal táctil que cambió el mercado (el primero lo lanzó HTC) también da síntomas de estrés. La competencia tardó casi una década en hacer frente al iPod -y, de facto, nunca lo consiguió-; un lustro en quitarle más de la mitad del mercado al iPhone y tres años al iPad. La presión de las asiáticas -creednos, los coreanos no son el mayor problema de Occidente- y la presión de Google hace que el beneficio de Apple se frene (aunque sea estratosférico) y, aunque a diferencia de otras tecnológicas ha sido capaz de crear un ejército de fieles, Wall Street lleva meses preguntándose si la muerte de Steve Jobs no es la única que se va a llorar en Cupertino.

 

La clave de todo esto, como bien explica el periodista, es la innovación disruptiva. Una empresa no lanza nada que marque un antes y un después en el mercado por sus características. No nos ofrecen un medio de transporte más eficiente. Tampoco cubren una necesidad básica (como General Electric y el alumbrado). Ni siquiera cubren una necesidad real. Tan sólo trastocan nuestras costumbres. De facto no hay una gran diferencia entre un MP3 y un iPod. Ni siquiera entre un SMS y un WhatsApp (ahora que las operadoras los regalan). Pero su entrada en el mercado lo revolucionó por completo.

 

El proceso es el siguiente: una start up (o una empresa cualquiera) lanza un producto o servicio que cambia los hábitos de millones de consumidores. Comienza a ganar tamaño gracias a nuevas innovaciones. Se convierte en líder del mercado. Se relaja y comienza a innovar más despacio. Otra start up lanza una variante del mismo producto o servicio y el líder intocable cae por no saber responder a la novedad.

 

No es diferente al proceso que sufre cualquier otro mercado (el automovilístico es un gran ejemplo de  estas modas) salvo en los lapsos de tiempo en los que esto ocurre. Hewlett Packard, líder mundial en la fabricación «clásica» de ordenadores ya no está entre las 500 empresas cotizadas más grandes del mundo. El motivo es sencillo. Su mercado se ha derrumbado y no ha sabido entrar en ningún otro mercado alternativo con éxito. Un nuevo modelo de negocio, las tabletas, ha reemplazado a otro preexistente, los ordenadores  (portátiles o no). Esto permite el nacimiento de nuevos líderes y la caída de los ya existentes.

 

Empíricamente, Muñoz nos menta a Richard N. Foster, un analista que ha reformulado la teoría de la destrucción creativa de Joseph Schumpeter y que ha comprobado que mientras que en los años 50 una empresa tardaba unos 61 años en abandonar el índice S&P500 -el que se refiere a las mayores 500 compañías cotizadas de Estados Unidos-, en los ’80 la cifra se redujo a 25 años. Ahora, la media está en 18 años. Si nos ceñimos a la última década, el 75% de las corporaciones que forman parte de este selecto grupo han sido reemplazadas. Son muy pocos los gigantes tecnológicos que llevan más de una década en este club sin sobresaltos: Apple, AT&T, Yahoo! e Intel. Y, menos el buscador, todos nacieron antes de 1980. Como curiosidad, sólo una empresa permanece en la lista desde que se creo en 1926: General Electric, un titán con más de 300.000 empleados, 120 años de vida, presente en más de 100 países que es la sexta empresa más grande de Estados Unidos según Fortune, la decimocuarta más rentable que cosecha beneficios anuales de más de 15.000 millones de dólares al año y tiene activos por más de 750.000 millones. Inabarcable.

 

Sólo hay una receta para hacer frente a este efecto devastador de la disrupción innovadora: innovar. Continuamente. No dejarse llevar por el éxito de la firma en su negocio tradicional y ser muy activo a la hora de prever lo que ocurre en el mercado (y a ras de suelo, lejos del éxito de los rascacielos de Wall Street o la City).

 

Ahora mismo Apple parece lejos de una caída abrupta como la que vivió en los ’80 y que casi la llevo a desaparecer en los ’90. Pero es cierto que necesita de un nuevo golpe de efecto (en forma de televisión, reloj, un equipo que redefina su gama) que mantenga su estatus y su identidad. Y eso que los de Tim Cook parecen ser los únicos que se están aprovechando en California de lo que Nassim Taleb ha definido como «envejecimiento inverso»: cuanto más dure una tecnología, más probabilidades tiene de durar más aún. Una vez pasada cierta barrera (Apple y Google parecen estar en el buen camino) más se demuestra a los consumidores y a la propia empresa que la innovación, los buenos productos y la supervivencia está en su ADN. En resumen, un reportaje mucho más que recomendable.

Marissa Mayer, ecce femina

No es fácil ser una mujer de éxito en el mundo empresarial. Es algo que, por tópico, no es menos cierto. Basta con echar una mirada a los nombres que conforman las juntas directivas de las principales empresas de Wall Street para encontrarnos con hombres muy respetados por la sociedad. Casi ninguna mujer. Silicon Valley, a pesar de ser en muchos casos un ejemplo de empresas dinámicas, sociales y completamente diferentes a las tradicionales, tampoco es una excepción.

 

Apple, Google, Microsoft, Dell, Google, Facebook, Twitter, IBM, Blackberry (antes RIM), Sony, Samsung, LG, HTC, Nokia, Intel, Qualcomm… todas empresas de moda, ejemplo por sus productos, su innovación, etc… están dirigidas por hombres. Sólo HP, otrora primer fabricante mundial de ordenadores, y ahora Yahoo! han puesto su futuro en manos de mujeres. Meg Whitman y Marissa Mayer son dos directivas excepcionales, en todos los sentidos.

 

Hoy, sin hacer de menos a la CEO de Hewlett Packard, conoceremos mejor a la mandataria de Yahoo!, una mujer de sólo 37 años que ha tenido cargos muy relevantes en gigantes como Google y que viene dispuesta a demostrar que tanto ella, como su empresa, darán mucho que hablar los próximos meses.

 

Nacida en 1975, Mayer está Licenciada con honores en Sistemas de símbolos (ingeniería), tiene un Máster en informática por la Universidad de Stanford y ha sido profesora de más de 3.000 estudiantes de Introducción a la Programación Informática en la misma universidad lo que le ha valido los premios Centennial Teaching y Forsythe por su «valiosa contribución a la educación universitaria».

 

En 1999 se incorporó a Google convirtiéndose en la primera mujer que formaba parte de su equipo de ingenieros donde se encargó de los equipos de interfaz de usuario y servidores web, dos departamentos fundamentales en la expansión de los de Mountain View como primera empresa de internet.

 

Durante los 13 años que estuvo en la empresa Mayer fue ganando relevancia y hasta 2012 fue vicepresidenta de Productos de búsqueda y experiencia de usuario (fundamentales en el universo móvil en el que las tecnológicas se mueven hoy en día) puesto desde el que supervisaba el lanzamiento de nuevos productos y, sobre todo, decidía cuando un servicio estaba listo para llegar al gran público.

 

Sus continuos aciertos la convirtieron en una de las caras más famosas de Google y, la empresa, conocedora de la empatía que generaba con medios y público, la encomendó el papel de portavoz en varias entrevistas y lanzamientos.

 

En julio del año pasado, después de varios experimentos fallidos en la dirección de la empresa, Yahoo! decidió realizar un fichaje de garantías y la ofreció puesto de presidenta y CEO con un cheque en blanco para modificar a su antojo la estructura de la empresa. El objetivo era doble, contratar a una directiva con experiencia y, sobre todo, dar un golpe a su principal rival.

 

El reto de Mayer es inmenso. Por un lado, se encuentra con una empresa con una gran reputación venida a menos que ofrece multitud de servicios destacados y, por otra, una compañía que pierde cuota de mercado ante el empuje de Google y Microsoft (liderados por sus dispositivos móviles) y la importancia cada vez mayor de las redes sociales en la publicidad online.

 

Desde entonces la nueva jefa de Yahoo! ha tomado decisiones comprometidas como la venta de Alibaba, la inminente asociación con Facebook (y el consecuente abandono de la colaboración con Microsoft) o la implementación de servicios para dispositivos móviles.  De momento, aunque los resultados de todas estas nuevas estrategias no se han podido testar, los accionistas han premiado la sinceridad y el valor de Mayer con un incremento del valor de los títulos de la compañía un 30%.

 

Por su parte, Mayer ha recibido el premio de la revista Forbes a la CEO más importante de Estados Unidos menor de 40 años. Sin duda, ésta es la mujer que Silicon Valley (y Wall Street) estaban esperando.

HP, al borde del precipicio

Hewlett Packard, el primer fabricante de hardware informático del mundo pasa por uno de los momentos más difíciles de su larga historia. Acaba de presentar unas pérdidas trimestrales de más de 7.000 millones de euros, aunque desde la compañía afirman veladamente que podrían haber sido mucho peores y que esta abultada cifra se debe exclusivamente a los costes de su reestructuración y el ajuste de la valoración de Electronic Data Systems, recientemente adquirida por los de Palo Alto.

 

Lo peor, sin embargo, parece que está aún por llegar. Si comparamos estos datos -y las muy negativas previsiones para un 2012 que se les va a hacer muy largo- con los más de 1.500 millones de euros de beneficio del mismo trimestre hace un año y tenemos en cuenta la contracción en las ventas del gigante californiano, la nueva presidenta Megg Whitman parece que va a tener que seguir tomando medidas drásticas.

 

Aún así, Wall Street quedó relativamente aliviado después de comprobar que está superando la situación -la enorme bajada en la venta de ordenadores- mucho mejor que otros rivales, como por ejemplo Dell, que un día antes anunció un bajón del 13% en sus ingresos.

 

Los títulos de HP aguantaron bien el golpe debido a que Whitman ya anunció unas semanas antes la necesidad de reevaluar a EDS y que el impacto rondaría los 7.000 millones de euros. Al principio, incluso, llegaron a subir un 4%, no obstante, según explican en la noticia de El País, las reiteradas recomendaciones de venta de Deutsche Back supusieron una caída del 7% en la valoración de los títulos al final de la jornada.

 

En detalle, los ingresos totales bajaron un 5% lastrados, sobre todo, por la bajada del 10% de la división de ordenadores -más de lo esperado en un primer momento-. Por su parte, las impresoras disminuyeron un 3% su facturación, y la división de servicios un 4%. Precisamente por estos datos son muchos los que creen que la reducción del 8% de la plantilla anunciado por Whitman nada más hacerse cargo de la empresa -unos 27.000 empleados en todo el mundo- no será suficiente y que los de Silicon Valley tendrán que tomar medidas aún más drásticas.

 

Los más optimistas observan las curvas de ventas y beneficios de HP y creen que Whitman ha conseguido estabilizar la compañía y apuesta a que en 2013 (o el último trimestre de 2012) los de Palo Alto podrán volver a la senda de los ingresos.

 

Ahora, tras la revalorización del dólar frente al euro y con un catálogo de productos que depende en exceso de la tasa de «refresco» por parte de los clientes y de su optimismo, son muchos los que opinan que la época de los beneficios multimillonarios de todos los fabricantes de Silicon Valley (incluida Apple) ha pasado y que tardará en volver.

 

Precisamente por eso son muchas las multinacionales tecnológicas que se apresuran a revalorizar sus compañías y a mostrar a sus inversores el precio real de sus divisiones. Una de las primeras en asumir pérdidas trimestrales para mostrar la entereza de su negocio fue Microsoft. ¿Caerá alguna al precipicio ante la presión asiática o aguantarán todas el temporal?

Twitter, asalto a Wall Street

Si algo ha caracterizado a Twitter desde su nacimiento es su democracia. Desde el primer momento los usuarios marcaron los temas más interesantes que querían tratar. El célebre hashtag que quedó marcado con la almohadilla (#) y que permitía enlazar las conversaciones, «anclarlas» y hacer click en ellas. Sin embargo, por una vez, ha sido el pájaro azul el que ha decidido tomar la iniciativa.


Después de analizar parte de la demanda de sus usuarios Twitter ha lanzado los cashtags que permiten seguir la cotización de las empresas en Wall Street. Basta con poner el símbolo del dólar ($) antes de las siglas con las que cotiza una compañía y podremos conocer su situación bursátil, gráficos compartidos en la red social, vídeos, comentarios y noticias relacionadas en tiempo real. Como ejemplos, $Goog$AAppl o $FB para Google, Apple y Facebook, respectivamente.


Esta nueva aplicación responde a la tendencia que lleva tiempo mostrando la empresa por enriquecer sus contenidos y volverse más «indispensable» para sus usuarios. El primer paso ya lo dieron hace unas semanas cuando enriquecieron la presentación de los contenidos multimedia: vídeos, fotografías y enlaces. Ahora ya no siempre hay que pinchar en los links, muchas veces aparecen directamente detrás del Twit. La compra de Posterous, un servicio sistema de microblogs que se caracteriza por su rapidez y sencillez que permite buscar sin necesidad de un aprendizaje.


El nuevo rumbo de la red de los 140 caracteres viene marcado por su intención de no saltar al parqué. Mucho menos después del batacazo de Facebook. Sus dirigentes explican que sus cuentas y la promoción de sus contenidos será más que suficiente para conseguir ser rentables.


Por ahora parece que los números que nos muestran terceros les dan la razón. Según Semiocast, empresa especializada en la medición de audiencias y medios sociales, el pájaro azul ya ha logrado más de 140 millones de usuarios activos en Estados Unidos y 500 en todo el mundo. Otros países con un gran número de usuarios son Brasil (con más de 40 millones), Japón -con el segundo idioma más usado tras el inglés-, Reino Unido, Indonesia, India, México y Canadá. En el caso del Estado, las cuentas ascienden a más de 10 millones y es su noveno mercado.


Cuando se analizan las ciudades con más tuiteros llama la atención el orden de las mismas: la primera es Yakarta -algo que no saben explicar ni desde la empresa- seguida por Tokio, Londres, Sao Paulo y Nueva York. Por idiomas, el árabe es el que más ha crecido desde que comenzó 2012 y ocupa el sexto lugar de los más empleados por los usuarios. Otra forma de entender las redes sociales que, por el momento, parece tan fiable como la de Facebook y mucho más exitosa que Google Plus. El tiempo nos dirá cuán alto vuela el pájaro más famoso de la red.